Análisis de la BBC: “Después de 3 días, aún no sabemos hacia dónde se dirige esta guerra”/ El régimen de Irán sigue intacto: los próximos días mostrarán si puede resistir

    • Autor,Jeremy Bowen
    • Título del autor,Editor internacional de la BBC

Solamente han transcurrido tres días de la nueva guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Ya es una guerra regional, tras la decisión de Irán de atacar a los Estados árabes aliados de Estados Unidos, así como a sus vecinos del Golfo. Reino Unido ha retirado su negativa a permitir que Estados Unidos use sus bases.

La guerra sigue en escalada y las noticias inundan mi teléfono. Acabo de leer un comunicado de prensa del Comando Central de Estados Unidos que informa que tres cazas F-15E Strike Eagles estadounidenses han sido derribados por las defensas aéreas kuwaitíes en “un aparente incidente de fuego amigo”.

Para cuando termine de escribir este artículo, se habrán disparado más misiles y es más que probable que personas que ahora están vivas hayan muerto.

Es demasiado pronto para tener una idea de cuándo o cómo terminará la guerra. Una vez que las guerras comienzan, son difíciles de controlar. Pero aquí hay algunas de las maneras en que los países implicados desearían que terminara.

Cómo define la victoria Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como siempre, ha irradiado confianza en el poder estadounidense desde que anunció el inicio de la guerra en un mensaje de video grabado en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida.

Otros presidentes podrían haber optado por un discurso solemne desde detrás del escritorio del Despacho Oval. Trump vestía una camisa de cuello abierto y una gorra de béisbol blanca calada hasta los ojos. Repasó un extenso pliego de cargos, argumentando que Irán había sido una amenaza inminente para Estados Unidos desde la Revolución Islámica de 1979.

El destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke USS Thomas Hudner (DDG 116) dispara un misil de ataque terrestre Tomahawk.

Fuente de la imagen,US Navy via Getty Images

Pie de foto,La acción militar de Estados Unidos e Israel está pulverizando las capacidades militares de Irán.

Trump siempre puede cambiar de opinión, pero en ese discurso ofrece una definición de su concepción de la victoria. Es como una lista de verificación:

“Destruiremos sus misiles y arrasaremos su industria misilística. Quedará totalmente destruida, una vez más. Aniquilaremos su armada. Nos aseguraremos de que los agentes terroristas de la región ya no puedan desestabilizarla ni el mundo, ni atacar a nuestras fuerzas, ni usar sus artefactos explosivos improvisados ​​ni bombas en las carreteras, como a veces se les llama, que hieren y matan gravemente a miles y miles de personas, incluidos muchos estadounidenses”.

Trump afirmó que Irán estaba desarrollando misiles que podrían alcanzar Estados Unidos, una afirmación que no está respaldada por evaluaciones de inteligencia estadounidenses. También afirmó que Irán estaba cerca de desarrollar un arma nuclear, contradiciendo su propia declaración del verano pasado de que Estados Unidos había “destruido” las instalaciones nucleares iraníes.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, camina por el jardín sur mientras regresa a la Casa Blanca.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Trump afirmó que Irán estaba desarrollando misiles que podrían alcanzar Estados Unidos, una declaración que no está respaldada por evaluaciones de inteligencia estadounidenses.

Trump cree que Estados Unidos, junto con Israel, puede debilitar el régimen de Teherán. Si no capitula, lo ve tan destrozado que el pueblo iraní tendrá su mejor oportunidad en generaciones de salir a las calles y tomar el poder:

“Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Esta será probablemente su única oportunidad en generaciones. Durante muchos años, han pedido la ayuda de Estados Unidos, pero nunca la han recibido. Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche. Ahora tienen un presidente que les está dando lo que quieren. Así que veamos cómo responden”, dijo al anunciar el inicio de los ataques.

Transferir la responsabilidad del cambio de régimen al pueblo iraní, incluso cuando lo anima directamente a actuar, le da una posible salida más adelante si el régimen sobrevive. Pero también puede verse como una responsabilidad moral de Estados Unidos llevarlo a cabo, aunque es incierto cuánto influiría eso en un presidente que cree que siempre se puede llegar a un acuerdo.

No hay precedentes en los que se haya logrado cambiar un régimen o se haya ganado una guerra contra un adversario bien armado simplemente usando el poder aéreo. En 2003, Estados Unidos y sus aliados, incluido Reino Unido, enviaron importantes fuerzas terrestres a Irak para derrocar a Sadam Husein.

En 2011, el coronel libio Muamar el Gadafi fue derrocado por fuerzas rebeldes armadas por la OTAN y los países del Golfo, y protegidas por sus fuerzas aéreas. Trump espera que el pueblo iraní pueda lograrlo por sí solo.

Una enorma nube de humo se eleva humo después de que se escuchan una serie de explosiones en Teherán, Irán.

Fuente de la imagen,Anadolu via Getty Images

Pie de foto,Estados Unidos e Israel atacaron Irán el sábado, matando al líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei.

El plan de Trump es una apuesta arriesgada. Es muy improbable que los bombardeos por sí solos provoquen un cambio de régimen.

¿Podría haber un golpe interno prooccidental? No es imposible, pero sí muy improbable, visto desde el tercer día de la guerra.

Es más probable que quienes ahora dirigen el régimen se atrincheren, disparen más misiles, impulsados ​​por la ideología y la convicción de que pueden soportar más sufrimiento que Estados Unidos, Israel o los países del Golfo Pérsico. La mayor parte del sufrimiento recaerá sobre el sufrido pueblo iraní. Pero ellos no tienen voz ni voto en el asunto.

El cálculo de Netanyahu

Al igual que Donald Trump, Benjamin Netanyahu también ha hecho declaraciones animando a los iraníes a tomar las riendas. Pero si no pueden vencer a las despiadadas fuerzas de seguridad del régimen, la prioridad de Netanyahu es destruir la capacidad militar de Irán y su capacidad para reconstruir milicias en la región que podrían amenazar a Israel.

Durante décadas, Benjamin Netanyahu ha considerado a Irán como el enemigo más peligroso de Israel. Cree que los gobernantes de la República Islámica quieren construir un arma nuclear para destruir el Estado judío.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia un discurso desde la azotea del Kirya en Tel Aviv, Israel.

Fuente de la imagen,GPO HANDOUT/EPA/Shutterstock

Pie de foto,Benjamin Netanyahu ha hecho declaraciones alentando a los iraníes a tomar el control de su país.

El domingo, el segundo día de la guerra, Netanyahu se subió a un tejado en Tel Aviv, quizás el del edificio del Ministerio de Defensa en el corazón de la ciudad, y declaró cómo veía el final de la guerra.

Afirmó que Israel y Estados Unidos juntos podrían “lograr lo que he esperado lograr durante 40 años: aplastar por completo el régimen terrorista”.

Aseguró que era una promesa que se aseguraría de hacer realidad.

Las guerras siempre tienen una dimensión política interna. Al igual que Trump, Netanyahu se enfrenta a elecciones a finales de este año. A diferencia de Trump, su propio puesto está en juego. Muchos israelíes culpan a Netanyahu de los errores de seguridad que dieron a Hamás la oportunidad de atacar el 7 de octubre de 2023. Él dará un paso gigante hacia el perdón electoral si puede afirmar que ha llevado a Israel a una victoria decisiva sobre Irán. Incluso podría ser imbatible.

La victoria a través de la supervivencia

Las muertes del líder supremo y sus principales asesores militares fue un duro golpe para el régimen. Pero no significa necesariamente que vaya a colapsar.

El ayatolá Jomeini y los demás fundadores de la república diseñaron sus instituciones, hace casi 50 años, para que sobrevivieran a guerras y asesinatos. No es un proyecto unipersonal. Los Estados sirio y libio, bajo Asad y Gadafi, se construyeron en torno a familias gobernantes. Cuando estas familias fueron derrocadas -Gadafi fue asesinado y Bashar al Asad huyó-, los regímenes colapsaron.

El régimen iraní es un sistema estatal, basado en una compleja y densa red de instituciones políticas y religiosas con responsabilidades superpuestas. Está diseñado para sobrevivir a guerras y asesinatos.

Eso no significa que lo hará. El sistema de la República Islámica se enfrenta a su prueba más dura. Pero se ha preparado para este momento.

Dos mujeres se abrazan y sostienen una imagen de Jamenei después de que se anunciara el asesinato del líder supremo de Irán.

Fuente de la imagen,Reuters

Pie de foto,Miles de personas salieron a las calles de Teherán tras el asesinato de Jamenei.

La definición de victoria para el régimen es la supervivencia. Para lograrla, se rodea de un formidable nivel de protección.

Cuenta con un poderoso e implacable aparato de seguridad, represión y coerción. En enero, sus hombres salieron a las calles, siguiendo órdenes de matar a miles de manifestantes. Hasta el momento -y como he dicho repetidamente, apenas lleva tres días de guerra mientras escribo esto- no hay indicios de que las fuerzas armadas del régimen se estén desvaneciendo, como ocurrió con las de Asad en Siria tras su huida a Moscú en diciembre de 2024.

Además de las fuerzas armadas convencionales y una policía bien armada, existe el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), con el mandato explícito de proteger al régimen tanto en el país como en el extranjero. Su función es ser la fuerza impulsora del velayat-e faqih, la tutela del jurista. Esa es la doctrina clave de la Revolución Islámica en Irán, que justifica el gobierno de los líderes religiosos chiitas.

Se cree que el CGRI cuenta con 190.000 efectivos en servicio activo y hasta 600.000 reservistas. Dejando a un lado la doctrina religiosa, también gestiona gran parte de la economía. Sus líderes tienen razones financieras e ideológicas para mantenerse leales.

El CGRI cuenta con el respaldo del Basij, una fuerza paramilitar voluntaria. Sus aproximadamente 450.000 miembros tienen fama de leales al régimen y de violentos.

Los vi en acción en Teherán como la primera línea de defensa del régimen durante las protestas que siguieron a las controvertidas elecciones de 2009, amenazando y golpeando a los manifestantes en las calles con porras y bastones de goma. Detrás de ellos había policías fuertemente armados y hombres del CGRI. El Basij también contaba con escuadrones móviles en motocicletas que recorrían la ciudad a toda velocidad para combatir los brotes de disidencia.

Donald Trump ha amenazado al CGRI y al Basij con una muerte segura -dijo que “no será agradable”- a menos que depongan las armas. Es poco probable que sus amenazas cambien la opinión de muchos entre los hombres armados del régimen.

Siete de las figuras más importantes del liderazgo y la defensa de Irán. Las Fuerzas de Defensa de Israel afirman haber matado a cuatro de estos funcionarios en ataques aéreos: el Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei; el secretario del Consejo de Defensa, Alí Shamkhani; el ministro de Defensa, el general de brigada Aziz Nasirzadeh; y el comandante del CGRI, el general Mohammad Pakpour. Los dos funcionarios supervivientes son el presidente Masoud Pezeshkian y Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

La República Islámica y el chiismo están imbuidos de la idea del martirio. No en vano el domingo, horas después de las declaraciones oficiales que afirmaban que el líder supremo se encontraba sano y salvo, el locutor de noticias de la televisión estatal anunció entre sollozos la muerte de Jamenei afirmando que había bebido “la dulce bebida pura del martirio”.

Algunos analistas serios en Irán sospechan que el ayatolá se reunió en su complejo de Teherán con sus asesores principales cuando gran parte del mundo creía que un ataque era inminente porque buscaba el martirio.

El régimen también cuenta con un núcleo de civiles leales. Miles de personas salieron a las calles de Teherán tras el asesinato del líder supremo, en el primero de los 40 días de luto. Se congregaron en plazas públicas encendiendo velas y las linternas de sus teléfonos móviles, a pesar de las columnas de humo que se elevaban por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes.

Malos precedentes

Los estadounidenses creen que esta vez, su poder absoluto, junto con el de Israel, puede imponer un cambio de régimen a un enemigo sin provocar un desastre.

Los precedentes no son buenos. El derrocamiento de Sadam Hussein en Irak en 2003 condujo a una catástrofe: largos años de guerra que incubaron movimientos extremistas yihadistas que aún existen.

Libia, un país con suficiente petróleo para brindar a su pequeña población un nivel de vida occidental, está destrozada y empobrecida y, 15 años después de que Gadafi fuera derrocado y asesinado, es un Estado fallido. Los países occidentales que celebraron su caída y la propiciaron, esencialmente se desentendieron de su responsabilidad tras la desintegración del país.

Irán es un país enorme, casi tres veces más grande que Irak, con una población multiétnica de más de 90 millones de personas. Si el régimen iraní cae, el escenario de pesadilla es que la confusión, el caos y el derramamiento de sangre que podrían seguir podrían rivalizar con las guerras civiles que mataron a cientos de miles de personas en Siria e Irak.

La acción militar de Estados Unidos e Israel está destruyendo la capacidad militar iraní. Esto cambia la situación en Medio Oriente, incluso si el régimen sobrevive.

Muchos, probablemente la mayoría de los iraníes, se alegrarían si cayera. Pero sería un desafío inmenso reemplazar un régimen derrocado por la fuerza con una alternativa pacífica y coherente.

La apuesta de Trump es que será posible, que esta guerra convertirá Medio Oriente en un lugar mejor y más seguro. Las probabilidades indican que lograr que eso suceda será todo un desafío.

El régimen de Irán sigue intacto: los próximos días mostrarán si puede resistir

Mujer sostiene una imagen del fallecido ayatolá Jamenei en Teherán.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Mujer sostiene una imagen del fallecido ayatolá Jamenei en Teherán.

    • Autor,Amir Azimi
    • Título del autor,BBC News

La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, durante los ataques conjuntos de Israel y EE.UU. de este fin de semana han llevado a la República Islámica de Irán a su momento de mayor inestabilidad desde 1979.

La operación, denominada Furia Épica, tuvo a militares de alto rango y líderes políticos como objetivo, en lo que Washington describió como un esfuerzo decisivo por destruir la estructura del liderazgo de Irán.

En la noche del sábado, los reportes de la muerte de Jamenei en los ataques circulaban con fuerza, un acontecimiento que habría sido imposible de predecir apenas pocos días antes.

Hay videos que muestran celebraciones en varias de las principales ciudades de Irán. También circularon videos de personas que viven en el extranjero celebrando la caída de Jamenei.

Para muchos, la eliminación del líder supremo representa una ruptura histórica: una apertura que decenas de años de resistencia civil no han podido lograr.

Tanto el presidente de EE.UU., Donald Trump, como el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, usaron un lenguaje directo en sus declaraciones públicas acerca de los ataques.

El presidente Trump urgió a los iraníes a aprovechar la oportunidad de “tomar el poder”. Netanyahu, por su parte, hizo un llamado señalando que el cambio de régimen era tanto deseable como posible.

Mientras que la fase militar de la operación Furia Épica aparece muy bien coordinada y bajo el control de EE.UU., que el mensaje efectivamente haya llegado al pueblo iraní resulta menos predecible.

Distribución del poder en Irán.

Este domingo, la televisión estatal de Irán confirmó la muerte de Jamenei, antes de informar sobre la formación de un consejo temporal de tres hombres que se harán cargo de la autoridad ejecutiva del país.

Expertos y guardianes

Bajo la Constitución de Irán, la elección de un nuevo Líder Supremo recae en la Asamblea de los Expertos, un cuerpo de 88 miembros elegido por voto popular por un periodo de ocho años.

Sin embargo, el proceso electoral incluye una limitación importante.

Todos los candidatos a la Asamblea deben ser revisados y aprobados por un organismo conocido como el Consejo de Guardianes.

Esta entidad de 12 miembros está en sí misma profundamente entrelazada con la estructura de liderazgo: seis de sus integrantes son nombrados directamente por el líder supremo y los otros seis son nominados por el Poder Judicial y aprobados por el Parlamento.

En efecto, Jamenei tenía mucha influencia sobre la institución encargada de elegir a su sucesor.

Y el régimen se ha movido rápido para proyectar continuidad y estabilidad.

Al invocar los mecanismos constitucionales y activar el gobierno temporal, las autoridades esperan mandar una señal de que el sistema permanece intacto pese a haber perdido a su máximo líder.

Foto de un ataque iraní en Dubai

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,En Dubai fueron alcanzados objetivos civiles, incluidos hoteles y aeropuertos.

Esto ha llevado, por supuesto, a la búsqueda de un posible sucesor.

Es poco común en Irán que los potenciales candidatos sean identificados de forma pública antes de su nombramiento, debido a que el proceso se realiza a puerta cerrada.

Dentro de la Asamblea de Expertos, sin embargo, se sabe que hay un pequeño comité que se encarga de revisar nombres y presentar una lista de escogidos ante el pleno del organismo para que comiencen las votaciones.

Las sesiones de votación son llevadas a cabo a nivel interno y el detalle del voto no se da a conocer, lo que limita el escrutinio público.

En los últimos años, ha surgido la especulación de que el hijo mayor de Jamenei, Mojtaba, podría convertirse en su sucesor. Pero con la muerte de los comandantes más cercanos al líder supremo en la Guardia Revolucionaria, en los ataques de este sábado, el balance interno de poder pudo haber cambiado.

El precedente de junio de 1989, cuando Jamenei se convirtió en Líder Supremo desafiando todas las previsiones, puede ser visto como evidencia de que el resultado final puede ir contra todos los pronósticos.

El proceso de selección podría avanzar rápidamente y concluir en cuestión de días.

Las bajas militares

Sin embargo, en el ámbito militar, es innegable que la República Islámica ha sufrido un duro golpe.

Los informes indican que varios altos mandos murieron en los ataques iniciales. Los oficiales sobrevivientes siguen amenazados mientras continúan las operaciones aéreas.

La sensación de vulnerabilidad es palpable: centros de mando dañados, líderes decapitados y la toma de decisiones comprimida en un estado de crisis.

Aun así, Irán ha demostrado capacidad de contraataque.

En los dos primeros días de los ataques, las fuerzas iraníes avanzaron contra bases estadounidenses en varios países árabes, así como contra objetivos en Israel.

Por primera vez, misiles impactaron instalaciones no militares en Dubái y un aeropuerto civil en Kuwait, lo que amplió drásticamente la cobertura geográfica del conflicto.

La escalada indica que, a pesar de la pérdida de liderazgo, Irán conserva capacidades operativas y tiene la voluntad de utilizarlas.

La perspectiva de una mayor escalada regional se cierne ahora sobre la crisis.

Desde el punto de vista de los líderes iraníes, si el conflicto se extiende y sus grupos militantes aliados en Oriente Medio se unen a la lucha, Teherán podría obtener cierta influencia para presionar por un alto el fuego o, al menos, evitar una rendición total en los términos que dictan Estados Unidos e Israel.

Regimen Islámico

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Pie de foto,La muerte de Jamenei fue celebrada por decenas de personas dentro y fuera de Irán, pero se desconoce si fue suficiente para acabar con el régimen islámico.

Desde otra perspectiva, la presión militar sostenida, combinada con la reanudación de las protestas a gran escala, podría llevar a la República Islámica a un colapso sistémico.

Si elementos de las fuerzas de seguridad se fragmentan o rechazan órdenes, cualquier proceso formal de transición constitucional podría volverse rápidamente irrelevante, superado por los acontecimientos sobre el terreno.

Los próximos días revelarán si la Guardia Revolucionaria y otros elementos del aparato coercitivo del país pueden mantener la cohesión en ausencia del veterano líder supremo.

Por ahora, todos los escenarios siguen abiertos.

La República Islámica parece estar en una situación más débil que antes de los ataques: privada de su figura de autoridad central, desprovista de comandantes clave y expuesta a una presión militar continua.

Sin embargo, conserva sus estructuras institucionales, sus fuerzas armadas y una capacidad de represalia que complica cualquier camino directo hacia un cambio de régimen.

La muerte de Alí Jamenei ha sumido a Irán en una fase volátil e incierta.

Lo que suceda a continuación dependerá de si Teherán puede mantener el control interno bajo los continuos ataques aéreos, si las protestas cobran impulso, y hasta qué punto se extienden los combates en la región.

Es probable que el curso de los acontecimientos se aclare en los próximos días, a medida que todas las partes pongan a prueba sus límites militares y su determinación política.

Análisis:Trump evalúa replicar el modelo venezolano para la transición en Irán y cuenta con tres opciones para liderar el país

Trump evalúa replicar el modelo venezolano para la transición en Irán y cuenta con tres opciones para liderar el país (REUTERS/Nathan Howard)

La estrategia de Washington contempla distintos escenarios, desde la entrega de fuerzas armadas hasta la posibilidad de un levantamiento social, en un contexto marcado por las capacidades militares y divisiones internas del país persa

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, considera que el modelo aplicado en Venezuela, tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro, podría servir de referencia para la transición política en Irán tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei. Según explicó en una entrevista con The New York Times, el mandatario afirmó contar con “tres buenas opciones” para liderar el país persa, aunque evitó revelar identidades y subrayó que la estrategia dependerá de la evolución del conflicto militar.

Durante la conversación, Trump describió cómo la operación en Venezuela, que culminó con la remoción de Maduro pero mantuvo buena parte de la estructura gubernamental, representa para él un “escenario perfecto” de transición. “Lo que hicimos en Venezuela, creo, es el escenario perfecto, el perfecto”, sostuvo. En ese caso, la intervención estadounidense permitió que el máximo líder fuera apartado, mientras el resto del aparato estatal permanecía, aunque dispuesto a colaborar pragmáticamente con Washington.

El presidente estadounidense indicó al NYT que, aunque existen importantes diferencias entre ambos países, ve en la experiencia venezolana un posible patrón de acción para Irán. Subrayó que la operación en Teherán sería “mucho más compleja y arriesgada” que en Caracas, debido tanto a las capacidades militares iraníes como a la existencia de un programa nuclear activo y profundas divisiones sociales en la sociedad iraní. Según Trump, el liderazgo clerical y militar de Irán ejerce un control férreo desde 1979, lo que convierte cualquier intento de transición en un proceso sumamente delicado.

Trump no descarta levantar sancionesTrump no descarta levantar sanciones si el nuevo liderazgo iraní muestra cooperación, aunque evita detallar apoyo directo a la población (Casa Blanca/Social Media/REUTERS)

Trump aseguró que tiene “tres excelentes opciones” para encabezar un futuro gobierno iraní, pero optó por no divulgar nombres durante la entrevista. Al ser consultado sobre si Ali Larijani, jefe de seguridad nacional y figura clave en las negociaciones nucleares con Estados Unidos, podría asumir el liderazgo, el presidente estadounidense prefirió no pronunciarse. Larijani, recientemente sancionado por la administración Trump por su papel en la represión de protestas, anunció la creación de un comité interino que dirigirá Irán hasta la elección de un sucesor definitivo.

En el transcurso de la entrevista, Trump alternó entre diferentes escenarios para la transición de poder en Irán. Por un lado, sugirió que las fuerzas de élite, incluidos los veteranos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, podrían rendirse ante la población tras la muerte de Khamenei. “Realmente se rendirían ante el pueblo, si lo piensas bien”, declaró, aunque reconoció que estas mismas fuerzas han protagonizado episodios de represión violenta contra manifestantes, especialmente el grupo Basij, responsable de miles de muertes en recientes protestas.

Por otro lado, el mandatario estadounidense planteó la posibilidad de un levantamiento popular, indicando que la decisión sobre el futuro político del país dependerá de su ciudadanía. “Eso dependerá de ellos si lo hacen o no. Llevan años hablando de ello, así que ahora obviamente tendrán una oportunidad”, afirmó. Este planteamiento contrasta con la idea de una transición pactada y dirigida, como la experimentada en Venezuela.

Trump también abordó el aspecto militar del conflicto, resaltando que el Pentágono dispone de suficientes efectivos, misiles y bombas para mantener la ofensiva sobre Irán por un periodo de “cuatro a cinco semanas”, si las circunstancias lo exigen. “Tenemos enormes cantidades de munición. Tenemos munición almacenada en diferentes países del mundo”, enfatizó. Aunque algunos estrategas militares han advertido sobre el posible agotamiento de las reservas estadounidenses, el presidente rechazó que esto represente una dificultad inmediata.

En cuanto a la participación internacional, Trump manifestó que no considera necesario el apoyo de los estados árabes del Golfo Pérsico en la campaña contra Irán, a pesar de los recientes ataques de Teherán a esos países y a Israel con misiles y drones. Según el presidente, la coordinación entre Estados Unidos e Israel basta para sostener la presión militar sobre el régimen iraní.

Trump advierte que la transiciónTrump advierte que la transición en Irán sería más compleja debido al poder militar y el programa nuclear del país (REUTERS/Mohamed Azakir)

Desde su residencia en Mar-a-Lago, Trump informó que las fuerzas estadounidenses e israelíes han eliminado a varios líderes militares iraníes, provocando un vacío de poder. Según aseguró, “hemos destruido una gran parte de la armada iraní, incluidos nueve barcos y el cuartel general de la marina”. El presidente anticipó que la ofensiva podría causar más bajas estadounidenses y citó proyecciones del Pentágono: “Esperamos que haya víctimas. Tres son tres de más, en mi opinión. Si se fijan en las proyecciones, las proyecciones son muchas, podría ser bastante más alto”.

En relación a la política de sanciones, Trump dejó abierta la puerta a su levantamiento si el nuevo liderazgo iraní demuestra intenciones de cooperación y pragmatismo. No obstante, evitó especificar medidas concretas para apoyar a la población iraní en una eventual transición, argumentando que “es demasiado pronto” para comprometerse. “Tenemos trabajo por hacer y lo hemos hecho muy bien. Diría que vamos bastante adelantados respecto al cronograma”, añadió.

La entrevista concluyó cuando Trump anunció que debía reunirse con altos mandos militares y, posteriormente, regresó a Washington para continuar la supervisión de la operación. Las palabras del presidente reflejan tanto la complejidad estratégica como la incertidumbre respecto a la viabilidad de replicar modelos de transición en contextos políticos y culturales tan diferentes como los de Venezuela e Irán. Mientras tanto, la ofensiva militar y la pugna por el liderazgo en Teherán continúan abiertos.

Análisis-“No se puede cambiar un régimen sin tropas en el terreno”: los riesgos de la enorme apuesta de Trump en Irán

Fuente de la imagen,Los Angeles Times via Getty Images
Pie de foto,Manifestantes de la comunidad iraní en Los Ángeles, California, ondea banderas y pancartas con la imagen de Trump en apoyo a los ataques contra Irán.

    • Autor,Daniel Bush
    • Título del autor,Corresponsal en Washington

Al atacar a Irán y matar al líder supremo del régimen Alí Jamenei, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho una apuesta enorme: que puede tener éxito donde presidentes anteriores fracasaron, utilizando la fuerza militar estadounidense para reconfigurar Medio Oriente.

Trump proclamará una victoria generacional si Estados Unidos logra destruir por completo el programa nuclear de Irán y provocar un cambio de régimen en Teherán utilizando únicamente el poder aéreo, incluso si desde Washington no parece haber un plan claro sobre lo que vendría después de la República Islámica.

Pero si el ataque militar, denominado Operación Furia Épica por el Pentágono, fracasa o desencadena una conflagración regional más amplia que exija una participación continua de Estados Unidos, Trump podría perjudicar su legado, así como las posibilidades de los republicanos de mantener el control del Congreso en las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre.

El presidente dejó claro lo que está en juego en unas declaraciones realizadas a primera hora del sábado, cuando anunció el inicio de una campaña militar en Irán.

“Podrían perderse héroes estadounidenses”, dijo Trump. Argumentó que ese sería un precio necesario para infligir daño a un régimen que, según él, ha sembrado el caos en Oriente Medio desde que tomó el poder en 1979.

“Durante 47 años, el régimen iraní ha coreado ‘Muerte a América'”, afirmó Trump. Y añadió más tarde: “No vamos a tolerarlo por más tiempo”.

Pero mientras el mundo espera ver qué hará el régimen iraní tras la muerte de su líder supremo, está por verse si Trump logrará evitar una campaña militar prolongada.

También es una incógnita si podrá convencer a la opinión pública estadounidense -y especialmente a su base MAGA, que en gran medida se opone a las intervenciones estadounidenses en el extranjero- de apoyar otra incursión en Medio Oriente.

El ayatolá Ali Jemenei a inicios de 2026.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,El ayatolá Ali Jemenei fue abatido en los ataques de este sábado 28 de febrero.

Es un momento decisivo para Trump, quien regresó al cargo hace poco más de un año con la promesa de poner fin a las llamadas “guerras eternas”, como las que Estados Unidos libró en Afganistán e Irak, pero ha lanzado operaciones militares en Irán, Venezuela y Siria, entre otros países.

El temor a un conflicto prolongado

Los bombardeos de Estados Unidos e Israel se produjeron después de que la Casa Blanca advirtiera de un ataque si el régimen no aceptaba un acuerdo para abandonar su programa de armas nucleares, dejar de producir misiles balísticos y retirar su apoyo a grupos aliados como Hamás y Hezbolá.

Tras concentrar una enorme fuerza militar en la región, Trump pasó la noche del viernes supervisando el ataque a medida que se desarrollaba junto a sus principales asesores en su residencia de Florida, Mar-a-Lago.

En Washington, el vicepresidente JD Vance, la directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard y otros altos funcionarios de la administración se reunieron en la Sala de Situación de la Casa Blanca, según una fuente familiarizada con el asunto, y se conectaron a una línea de conferencia con Trump para seguir el bombardeo en tiempo real.

La muerte de Jamenei representa una gran escalada, pero los analistas advierten que podría escapar al control de Trump.

“El dado ya está echado y ahora Estados Unidos tiene que llegar hasta el final para lograr un cambio de régimen. El problema es que no se puede hacer eso sin tropas sobre el terreno”, dijo Mohammed Hafez, profesor de la Escuela de Posgrado Naval.

Los ataques de represalia de Irán contra varios aliados de Estados Unidos en la región -Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y otros- indicaron que el régimen planea responder de forma más agresiva que tras el ataque estadounidense del año pasado, añadió.

“La estrategia del régimen iraní será crear un conflicto regional que afecte la economía global y la economía estadounidense, y eso no sería algo positivo para Trump”, señaló Hafez, experto en violencia política islamista y política de Medio Oriente. “Esto podría convertirse en un atolladero”.

Un conflicto prolongado en Medio Oriente podría afectar otras prioridades de Trump en la región, como la reconstrucción de Gaza tras la guerra entre Israel y Hamás y el fortalecimiento de los lazos con Arabia Saudita.

También podría alejar a sus votantes en un momento en que sus índices de aprobación presidencial se han visto golpeados por la frustración de los estadounidenses con el costo de la vida y otros asuntos internos.

En las últimas semanas, varios altos funcionarios de la administración expresaron preocupaciones sobre una gran operación militar en Irán, según un exfuncionario de la primera administración de Trump que sigue cercano a su equipo y conoce las deliberaciones internas en la Casa Blanca..

Se dice que las divisiones se desarrollaron en privado mientras Trump amenazaba públicamente con atacar a Irán y ordenaba el mayor despliegue militar estadounidense en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003.

Trump proyectó confianza sobre la misión el sábado tras decidir lanzar el ataque y poner fin a semanas de especulación sobre un posible bombardeo. Pero también envió señales contradictorias que suscitaron nuevas preguntas sobre cuáles son los objetivos de guerra de Estados Unidos.

“Puedo prolongarlo y tomar el control de todo, o terminarlo en dos o tres días” y mantener la amenaza de nuevos ataques sobre la mesa, dijo Trump a Axios.

Más tarde afirmó en redes sociales que “el bombardeo intenso y preciso… continuará, sin interrupción durante toda la semana o el tiempo que sea necesario”.

Ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Los ataques de Israel y Estados Unidos provocaron una amplia respuesta de Irán con ataques en todo el Medio Oriente.

Las declaraciones subrayaron lo que los críticos describen como el enfoque improvisado de Trump en política exterior y su falta de interés en sentar las bases para ganar el apoyo de los legisladores y del público antes de lanzar ataques militares.

Es ese mismo enfoque poco convencional el que, según sus aliados y partidarios, le ha permitido acumular éxitos, incluido un alto el fuego acordado en Gaza y un mayor compromiso financiero europeo con la OTAN.

Sin aprobación del Congreso

Trump hizo poco de antemano para presentar ante el público estadounidense un argumento detallado sobre por qué es de su interés iniciar una guerra con Irán. El presidente pudo haber utilizado su discurso sobre el Estado de la Unión la semana pasada para exponer sus razones, pero decidió no hacerlo.

El presidente lanzó la campaña militar sin buscar primero la aprobación del Congreso. Sin embargo, la mayoría de los republicanos expresaron su apoyo a la medida este sábado.

“Irán está enfrentando las severas consecuencias de sus acciones malvadas”, dijo el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, en un comunicado. “El presidente Trump y la Administración han hecho todos los esfuerzos posibles para buscar soluciones pacíficas y diplomáticas en respuesta a las sostenidas ambiciones y el desarrollo nuclear del régimen iraní, el terrorismo y el asesinato de estadounidenses e incluso de su propio pueblo”.

Pero la falta de coordinación con el Congreso ha enfurecido a los demócratas y a algunos miembros del propio partido de Trump que se oponen a los ataques estadounidenses.

“Donald Trump está arrastrando a Estados Unidos a una guerra que el pueblo estadounidense no quiere”, enfatizó en un comunicado la exvicepresidenta y candidata demócrata en 2024, Kamala Harris. Añadió que “nuestras tropas están siendo puestas en peligro por la guerra elegida por Trump”.

El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, afirmó que la administración no proporcionó “detalles críticos sobre el alcance y la inmediatez de la amenaza” al Congreso ni al pueblo estadounidense. “Los ciclos erráticos de Trump de arremeter y arriesgar un conflicto más amplio no son una estrategia viable”, señaló.

La fuerte reacción de los demócratas el sábado sugiere que Trump podría verse obligado a librar una batalla política en casa mientras dirige la nueva guerra en Medio Oriente, justo cuando comienzan las elecciones primarias de cara a las cruciales elecciones legislativas de noviembre.

Los demócratas de la Cámara de Representantes celebrarán una reunión el domingo por la noche para discutir su respuesta a la campaña militar, según dos fuentes que hablaron bajo condición de anonimato para comentar los planes.

El líder de la minoría en la Cámara, Hakeem Jeffries, dijo que los demócratas reanudarán la próxima semana su intento de someter a votación una resolución para limitar los poderes de guerra de Trump en Irán.

“Es fácil arrestar al líder de otro país, como en Venezuela, pero ¿qué haces en los días siguientes?”, dijo un alto asesor demócrata de la Cámara. La administración “no ha articulado una estrategia ni un objetivo”.

Trump, por su parte, señaló a la cadena NBC el sábado: “En algún momento me estarán llamando (desde Irán) para preguntarme a quién me gustaría (como líder). Solo estoy siendo un poco sarcástico cuando digo eso”.

Y aunque las elecciones legislativas de noviembre serán cruciales para definir qué puede lograr Trump durante el resto de su mandato -como han descubierto presidentes anteriores-, su decisión de lanzar una acción militar extraordinaria en Medio Oriente podría resultar aún más trascendental a la hora de definir su legado.

Análisis: Por qué la dura experiencia de los Clinton podría acabar perjudicando a Trump

CNN — 

Cuando el expresidente Bill Clinton testifique este viernes ante una comisión del Congreso sobre el escándalo de Jeffrey Epstein, quedará sentado un precedente del que el presidente Donald Trump podría llegar a arrepentirse.

La declaración del exmandatario de 79 años sigue al testimonio a puerta cerrada de su esposa, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, quien el jueves criticó la investigación de supervisión de la Cámara dirigida por los republicanos como un encubrimiento para proteger a Trump.

Ni los Clinton ni Trump han sido acusados ​​por las autoridades de ningún delito relacionado con Epstein. Sin embargo, tanto el expresidente Clinton como Trump lo conocían y ambos aparecen mencionados en múltiples ocasiones en los archivos del Departamento de Justicia sobre Epstein.

La batalla de los aliados de Trump para involucrar a los Clinton en su investigación siempre estuvo destinada a crear un amargo teatro político, dados sus altísimos perfiles y sus décadas de historias de feroces duelos con los republicanos.

Pero la comparecencia de la pareja ante la comisión también podría ser contraproducente para el Partido Republicano. En primer lugar, su participación está echando más leña al fuego de la saga Epstein, que la Casa Blanca lleva meses intentando acallar sin éxito.

Y el testimonio de los Clinton plantea paralelos incómodos que desagradarán a Trump y a su círculo íntimo.

Por ejemplo, si el estándar requerido para prestar testimonio es ser mencionado en los archivos de Epstein, ¿por qué no se presentan también ante la comisión republicanos prominentes que aparecen en los archivos?

Las descripciones del secretario de Comercio, Howard Lutnick, sobre sus interacciones pasadas con Epstein fueron socavadas por los archivos publicados por el Departamento de Justicia, pero hasta la fecha no ha recibido una citación como las enviadas a los Clinton.

No existe acusación de delito penal contra Lutnick.

El contacto previo de Bill Clinton con Epstein seguramente interesará a la comisión. Pero, ¿no hay un doble rasero si Trump, mencionado en los archivos en numerosas ocasiones, no es también puesto bajo juramento?

Y la comparecencia de la exsecretaria Clinton —aunque, según su versión, desconocía la conducta de Epstein— crea el modelo de una esposa a la que se le pregunta sobre los vínculos de su esposo con el presunto traficante sexual.

Algunos observadores podrían preguntarse si la primera dama Melania Trump podría tener una visión similar sobre las ocasiones en que su esposo y Epstein se movieron en órbitas similares antes y después de su matrimonio en 2005.

Si bien seguramente habría una gran disputa constitucional por un intento de obligar a declarar a un presidente en funciones, la primera dama no tiene una función constitucional formal, y no parece haber obstáculos legales para tal citación.

Jeffrey Epstein, Ghislaine Maxwell, el expresidente Bill Clinton y dos personas no identificadas se ven en esta imagen publicada por los demócratas de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, el viernes 12 de diciembre de 2025.

No es extraño que un expresidente testifique ante el Congreso.

El presidente del siglo XIX, John Tyler, fue citado a comparecer en una investigación sobre el uso indebido de fondos públicos por parte de su exsecretario de Estado, Daniel Webster.

Theodore Roosevelt testificó ante una comisión del Congreso que investigaba cuestiones antimonopolio en la industria siderúrgica en 1911, uno de los varios expresidentes que comparecieron como testigos, según un artículo de 1983 de Stephen Stathis, analista de historia estadounidense del Servicio de Investigación del Congreso.

Trump rechazó una citación para testificar ante la comisión de la Cámara de Representantes que investigó el motín del 6 de enero de 2021 perpetrado por sus partidarios en el Capitolio de Estados Unidos.

El presidente presentó una demanda para bloquear la citación en medio de una feroz disputa constitucional sobre la separación de poderes, y finalmente fue retirada al concluir el trabajo de la comisión.

Los testimonios previos de presidentes anteriores se centraron principalmente en cuestiones políticas, mientras que la declaración de Clinton toca asuntos personales.

Los demócratas ya han anunciado que profundizarán el escrutinio sobre el historial de Epstein si recuperan la mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones intermedias de noviembre.

Dado el ciclo de represalias que domina actualmente la política estadounidense, no sería sorprendente que intentaran obligar a Trump a declarar antes o después de que deje el cargo.

Trump ha parecido empatizar con los Clinton después de que sus antiguos compañeros de batalla se vieran obligados a declarar.

El precedente de familiares llevados ante una comisión del Congreso podría ser alarmante para él, especialmente dada la posibilidad de una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes el próximo año.

Y el principio que se destacará el viernes —que un expresidente puede ser obligado a declarar sobre un asunto que no presenta problemas evidentes de separación de poderes— podría complicar el futuro de Trump una vez que deje el cargo.

El presidente de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, James Comer, negó estar llevando a cabo una investigación partidista. “No se trata solo de demócratas”, declaró.

Comer señaló que el panel había escuchado al exsecretario de Trabajo Alex Acosta y al exfiscal general Bill Barr. Ambos ocuparon cargos durante el primer mandato de Trump. Acosta fue el exfiscal federal del Distrito Sur de Florida que firmó un controvertido acuerdo de culpabilidad estatal para Epstein en 2008.

Los demócratas acusan a Comer de dirigir la investigación como una estratagema partidista para proteger a Trump. Sin embargo, los patrones tentadores establecidos por el testimonio de Clinton implican que podría convertirse en un lastre para Trump al exacerbar la intriga sobre Epstein.

La excandidata presidencial demócrata Hillary Clinton y el expresidente Bill Clinton ingresan al Capitolio de EE.UU., el 20 de enero de 2017, para la primera toma de posesión de Donald Trump.

Los Clinton cedieron ante la presión para testificar

Inicialmente, los Clinton se esforzaron mucho por evitar testificar ante la comisión, considerándolo un intento partidista de desviar la atención de Trump sobre los archivos de Epstein.

Pero cambiaron de postura para evitar ser considerados culpables de desacato al Congreso, y se esperaba que algunos demócratas votaran con el Partido Republicano para castigar su incomparecencia.

La declaraciones de los Clinton — realizadas cerca de su casa en Chappaqua, Nueva York— muestra el impulso creciente y autorreforzado de la saga después de años en los que se les negó justicia a mujeres presuntamente traficadas y abusadas por Epstein.

Los pedidos de rendición de cuentas y para que personas poderosas digan lo que sabían sobre su conducta han llevado a importantes ejecutivos del ámbito jurídico, empresarial y del entretenimiento a dimitir de sus altos cargos.

En Gran Bretaña, Andrew Mountbatten-Windsor, examigo de Epstein, y Peter Mandelson, exministro del gabinete, fueron arrestados bajo sospecha de conducta inapropiada en el ejercicio de un cargo público.

Los abogados de Mandelson han declarado que su arresto fue infundado.

Mountbatten-Windsor, expríncipe Andrés, ha rechazado todas las acusaciones previas en su contra y ha negado haber presenciado el comportamiento del que se acusa a Epstein. Aún no ha hecho declaraciones sobre su arresto.

Ambos hombres han sido puestos en libertad y las investigaciones continúan.

CNN detecta más de 100 fallas en la censura y protección de datos sensibles en el caso Epstein

01:53

La destitución de Bill Clinton marcará otro giro extraordinario en una larga carrera política plagada de escándalos, pero también con múltiples regresos y momentos improbables de redención política.

También reanudará un acalorado enfrentamiento político con los republicanos que se remonta a más de 30 años, en el que se impuso el primer presidente demócrata con dos mandatos desde Franklin Roosevelt.

Seguramente le preguntarán sobre fotos en las que aparece con Epstein; con Ghislaine Maxwell, cómplice del difunto pedófilo, ahora encarcelada; y con una mujer no identificada en un jacuzzi.

Clinton voló en el avión de Epstein al menos 16 veces entre 2002 y 2003, según una revisión de CNN de los registros de vuelo y documentos judiciales.

Pero el expresidente niega tener conocimiento de los delitos de Epstein y afirma haberse distanciado de él mucho antes de que lo acusaran a nivel federal en 2019.

Los demócratas de la comisión esperan que el testimonio del expresidente abarque más temas que el de su esposa. “Creo que mañana habrá más de qué hablar”, declaró el representante de Virginia, Suhas Subramanyam. “¿Avanzará significativamente nuestra investigación? No lo sé. Quizás sí, quizás no”.

El presidente Bill Clinton frente a la bandera de Estados Unidos, el 1 de enero de 1994.

Un final extraordinario para una carrera política turbulenta

La declaración de Clinton, quien fue presidente entre 1993 y 2001, es también el momento embarazoso más reciente en que la vida privada del excomandante en jefe ha sido examinada públicamente.

Esta tendencia poco digna se remonta a cuando Clinton era gobernador de Arkansas y su primera campaña presidencial en 1992, y culminó cuando fue sometido a juicio político durante su segundo mandato por una aventura con la becaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky.

Clinton evitó ser destituido en un juicio en el Senado. Pero en años posteriores, el desequilibrio en la dinámica de poder entre el presidente y la mucho más joven Lewinsky se ha visto a menudo con mayor crudeza, tras el movimiento #MeToo y las revelaciones sobre el círculo de hombres influyentes que conocían a Epstein.

El expresidente es un veterano con múltiples declaraciones y momentos de escrutinio público durante las controversias legales y las disputas políticas que ayudaron a definir su carrera.

Era conocido como un testigo ágil y, en su apogeo, poseía extraordinarias habilidades políticas.

Sin embargo, fue su testimonio bajo juramento lo que casi provocó su caída política. En 1998, Clinton testificó que nunca tuvo relaciones sexuales con Lewinsky. Esta declaración fue posteriormente una piedra angular de los artículos del juicio político en su contra.

Su testimonio del viernes será seguido de cerca para ver si conserva la agudeza lingüística y el olfato político necesarios para repeler los ataques republicanos tras una serie de problemas de salud durante su jubilación.

En la Convención Nacional Demócrata de 2024, declaró a los delegados que no estaba seguro de a cuántas reuniones más de este tipo podría asistir. “¡Dios mío, me estoy haciendo viejo!”, exclamó.

La exsecretaria de Estado Hillary Clinton habla con la prensa después de su declaración ante la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes que investiga los vínculos con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, en Chappaqua, Nueva York, el jueves.

Hillary Clinton: “No tengo nada que añadir”

Hillary Clinton testificó este jueves que no tenía información sobre los presuntos delitos de Epstein y acusó a los republicanos de intentar mostrar transparencia en falso. “No tenía ni idea de sus actividades delictivas”, declaró Clinton sobre Epstein y Maxwell.

Y agregó: “No recuerdo haberme encontrado nunca con el Sr. Epstein. Nunca volé en su avión ni visité su isla, sus casas ni sus oficinas. No tengo nada que añadir”.

En su declaración ante la comisión, Clinton también acusó a Comer de atacarla por motivos políticos y pidió al panel que interrogara a Trump. “¿Qué se está ocultando? ¿A quién se está protegiendo? ¿Y por qué el encubrimiento?”, preguntó.

Al lanzar un contrataque contra el escrutinio republicano sobre la vida privada de su marido, Hillary Clinton estaba recurriendo a una táctica familiar a la que ha recurrido frecuentemente en su carrera política que abarca sus dos mandatos en la Casa Blanca como primera dama y sus propias campañas presidenciales en 2008 y 2016.

La exsecretaria de Estado reiteró que no tenía respuestas a las preguntas del Partido Republicano sobre la relación del expresidente con Epstein.

Comer afirmó haber respondido a las preguntas con las palabras: “No sé, tendrá que preguntárselo a mi esposo” más de una docena de veces. Añadió: “Tenemos muchas preguntas para su esposo mañana”.

Se espera que el video del testimonio por separado de la exprimera pareja se publique en los próximos días. Esto permitirá que todos los estadounidenses sean testigos del regreso a la escena política de una de las parejas más cautivadores de la política moderna.

Pero éste fue un regreso a la palestra que ambos Clinton hubieran preferido evitar.

 

Análisis económicoTrump está recaudando miles de millones de dólares en dinero público. Eso no es bueno

New York Times

La gente tiende a asociar la erosión democrática con la interferencia electoral y la represión policial violenta. Pero hay un indicador más silencioso de que una democracia está en peligro: la disolución de las leyes que protegen el dinero público.

En Turquía, un fondo controlado por el Estado ahora gestiona una de las principales aplicaciones de mensajes de texto del país. En Hungría, el gobierno ha utilizado sus poderes fiscales para acosar a los disidentes. En India, las empresas pueden llenar discretamente las arcas de campaña del partido gobernante a cambio de un trato fiscal favorable. Todos estos regímenes quitaron el poder de recaudar impuestos y de gastar a sus asambleas legislativas, y obtuvieron así un cheque en blanco para recompensar a sus amigos, castigar a los disidentes y debilitar a enemigos políticos.

Es demasiado tarde para preguntarse si podría ocurrir lo mismo en Estados Unidos: ya está ocurriendo. El Artículo I de la Constitución establece claramente que el Congreso debe controlar cómo se recauda el dinero público y cómo se gasta. A una velocidad asombrosa, ese elemento esencial se está desmoronando.

Es difícil calcular los ingresos extraoficiales de la Casa Blanca. No existe una contabilidad pública exhaustiva de este dinero, solo afirmaciones dudosas de funcionarios del gobierno y publicaciones del presidente Donald Trump en las redes sociales. Pero, se mire por donde se mire, está recaudando miles de millones de dólares, pasando por alto al Congreso y la ley.

Pensemos en su ataque ilegal a Venezuela. Obtuvo unos 500 millones de dólares de los ingresos petroleros del país que los funcionarios depositaron inicialmente en un banco qatarí. Aunque estos fondos son de Venezuela, Trump ejerció un amplio derecho a controlarlos. También ha reclamado poderes de emergencia para imponer aranceles a voluntad, recaudando unos 132.000 millones de dólares. Se supone que el uso de esos fondos se rige por la legislación, pero él ha afirmado que puede utilizar el dinero a voluntad, sin consultar al Congreso.

Luego están los acuerdos privados de Trump. Los acuerdos con Nvidia e Intel generarán decenas de miles de millones de dólares para el gobierno federal. Nada de ese dinero estará sujeto a controles o supervisión legislativa, y los acuerdos que la Casa Blanca está firmando con al menos otras nueve empresas pueden generar miles de millones más. En un acuerdo con Nvidia, el gobierno obtendrá dinero al eliminar los controles de exportación sobre las ventas de potentes chips de inteligencia artificial a China, a cambio del 15 por ciento de los ingresos. La ley federal de exportación prohíbe cualquier tarifa de licencia de este tipo, pero, paradójicamente, eso favorece a Trump: dado que el Congreso prohibió la recaudación de ese dinero, tampoco existe ninguna ley que indique cómo pueden gastarse los fondos.

El presidente no solo está creando cuentas extraoficiales que marginan al Congreso. También socava las herramientas institucionales que nuestro gobierno utiliza para recaudar fondos públicos. En el último año, se ha eliminado aproximadamente una cuarta parte de la plantilla del IRS (Servicio de Impuestos Internos, por su sigla en inglés). La mayoría de sus líderes se han ido o han sido expulsados. Debido a los recortes en la capacidad de ejecución, es probable que se pierdan cientos de miles de millones de dólares en ingresos fiscales, lo que erosionará la dependencia fiscal del gobierno respecto al público y debilitará aún más las ataduras electorales al poder presidencial.

La fuga de funcionarios neutrales permite que el IRS se convierta en un arma del Estado. El gobierno de Trump ya ha amenazado con rescindir el estatus fiscal de la Universidad de Harvard, Wikimedia y otras instituciones sin ánimo de lucro. Es muy posible que algunos gerentes de organizaciones sin fines de lucro se alineen con las prioridades presidenciales o eviten las críticas al gobierno para preservar su estatus fiscal.

La Casa Blanca también ha convertido sus poderes de gasto en armas, y sus ataques a universidades, estados y organizaciones sin ánimo de lucro son solo el principio. Recientemente, congeló miles de millones de dólares en fondos federales para cinco estados demócratas, lo que convulsionó el mercado de bonos. Es posible que ahora esos estados tengan que pagar tipos de interés más altos. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental también ha identificado varias violaciones de una ley que prohíbe al presidente negarse a desembolsar fondos federales, y ha iniciado decenas de investigaciones. En lugar de impedir que Trump se apodere ilegalmente de un poder fiscal tan amplio, la mayoría conservadora de la Corte Suprema ha restringido las formas en que pueden impugnarse las confiscaciones, lo cual prácticamente invita a la Casa Blanca a reclamar para sí más poderes fiscales del Congreso.

El colapso del marco constitucional de las asignaciones presupuestarias pone en peligro no solo a los estados demócratas. El gobierno de Trump amenazó con retirar la financiación federal a Indiana en un esfuerzo por persuadir a sus legisladores republicanos de que adoptaran un nuevo mapa electoral altamente manipulado, esfuerzo que finalmente fracasó. A medida que se acercan las elecciones intermedias, ¿qué impedirá a la Casa Blanca tirar con más fuerza de estas palancas fiscales para sesgar los resultados electorales, por ejemplo, al amenazar con retirar los fondos federales de los distritos que votan por los demócratas?

Los artífices de nuestra Constitución reconocieron estos peligros. El principio de que un órgano representativo debe limitar el poder fiscal del ejecutivo se remonta a la Carta Magna de 1215. Ampliando esta tradición, los artífices otorgaron al Congreso la facultad exclusiva de “establecer y recaudar impuestos”. Sabían que un poder ejecutivo sin trabas sobre el dinero público abre la puerta a la tiranía.

Una presidencia que simplemente ignora los límites legales y constitucionales representa un desafío nuevo y desalentador para la democracia estadounidense. Esta legislatura, el Congreso no se ha planteado seriamente utilizar sus poderes de juicio político y destitución, y ha renunciado, por ahora, a su responsabilidad de supervisión más básica.

Pero sin llegar al juicio político, el Congreso puede tomar medidas para exigir responsabilidades al presidente. Podría negarse a destinar fondos a la agenda inconstitucional del gobierno. Podría desplegar sus herramientas de investigación para identificar los flujos de financiación extraoficiales y luego utilizar el proceso presupuestario del Congreso para reafirmar el control sobre esos fondos. Y podría declarar en desacato a los funcionarios que violen los estatutos de asignaciones al negarse a desembolsar fondos por motivos partidistas.

A más largo plazo, el Congreso necesita construir un nuevo conjunto de herramientas no solo para controlar al ejecutivo, sino también para dotar al legislativo de instrumentos más poderosos para llevar a cabo sus competencias fiscales. El ensanchamiento del poder ejecutivo es, en gran medida, consecuencia de la disfunción legislativa. La construcción de un proceso presupuestario funcional y eficaz, con vínculos más fuertes entre el Congreso y la burocracia federal, revitalizará el Artículo I de la Constitución y, con él, el principio republicano básico que confía el poder fiscal al poder legislativo.

*Aziz Huq enseña en la Universidad de Chicago; su libro Into the Dual State se publicará el año que viene. Vanessa Williamson es investigadora sénior de estudios de gobernanza en la Brookings Institution.

Entrevista- Fermín Torrano, corresponsal en Ucrania: “Rusia ya ha perdido la guerra, hay que ver si los ucranianos la pueden ganar”

Torrano cubre el conflicto en Ucrania desde 2019, cuando la guerra estaba restringida al este del país (José Colón)

El joven periodista español cubre hace años el conflicto desde el frente y también viaja en busca de historias a pueblos y ciudades. En esta charla cuenta cómo es lidiar con el peligro y habla de su experiencia, sus rutinas y sus miedos

“Hay en Bakhmut un cadáver que mira al cielo como pidiendo entrar. Es el punto más peligroso de la guerra, y la ferocidad de los combates es tal que llaman a este enclave ‘la picadora de carne’ del Donbás. Quizás por eso, o porque la muerte huele menos bajo cero, no es fácil reparar en los ojos azules y abiertos que brillan en el interior de una bolsa a las afueras de la ciudad”. Así comenzaba una de sus crónicas Fermín Torrano (Pamplona, 1996) en diciembre de 2022, el año de la invasión de Rusia que dio comienzo a la guerra a gran escala en Ucrania.

Aunque hoy se juega el pellejo yendo y viniendo de los distintos frentes de guerra y escapando de los drones a bordo de su Thalía rojo comprado en Polonia por unos cientos de euros, Fermín no era de esos chicos que juegan a los soldaditos y creció imaginando un futuro seguro de abogado, la profesión de su padre. Fue recién sobre el final de la escuela secundaria cuando la visita entusiasta de un estudiante de periodismo lo orientó hacia un nuevo destino por lo que, en lugar de asentarse en un bufete, eligió convertirse en un periodista nómade. Algo quedó del abogado que no fue y es su sentido de la justicia, una de las razones que lo llevan a viajar por el mundo para ver con sus propios ojos y luego contar lo que está oculto en el medio de grandes conflictos pero, también, aquello otro que, aunque está a la vista, la mayoría elige no ver.

Torrano regresó a Ucrania hace algunas semanas luego de viajar a la frontera entre Colombia y Venezuela por la caída de Maduro y de un descanso en España. Costó mucho organizar el zoom para nuestra charla, en parte por su agenda de trabajo (escribe y hace fotos y videos para dos medios, uno español y uno inglés) pero, sobre todo, por los abundantes cortes de luz, una de las consecuencias más duras de los ataques rusos, concentrados en destruir las centrales energéticas ucranianas y servirse del frío como arma de guerra.

Pantalla de por medio, concretamos el encuentro pocos días antes de que se cumpla el cuarto aniversario de la invasión ordenada por Vladimir Putin. De este lado de la pantalla, un agobiante verano porteño; al otro lado, uno de los inviernos más duros que recuerdan los ucranianos, con las casas congeladas bajo cero, a oscuras y durmiendo bajo pilas de abrigos y frazadas. Es de tarde en la Argentina y ya de noche en el este ucraniano, donde la temperatura no es de 25 grados bajo cero sino de, apenas, 17 bajo cero. Así lo aclara Fermín, quien, ante mi perplejidad, me explica que, aunque no lo parezca, la diferencia para ellos es enorme.

Las fotos que toma FermínLas fotos que toma Fermín Torrano cuando está en el frente son cerradas, por cuestiones de seguridad militar (Fermín Torrano)

— Llegaste por primera vez a Ucrania en el 2019. ¿Qué sabías de Ucrania entonces?

— Muy poco. Es verdad que tres o cuatro meses antes me puse a leer como un loco porque quería preparar el viaje. No valió para nada. O sea, sí, cuando llegué pensaba que sabía mucho, pero obviamente no tenía mucha idea. Lo que sí sabía era que quería ser corresponsal de guerra y que había una guerra a las puertas de mi continente y no sabía nada. O muy poco. Pues voy a ir a verlo con mis ojos, me dije.

— Eras muy joven.

— Sí, tenía 22 o 23.

— Desde el inicio de la invasión, en 2022, a Ucrania solo se llega por tren o en auto. ¿Cómo llegaste en aquel momento? Porque entonces la guerra estaba localizada en el Este desde 2014.

— Llegué en avión a Kiev. Fui desde la ciudad polaca en la que estaba estudiando, Lublin, a Varsovia, donde vivía mi hermana, dormí en su casa, tomé un avión y volé a Kiev. Y en Kiev estuve, no sé, cuatro o cinco días y de ahí me fui en tren a Kramatorsk y después un autobús me llevó a Bakhmut, una ciudad que tenía 70 mil habitantes. Claro, ahora todo el mundo tiene en la cabeza la gran batalla de Bakhmut, pero entonces para mí era solo un sitio intermedio para ir a una ciudad que se llamaba Svitlodarsk, que estaba a uno o dos kilómetros del frente y ahí es donde estuve más tiempo. Luego en Avdíivka, que también cayó. Y en Mariúpol, que también cayó.

— Por entonces Rusia sostenía como discurso el apoyo a la comunidad rusoparlante del Donbás pero no reconocía ninguna intervención militar.

— Sí. Cuando volví luego en el 2021, ahí ya Putin había movido todas las tropas a la frontera y había mucho runrún, porque me acuerdo de que escribí un artículo sobre eso de “Oye ¿va a haber invasión?”. Pero claro, de la guerra que había en 2019, me acuerdo de estar en el frente, donde escuchabas algunos disparos, veías balas trazadoras. Pero, de eso, a llegar en 2022 a un país en el que caen bombas por todos lados. Las sirenas. Los helicópteros llegando a Kiev. O sea, una locura.

— Mencionás lo de la capital, que es importante porque al comienzo de la guerra a gran escala parecía que los rusos iban por todo. El propio Putin habrá imaginado, y mucha gente habrá supuesto también, que aquello se terminaba pronto, como había ocurrido con Georgia en el 2008. Seguramente, entre quienes diseñaron el plan ruso debía estar la idea de que alguien como Zelensky, que además era un recién llegado a la política, iba a escapar o a aceptar cualquier salvoconducto, algo que no ocurrió.

— Sí, seguramente. Zelensky cometió un montón de errores, hay casos de corrupción, pero sí estoy muy convencido de que con otro presidente ya se habría acabado la guerra; no sé si hubiera habido una capitulación pero no habría aguantado. E incluso a muchos ucranianos que votaron en su contra les sorprendió la postura que tuvo.

— Entonces estuviste allí en el 2019 y en el 2021 y regresaste en el 2022, unos días después de la invasión rusa y con el mundo atento a que, en el medio de Europa, había una guerra entre Ucrania y una potencia nuclear como Rusia. Países con una historia en común que mucha gente, de pronto, ignora. Una historia de intimidad y distancia que es muy poderosa.

— Ah, sí. No sé si tú lo notarás allá, en Argentina, pero en España ahora parece que la gente conoce Ucrania. Es que de repente ha pasado en cuatro años como un maratón, ¿no? Pero antes nadie sabía nada. Decían cosas en la televisión, incluso de manera bienintencionada, que mostraba que no sabían nada, nada, nada sobre Ucrania.

La guerra atraviesa el paísLa guerra atraviesa el país desde 2014. La invasión rusa de 2022 llevó los combates y los ataques más allá del Donbás, en el este (Fermín Torrano)

— Sí, sí. Porque hay incluso cuestiones religiosas muy profundas que están jugándose en esta guerra y además está en juego Kiev, que en términos históricos es el origen de todo lo que llamamos Rusia. Hay un nacionalismo muy fuerte en los ucranianos, aunque existía una entrega muy fuerte a Rusia en el Este, no solo en la lengua sino en la cultura. Esto, a diferencia del Occidente ucraniano, deseoso de pertenecer a Europa. Esa diferencia se había ido pronunciando, hasta esta guerra, ¿no?

— Yo lo noté muchísimo. Vamos a pensar en una persona nacida en la década del 60, 70. Claro, Ucrania es independiente cuando tienen 20, 30 años. Con lo cual han crecido en otro sistema. Incluso si no son fervorosos apoyadores de la URSS, si en su familia tampoco han sufrido demasiado quizás la dictadura comunista, pues igual no son pro URSS pero literalmente tú notabas que ellos te decían: “oye, pues es que ha pasado casi el mismo tiempo desde que soy joven a que se acaba la URSS y a lo que lleva Ucrania independiente, ¿no?”. Entonces era un poco gris, pero, claro, en el 2014 no cambia del todo porque empieza en el Donbás, y ahí ya se sabe que hay un sentimiento pro ruso. Además, entonces todavía no lo estás viendo, aún no hay teléfonos, no hay satélites, no hay tantas pruebas. Pero claro, llega 2022 y te empiezan a bombardear la casa. Tú estás viendo en directo que están bombardeando todas las ciudades de Ucrania. Estás viendo que entran por Kiev, entran por Nicolaiev, que entran por Jersón. Entonces yo creo que eso fue y es clave para entender cómo mucha gente que estaba en ese punto gris dice: no me queda más que abrir los ojos. Yo creo que Putin fue quien impulsó realmente el nacionalismo ucraniano. O sea, su principal idea es alejar a la OTAN de su frontera y resulta que todas las armas acaban llegando ahora a la frontera. Su idea es proteger a los que hablan ruso y resulta que las ciudades destruidas son las del Donbás, donde hay más rusoparlantes. Y la idea es alejar a Ucrania de Europa, aunque ahora mismo –aunque obviamente le impide entrar a la UE– ha generado el proceso. Pues exactamente lo mismo ha pasado para mí con el sentimiento nacionalista o patriótico ucraniano.

— Durante estos cuatro años hubo muchas expectativas acerca de cuánto iba a durar la guerra y las condiciones en las que se iba a terminar. Hubo intervenciones de Estados Unidos de diferente naturaleza. Durante el tiempo de la guerra en el Donbás, recuerdo haber hablado con ucranianos que se sentían abandonados por Europa, algo parecido a lo que se pudo escuchar más cerca en el tiempo. Una crítica a la tibieza europea, digamos, ¿cómo se vive entre los soldados eso? Ellos son finalmente quienes reciben las armas y los materiales de apoyo con los que deben defender el territorio y la soberanía.

— Creo que hay que diferenciar el tipo de personas con las que hables. En el 2024/2025 hubo un gran descontento con Europa porque, oye, te han dicho que te van a apoyar hasta el final pero resulta que luego no me estás dando todo lo que me prometiste. Lo que pasa es que, al mismo tiempo, los que saben de verdad, los que están más informados, cierta élite que hay en el ejército — porque al final muchos son civiles en el ejército — , hoy en día saben perfectamente que eso no es una realidad. O sea, creo que a Ucrania, por ejemplo, le ha dado más dinero España que Estados Unidos en el último año. Entonces, cuanto más informada está la gente más es consciente de que Europa está sosteniendo esta guerra. Porque, sin dudas, yo creo que no hay ningún país en el mundo podría frenar a Rusia en la actualidad. Menos una Ucrania sola. O sea, Ucrania necesita que le den todas las armas o al menos el dinero para seguir financiando ese ejército. Entonces mi impresión con los soldados es que, cuanto mayor es su nivel educativo y su entendimiento geopolítico, más entienden que Europa es su único salvavidas en este momento. Que fue una ayuda lenta, sí. La duda que tienen es: ¿también nos va a dejar Europa? Porque Estados Unidos nos ha dejado. Pero yo creo que no les quita mucho el sueño ahora mismo tampoco. Con sobrevivir tienen suficiente.

Muchas de las historias queMuchas de las historias que cuenta Torrano son de las ciudades, que también sufren ataques regulares por parte de los rusos (Fermín Torrano)

— ¿Fermín, eras un chico temeroso cuando eras chico?

— ¿A qué te refieres con temeroso?

— A si eras alguien que, por ejemplo, no te lanzabas demasiado a la aventura por miedo, porque te resguardabas mucho. ¿O eras más aguerrido? Porque hoy hacés algo que no haría cualquier persona, algo que requiere mucho coraje.

— Diría que soy más temeroso que lo contrario, pero había situaciones en las que me salía solo. Creo que mis profesores o mi familia, por ejemplo, me tenían por muy contestón. Entonces si yo veía una injusticia con mi compañero, o si veía a alguien haciendo bullying en el autobús me metía (queda mal decirlo de uno mismo…). Pero, por ejemplo, a mí me daba miedo tirarme a hacer una segada en el fútbol (N. de la R.: lanzarse y deslizarse por el suelo para quitar la pelota al adversario) porque me iba a hacer daño. Pero si, de repente, un mayor le pegaba a un niño, era capaz de enfrentarme a él, aunque me pegaran también a mí.

— ¿Y hoy cómo manejás el miedo? Todos tenemos miedos de distinta naturaleza.

— Pues me da más miedo esta conversación.

— ¿En serio?

— Sí, porque estaba pensando: tengo la cabeza loca. No sé si voy a ser muy fino hablando. Y, en cambio, cuando estoy ahí, no. Porque yo suelo sobrepensar. Pero cuando estoy ahí es como que se me calma el cerebrose calman los pensamientos y te entregas. Yo siento esa sensación, es “te entregas y ya”, hasta que vuelvas.

— Participaste de acciones muy peligrosas. Cuando sabés que vas a participar de algo así, ¿la noche anterior te cuesta mucho dormir? ¿Tenés alguna práctica como para calmarte?

— Si es con soldados no: me duermo y ya está. Porque al final ellos te llevan en su coche y, lo que te digo, te entregas. Ellos suelen decirte: “Es probable que nos den, así que hazme caso”. Con lo cual obviamente no me queda mucho que hacer, no hay nada en mi mano. Mi preocupación es leerme todo lo que se haya publicado. Tener las baterías preparadas y tratar de vaciar la cabeza para poder estar con los ojos abiertos, las orejas abiertas a ver qué dicen, qué no dicen, cómo hacen… A mí no me interesa solamente la cita, el testimonio, me interesa cómo me lo están diciendo, ese tipo de detalles. Una llamada tonta con un familiar bajo tierra: es que eso me da más información que la pregunta que yo tenía preparada, ¿no?

— Por supuesto.

— Pero si voy solo o con otro periodista pero no con un militar y tengo que conducir yo, ahí sí. Ahí es repasar todos los mapas, mirar XTelegram, porque a veces están más actualizados que los medios y descubres que hay muchos bombardeos y tal carretera está cortada. O que hay drones en esta zona (uno de los grandes cambios en el frente desde 2022, cuando te preocupabas por la artillería y no por mirar al cielo por los drones). Entonces ahí sí que duermo menos pero no porque me cueste sino porque estoy buscando todo lo que pueda hasta que digo: vale, creo que es suficiente y entonces me duermo de golpe.

— Es casi como si fuera un examen, ¿no?

— Un poco, sí.

— Entiendo que por más que uno prepare todo, también hay algo del orden de la suerte. ¿Sos religioso, creés en Dios?

— Hay mucho de la suerte. Y si creo en Dios… bueno, sí. O sea, yo sí creo en Dios. Pasa que lo digo así porque es como que si tú eres del Madrid, pues tendrás que ir al estadio, ¿no?

Al poder viajar con unidadesAl poder viajar con unidades militares, Torrano logra acceder a imágenes durísimas (Fermín Torrano)

— Podés no ir a la iglesia pero creer en Dios.

— Eso, yo creo que hay algo más, sí.

— Los soldados ucranianos rezan cuando encaran una operación de riesgo. ¿Vos rezás?

— Cuando se pone todo un poco jodido lo hago, sí.

— El otro día te escuchaba en la entrevista que te hizo el periodista y escritor David Jiménez y decías algo interesante en relación a que, al estar acompañando a los militares, de pronto accedés a información muy sensible. Hablabas de lo peligroso que podría ser que esa misma información cayera en manos enemigas. Lo decías a propósito de la posibilidad concreta de que un periodista sea espía, en relación a un caso muy conocido, el de Pablo González.

— Sí. Creo que esta guerra cambia muchas maneras de trabajar porque ya en 2022 se empezó con una seguridad o con un repaso de las imágenes porque claro, como la tecnología se ha desarrollado, tú con una foto de un árbol sabes dónde fue capturada la imagen, ¿no? Entonces empecé con ese sentido de: ojo, cuidado con qué fotos se pueden subir. Si se ve este edificio. El color del ladrillo. Todo es un poco paranoico. Cuando noté que aquello podía ser problemático, empecé a tomar decisiones como que las fotos no las publico directamente, siempre tardo unos días en publicarlas. Vas aprendiendo; también te van enseñando qué sí o qué no. Pero es que hay gente que confunde eso con la censura. Pero a mí eso nunca me ha pasado.

— Entiendo lo que decís. Estando ahí te piden que subas a las redes todas las fotos que quieras, pero que por seguridad lo hagas cuando ya no estás en el lugar.

— Eso. Entonces, empecé a tener cuidado con los horizontes, eso siempre. Y, cuando iba a los puestos militares, me di cuenta de eso porque muchas veces había gente experta que realmente es capaz de sacar mucha más información que el ciudadano medio y, aun así, yo estaba viendo más en una pantalla bajo tierra de un soldado que igual no era nadie. Porque las aplicaciones del ejército ucraniano tienen niveles. Pues aún siendo el más pringado, estaba sabiendo mucho más que ese súper experto en Twitter, por ejemplo. Y ahí te das cuenta de: uy, esto es serio porque si en vez del novato, es el comandante de la brigada… Si estoy mirando esta pestaña en vez de la otra. Claro, es serio.

— ¿A qué te referías con aquello de tener cuidado con los horizontes en las fotos?

— Pues que hay que tener mucho cuidado con las imágenes en las que se vea el horizonte porque aunque sea solo un campo vacío, tú puedes detectar la posición en la que se ha tomado la fotografía. Eso significa que si yo saco una imagen desde el búnker, depende de qué se vea puedes ubicar el búnker. Por eso muchas de mis fotos son como más cerradas. Recuerdo un caso este verano, no voy a decir en qué región. La cuestión es que estábamos en un sótano en el que por la imagen de una pared se podía identificar qué tipo de edificio era. Es decir, no había ningún símbolo, pero había colores. Entonces era una cuestión de drones. Por eso la foto tiene que ser cerrada, para que no sepan ni detecten nada de dónde están estos cinco tíos. A mí me gusta mandarles las imágenes a los soldados para que las tengan. Pero a raíz de estas situaciones también para que las miren. Y si me dicen algo editorial me da igual, pero si es algo de seguridad y yo compruebo que tienen razón, no las publico.

Torrano en Pokrovsk. (José Colón)Torrano en Pokrovsk. (José Colón)

— ¿Te hirieron alguna vez? ¿Tuviste alguna enfermedad por estar en zona de riesgo?

— No. En Liberia pillé alguna cosa pero no sé muy bien, la verdad. O sea, me quedé echado casi diez días, medio inconsciente. Pero en Ucrania, no. Hemos tenido sustos, eso sí.

— Sustos en el medio de las operaciones. Te quería preguntar si, además de eso, te tocó ver puntualmente cosas muy espantosas.

— Sí, unas cuantas veces. O sea, supongo que te referís a muertos.

— Sí, muertos al lado tuyo, ahí nomás. Porque vos vas ahí donde están quienes caen en el frente.

— Bastantes veces. Me acuerdo, a ver, no sé, unos cuantos la verdad en Kherson, en Bakhmut dos veces. En Bucha, pero no las míticas imágenes de la masacre sino en una casa. Justo hoy, mira, estaba preparando un video y he recordado una anécdota de diciembre de 2022. Entrando a Bakhmut en la carretera paré porque cuando crucé un blindado de evacuación me pareció que era Andriy, un amigo mío paramédico, a quien llevaba dos años sin verle. Y efectivamente era él, bajé del coche, fui corriendo, le di un abrazo. Claro, dos años sin verle, sabía que podían haberle matado, además le habían dado a su hospital de campaña. Y de repente cuando me giré, ya me solté de él, vi que al lado, literalmente, o sea, a un paso, había un cadáver con los ojos abiertos mirando al cielo. Estaba bastante bien, estaba blanquito, los ojos azules. Pero me llamó la atención primero por el hecho en sí pero también porque de la emoción por ver a mi amigo ni me había dado cuenta. Pero en esa misma ciudad, unos meses antes, me acuerdo de haber escuchado un bombardeo gigante al lado del hotel e ir corriendo con otros compañeros y ver cuerpos destrozados, la cabeza por un lado, el torso por otro. Negros, chamuscados.

— ¿Tenés algún ritual o algún hábito como para que ese tipo de imágenes no te resulten tan perturbadoras que no te permitan trabajar?

— No. Y es que creo que te tienen que perturbar. Porque es que si no seguramente tienes un problema, ¿no? A mí que me perturbe la imagen cuando llego a la habitación en el apartamento en el momento no me hace ninguna gracia, pero, cuando pasa, digo: uf, bueno, estás bien, eres normal. Lo he pensado varias veces porque claro, la primera vez no sabes cómo reaccionar. No hago nada en especial. Cuando te estoy diciendo esto, me vienen las imágenes a la cabeza.

— Me imagino.

— Se me hace complicado, no te voy a engañar. Casi todas las veces me ha pasado que cuando te das cuenta, siempre te entra un frío extraño. Al menos a mí. Hay compañeros que sé que por las noches les viene la imagen. A mí, no. A mi igual, pues, voy por la carretera y me vienen. Me acuerdo de algo, un gesto, o la comisura de los labios de alguien se me viene a la cabeza. O hace poco vi en Kiev una madre agarrando a su hijo y me vino la imagen de una mujer agarrando a su marido. ¿Por qué? No lo sé. Porque me recordó la manera en la que ponía la mano la madre. No sé, es lo que te puedo contestar.

La imagen de los vivosLa imagen de los vivos que lloran a los muertos puede ser más inquietante que los cadáveres (Fermín Torrano)

— A veces pueden resultar mucho más inquietantes y conmovedoras las imágenes de gente viva que está llorando a sus muertos que los propios cadáveres. También te toca contar esas historias, porque no estás solamente en el frente.

— Sí, normalmente paso ocho meses al año en Ucrania, la mitad en el Donbás. Luego otros dos en Kharkiv, Sumy, o algún otro frente en el sur, y dos en Kiev. Entonces obviamente me toca todo, la parte del frente, la parte de análisis, la parte de crónica. Es verdad que todo depende también del momento de la guerra. Al principio estuve en Lviv, Odesa, Mykolaiv, Dnipro más tiempo, también porque había más historias. He pasado por muchas regiones del país y pienso que eso me ayuda a entender mejor la situación porque hay algunos compañeros que cuando estás un mes sin ir al frente, te preguntan: ¿qué pasa, te ha dado el miedo? ¿Ya no quieres venir? Es que, a ver, yo soy el primer defensor de que la guerra sin frente no se entiende. Pero la guerra solo con notas desde el frente no me cuentas nada. O sea, creo que todos luchan por algo. Cuando vuelven, cuando mueren. Primero luchan por su familia, por su casa, por lo que sea, por su país. Pero luego, cuando vuelven a casa… Me acuerdo del caso de unos desertores que me dijeron: “Desertamos y cuando volvimos a nuestra región dijimos ‘oye, volvamos al frente porque no nos gusta esto que estamos viviendo’”. Pero claro, si tú no estás ahí, si tu solo ves el Donbás, no entiendes qué te están contando. Entonces creo que es fundamental viajar por el país, conocerlo, no solo desde el tren. Claro, yo tuve la fortuna de ser pobre (risas). Y también sirve conducir tú mismo porque te obliga a parar en una carretera en mitad de la nada y ver el tipo de pueblo que hay en Ucrania. Las banderitas con los muertos en ese mini pueblo en el que de pronto hay cien muertos aunque solo haya cincuenta casas. Eso te permite comprender diferente el país. No es solo Kiev o solo el frente.

— Me gustaría saber cómo viaja el Fermín que va con su auto, con ese auto barato que se compró en Polonia por 390 euros, ¿qué llevás?

— Pues, normalmente todo. Cables, baterías, un saco de dormir por si acaso. Y un altavoz porque no funciona la radio (risas). En Pamplona sería muy cutre pero no le voy a poner una radio nueva a un coche que igual lo bombardean mañana, la verdad.

— Entiendo…

— Y luego, bueno, fundamental ruedas de recambio y un gato. He cambiado siete u ocho ruedas por pinchar aquí y eso es fundamental porque te puedes pinchar en el frente. Es más, una vez pinché en el frente y había dejado el coche en un taller y me habían sacado las ruedas y el gato y fue un Cristo. Entonces, si me preguntas qué ha sido más importante te diría que es eso: tener rueda y gato.

Una imagen de 2022, conUna imagen de 2022, con blindados en las calles. (Fermín Torrano )

— ¿Y comida?

— Obviamente llevo algo, me llevo unas galletas, cosas así que puedo comer en cualquier momento, pero nunca lo he utilizado porque en Ucrania en todos lados, o sea, en el pueblo más cercano al frente tienes una mini tiendita en la que puedes pagar con tarjeta. Gasolina debería llevar, no llevo. Al principio me daba reparo pensando que bueno, a lo mejor explotaba. No sé mucho de coches. Pero me dijeron que el diésel no es tan peligroso. Entonces debería llevar. El siguiente viaje voy a llevar gasolina, por ejemplo.

— Cuando decís “ese soldado era amigo mío” o “me encontré con un amigo”. ¿Con esas personas te ves fuera del frente alguna vez?

— Con algunos. Con los que son amigos de verdad. O sea, cuando yo digo que es un amigo, es un amigo.

— ¿A qué llamas “un amigo”?

— Ah, yo soy navarrino, soy del Norte, de Pamplona, no considero a cualquiera amigo. Puede ser un conocido. Entonces hay soldados que conozco de 2019, cuando todavía eran civiles. He estado en su casa. Conozco a su mujeres, a sus hijos. Amigo es que la mujer me diga: oye, es que te cuenta más a ti que a mí.

— ¿Y cuando se encuentran fuera del frente te dicen que quieren salir de ahí, que quieren volver a una vida normal? Después de tantos años debés escuchar también mucha queja por el cansancio, ¿no?

— Mucho. No sé si todos pero diría que la mayoría, están muy cansados y deseando volver a sus vidas. Porque, oye, por ejemplo, dos de mis amigos, uno de Kiev y otro de Crimea, uno el 24, el otro el día 20 de febrero del 2022 ya estaban en el ejército. Cuatro años enteros. Los dos tienen hijos, tienen mujer. No es que no tengan nada que hacer de sus vidas. El problema es que esa enorme mayoría de soldados que se quieren ir a su casa también son muy conscientes, pero lo que yo veo es que les pesa mucho más la otra alternativa. Es decir, vale, el plan menos malo es quedarme aquí porque si me voy a mi casa y me van a venir dentro de un año, pues, vaya apaño. Entonces, la realidad es que están muy cansados pero una gran parte de los soldados te dice: sí, pero no voy a dejar de combatir. Y eso es lo que a veces creo que en la prensa falla. Porque tú dices: los soldados están cansados. Si me haces esa pregunta por sí o por no, te digo sí. Y muy cansados. Pero eso qué significa, explícamelo. Porque si eso significa: vamos a dejar de luchar o vamos a dejar el Donbás, cualquiera que esté con un número pequeño de militares sabe que ni de broma.

— Porque además han visto cómo en estos años fueron creciendo no solo en términos estratégicos o de espíritu de resistencia. Sino también que el propio país creció en términos militares y tecnológicos, de fabricación de armas. Lo que era antes más improvisado, por decirlo de algún modo, hoy es mucho más profesional. Cuando esta guerra termine, porque en algún momento va a terminar, Ucrania seguramente tendrá un reconocimiento también en el terreno militar.

— Yo quiero publicar un artículo dentro de poco que lo voy a titular “El Silicon Valley de la guerra”. Y te dije todo.

"A mí no me interesa“A mí no me interesa solamente la cita, el testimonio, me interesa cómo me lo están diciendo, ese tipo de detalles”, dice Torrano. (Fermín Torrano )

— Y en tu caso, ¿tuviste muchos momentos en los cuales te quisiste volver a casa?

— No. Nunca pensé en volver a casa. Sí que me noté el otoño pasado bastante agotado mentalmente. Fue un año en el que estuve mucho tiempo, con mucha intensidad. Y mucho trabajo. Y por un lado tuvimos tres, cuatro, cinco sustos en un mes y ya fue la sensación de “aunque sea vete a tu casa a descansar porque la siguiente te va a tocar”. Y luego también la sensación, que nunca la había experimentado tan grande, de que a nadie le importaría mucho que a mí me mataran. O sea, les daría igual. Aunque ya lo sabía, quiero decir, soy freelance, no tengo ningún compromiso. Ya sé las reglas del juego. Pero fue un shock. Fue un shock.

— ¿Cómo fue que advertiste eso?

— En una misión muy peligrosa perdí la mochila y el pasaporte y el altavoz ése que te contaba. Perdí también las baterías. Porque cuando escapábamos de la artillería y cuando escapamos de los drones perdimos cosas de la pick-up. Y, entre ellas, las llaves de mi coche. En realidad, yo las llaves del coche y el pasaporte siempre los llevo encima. Mira, esta camisa la llevo casi siempre cuando voy. Tengo un bolsillo aquí. (Se señala el pecho, a la izquierda)

— Veo, sí.

— Ese día hice todo al revés. Iba a llevar el ordenador, al final no lo llevé. Menos mal. Bueno, la cuestión es que perdí esas cosas, ¿no? Y cuando salí de ahí, a las treinta y pico de horas, intenté abrir mi coche pero no lo pude arrancar. Me volví hasta Kramatorsk, que estaba a dos horas, para ver si tenía una segunda llave. Resulta que perdí las dos ahí, que tampoco las llevo nunca juntas. Todo desastroso. Total que le mando un mensaje al jefe de uno de los medios y le dije: mira, voy a necesitar dos días más para enviarte la crónica. Ha pasado esto y necesito este tiempo para ir otra vez al lugar éste, hacer una copia. El tío me llama y lo primero que me dijo fue: firma una carta por e-mail para decirme que no somos responsables de nada de lo que te pase. Y fue como, lo que te dicho: sí, ya sé, soy freelance, no tengo un contrato. Mi familia no va a ir a decirte nada si pierdo una pierna. Pero, coño, ¿no me puedes preguntar qué necesitas? En el fondo digo: si ya lo sé, pero me pegó en el cerebro. Estuve tres semanas o más tiempo enfadado con el mundo.

— Cuando perdiste las cosas, ¿te diste cuenta enseguida? Fue por la velocidad, por el tipo de ruta, ¿cómo fue?

— No nos enteramos. O sea, realmente íbamos a 180 por una carretera que iba todo dando botes, girando curvas, y ahí perdimos cosas. Y las buscamos con los drones, eh, y no las encontramos. No sé muy bien qué pasó. Pero sí, los rusos estaban disparando y también nos llegó un aviso de que había un dron en la zona, buscándonos. Y fue una locura. Y fui a un par de misiones más y en las dos tuve sustos. Pero yo necesitaba ir porque dije: si me voy de aquí, no quiero irme con miedo. Y fueron las dos muy jodidas y en las dos estuve muy tranquilo. Obviamente también tenía que hacerlo, tenía que hacer un trabajo. Pero ya dije: me puedo ir tranquilo a casa.

— ¿Con cuánta gente estás habitualmente? ¿Alrededor de cuánta gente es con la que te movés cuando estás en situaciones como esas?

— Soldados, normalmente de tres a cinco. Y ese mes por ejemplo estuve solo. Porque muchas veces vivo y trabajo con un compañero, José Colón, fotógrafo, pero ese mes él estaba en España y yo estaba solo.

— Escribís, hacés fotos y videos, ahora tenés también tu canal de YouTube. ¿En cuál de todos esos soportes o expresiones es cuando te sentís mejor? ¿Qué es lo que te da realmente más satisfacción?

— Escribir. Lo que pasa es que me da pena porque ahora los medios quieren sobre todo explicaciones. Y creo que no se me da mal en Ucrania porque al final, con el tiempo que llevas, pues tienes conocimiento. Pero es que para mí la guerra te la cuenta mejor un gesto. Una madre llorando en una tumba. O una sonrisaPrefiero hacer foto antes que escribir análisis. Yo necesito sentir algo cuando lo veo, también cuando lo veo en la cámara. Es que si no lo siento, es que no me importa. Yo veo que hay algunas personas aquí, ucranianos también y extranjeros voluntarios y periodistas, que van a la guerra, no sé, me atrevería a decir porque no tienen otra cosa que hacer. Pues he visto mucha gente que es medio adicta, han ido cien veces al frente y siguen teniendo que ir.

— Algo así como yonquis del frente o de la adrenalina, sí. Hablábamos del auto, hablábamos de dónde vivís. Sos un nómade, no estás mucho tiempo en un mismo lugar. ¿Te movés siempre con poquitas cosas? ¿Tenés un entrenamiento especial para armar ese bolso con el que te vas a desplazar?

— Se me hace muy difícil hacer la maleta. Al principio venía solo con una mochila y cuando me compré el coche dije: bueno, puedo venir con una maleta. Pero lo paso muy mal. Yo tengo pocas cosas, tengo tres pantalones y seis camisas. Pero hasta no me gusta nada esa situación: me agobia tener que hacer la maleta.

— ¿Y cuando tenés que hacer una maleta para tomarte unas vacaciones, podés hacerlo tranquilo?

— No porque es un poco el mismo sentimiento. Inconscientemente, eh. Me cuesta, me cuesta bastante. Cuando venía para aquí hace dos semanas, que llegué de nuevo a Ucrania, mi padre se enfadó conmigo porque yo estaba armando la maleta una hora antes del tren. Él me llevaba a la estación y me dijo: siempre todo a última hora. Creo que la gente no es capaz de entender esa parte. Yo paso muy mal el traslado. Yo me puedo quedar aquí cinco meses y estoy genial, pero el momento ese de “me tengo que ir”, lo del viaje de dos días, a mí me mata.

Es necesario sentir algo paraEs necesario sentir algo para poder escribir o tomar fotos, eso dice el periodista español. (Fermín Torrano )

— ¿Pensás que el final de la guerra está cerca o te parece que esto puede empantanarse mucho tiempo más?

— Creo que no va a acabar ya, pero pienso que esta guerra no va a terminar en un acuerdo como la gente piensa, con esta idea de que acaba todo en un acuerdo de paz. No me lo creo. Yo creo que esta guerra la va a ganar uno u otro y tendremos guerra hasta entonces.

— Podría ganarla uno u otro, decís. ¿Acaso pensás que Ucrania podría ganar la guerra?

— Bueno, yo creo que Rusia ya la ha perdido. Hay que ver si los ucranianos la pueden ganar. Ahí está el debate, ¿no?

— Me pregunto si después de tanto tiempo y tan intenso, cuando estás fuera de Ucrania, podés desprender tu cabeza de Ucrania.

— No, no. No, sobre todo por los amigos. Telegram me lo borro cuando salgo de Ucrania porque no quiero que me lleguen notificaciones. Pero abro Twitter y tengo que seguir actualizando porque creo que una de las claves de esta guerra, aunque no cambie, el frente cambia constantemente. Y luego pues eso, por los amigos. Éste está bien, no está bien, está vivo. Entonces no, no puedes dejar y hasta lo echas un poco de menos. O sea, yo ahora que estoy aquí, no sé muy bien explicarlo porque Ucrania tiene mil problemas, pero la gente te saluda, es más educada. Es el tipo de vida, yo la disfruto un poco.

— Te fuiste acostumbrando. Sos un vecino más.

— Sí. Me acuerdo de que en diciembre me iba de Kramatorsk, después de que estuve ahí tres, cuatro meses, y había una señora haciendo pan debajo de la casa. Ella siempre nos saludaba. Y le dije bueno, me marcho hasta enero o febrero. Y la señora: ah, muchas gracias por venir aquí y tal. Hay gente que en mi portal, y cuando escucha que vas a entrar, le da al ascensor corriendo para no saludarte, y aquí en cambio la señora viene y te pregunta: ¿necesitas que te compre algo?

De una visita al cuartelDe una visita al cuartel de la Defensa Territorial de Odesa, en marzo de 2022 (Fermín Torrano)

— ¿Te imaginás quedarte mucho más tiempo haciendo este trabajo?

— Yo quiero estar hasta que acabe la guerra, eso seguro, que no sé cuándo va a ser. Y después no sé, no tiene por qué ser el frente o la guerra; Liberia era un sitio de posguerra, por ejemplo. No había un conflicto. O sea, hablar con gente, descubrir un mundo nuevo es un trabajo que disfruto.

……………………………..

***Los artículos de Fermín Torrano se publican en los diarios “El Confidencial” y “The Telegraph”. Su cuenta de Instagram es @fermintorrano y tiene un canal con su nombre en Youtube en el que publica informes y videos.

Análisis: La política arancelaria de Trump y la decisión de la Corte Suprema

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega para dirigirse a una sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes del Capitolio de Estados Unidos en Washington, DC, el 4 de marzo de 2025 (Foto de Jim WATSON/AFP)

La reciente sentencia judicial sobre la potestad arancelaria del presidente Donald Trump no clausura el debate; revela las múltiples dimensiones de una política que trasciende lo económico y redefine el equilibrio de poderes en Estados Unidos

Esta noche, el Presidente Donald J. Trump presentará su primer discurso del Estado de la Unión (y su segundo discurso frente a una Sesión Conjunta del Congreso de los Estados Unidos) desde que regresó a la Casa Blanca. Este importante evento, al que están invitados todos los miembros del Congreso y la Corte Suprema, y el cual recibirá una enorme atención mediática, se lleva a cabo tan solo cuatro días después de que la Corte dictaminó en contra de la potestad del Presidente para utilizar lo que ha sido una de sus herramientas más poderosas de política exterior durante el primer año de su segundo gobierno: los aranceles. Es así como la política arancelaria del presidente Trump regresa al centro de la atención nacional e internacional.

Algunos comentan que la decisión de la Corte ha sido el revés más importante que ha recibido la administración, otros la presentan como la decisión más trascendente del período Roberts. No coincido con ninguna de esas lecturas. Sin duda es una decisión adversa para el Presidente, y la Casa Blanca habría preferido otro resultado. Pero la decisión está muy lejos de cerrar este capítulo y, como ya lo anunció el presidente Trump, insistirá con esta política, y lo más probable es que prevalezca.

Para sostener esta tesis, debemos entender la lógica estratégica de los aranceles, saber exactamente qué decidió la Corte y analizar qué viene ahora.

Aranceles: mucho más que una herramienta económica

El presidente de Estados Unidos,El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia un discurso sobre los aranceles en el Jardín de Rosas de la Casa Blanca en Washington, D.C., EEUU, el 2 de abril de 2025 (REUTERS/Carlos Barria)

Los aranceles de la política America First han desatado intensos debates dentro y fuera de Estados Unidos. Sus partidarios los ven como un acto de recuperación soberana; sus críticos, como un error proteccionista. Pero reducirlos a una discusión técnica de comercio internacional es no entender su naturaleza. La política arancelaria de Trump se puede entender fácilmente en función de cinco ejes principales.

1. En el núcleo de la política arancelaria del Presidente hay una exigencia de reciprocidad. Desde los años 80, Donald Trump ha sostenido consistentemente que Estados Unidos ha sido desfavorecido —o “ripped off”, para usar sus propias palabras— por un sistema comercial que toleró asimetrías persistentes: mercados abiertos aquí, barreras allá. Para Trump, la pregunta no es académica sino absolutamente pragmática: si un país grava nuestros productos, ¿por qué no responder en la misma medida? Sus aranceles buscan nivelar el terreno de juego. No es solo economía; es una noción de justicia recíproca para él.

2. La seguridad nacional es otro elemento esencial de su estrategia. La pandemia de COVID-19 expuso la fragilidad de cadenas de suministro excesivamente dependientes de rivales estratégicos, particularmente China. Para Trump, los déficits comerciales no son una estadística contable sino una vulnerabilidad geopolítica. Reconstruir capacidad industrial en acero, aluminio, microcomponentes o insumos médicos, entre otros, no es nostalgia manufacturera; es autonomía estratégica y una línea de defensa contra amenazas externas.

3. A ello se suma un componente cultural y político profundo. La globalización generó crecimiento agregado, sin dudas, pero dejó un gran impacto negativo en comunidades industriales enteras. Para el obrero automotriz de Michigan o el trabajador metalúrgico de Ohio, las curvas de eficiencia global no compensan la pérdida de empleo y tejido social. Los aranceles son, en esa lógica, un instrumento de reconstrucción nacional y un mensaje político: el Estado vuelve a alinearse con quienes producen dentro del país y se pronuncia a favor de restaurar la dignidad del trabajo en su corazón industrial.

El presidente Donald Trump seEl presidente Donald Trump se dirige a una sesión conjunta del Congreso en el Capitolio de los Estados Unidos el 4 de marzo de 2025 en Washington, D.C. (Win McNamee/REUTERS)

4. Es innegable que desde el punto de vista fiscal, los aranceles representan una fuente de ingresos muy importante para la administración. Solo en el 2025, el gobierno de Estados Unidos recaudó más de 287 mil millones de dólares en aranceles, según el Departamento del Tesoro. Esta inyección de fondos constituye, para Trump, una victoria tangible, con potencial para reducir el déficit nacional o financiar prioridades domésticas (interesantemente, la Corte no definió qué va a pasar con esos fondos a raíz de su decisión. Lo que si sabemos es que ya ha generado una gran cantidad de procesos legales para su devolución, lo que pudiera tener un impacto fiscal enorme para el país).

5. Los aranceles son una herramienta de negociación —herramienta que ha forzado a decenas de países, bloques comerciales y empresas a sentarse a negociar con la administración Trump. Para el Presidente, los aranceles no solo reflejan una convicción estratégica profunda, sino también una táctica eficaz para obtener concesiones que, de otro modo, resultarían inalcanzables para un liderazgo más complaciente. Es por eso que para el Presidente, el arancel no es solo una medida económica; es una palanca diplomática.

Para poder evaluar el impacto de la decisión de la Corte, y lo que sigue, es necesario entender primero el por qué de la política arancelaria del presidente Trump. No se trata de afirmar que los aranceles sean intrínsecamente buenos o malos, sino de reconocer que quienes los reducen a simples errores económicos ignoran su lógica y valor estratégico. Con este trasfondo, podemos entender mejor el posible impacto de la decisión de la Corte y lo que pueda generar en adelante.

¿Qué decidió la Corte Suprema de los Estados Unidos?

El presidente de la CorteEl presidente de la Corte Suprema, John Roberts, asiste al discurso del presidente estadounidense Donald Trump ante una sesión conjunta del Congreso en el Capitolio el 4 de marzo de 2025 en Washington, D.C. (Win McNamee/REUTERS)

La Corte no declaró inconstitucional la política arancelaria en sí misma. Lo que hizo fue mucho más técnico y, al mismo tiempo, institucionalmente significativo.

El Presidente de la Corte, John Roberts, afirmó que el presidente Trump argumentó una “facultad extraordinaria para imponer aranceles de cantidad, duración y alcance ilimitados”, y que para ejercer un poder de tal magnitud debía identificar una autorización clara del Congreso. La Corte sostuvo que la ley invocada, la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), no otorga esa autoridad.

Aquí entra en juego la llamada “doctrina de las cuestiones mayores”. Según esta línea jurisprudencial, cuando el Ejecutivo pretende ejercer una potestad con enormes implicaciones económicas o políticas, no puede basarse en interpretaciones amplias o implícitas de una norma general; necesita una delegación explícita del Congreso. La Corte concluyó que la IEEPA, concebida para sanciones económicas en emergencias internacionales, no autoriza la creación de un régimen arancelario general.

Es crucial entender lo que el fallo no dice. No afirma que el Presidente carezca de facultades arancelarias. No invalida todos los instrumentos de política comercial. El juez Kavanaugh, en su opinión disidente, sintetizó bien la situación al señalar que la decisión de la Corte solo afirma que Trump “checked the wrong statutory box” (marcó el recuadro equivocado). En su opinión, el juez incluso enumeró otras leyes vigentes que bien podrían servir de fundamento legal, como disposiciones de la Ley de Comercio de 1974 o mecanismos vinculados a seguridad nacional.

En otras palabras: la Corte no cerró la puerta para que Trump imponga aranceles; solo indicó cuál no es la puerta correcta.

¿Qué viene ahora?

Donald Trump during a jointDonald Trump during a joint session of Congress on March 4, 2025 (Al Drago/Bloomberg)

Lo que viene ahora es previsible. Trump buscará, y seguro encontrará, el “recuadro correcto”.

La decisión de la Corte abrirá años de litigios y debates académicos sobre la separación de poderes, los límites del poder presidencial, la delegación legislativa y la doctrina de las cuestiones mayores, entre otros temas. Pero en términos políticos inmediatos, la administración reconfigurará la base legal de sus aranceles en cuestión de días o semanas.

No existe escenario plausible en el que Trump renuncie voluntariamente a una herramienta que ha utilizado con determinación y que considera central para su proyecto. Los aranceles no son una política marginal: son parte estructural de su visión de soberanía económica, seguridad nacional y negociación estratégica.

Si algo ha demostrado el primer año de esta segunda administración Trump es que la política arancelaria no es improvisación. Es convicción. Y cuando una política responde a convicciones profundas, no a cálculos pasajeros, los obstáculos judiciales rara vez significan el final del camino.

La Corte recordó que el poder debe ejercerse dentro del marco legal adecuado. Trump, previsible y pragmáticamente, ajustará la ruta. El debate no termina aquí; solo entra en una nueva fase.

Análisis: Por qué la decisión judicial sobre aranceles es un duro golpe para la agenda del segundo mandato de Trump

Fuente de la imagen,Getty Images

    • Autor,Anthony Zurcher
    • Título del autor,Corresponsal de BBC News en América del Norte

Donald Trump llevaba meses advirtiendo que una decisión de la Corte Suprema como esta sería catastrófica.

Si la corte restringía su capacidad para imponer estos aranceles, había dicho, sería un “desastre económico y de seguridad nacional”.

La mayoría de seis jueces de la Corte Suprema, al fallar en contra del presidente el viernes, hizo caso omiso de sus preocupaciones.

El Congreso, no el presidente, tiene la facultad de imponer aranceles, dictaminaron los jueces. Y nada en la ley en la que el presidente basó sus aranceles, la Ley de Poderes Económicos de Emergencia de 1977, dio poderes tan amplios a Trump.

En una conferencia de prensa organizada apresuradamente el viernes por la tarde, Trump arremetió contra los jueces que fallaron en su contra. Dijo estar “avergonzado” de los tres conservadores que anularon sus aranceles y se refirió a los tres liberales de la corte como una “desgracia”.

Trump prometió entonces reimponer aranceles utilizando la autoridad presidencial disponible bajo otras leyes, incluyendo un nuevo arancel global temporal del 10% que, según dijo, firmaría el viernes.

(Este sábado, a través de su red social, Truth Social, el mandatario dijo que subiría este arancel global al 15%, con “efecto inmediato”, y calificó la decisión del máximo tribunal como “extraordinariamente antiestadounidense”).

Posición debilitada

La decisión de la corte representa un inusual freno al amplio uso de la autoridad ejecutiva por parte de este presidente.

Durante el último año, la mayoría de los jueces se han mostrado dispuestos a permitir que Trump siga adelante con su agenda, en particular en materia de inmigración y la reestructuración del gobierno federal, incluso aunque los recursos legales van escalando en el sistema judicial.

Este caso, tramitado con urgencia, cierra la puerta a uno de esos usos expansivos de la autoridad presidencial.

Barco carguero con mercancías

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Un buque portacontenedores de Rotterdam se prepara para atracar en el puerto de Miami.

Con varios otros casos importantes que involucran usos controvertidos del poder ejecutivo, como los intentos de eliminar la ciudadanía por nacimiento y destituir a un gobernador de la Reserva Federal por presuntas irregularidades, este podría no ser el único revés de Trump en los próximos meses.

Como mínimo, esta decisión debilita la posición de Trump al intentar obligar a otras naciones a hacer concesiones a Estados Unidos y empaña su fachada de invencibilidad.

La debilidad engendra debilidad, y los socios comerciales de EE.UU. podrían verse envalentonados a adoptar una línea más dura con EE.UU. ahora que se han restringido las facultades arancelarias del presidente.

También abre la posibilidad de que el gobierno de Trump tenga que devolver gran parte de los ingresos arancelarios que recaudó durante el último año.

Aunque los jueces dejaron que esta espinosa cuestión fuera decidida por un tribunal inferior, Brett Kavanaugh, en su opinión disidente, advirtió que el proceso probablemente será un “desastre”.

Opciones

El gobierno de Trump tuvo tiempo de sobra para prepararse para la decisión del viernes.

El precedente de la Corte Suprema y la actitud de muchos jueces cuando el caso se presentó en los tribunales el pasado noviembre indicaban que era muy posible un resultado adverso para él.

Jamieson Greer, principal asesor comercial de Trump, declaró el mes pasado que la Casa Blanca tiene “muchas opciones diferentes” sobre cómo proceder si se eliminan los aranceles.

“La realidad”, afirmó, “el presidente va a tener aranceles como parte de su política comercial de ahora en adelante”.

Sin embargo, las otras opciones que Trump podría tener a su disposición son más limitadas.

Estas requieren que las agencias gubernamentales elaboren informes detallados para justificar la imposición de aranceles, y tienen límites en su alcance y duración.

Jamieson Greer con rostro pensativo

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Jamieson Greer, principal asesor comercial de Trump, ya dijo que Washington tiene “muchas opciones” sobre cómo proceder si se eliminan los aranceles.

Atrás quedaron los días en que el presidente podía amenazar o promulgar aranceles de tres dígitos con un simple gesto de la mano o un clic en una publicación en Truth Social.

Los nuevos aranceles requerirán un mayor plazo antes de que puedan imponerse.

Esto podría limitar el tipo de perturbación económica que se produjo cuando el presidente anunció sus expansivos aranceles del “Día de la Liberación” el año pasado y daría a otras naciones más tiempo para preparar sus respuestas.

Si Trump quiere recuperar su margen de maniobra para imponer nuevos aranceles, siempre podría solicitar al Congreso la autorización explícita que la Corte Suprema ha declarado necesaria.

Sin embargo, con las estrechas mayorías republicanas en la Cámara de Representantes y el Senado, y las elecciones de medio término a la vuelta de la esquina, el éxito de tal medida parece improbable.

De hecho, algunos de los aliados conservadores de Trump en el Congreso podrían estar más tranquilos con esta decisión.

Los aranceles del presidente, y los costos que han impuesto a los consumidores, han sido impopulares entre muchos estadounidenses. Los candidatos republicanos en estados clave y distritos electorales habrían estado expuestos a los ataques demócratas por apoyar las políticas de Trump.

Esa área de vulnerabilidad se ha reducido por ahora.

La decisión del viernes generará un momento incómodo el martes, cuando Trump pronuncie su discurso anual sobre el Estado de la Unión ante una sesión conjunta del Congreso. Tradicionalmente, muchos de los jueces de la Corte Suprema se sientan en la primera fila de la cámara.

El presidente, después de pasar meses emitiendo duras advertencias contra la corte, podría verse frente a frente con los jueces que erosionaron uno de los pilares clave de la agenda del segundo mandato de Trump.

Análisis: Puede que la Corte Suprema le haya hecho un favor a Trump y los republicanos con su fallo sobre los aranceles

CNN — 

Fue fortuito que la decisión de la Corte Suprema se diera a conocer la misma mañana en que recibíamos un informe económico decepcionante, que mostraba tan solo un 1,4 % de crecimiento anualizado del PIB en el cuarto trimestre.

Esto se debe a que la corte posiblemente salvó a Trump de sí mismo y les hizo un gran favor a muchos republicanos escépticos sobre los aranceles.

Puede que los aranceles no hayan resultado ser el lastre económico que algunos predijeron, al menos no todavía. Pero había muchas señales de que perjudicaban una economía que se perfilaba como el mayor problema del Partido Republicano para las elecciones intermedias de 2026.

Es discutible cuánto de esos problemas económicos se deben a los aranceles de Trump. Tampoco está claro que la eliminación de los aranceles mejore rápidamente la situación. (Y Trump puede probar otros métodos para imponer aranceles).

Pero al menos por ahora, la corte ha eliminado una variable significativa en una ecuación que no funcionaba para Trump ni para el Partido Republicano.

El problema político de su iniciativa arancelaria era que, si funcionaba, eso iba a llevar tiempo. Se trata de un proceso para devolver la fabricación a territorio estadounidense. Pero los problemas políticos del Partido Republicano son aquí y ahora.

Los republicanos han pasado el último año prácticamente sin hacer nada mientras Trump imponía impuestos masivos a las importaciones que contradecían la arraigada ortodoxia republicana de libre comercio.

Pero a partir de mayo pasado, quienes detestaban estos aranceles tenían motivos para creer que los tribunales podrían hacerles el trabajo sucio. Fue entonces cuando el poco conocido Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos anuló por primera vez los aranceles de Trump.

Esa apuesta finalmente dio sus frutos. Si lo hizo lo suficientemente pronto como para salvar al Partido Republicano en 2026 es otra cuestión.

Reportaje: Cuál es el origen de la “relación especial” entre México y Cuba que Trump está poniendo a prueba

Sheinbaum, Trumpy Canel

    • Autor,Darío M. Brooks
    • Título del autor,BBC News Mundo

La histórica relación entre México y Cuba, que ha pasado por diversas pruebas desde la Revolución Cubana de 1959, enfrenta un test sin precedentes este año.

Estados Unidos ha lanzado una agresiva política para aislar al gobierno de Cuba, con una orden directa del presidente Donald Trump promulgada a finales de enero para sancionar a los países que envíen petróleo a La Habana.

“Hay un embargo. No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada”, dijo Trump el lunes al asegurar que su gobierno busca un “trato” con su contraparte cubana, sin detallar cuál es el objetivo.

Después de sacudir al gobierno de Venezuela a inicios de año, el objetivo regional de EE.UU. se ha centrado en Cuba, un país que desde hace más de seis décadas se ha sostenido como un antagonista de Washington bajo el gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro, así como su heredero político, Miguel Díaz-Canel.

Y México ahora se ha colocado en medio de la disputa.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha criticado abiertamente la imposición de sanciones de EE.UU. a los envíos petroleros a Cuba, que califica de “muy injusta”, pero ha tenido que buscar un equilibrio entre su cooperación con La Habana y su relación con Washington.

La mandataria ha optado por incrementar los envíos de ayuda humanitaria como solidaridad con la población cubana, mientras cancela la carga de más buques del combustible para la isla, como venía ocurriendo en los últimos años.

“No es de ahora, es de siempre… Siempre hubo apoyo a Cuba desde su Revolución”, justificó Sheinbuam hace unos días, al recordar que los gobiernos mexicanos desde hace más de seis décadas, de izquierda, centro o derecha, han tenido cooperación con la isla.

Para los expertos, el escenario actual supone una gran prueba para Sheinbaum y para la “relación especial” entre su país y la isla.

“Hoy México intenta un ejercicio de política exterior, no solo de solidaridad, sino estratégico en el cual México está pagando el costo político, diplomático, monetario, para jugar un rol en el presente y en el futuro próximo de Cuba”, afirma el internacionalista Juan Pablo Prado Lallande.

“Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México tenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro”, añade en conversación con BBC Mundo.

Claudia Sheinbaum con gesto serio y los indices levantados en una de sus conferencias matutinas

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Pie de foto,La presidenta Claudia Sheinbaum ha criticado la restricción de EE.UU. a la exportación de petróleo a Cuba.

El acuerdo que sostuvo las relaciones

Desde el triunfo de la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, las relaciones entre La Habana y Washington se deterioraron rápidamente hasta el punto de quiebre que supuso la fallida invasión de Bahía de Cochinos desde EE.UU. en 1961.

Desde ese momento, Washington sostuvo una política anticomunista activa en la región -en momentos en los que surgía la Guerra Fría con la Unión Soviética- y ejerció su influencia para que los gobiernos de América Latina (y otras zonas del mundo) cortaran los lazos con La Habana.

Pero México, siendo un vecino geográfico clave, no solo reconoció al gobierno revolucionario de Cuba, sino que fue el único país que no rompió relaciones con la isla, incluso ante presiones explícitas como las que hubo en asambleas de la Organización de Estados Americanos en los primeros años de la década de 1960.

Prado Lallande explica que México justificó su decisión en sus principios de política exterior pacifistas de la Doctrina Estrada, pero también se posicionó como país mediador entre Cuba y EE.UU., logrando un acuerdo trilateral y no publicitado que convenía a las partes.

“Por un lado, Estados Unidos ‘le permite’ a México tener una política soberana respecto a Cuba, de apoyo político, diplomático, de cooperación, etcétera. Por otro lado, más interesante es que tras la Revolución Cubana, México y La Habana pactaron que Cuba no iba a promover revoluciones en México, como sí lo hizo en otros países de Centroamérica, Sudamérica, África, a cambio de que México respaldara al gobierno de Fidel Castro en escenarios internacionales y en el ámbito global. Una especie de tit for tat [esto por lo otro]”, señala el analista.

EE.UU., por su parte, se aseguraba de que no hubiese influencia comunista en su frontera directa de México, a la vez que combatía los grupos surgidos en Centro y Sudamérica.

Fidel Castro y José López Portillo en una recepción del presidente mexicano al cubano en Cozumel

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Pie de foto,Fidel Castro realizó diversas visitas a México bajo los gobiernos del PRI.

Al gobierno mexicano de la época, encabezado por Adolfo López Mateos, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de carácter nacionalista, le convenía mostrarse ante los mexicanos como un estado que tomaba sus propias decisiones, más aún frente a EE.UU. con su historial de influencia hegemónica sobre el país.

Pero de manera menos evidente, el acuerdo también le permitía evitar la influencia cubana en los nacientes movimientos revolucionarios e izquierdistas de corte socialista en el territorio mexicano surgidos en la década de 1960, algunos de ellos inspirados en la isla.

De hecho, Fidel Castro y sus hombres organizaron su alzamiento armado en México.

Por otra parte, a nivel cultural, tanto México como Cuba comenzaron a sostener un rico intercambio, principalmente en la música, el cine y la literatura.

“Históricamente ha habido cercanía al nivel societal, mexicana y cubana. Hay afinidades históricas, por cercanía cultural, espacial, un pasado común del colonialismo español”, recuerda Prado Lallande.

“Y hay fuertes conexiones societales entre mexicanos y cubanos, y viceversa, sobre todo de orientación de izquierda, personal o de partidos, sindicatos, organizaciones sociales. Históricamente han visto a Cuba como un referente”.

La actriz cubana Ninón Sevilla en una escena de la película mexicana "Aventura en Río" de 1953

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Pie de foto,Diversas actrices cubanas participaron en la época de oro del cine mexicano.

Cooperación y desencuentros

Los presidentes de México de la segunda mitad del siglo XX mantuvieron buenas relaciones con Fidel Castro y afianzaron algunos acuerdos de intercambio bajo el marco del pacto de la década de 1960, pues a EE.UU. le servía tener un oído en la isla en los mandatarios mexicanos.

De hecho, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid fueron colaboradores de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU., la CIA, entre 1960 y 1994, como se supo tiempo después al desclasificarse documentos secretos.

“Durante el periodo del PRI”, explica Prado Lallande, “hubo ejercicios de colaboración de distintos rubros: técnico, científico, tecnológico, cultural, educativo, para vincular de manera oficial a los dos países”.

El colapso de la Unión Soviética supuso un duro golpe para Cuba, que se quedó sin el apoyo de la potencia antagonista de EE.UU. Pero México fue un apoyo.

En esos años de la década de 1990, el presidente Carlos Salinas de Gortari, un político neoliberal nada afín a la izquierda, mantuvo la cooperación económica en los momentos en que la isla atravesaba la escasez de alimentos e insumos del llamado “periodo especial”.

Castro asistió personalmente a la investidura de Salinas, que enfrentaba acusaciones de fraude electoral, lo que le sirvió al mexicano para legitimar su gobierno.

Y México comenzó a realizar envíos de petróleo a la isla, un reflejo de cómo se beneficiaban ambos gobiernos de la relación política.

Miguel de la Madrid es condecorado por Fidel Castro en La Habana

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Pie de foto,El presidente Miguel de la Madrid fue condecorado por Fidel Castro en una visita a La Habana en 1988.

Pero con la salida del PRI de la presidencia de México, en el año 2000, las relaciones entre México y Cuba se enfriaron notablemente bajo los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, ambos del derechista Partido Acción Nacional (PAN).

El recordado episodio llamado “Fidel, comes y te vas” dio muestra de ello: Fox invitó a Castro a la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU en México, pero le pidió personalmente al líder cubano que se marchara después de almorzar, discretamente, para evitar conflictos con otro gran invitado, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush.

La conversación fue grabada y difundida por La Habana, lo que causó gran molestia al gobierno mexicano.

“No hubo rompimiento de relaciones, pero sí una crisis”, recuerda Prado Lallande.

Aún y con las relaciones reducidas, en parte por las críticas del gobierno mexicano hacia la falta de democracia y derechos humanos en la isla, tanto Fox como Calderón realizaron visitas a Cuba.

Y el regreso del PRI a la presidencia, con Enrique Peña Nieto (2012-2018), supuso un nuevo entendimiento a tal grado que México condonó una deuda de más de US$350 millones por envíos petroleros a Cuba.

“El objetivo de México era no perder lo ganado. No perder el capital político invertido en Cuba en términos del relacionamiento histórico a favor del respeto mutuo, respeto a soberanías”, explica Prado Lallande.

Y añade: “El país quería presencia política y geoestratégica en el Caribe, que es la tercera frontera de México. Y Cuba es la isla más grande de las Antillas, por lo tanto es un referente obligado en la política exterior de México para cualquier gobierno, de izquierdas o derechas”.

Vicente Fox y Fidel Castro en una calle de La Habana

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Pie de foto,Pese al desencuentro con Fidel Castro, Vicente Fox visitó La Habana en 2002 en un intento por normalizar las relaciones.

Aunque la relación de México y Cuba siempre se justificó en la política exterior de cooperación plasmada en la Constitución mexicana, la promoción de los derechos humanos o la democracia, que también son principios del estado mexicano, no fue lo primordial durante los gobiernos del PRI.

Prado Lallande considera que eso se explica porque “para el PRI, que no tenía sensibilidad democrática, ese asunto no le generaba problemas, desafíos o contradicciones”.

“El PRI pasó de ser un partido con antecedentes de izquierda a reorientarse, con el pasar del tiempo, política e ideológicamente. Un partido muy adaptativo y pragmático. En su relacionamiento con Cuba no tuvo conflicto en este sentido”.

Sin embargo, los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo sí realizaron los primeros contactos conocidos con los grupos de la disidencia cubana, al igual que Vicente Fox y Felipe Calderón, algo que tensó las relaciones con el presidente Fidel Castro.

El reimpulso en el obradorismo

La llegada del primer gobierno de izquierda en México en 2018, con Andrés Manuel López Obrador, supuso un nuevo reimpulso a la relación con La Habana, que ya estaba bajo el mandato de Miguel Díaz-Canel.

López Obrador no se contenía al expresar su admiración hacia los cubanos “por su arrogancia de sentirse libres” frente a Estados Unidos, y criticaba las políticas de embargo económico de Washington sobre la isla: “¿Que no es ruin esa política medieval?”, cuestionó el presidente mexicano en 2022.

Durante su mandato, López Obrador reactivó los envíos de petróleo a Cuba, pero también estableció acuerdos que iban desde la llegada de médicos cubanos para atender clínicas remotas en México a la compra de vacunas durante la pandemia de covid-19 o la impresión de libros de texto para Cuba en imprentas mexicanas.

Prado Lallande considera que a partir de entonces se hizo notoria la diferencia entre la cooperación “horizontal” que hubo en los gobiernos del PRI con Cuba, con intercambios de ambas partes, a la asistencia “vertical” que inició con el gobierno de López Obrador y continuó con la presidenta Claudia Sheinbaum desde 2024.

“A raíz del deterioro cubano, político, social, y a la luz de la fortaleza del presidente López Obrador y su visión de gobierno asistencialista, México le tendió un brazo a Cuba no necesariamente en términos de cooperación, sino sobre todo una relación asistencialista, paternalista”, apunta el experto.

Andrés Manuel López Obrador y Miguel Díaz-Canel en un encuentro en Campeche, México

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,López Obrador estrechó la relación de México y Cuba, país hacia el que no dudó en expresar su admiración.

La empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) comenzó a vender petróleo a Cuba “en términos muy generosos”, asegura Pardo Lallande.

Aunque no ha sido pública la información de ventas directas a la isla, el actual director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, señaló a inicios de febrero que el monto vendido era de US$496 millones con un contrato abierto desde 2023.

Matizó las críticas de la oposición asegurando que era menos del 0,1% de la producción mexicana.

Y según los reportes más recientes disponibles de Pemex, de enero a septiembre de 2025 México envió 17.200 barriles de crudo al día, lo que representa un 3,3% de las ventas que hace el país al exterior.

Ante las preguntas de periodistas, Padilla evitó responder cuánto se envía a la isla en términos de asistencia directa, pero dijo que “es mucho más por contrato que por ayuda humanitaria”.

A partir de la amenaza arancelaria de Trump, sin embargo, México se ha colocado en un escenario sin precedentes en el que se ha visto obligado a dejar de cooperar con Cuba libremente.

Sheinbaum criticó la decisión de EE.UU., que calificó de “muy injusta” porque afecta directamente a la población al limitarse la producción de energía eléctrica y paralizar en general las actividades en la isla.

“Puede uno estar de acuerdo o no con el régimen del gobierno de Cuba, pero no debe afectarse a los pueblos nunca. Entonces, nosotros vamos a seguir apoyando y seguimos haciendo todas las acciones diplomáticas necesarias para poder recuperar el envío de petróleo, porque no se puede ahorcar a un pueblo así, de esa manera. Es muy injusto, muy injusto”, sostuvo la mandataria.

Un buque de la Marína de México llegando al puerto de La Habana

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Pie de foto,El gobierno de Sheinbaum ha enviado ayuda humanitaria a Cuba en buques de la Marina mexicana.

México envió ya dos buques cargados con alimentos y artículos de higiene personal para la isla, pero no ha enviado más petróleo mientras su gobierno sostiene conversaciones con el de EE.UU. sobre el tipo de sanciones que pretende imponer si se hace.

“Por lo pronto no vamos a enviar combustible”, precisó Sheinbaum.

El antiguo pacto que perduró durante décadas ha quedado de lado: “El flujo de cooperación hacia Cuba nunca se había detenido por fuerzas externas. Es un cambio muy importante, de fondo, que México se haya visto obligado a parar. Y, frente a ello, recurre al plan b que es ofrecer ayuda humanitaria”, dice Prado Lallande.

Aunque México ya no tiene un intercambio directo con una Cuba que no le puede ofrecer algo a cambio, la lógica de mantener el apoyo a la isla sigue siendo clave, considera el experto.

“Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México retenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro”, explica.

“Es un ejercicio estratégico de política exterior. Independientemente del color del partido político que gobierne México, Cuba es un objetivo de Estado por el peso político de la isla, su cercanía geográfica, su peso en las relaciones internacionales, y en la política respecto a Estados Unidos”, continúa.

“La línea roja -que México no está dispuesto a cruzar- sería no hacer política exterior hacia Cuba”.

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