Análisis CNN-El segundo mandato de Trump se centra cada vez más en una sola cosa: Trump

Donald Trump está dando un significado demasiado literal a las palabras de su sello presidencial: e pluribus unum, que significa: “de muchos, uno”.

Análisis por Stephen Collinson, CNN

22 de mayo de 2026

CNN — 

En una semana vertiginosa, el presidente centró aún más su mandato en beneficiar a uno solo —a sí mismo— mientras se mostraba aún más ajeno a la mayoría, los millones de estadounidenses atrapados en una crisis de asequibilidad.

Ni siquiera los senadores republicanos, normalmente dóciles, lo van a tolerar.

Todos los presidentes hacen alarde de su poder para perseguir objetivos políticos y de política pública, algunos derivados de sus propias obsesiones. Pero Trump va más allá que cualquiera de sus predecesores recientes al utilizar su cargo como vehículo de poder personal.

En la medida más extraordinaria de la semana, Trump utilizó su poder ejecutivo para obtener una ventaja personal extraordinaria, al prohibir “para siempre” su Departamento de Justicia las auditorías del IRS sobre los asuntos fiscales pasados ​​del presidente y su familia.

Esta declaración figuraba entre los términos de un controvertido acuerdo derivado de la demanda de US$ 10.000 millones que Trump interpuso contra su propio Gobierno por la filtración de sus declaraciones de impuestos.

Resulta preocupante porque parece implicar que un presidente utilice su autoridad excepcional para otorgarse un derecho del que carecen los demás ciudadanos.

Otra parte del acuerdo contempla la creación de un fondo de US$ 1.776 millones para compensar a los ciudadanos que afirman haber sido víctimas de un sistema judicial arbitrario durante la administración Biden.

Este podría ser el ejemplo más tangible del lema de campaña de Trump en 2024, cuando pronunció en multitudinarios mítines: “Yo soy su venganza”.

El temor a que el plan pudiera enriquecer a cientos de personas condenadas por los disturbios en el Capitolio de Estados Unidos en 2021, cuando algunos partidarios de Trump agredieron a la policía, inquietó incluso a la mayoría republicana del Senado, que suele ser una mera formalidad.

El secretario de Justicia interino Todd Blanche pospuso un viaje a Minnesota para denunciar la supuesta corrupción demócrata, con el fin de montar una operación de control de daños.

Pero la senadora de Maine, Susan Collins, una de las principales responsables de la asignación de fondos, que espera que la reacción negativa contra Trump no la saque del Senado en las elecciones de mitad de mandato de noviembre, declaró: “No creo que las personas que fueron condenadas por violencia contra agentes de policía el 6 de enero deban tener derecho al reembolso de sus honorarios legales”.

El senador republicano de Carolina del Norte, Thom Tillis, quien puede permitirse el lujo de ser directo porque está a punto de jubilarse, manifestó sobre el plan: “Esto es una estupidez mayúscula”.

Y el senador de Louisiana, John Kennedy, añadió: “Simplemente no sé cómo va a funcionar este proyecto. No estoy seguro de dónde va a salir el dinero. No estoy seguro de quién va a tomar las decisiones”.

El exlíder republicano del Senado, Mitch McConnell, fue aún más mordaz. “¿Así que el máximo responsable de la aplicación de la ley en el país está pidiendo un fondo secreto para pagar a quienes agreden a policías? Una estupidez absoluta, una injusticia moral… Elija usted”, declaró el senador de Kentucky.

La revuelta no se habría producido si Trump no se hubiera propuesto una prioridad personal sorprendente: recompensar a sus seguidores que respaldaron sus falsas afirmaciones de fraude en las elecciones de 2020.

Pero el tiro le salió por la culata, ya que el estancamiento provocó que el Senado se marchara de la ciudad para el receso del Día de los Caídos sin aprobar una de sus prioridades: un enorme paquete de financiación para el control de la inmigración.

Drama sobre el salón de baile agrava problemas de imagen pública

Una de las claves del éxito de Trump es su descaro. Puede que suene a crítica, pero es una cualidad que lo libera de las convenciones, deleita a sus seguidores y le permite hacer exactamente lo que quiere.

La mayoría de los presidentes, si se les acusara de llevar a cabo un proyecto personal ostentoso de millones de dólares en un momento de dificultades económicas a nivel nacional, intentarían mantenerlo en secreto.

No así el presidente número 45 y 47. Se enorgullece del proyecto, como demostró al guiar con entusiasmo a los periodistas en un recorrido por su obra del salón de baile de la Casa Blanca, que pronto se levantará en el espacio que ocupaba la antigua Ala Este.

“Lo que mejor se me da en la vida es construir”, se jactó el presidente el martes, mientras mostraba los planos del ornamentado edificio y revelaba la sorprendente noticia de que el techo también albergará “el mayor imperio de drones” para proteger Washington.

El presidente Donald Trump habla con los medios de comunicación junto a carteles que muestran el salón de baile que propone construir en la Casa Blanca, el 19 de mayo.

El presidente Donald Trump habla con los medios de comunicación junto a carteles que muestran el salón de baile que propone construir en la Casa Blanca, el 19 de mayo. Chip Somodevilla/Getty Images

Los críticos de Trump han arremetido contra su salón de baile, calificándolo de corrupto y un abuso de poder.

Denuncian su programa de llenar Washington de estructuras destinadas a asegurar su legado personal, que se alzarán imponentes sobre la ciudad mucho después de que deje el cargo.

Un enorme arco triunfal que obstruirá la vista de los monumentos cerca del Potomac es otro ejemplo.

Trump insiste en que estos proyectos no giran en torno a él, sino que forman parte de un plan de embellecimiento largamente postergado que personificará una nación orgullosa y ambiciosa y una capital que los presidentes anteriores permitieron que se deteriorara.

“Estoy regalando el salón de baile”, afirmó el presidente, refiriéndose a las donaciones de empresas privadas que, según él, financiarán el proyecto, e ignorando los múltiples problemas éticos que esto plantea.

Pero Trump también quiere que millones de dólares de los contribuyentes se destinen al Servicio Secreto para financiar un búnker y mejoras de seguridad bajo el salón de baile.

Insiste en que no se trata de un despilfarro, sino de un servicio a la nación que podría proteger a los presidentes durante “cientos de años”.

“Le estamos haciendo un regalo a Estados Unidos”, insistió Trump el jueves. “No para mí, porque yo ya no estaré. Ya saben, yo ya no estaré y tendrán a otra persona en el poder”.

¿Debería Trump recibir el beneficio de la duda? Quizás sea sincero. Sin embargo, la tendencia de su administración a nombrar edificios en su honor —como el Instituto de la Paz de Estados Unidos y el Centro Kennedy— contradice una visión más magnánima.

Lo mismo ocurre con las pancartas con su rostro que ahora adornan varios edificios federales en la capital.

Y aunque los motivos de Trump sean puramente patrióticos, el hecho de que esté obsesionado con estos asuntos, mientras que esta semana declara que el aumento de los precios de la gasolina, causado por su guerra en Irán, es una simple “insignificancia”, dice mucho sobre sus prioridades.

Todo esto ofrece a los demócratas una oportunidad fácil. El senador demócrata Chris Van Hollen, por ejemplo, criticó duramente la disparatada declaración de Trump mientras se encontraba junto al lugar donde se ubicaba su “salón de baile chapado en oro y financiado con los impuestos”. Escribió en X: “Trump primero, los trabajadores estadounidenses al final”.

Si el salón de baile es un regalo, la mayoría de los estadounidenses podrían prescindir de él, según una encuesta realizada en noviembre por Washington Post/ABC News/IPSOS que mostró que el 56 % se oponía a la decisión de demoler el Ala Este y construir un salón de baile.

Las obras de construcción del salón de baile previsto para la Casa Blanca, en la zona de la antigua Ala Este, el 18 de mayo.

Las obras de construcción del salón de baile previsto para la Casa Blanca, en la zona de la antigua Ala Este, el 18 de mayo. Tom Brenner/Reuters

Si bien la imagen pública no le parece sospechosa a Trump, sí lo es para los republicanos del Senado, quienes se rebelan contra su salón de baile y el fondo para la adquisición de armas.

El presidente no pareció saber muy bien cómo responder cuando se le preguntó sobre esta inusual muestra de firmeza por parte del Senado durante una comparecencia en el Despacho Oval el jueves.

“No lo sé. De verdad que no lo sé. Lo que sí puedo decirte es que solo hago lo correcto”, sostuvo.

¿Podría la presidencia hiperpersonal de Trump resultar contraproducente?

El revuelo en torno al salón de baile y el fondo de compensación amenaza con empeorar la difícil situación política de Trump, quien sufre índices de aprobación históricamente bajos, y las encuestas muestran que los estadounidenses culpan a sus políticas del empeoramiento de sus perspectivas económicas.

A veces, el presidente es su peor enemigo. La avalancha de controversias de esta semana eclipsó los esfuerzos de la Casa Blanca por convencer a los estadounidenses de que el presidente realmente reconoce sus frustraciones.

Entre estos esfuerzos se incluye la ampliación del sitio web TrumpRX, diseñado para reducir los precios de los medicamentos, que ahora ofrecerá 600 genéricos, incluidos tratamientos para el colesterol y la diabetes.

Irónicamente, la revuelta republicana en el Senado se produjo en una semana en la que el presidente volvió a aprovechar su dominio sobre la base de seguidores de Trump para demostrar su poder para castigar a los legisladores que, según él, le han perjudicado.

El representante de Kentucky, Thomas Massie, se convirtió en el último conservador tradicional en perder ante un rival en las primarias respaldado por Trump, tras desafiar al presidente en el tema de Irán y los archivos de Epstein.

Fue significativo que el presidente lo tachara de “desleal” justo antes de las elecciones.

Otro republicano, el senador texano John Cornyn, corre ahora el riesgo de perder las primarias después de que Trump respaldara a su rival, Ken Paxton.

La aparente transgresión de Cornyn, tras meses intentando congraciarse con Trump, radica en no haber sido lo suficientemente ferviente en su apoyo.

Trump afirmó que el senador en funciones era “un buen hombre”, pero añadió que no lo había “apoyado en los momentos difíciles” y acusó a Cornyn de tardar en respaldar su candidatura a la Casa Blanca en 2024.

El presidente Donald Trump parte del aeropuerto Groton-New London en Groton, Connecticut, el 20 de mayo.

El presidente Donald Trump parte del aeropuerto Groton-New London en Groton, Connecticut, el 20 de mayo. Evelyn Hockstein/Reuters

En este contexto, anteponer sus propios intereses podría volverse en contra de Trump, ya que muchos demócratas creen que su mejor oportunidad de ganar un escaño crucial en el Senado de Texas es una contienda contra Paxton.

Estas nuevas víctimas de la campaña de represalias de Trump —una lista que también incluye al senador de Louisiana Bill Cassidy— no hacen sino reforzar la impresión de que el presidente ve su cargo menos como una forma de promulgar cambios políticos para transformar el país que como un vehículo de poder personal.

Esta no es una tendencia nueva. Los últimos 16 meses han estado plagados de ejemplos de Trump utilizando su cargo para su propio beneficio.

Esto incluye la presión ejercida sobre grandes bufetes de abogados, que derivó en horas de representación legal gratuita, y la aceptación de un lujoso Boeing 747 de Qatar para que sirva como nuevo Air Force One, cuyas mejoras se financian con los impuestos de los contribuyentes.

Mientras tanto, los críticos de Trump lo acusan de usar su cargo para beneficiar a sus propios negocios. Por ejemplo, la cumbre del G20 de este año, que anunció el año pasado que se celebrará en su complejo de golf Doral en Florida.

Estas críticas no harán tambalear el compromiso de los seguidores más leales de Trump, muchos de los cuales lo veneran como la única figura política que escuchó su angustia sobre un sistema político y una economía globalizada que, según ellos, los dejaron atrás.

Pero sus críticos creen que solo busca su propio beneficio. Y el presidente les está dando muchas pruebas en un segundo mandato que refleja su egocentrismo.

Análisis: “EE.UU. se beneficia de la estabilidad en América Latina, que se produce mediante el desarrollo y las clases medias. Debería promover eso en lugar de intervenciones”

Pie de foto,Una mujer en la tumba de un familiar fallecido durante la intervención de EE.UU. en Panamá en 1989.

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El periodista y escritor estadounidense, Stephen Kinzer, imparte un curso en la Universidad de Brown que lleva por título: “Historia de las intervenciones estadounidenses”. Dura un semestre porque la larga lista de derrocamientos a países extranjeros llevada a cabo por la primera potencia del mundo se remonta a 1893.

Kinzer fue corresponsal del diario The New York Time durante más de 20 años. En ese tiempo cubrió conflictos y revoluciones en decenas de países: Nicaragua, Guatemala, Alemania, Turquía o Irán, entre otros.

De su experiencia en primera persona han salido libros como “Fruto amargo: La historia jamás contada del golpe estadounidense en Guatemala”, que describe el derrocamiento por la CIA del presidente progresista Jacobo Árbenz; o “Sangre de hermanos: Vida y guerra en Nicaragua”, parte historia y parte reportaje de guerra.

Según Stephen Kinzer, Estados Unidos ha derrocado o desestabilizado gobiernos extranjeros 14 veces en los 110 años transcurridos entre el golpe de Estado de 1893 en Hawái y la ocupación de Irak. Esos casos forman parte de su libro más aclamado, “Overthrow”.

Sus obras repasan cómo las intervenciones de décadas atrás tienen consecuencias directas en crisis actuales: el caos en Oriente Medio, la inestabilidad en América Latina, el antinorteamericanismo en Irán, etc.

En un momento en el que el intervencionismo de Estados Unidos vuelve con fuerza a la escena global Kinzer participa con varias charlas en el festival Centroamérica Cuenta que se celebra en Panamá entre el 18 y 23 de mayo.

El experto avisa que lo sucedido en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro ha puesto en alerta a otros países de la región como Colombia, Cuba y México.

Stephen Kinzer. Lleva camisa azul y chaqueta oscura.
Pie de foto,En su libro “Overthrow”, Stephen Kinzer repasa las 14 veces que Estados Unidos ha derrocado o desestabilizado gobiernos extranjeros desde 1893.

Todavía existe una sensación de conmoción entre los venezolanos que pensaban que Estados Unidos iba no solo a derrocar a Maduro, sino también a cambiar el gobierno. ¿Era muy ingenuo pensar que las cosas iban a cambiar?

Si analizamos la historia de las intervenciones estadounidenses, particularmente en América Latina, no hay muchos casos en los que se derroque una dictadura y se instaure en su lugar una democracia.

De hecho, suele ocurrir lo contrario, ya sea en Guatemala en la década de 1950, en Chile en la de 1970 o en otros países. Lo más común es que Estados Unidos intervenga de forma encubierta para derrocar democracias y dar paso a dictaduras.

Lo que ha cambiado en la operación en Venezuela es que se cayó la máscara. Ya no se disfrazan las intervenciones estadounidenses como un apoyo a la democracia. En el pasado hubo que actuar clandestinamente para fingir. Ahora, en la era Trump, ya no se disimula el verdadero propósito. Estados Unidos persigue ahora abiertamente sus intereses petroleros.

En 1973, nadie en Estados Unidos quería decir que habíamos intervenido en Chile para defender el derecho de las multinacionales a operar libremente en el mundo. Pero ahora no nos importa decirlo. Trump ha dicho muy claramente que quiere petróleo venezolano.

Espero que no haya mucha gente en Venezuela que realmente esperara que Estados Unidos antepusiera la democracia para los venezolanos al petróleo para los estadounidenses. Si alguien lo creyó, creo que ya se ha dado cuenta de su error.

Lo que Estados Unidos quiere hacer en América Latina es mantener los gobiernos en sus puestos, pero ejercer un derecho de veto sobre cualquier decisión del país.

Nicolás Maduro aparece esposado tras aterrizar en un helipuerto de Manhattan, escoltado por agentes federales fuertemente armados mientras se dirigen a un vehículo blindado hacia un tribunal federal en Manhattan el 5 de enero de 2026 en la ciudad de Nueva York.
Pie de foto,La operación estadounidense en Venezuela creo alarma entre muchos líderes regionales que se preguntan “¿Quién será el próximo?”.

¿Existe un patrón común en las intervenciones de Estados Unidos en otros países? ¿Cuáles son los elementos comunes?

Sí, existe. No todas las intervenciones siguen el mismo patrón, pero muchas sí. Lo describiría de esta manera: lo primero que sucede es que una empresa estadounidense se siente maltratada por un gobierno latinoamericano y se queja a Washington.

Entonces empieza a crecer la narrativa de que la única razón por la que un gobierno en América Latina intentaría limitar o restringir las acciones de las corporaciones estadounidenses es porque es un enemigo de Estados Unidos. Posiblemente sea incluso un aliado de nuestros enemigos globales.

Entonces, entramos en acción e intervenimos convencidos de que no lo hacemos para salvar los intereses de una única corporación. Estamos interviniendo porque sentimos que ese país está colaborando con nuestros enemigos y está socavando nuestro interés nacional.

Hablas en tus libros de que hay un momento en el que proteger los intereses de empresas estadounidenses se convirtió en sinónimo de defender la libertad.

Estados Unidos siempre ha definido la libertad, en gran medida, como libertad para los negocios y para sus empresas. Los países que respetan eso se consideran países libres, y no los molestamos.

Pero los que intentan limitar la libertad de las corporaciones estadounidenses se convierten en enemigos. Todo depende de la definición de libertad.

¿Y cuál ha sido el cambio ahora?

La afirmación de que Estados Unidos intervenía en nombre de la democracia nunca fue convincente, pero ya ni siquiera se mantiene esa farsa. Así que, en cierto modo, se ha caído la máscara.

EE.UU. sigue haciendo en América Latina cosas muy parecidas a las que hizo los últimos 100 años, pero ahora quizás de una manera más directa y honesta.

Augusto Pinochet
Pie de foto,Augusto Pinochet encabezó un golpe de Estado en 1973 con apoyo de EE.UU.

Lo que me gustaría ver no es un cambio en las explicaciones, ni en los motivos, ni en la retórica, sino un cambio real en la acción, un cambio real en el comportamiento. El hecho es que Estados Unidos se beneficia de la estabilidad en América Latina, y la estabilidad se produce mediante el desarrollo y el surgimiento de clases medias. Deberíamos promover eso.

¿Tienen algo en común los países en los que Estados Unidos ha intervenido a lo largo de la historia?

Si, y creo que podría resumirlo en una palabra: desafío. Todos eran países que no aceptaban el derecho de Estados Unidos a moldear sus políticas exteriores e internas. Cuando los países se rebelan contra su poder, Estados Unidos los coloca en su lista de objetivos.

Y en concreto, ese elemento une a todos los países de América Latina donde hubo una intervención. Se trata de su negativa a aceptar la agenda establecida en Washington.

¿Cuándo comenzó este modelo intervencionista?

Durante el período de la Guerra Fría, Estados Unidos quería en América Latina gobiernos que apoyaran al 100% las posiciones estadounidenses. En las décadas de 1950 y 1960, incluso hasta la década de 1970, Washington consideraba la negativa a participar en la Guerra Fría como un ataque directo. Y los países que no elegían o producían gobiernos dispuestos a someterse a la política exterior estadounidense eran considerados enemigos.

Esto se tradujo en apoyo a muchos gobiernos que reprimían la democracia y la libertad. Y nuestra explicación era: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Ese era el principio rector: no importaba cómo los líderes latinoamericanos trataran a su pueblo. Lo único que importaba era su apoyo a las políticas estadounidenses. Y eso fue lo que convirtió a muchos gobiernos latinoamericanos en objetivos.

Manuel Antonio Noriega delante de una pancarta que dice "Yankees saquen las manos de Panamá"
Pie de foto,En 1989, el entonces presidente estadounidense, George W H Bush, envió miles de soldados a Panamá para detener derrocar a Manuel Antonio Noriega.

Estados Unidos desea un cambio de régimen en Cuba y sanciona incluso a los países que le venden petróleo. El país está en una crisis humanitaria de gran envergadura ¿consideras que es una intervención aunque no siga exactamente el mismo patrón que en otros casos históricos?

Sin duda, consideraría lo que está sucediendo ahora en Cuba como otra forma de intervención estadounidense. En la práctica, estamos intentando someter a un pueblo por hambre. Sin embargo, Cuba es un caso único. Ese país ha ejercido una fascinación en la imaginación estadounidense que ha distorsionado la política en ambos países durante siglos.

Todos los presidentes estadounidenses desde Thomas Jefferson han soñado o especulado de una u otra forma con tomar Cuba. Estados Unidos envió tropas en 1898 con la promesa de retirarlas inmediatamente después de la derrota española. Luego traicionamos esa promesa porque no queríamos ver una Cuba independiente que pudiera perjudicar los intereses de Estados Unidos.

De hecho, instala la Enmienda Platt, que le da derecho legal a intervenir militarmente cuando quiera. Cuba se convierte en un país independiente en el papel, pero una colonia en la práctica.

Durante el medio siglo siguiente, Estados Unidos apoyó varias dictaduras allí. Esto, a su vez, produjo la revolución liderada por Fidel Castro. La respuesta estadounidense fue no solo intentar asesinar a Castro una y otra vez, sino utilizar todos los medios a su alcance para debilitar la isla.

Cuba ha sufrido durante 60 años un ataque sostenido por parte de Estados Unidos.

Captura de pantalla del programa de televisión 'Rebeldes de la Sierra Maestra', 1957.
Pie de foto,A menudo la opinión pública americana cree genuinamente que Estados Unidos está ayudando a un pueblo oprimido a liberarse.

Y lo único que han logrado los sucesivos gobiernos estadounidenses es cambiar la política de Florida. En la política presidencial, Florida es un estado importante y el voto de los grupos militantemente anticubanos es crucial.

Esto distorsiona las políticas que se toman en Washington y ha empujado a los estadounidenses, entre los que Marco Rubio es el ejemplo más reciente, a adoptar políticas beligerantes que a menudo han terminado causando sufrimiento a los cubanos.

Estamos intentando hacerles la vida lo más miserable posible, y sospecho que el Secretario de Estado Rubio sueña con pasar a la historia como el responsable del colapso final del régimen que llegó al poder en 1959.

Pero hubo un momento de apertura, cuando en 2016, ambos países restauraron las relaciones diplomáticas, se reabrieron las embajadas. Obama visitó la isla. Se reanudó el turismo y en la calle había un ambiente de que todo era posible.

Sí, y luego llegó Trump. Pero no solo culpo a él por cancelar esa apertura, también culpo al expresidente Joe Biden. Esperaba que en su primera semana en el cargo firmara una orden ejecutiva para volver a las políticas de Obama.

En cambio, se aferró a las decisiones impuestas por Trump. Así que ambos tienen la culpa. Y creo que ambos son prisioneros de grupos en Estados Unidos que nunca han renunciado al sueño de derrocar a Fidel Castro, aunque esté muerto.

Entonces, ¿consideras que Trump sigue el patrón o representa una ruptura en la historia?

Pienso que Trump cree firmemente en la visión tradicional de que todo el continente está esencialmente bajo la tutela de Estados Unidos. Nos ha llevado de vuelta a la doctrina Roosevelt, que declaraba que Estados Unidos se sentiría obligado en ocasiones a emplear lo que denominaba un poder policial internacional para reprimir lo que consideraba mala conducta en América Latina.

Estados Unidos desea algo muy diferente para América Latina de lo que América Latina desea para sí misma.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele,
Pie de foto,Nayib Bukele fue capaz de trascender toda legalidad y detener a decenas de miles de personas, provocando que mucha gente aplauda el autoritarismo.

¿Crees que el público estadounidense sigue siendo receptivo a los argumentos intervencionistas?

Creo que en algunos sectores del público estadounidense hay decepción porque Trump, que hizo campaña basándose en dejar en paz a otros países para concentrarse en el desarrollo de Estados Unidos, ahora está haciendo lo contrario. Había cierta esperanza de que Trump fuera menos intervencionista, pero sigue queriendo guiar el futuro de otros países.

Nos encanta la idea de países latinoamericanos independientes, siempre y cuando no sean demasiado independientes.

¿Qué le parece el caso de El Salvador?

En este momento, creo que El Salvador se ha convertido sorprendentemente en uno de los países favoritos de Estados Unidos.

Es otro ejemplo de cómo los gobiernos autocráticos gozan ahora de gran popularidad en Washington. El caso de El Salvador es muy complejo, pero no cabe duda de que el origen del problema tiene que ver con la intervención estadounidense.

Muchos de los problemas de los países, sobre todo en el Caribe, se remontan a intervenciones de Estados Unidos. El Salvador es un claro ejemplo.

Durante la década de 1980, Estados Unidos gastó enormes sumas de dinero para proporcionar al ejército salvadoreño el equipo necesario para reprimir la guerrilla. La violencia que provocó esa guerra llevó a un gran número de salvadoreños a huir del país.

La mayoría terminó en Los Ángeles. Toda una generación de jóvenes salvadoreños creció allí, asimilando la cultura de las pandillas. Y cuando, tras el fin de la guerra, esas familias fueron expulsadas de Estados Unidos, los jóvenes llevaron de vuelta consigo esa cultura.

El Salvador cayó entonces bajo el dominio de las bandas que años más tarde permitieron el ascenso de Bukele. Una figura que fue capaz de trascender toda legalidad y detener a decenas de miles de personas, provocando que mucha gente aplauda el autoritarismo.

Pero la raíz de todo esto fue la intervención estadounidense en la década de 1980. Esto demuestra que, aunque olvidemos estas intervenciones, tienen enormes repercusiones en el futuro.

Migrantes hacen fila con la esperanza de ser procesados ​​por agentes de Aduanas y Protección Fronteriza después de que grupos llegaran a Jacumba Hot Springs, California, tras caminar bajo un calor intenso desde México hacia Estados Unidos
Pie de foto,Las intervenciones de Estados Unidos en otros países generan violencia que provoca oleadas de migraciones.

Dices que las intervenciones logran objetivos a corto plazo, pero incluso debilitan la seguridad estadounidense a largo plazo.

Sí. Estados Unidos ha sufrido enormes flujos migratorios que no habrían ocurrido si no hubiéramos intervenido con tanta violencia en los países de origen.

Si Washington no hubiera ejercido tanta presión y aplicado tales sanciones a Venezuela, no habríamos tenido semejante oleada de venezolanos migrando.

Cuba es un ejemplo aún mejor. El número de personas que han huido de Cuba en los últimos años es de alrededor de un millón. La mayor parte de ellas termina aquí. Si Estados Unidos hubiera permitido que los cubanos pensaran que podían quedarse en su país y prosperar, Estados Unidos estaría más seguro porque no habríamos tenido esta perturbación dentro de nuestra propia sociedad que ha distorsionado nuestro sistema político y ha contribuido a la aparición de Donald Trump.

Estas intervenciones a veces parecen éxitos a corto plazo, pero lo que nos enseñan es que cuando uno interviene violentamente en los asuntos de otro país, es como soltar una rueda desde lo alto de una colina. Puedes hacerlo, pero no tienes control sobre cómo rebota ni dónde termina finalmente.

Reportaje de la BBC: Qué es lo que realmente une a China y Rusia y cómo se manifiesta en la visita de Putin a Xi

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  • Autor,Ankur Shah
  • Título del autor,Editor de la Unidad de China Global de la BBC
  • 19 mayo 2026

Mientras paseaban por la plaza de Tiananmén en Pekín el pasado septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, y su par de Rusia, Vladimir Putin, parecían reflexionar sobre la posibilidad de que los trasplantes de órganos pudieran prolongar drásticamente la vida humana.

“Los órganos humanos pueden trasplantarse continuamente. Cuanto más vives, más joven te vuelves, e incluso se puede alcanzar la inmortalidad”, se escuchó decir al intérprete de Putin.

“Algunos predicen que en este siglo los humanos podrían vivir hasta 150 años”, respondió el intérprete de Xi.

El presidente de China, Xi Jinping (centro), el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un (3º desde la derecha), y el presidente de Rusia, Vladimir Putin (2º desde la izquierda), llegan a una recepción en el Gran Salón del Pueblo.
Pie de foto,Ese momento captado por un micrófono abierto ofreció una mirada intrigante sobre la relación.

Fue una conversación apropiada para dos dirigentes fuertes, que se han descrito como mejores amigos y que, tras un total combinado de 39 años en el poder, no muestran señales de retirarse.

Este fue un inusual vistazo a lo que es una asociación bastante incomprendida.

Ese fragmento de conversación sin guion es una de las pocas ventanas hacia una relación altamente hermética.

Putin ha llegado a China este martes por la noche para mantener conversaciones con Xi, coincidiendo con el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre Rusia y China.

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó a Pekín la semana pasada, fue recibido con un despliegue de banquetes con vajilla dorada y una visita a un templo antiguo.

El viaje de Putin ha sido más discreto, con poca información divulgada de antemano.

A su llegada fue recibido por el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, y una banda militar.

Putin y el canciller chino, Wang Yi, en el aeropuerto, rodeados de otros hombres vestidos de traje y corbata
Pie de foto,Putin llegó este martes a Pekín, donde fue recibido por el canciller chino, Wang Yi.

El portavoz del Kremlin afirmó que esperan obtener información de primera mano sobre la reunión entre Trump y Xi.

Xi presuntamente mencionó a su amigo Putin ante Trump la semana pasada, cuando ambos líderes caminaban por Zhongnanhai —donde normalmente los visitantes extranjeros son excluidos— y bromeó sobre cómo Putin había visitado antes ese santuario político.

Aunque algunos en Washington pudieron haber esperado que Trump lograra distanciar a Pekín de Moscú, tales expectativas parecen ser poco más que deseos.

China y Rusia han descrito en los últimos años sus vínculos como una “amistad sin límites”. ¿En qué se basa esto? ¿Durará su relación?

Muñecas matrioskas rusas con retratos del presidente chino Xi Jinping y del presidente ruso Vladimir Putin, a la venta en una tienda callejera de recuerdos.
Pie de foto,Putin regresa a Pekín esta semana.

China marca los tiempos

La relación es altamente desigual y cualquier acuerdo entre ambos países probablemente se establecerá a la manera china, opina Alexander Gabuev, director del centro Carnegie Russia Eurasia.

“Rusia está completamente en el bolsillo de China, y China puede dictar las condiciones”, subraya.

Esta dinámica persiste en muchos ámbitos, especialmente en la economía.

China es el mayor socio comercial de Rusia, mientras que Rusia representa apenas el 4% del comercio internacional de China.

China exporta más que cualquier otro país a Rusia, y su economía es significativamente mayor que la rusa.

Años de sanciones occidentales han empujado gradualmente a Moscú a una mayor dependencia comercial de Pekín.

El gigante tecnológico Huawei, sancionado por EE.UU. y excluido de redes 5G o restringido en casi una veintena de países, ha aprovechado la ausencia de compañías occidentales para convertirse en un pilar clave de la industria de telecomunicaciones de Rusia.

Con vínculos cada vez más fracturados con Occidente, China se ha convertido en el principal punto de referencia para el conocimiento, ya sea tecnológico, científico o industrial.

Rescatistas ucranianos trabajan en el lugar de un ataque ruso contra un edificio residencial de gran altura en Kyiv, Ucrania.
Pie de foto,Moscú se ha vuelto cada vez más dependiente de componentes chinos para su maquinaria de guerra.

Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Moscú se ha vuelto más dependiente de componentes chinos para su maquinaria de guerra.

Un informe reciente de Bloomberg halló que Rusia importaba más del 90% de su tecnología sancionada desde China, un aumento del 10% respecto al año anterior.

Rusia es muy consciente de los riesgos de este desequilibrio.

En un ensayo reciente titulado “No nos inclinamos ante nadie”, Dimitri Trenin, presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, dejó claro que Rusia no quiere convertirse en un estado vasallo.

“[Es] absolutamente esencial para nosotros mantener una relación de igualdad y recordar que Rusia es una gran potencia que no puede ser un socio subordinado”, afirmó al hablar sobre China.

Moscú tiene pocas alternativas viables a Pekín, un comprador que ofrece una escala de demanda y un mercado esenciales para su supervivencia.

Si China redujera su comercio con Rusia, dado el deterioro de las relaciones con Occidente, complicaría significativamente los objetivos de política exterior de Moscú.

Sin embargo, la gran ventaja de Rusia —y su defensa frente a posibles presiones de Pekín— es su capacidad para mantenerse firme.

El primer ministro ruso Vladimir Putin (derecha) estrecha la mano de Xi Jinping en Moscú en 2010.
Pie de foto,Putin y Xi se han descrito como mejores amigos.

Según Marcin Kaczmarski, profesor de estudios de seguridad en la Universidad de Glasgow, China es consciente de esta asimetría y evita generar reacciones negativas dentro de Rusia o entre sus élites.

“A mi juicio, la política china hacia Rusia se resume en la moderación”, añade. “China no está presionando a Rusia”, sostiene.

Esto se debe en parte a que sería una estrategia poco inteligente: Rusia puede ser el socio menor, pero también es un socio orgulloso.

Gabuev indica que aunque China intentara imponer condiciones a Rusia, “no es exactamente el tipo de país que las fuera a aceptar de inmediato”.

El experto de Carnegie cita el ejemplo del viaje de Xi a Moscú en 2023, cuando el dirigente chino supuestamente instó a Putin a no usar armas nucleares en Ucrania.

Pocos días después, Rusia anunció que desplegaría armas nucleares en Bielorrusia, un movimiento que algunos interpretaron como una señal de resistencia a presiones externas y de recordatorio al mundo de su independencia.

La guerra de desgaste de Rusia en Ucrania puede suponer una carga en muchos sentidos, pero también en un activo para Pekín al evaluar una posible invasión de Taiwán.

“Rusia aporta mucho en términos de tecnologías militares, como equipos especializados que aún puede vender, y también sirve para probar equipamiento o componentes chinos”, explica Gabuev.

Rusia también posee vastos recursos energéticos estratégicamente importantes para China.

En una conferencia de prensa en mayo, Putin afirmó que ambos países están muy cerca de dar “un paso muy significativo en la cooperación en petróleo y gas”.

Infraestructura industrial con grandes tuberías amarillas elevadas sobre soportes metálicos en un entorno nevado, con una persona caminando debajo al atardecer.
Pie de foto,Rusia es un gran exportador de petróleo.

Puede que el mandatario ruso haya querido referirse al gasoducto Poder de Siberia 2, para el cual Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China supuestamente firmaron un acuerdo preliminar tras años de negociaciones estancadas.

El gasoducto supondrá un cambio significativo si se construye, al transportar 50.000 millones de metros cúbicos de gas ruso a China a través de Mongolia.

Y para China, mientras continúa la crisis en el estrecho de Ormuz, su apuesta por la energía rusa parece estar dando resultados.

No se trata solo de precios, sino de garantizar la seguridad energética interna en un mundo cada vez más inestable.

Socios, no aliados

Cada vez que China y Rusia parecen divergir, una verdad simple en el corazón de su relación queda clara: ninguno debe seguir al otro, porque no existe una alianza formal.

Bobo Lo, exsubjefe de misión de la embajada australiana en Moscú, señala que esta flexibilidad estratégica —y no la rigidez de una alianza militar— da solidez a la relación.

“No es una alianza, sino una asociación estratégica flexible”, explica; una que ha resistido pese a reiteradas predicciones de colapso.

Analistas occidentales han tendido a describir la relación de dos maneras: como un “eje de autoritarismo” unido en gran medida por su deseo de vencer a Occidente, o como una fraternidad frágil que constantemente está en la cornisa del colapso.

Ninguna refleja completamente cómo esto se ha convertido en una relación que se ha vuelto esencial y crecientemente difícil de reemplazar entre dos países vecinos que, a pesar de sus asimetrías y diferencias, comparten intereses vitales.

Bobo Lo sostiene que aun si mejoraran sus vínculos con Occidente, ambos países tienen razones suficientes para llevarse bien.

Miembros del Ejército Popular de Liberación vigilan frente a Blagovéshchensk, Rusia, junto al río Amur en Heihe, provincia china de Heilongjiang.
Pie de foto,Rusia y China comparten una frontera de 4.300 kilómetros.

Por sobre todas las cosas está su larga frontera, de 4.300 kilómetros, que en el pasado fue fuente de inseguridad.

También están sus economías complementarias: Rusia como exportador de petróleo, gas y otras materias primas, y la economía industrial china que provee un vasto mercado para ellas.

Además, no se puede ignorar su compartida oposición a un orden mundial liderado por EE.UU.

A diferencia de países occidentales, que imponen sanciones basadas en valores en los que difieren como los derechos humanos, Rusia y China no juzgan las acciones del otro.

Las acusaciones recurrentes de abusos en Xinjiang —negadas por China— o la muerte del líder opositor ruso Alexei Navalny han aumentado la cautela en algunas naciones de Occidente al relacionarse con estos países, pero Moscú y Pekín ignoran estos asuntos.

“No se critican mutuamente por Xinjiang, el envenenamiento del ruso Navalny y demás”, afirma Gabuev. “Y coinciden en muchos temas de gobiernos locales en la ONU (…) Eso crea una relación orgánica y simbiótica”.

Caracteres chinos que dicen "Pekín" se observan en una gran pantalla durante un evento de promoción de productos "Hecho en Rusia" y de las relaciones con China, celebrado en un centro comercial de la capital china.
Pie de foto,Años de sanciones occidentales han empujado gradualmente a Moscú a profundizar su vinculación comercial con Pekín.

También existe una tradición prolongada de mejora en las relaciones entre ambos países, agrega.

“Esa tendencia hacia una relación más pragmática (…) se remonta a Andropov, Chernenko, Gorbachov, Yeltsin”, señala. “Y creo que los chinos también han sido de la misma forma.”

En cuanto a si el romance perdurará, un analista chino, que pidió anonimato, reconoció que la presentación pública de la relación China-Rusia como un dúo inseparable por parte de ambos países es en parte performática, con el objetivo de proyectar unidad y estabilidad.

En realidad, es una herramienta política útil para suavizar diferencias de intereses ocasionales.

Aunque ambos gobiernos se oponen a lo que consideran una “hegemonía occidental”, sus enfoques pueden diferir.

Rusia, sugiere el analista, quiere construir un orden que sortee por completo a EE.UU., pero China se mantiene más cautelosa y pragmática.

A menudo se considera que Pekín evita tomar decisiones precipitadas y que prioriza la paciencia y los avances graduales para asegurar resultados a largo plazo.

El analista señala la reacción de China a las acciones de EE.UU. en Irán; dice que Pekín fue comedido en su respuesta y que no canceló sus preparativos para la visita de Trump.

“Esto muestra claramente la disposición de Pekín a no provocar ni cerrar puertas”, añade.

China, asegura, aún quiere mantener abiertos los canales con Washington y evitar provocaciones innecesarias, un enfoque marcadamente diferente al de Rusia.

El lado humano

La asociación suele analizarse bajo el lente geopolítico y de seguridad, pero otro factor clave es la profundidad de los vínculos entre la gente de ambas sociedades.

Desde las más altas esferas, Putin y Xi han intentado proyectar una amistad sin igual entre ambos.

Este es el 25º viaje de Putin a China, y es probable que los funcionarios rusos interactúen más con sus homólogos chinos que con los de otros países.

A pesar de la camaradería existente en los niveles políticos más elevados, Charles Parton —exdiplomático británico en China— se muestra escéptico respecto a la afinidad cultural natural entre los ciudadanos chinos y rusos de a pie.

“¿Acaso quieren los chinos estudiar en Moscú, establecerse allí y comprar apartamentos en la capital rusa? No”, asegura.

Él considera que, de tener la opción, los rusos preferirían invertir en Occidente —y adquirir viviendas en París, Londres o Chipre— antes que, por ejemplo, en Pekín.

Un concierto especial marca el inicio de los Años de Cultura China-Rusia.
Pie de foto,China y Rusia han descrito sus vínculos como una “amistad sin límites”.

No todos concuerdan.

Gabuev argumenta que el contacto directo entre las personas está creciendo rápidamente, impulsado en parte por las sanciones occidentales y las políticas de visados ​​europeas más estrictas, que están empujando a los rusos hacia China.

Para los rusos, viajar a China se ha vuelto mucho más sencillo.

Está vigente un régimen mutuo de exención de visados ​​y es posible tomar cualquiera de los diversos vuelos diarios que parten de Moscú hacia las principales ciudades chinas y llegar en cuestión de horas.

Cada vez más rusos utilizan teléfonos de fabricación china y conducen autos chinos, una tendencia que se ha acentuado a raíz de las sanciones occidentales impuestas a Moscú.

“Así pues, la interconectividad, los viajes sin visado y la facilidad tanto para realizar pagos como para orientarse hacen que China se sienta mucho más cercana de lo que solía ser”, afirma Gabuev.

“Además, todos los programas de intercambio, las becas y los proyectos conjuntos de investigación contribuyen a estrechar los lazos entre ambas sociedades”, continúa diciendo.

Putin reunido con Xi en Pekín; ambos están sentados frente a una mesa llena de frutas y flores.
Pie de foto,Los vínculos entre ambos países son profundos.

Mientras que el creciente desequilibrio en la relación entre Moscú y Pekín representa una debilidad a largo plazo, las predicciones de colapso parecen lejanas, al menos en el corto plazo.

A pesar de las diferencias entre ambos, Lo señala: “La asociación sino-rusa sigue siendo resiliente. Ambas partes reconocen que es demasiado importante como para fracasar, especialmente porque no existen alternativas viables a la cooperación continua”.

Análisis: El plan de compensación de Trump es una metáfora de una presidencia osada/ La aprobación de Trump cae a niveles similares a los de George W. Bush

Análisis por Stephen Collinson, CNN

  19 de mayo de 2026

CNN — 

El nuevo fondo de US$ 1.776 millones del presidente Donald Trump para compensar a los aliados que afirman haber sido objeto de un trato injusto por parte de la administración Biden es el tipo de plan que en otro tiempo podría haber manchado irreparablemente una presidencia.

Sin embargo, Trump ha pasado años destrozando las expectativas éticas que rodean su cargo. Su liderazgo descarado hace tiempo que perdió su capacidad de impactar.

El plan, anunciado el lunes por el Departamento de Justicia y denunciado por los críticos como un fondo discrecional, es un estudio en miniatura de su proyecto político.

Esto ejemplifica varias de las reglas fundamentales de Trump a lo largo de sus dos presidencias: guardar rencor, nunca admitir la derrota y buscar siempre la venganza.

La creencia de Trump de que fue perseguido de forma singular debido a su ideología política sigue siendo una fuerza motivadora imperiosa, a pesar de que al recuperar la presidencia logró desviar las investigaciones penales en su contra.

En su trayectoria empresarial, Trump fue un litigante prolífico y participó en innumerables demandas.

Durante sus procesos penales en los últimos años, aprovechó al máximo sus derechos para retrasar con éxito los juicios en su contra.

Ahora, en su autoproclamado cargo como máximo responsable de la aplicación de la ley en el país, está llevando el sistema legal al límite de una manera nueva y sumamente controvertida.

El fondo también ejemplifica otra característica prominente de la administración Trump: el deseo, demostrado en numerosas ocasiones, de usar el poder de la presidencia para castigar a los adversarios y recompensar a los amigos.

Refleja una creencia arraigada en el reducido círculo íntimo de Trump: que fue víctima de las investigaciones sobre los contactos de su primera campaña con rusos; de su negativa a reconocer la derrota en las elecciones de 2020; y de las actividades comerciales de su familia y la Organización Trump.

En definitiva, la idea no es más que otra de las enormes extralimitaciones de poder ejecutivo que definen su segundo mandato: Trump se arroga la autoridad para utilizar ingentes cantidades de dinero de los contribuyentes para distribuirlo según sus propios deseos.

El plan tiene una apariencia de legitimidad. Incluirá una comisión de cinco miembros para resolver las reclamaciones. Pero Trump tendrá la potestad de destituir a cualquiera de ellos.

Esta estructura emula su maniobra de nombrar a las entidades que aprobaron sin objeciones la transformación del Centro Kennedy y sus planes para construir un enorme salón de baile en el solar del ala este de la Casa Blanca, ahora destruida.

Pero el presidente insistió en que solo le interesaba compensar un “período terrible” de la historia de Estados Unidos.

“Esto es para compensar a las personas que fueron tratadas horriblemente”, declaró Trump a los periodistas en la Casa Blanca. “Se les están reembolsando sus honorarios legales y las demás cosas que tuvieron que sufrir”.

Partidarios de Trump irrumpen en el Capitolio de Estados Unidos, el 6 de enero de 2021.

Partidarios de Trump irrumpen en el Capitolio de Estados Unidos, el 6 de enero de 2021. Samuel Corum/Getty Images

Otro ataque a la democracia, con raíces en el 6 de enero

Si el plan sale adelante, los críticos lo verán como otro intento más de Trump de desmantelar las instituciones y tradiciones de la democracia estadounidense.

Esto se debe a que parece probable que los partidarios de Trump que fueron condenados por el ataque al Capitolio el 6 de enero de 2021 y que perturbaron la certificación de una elección democrática no solo sean elegibles para una disculpa del Gobierno de Estados Unidos, sino que también puedan recibir una compensación económica de los contribuyentes que cumplen con la ley.

En su primer día en el cargo, Trump concedió un indulto generalizado a más de 1.000 personas acusadas del ataque, e indultó o conmutó las sentencias de todos los condenados por delitos relacionados con el 6 de enero, incluidos cientos que fueron declarados culpables de agredir a policías u otros delitos violentos.

Trump ha pasado años intentando borrar de la historia aquel día infame. Ahora podría enriquecer a quienes contribuyeron a perpetrarlo.

El fondo de compensación, al igual que muchas de las políticas de Trump, casi con toda seguridad desencadenará una batalla legal inmediata y encarnizada que podría llegar hasta la Corte Suprema.

Y, como suele ocurrir, parece ignorar el principio constitucional fundamental de que el Congreso decide cómo gastar el dinero público. No es competencia del presidente.

Durante su campaña presidencial de 2024, Trump solía decir a los asistentes a sus mítines: “Yo soy su venganza”. Así pues, esta es una promesa de campaña cumplida.

El plan surgió de un acuerdo extrajudicial en una audaz demanda de US$ 10.000 millones que el presidente interpuso contra el Gobierno estadounidense, alegando que el IRS no lo protegió a él ni a la Organización Trump tras la filtración no autorizada de sus declaraciones de impuestos y las de su empresa.

Por absurdo que parezca para sus críticos, puede argumentar que él mismo ha asumido un coste económico para recompensar a quienes lo apoyaron.

Esto también recuerda las numerosas maniobras de Trump diseñadas para provocar a la clase dirigente de Washington y a la prensa.

Permitirá a los medios conservadores crear una imagen del presidente desafiando una vez más a los centros de poder arraigados que sus seguidores detestan.

Utilizar este recurso para movilizar a su base —como Trump debe hacer antes de las elecciones de mitad de mandato— ha dado resultado en el pasado.

Sin embargo, la presentación del fondo en un momento crítico del segundo mandato de Trump, cuando sus índices de aprobación están en mínimos históricos, supone un gran riesgo político.

Podría ser el último indicio de una administración atrincherada que ha perdido su otrora infalible capacidad para conectar con la opinión pública. O podría revelar a un presidente que utilizará todo su poder, mientras lo tenga, para obtener beneficios políticos.

El presidente Donald Trump habla durante un evento sobre la asequibilidad de la atención médica, en la Casa Blanca, el lunes.

El presidente Donald Trump habla durante un evento sobre la asequibilidad de la atención médica, en la Casa Blanca, el lunes. Kent Nishimura/AFP/Getty Images

¿Tiene razón Trump?

Este último movimiento poco convencional pone de manifiesto otro rasgo clásico de Trump.

A menudo, el presidente plantea preguntas que otros no se atreven a hacer, aunque con frecuencia aniquila el debate honesto con una respuesta política contundente.

En cierto modo, cabe preguntarse si Trump y la Organización Trump fueron objeto de un escrutinio más riguroso en un caso de fraude que perdieron, en comparación con otras empresas neoyorquinas, debido a su posición social. (El año pasado, un tribunal de apelaciones anuló una sentencia de aproximadamente US$ 500 millones contra el presidente, sus hijos y la empresa, pero no revocó el veredicto).

El caso estuvo hiperpolitizado desde el principio, dado que la fiscal general de Nueva York, Letitia James, no había ocultado su desdén por los Trump.

Los historiadores también podrían debatir si el Departamento de Justicia de Biden fue demasiado celoso al acusar a los simpatizantes de base de Trump que entraron al Capitolio el 6 de enero, en contraposición a los cabecillas, activistas de extrema derecha y otros que fueron captados por las cámaras cometiendo actos delictivos.

Sin embargo, estos casos fueron resueltos mediante un proceso legal legítimo. No cabe esperar una legitimidad equivalente de la junta de compensación del Departamento de Justicia.

De hecho, el fondo ejemplifica la transformación del departamento, que pasó de ser una agencia policial casi independiente a una herramienta de las aspiraciones políticas de Trump.

Está dirigido por el secretario de Justicia interino Todd Blanche, quien fue abogado personal de Trump durante dos casos federales presentados contra su jefe por el fiscal especial Jack Smith por injerencia electoral y acaparamiento de documentos clasificados.

El tiempo se agotó antes de que se hiciera justicia en cualquiera de los casos, ya que quedaron archivados cuando Trump regresó a la presidencia.

Trump se ha declarado inocente en todos los casos penales y civiles en su contra.

La forma en que el Departamento de Justicia podría intentar utilizar el nuevo plan podría estar anticipada por sus esfuerzos previos para ofrecer compensación a los partidarios de Trump.

En marzo, acordó pagar más de un millón de dólares en un acuerdo con Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional que lo demandó por procesamiento injusto.

En un caso penal iniciado en 2017, Flynn admitió haber mentido al FBI sobre sus interacciones con el entonces embajador ruso en Estados Unidos, Sergey Kislyak, y en una declaración del Departamento de Justicia sobre el trabajo de su firma de cabildeo para Turquía un año antes.

En ese momento, accedió a cooperar con la investigación de Mueller. Trump lo indultó en 2020.

El Departamento de Justicia también llegó a un acuerdo con el exasesor de la campaña de Trump, Carter Page, quien demandó al Departamento y al FBI por la vigilancia gubernamental defectuosa a la que fue sometido debido a sus contactos con Rusia en 2016.

El presidente Donald Trump llega a la Casa Blanca para una cena del "Club del Jardín de las Rosas", el 11 de mayo.

El presidente Donald Trump llega a la Casa Blanca para una cena del “Club del Jardín de las Rosas”, el 11 de mayo. Kent Nishimura/AFP/Getty Images

Blanche declaró el lunes que “la maquinaria del Gobierno nunca debe utilizarse como arma contra ningún estadounidense, y la intención de este departamento es enmendar los errores cometidos anteriormente y garantizar que esto no vuelva a suceder”.

El departamento afirmó que no habría “ningún requisito partidista para presentar una reclamación” antes de la fecha límite del 15 de diciembre de 2028, un mes antes de que finalice el segundo mandato de Trump.

Sin embargo, es poco probable que una comisión bajo la amenaza de destitución por parte de Trump recompense a alguien que no sean sus allegados.

Norm Eisen, cofundador y presidente ejecutivo de Democracy Defenders Fund, criticó duramente lo que calificó de “extorsión a todos los contribuyentes”. Añadió: “Se trata de una transacción corrupta y circular que podría permitir al presidente, en esencia, pagar a sus amigos con dinero público”.

El anuncio del lunes ya está provocando una enorme reacción política.

Los demócratas están reforzando la imagen que proyectan de lo que ellos consideran un presidente sin ley que lidera una administración sumida en la corrupción.

Los demócratas de la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes presentaron una demanda para bloquear el acuerdo entre Trump y el Servicio de Impuestos Internos, del cual proviene el fondo de compensación.

Entre sus argumentos figuraba la afirmación de que solo el Congreso tiene la facultad de asignar fondos federales.

El senador demócrata de Oregón, Ron Wyden, acusó a Trump de crear un fondo de US$ 1.700 millones para financiar la violencia política de la derecha. Escribió en X que, si Trump cumple su promesa, será el robo más descarado de dinero de los contribuyentes cometido por un presidente en la historia.

Todo esto coloca a los republicanos en una situación ya conocida.

¿Defienden a un presidente adorado por sus bases, pero que sigue tomando medidas que perjudican aún más su propia carrera política? ¿O rompen con él y se arriesgan a su furia, que todavía tiene el poder de destruir carreras republicanas?

La historia sugiere que solo hay una respuesta.

La aprobación de Trump cae a niveles similares a los de George W. Bush

Por Aaron Blake, CNN

21 de abril de 2026

CNN — 

Fue casi exactamente en esta época, hace 20 años, cuando la aprobación de George W. Bush comenzó a desplomarse. Y cuando sus cifras en la mayoría de las encuestas cayeron a niveles de los 30 puntos por primera vez a finales del invierno y comienzos de la primavera, la causa era clara: la guerra de Iraq.

La historia podría repetirse con el presidente Donald Trump en 2026. Solo hay que cambiar Iraq por Irán.

Dos nuevas encuestas publicadas este martes por la mañana sitúan la aprobación de Trump en la mitad de los 30 puntos: 36 % en un sondeo de Reuters-Ipsos y 35 % en uno de Strength in Numbers-Verasight. Se suman a una encuesta de NBC News del fin de semana que mostró a Trump alcanzando un nuevo mínimo de 37 %.

Durante el último mes, ocho de nueve encuestas de calidad analizadas por CNN han mostrado a Trump en niveles de los 30 puntos.

La única excepción fue una encuesta de Fox News que lo ubicó en 41 %, pero incluso esa reflejó sus peores cifras en ese sondeo desde 2017.

Veamos estos números en contexto.

El rechazo a Trump alcanza niveles más altos

No todas las encuestas muestran a Trump tocando nuevos mínimos en su aprobación.

Algunos encuestadores lo situaron ligeramente más bajo en su primer año en el cargo en 2017 o tras el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Pero el promedio de desaprobación de Trump, de 62 % en el Poll of Polls de CNN —que promedia las encuestas de calidad mencionadas— es más alto que el indicado por casi cualquier encuestador en esos episodios anteriores.

Las tasas más altas de desaprobación de Trump en encuestas individuales en 2017 fueron las siguientes: 63 % en un sondeo del Pew Research Center, 61 % en uno de la Universidad Quinnipiac y 60 % en encuestas de Reuters-Ipsos. Tras el 6 de enero, alcanzó 62 % en una encuesta de CNN, 61 % en Quinnipiac y 60 % en una encuesta de The Washington Post-ABC News.

Ahora Trump promedia ese tipo de cifras en el conjunto de las encuestas, lo que sugiere que más estadounidenses que nunca se oponen a él.

La tendencia es consistente

El presidente Donald Trump habla con miembros de la prensa a bordo del Air Force One, el 17 de abril.

El presidente Donald Trump habla con miembros de la prensa a bordo del Air Force One, el 17 de abril. Evan Vucci/Reuters

Y quizá más preocupante para Trump, la tendencia en su segundo mandato ha sido notablemente consistente: a la baja.

Aunque pudo existir la percepción general de que Trump fue bastante impopular durante su primer mandato, logró recuperarse de los mínimos de 2017 para pasar la mayor parte de su presidencia con una aprobación en los bajos 40 puntos, algo relativamente habitual para un presidente en la actualidad. Eso incluyó el periodo previo a las elecciones intermedias de 2018 y su campaña de reelección en 2020.

La aprobación de Trump en su primer mandato fue, en su mayor parte, bastante estable.

Pero en su segundo mandato, esas cifras han seguido una tendencia descendente, lenta pero constante.

Esa tendencia es anterior a la guerra con Irán. Pero el conflicto también parece estar consolidando algunas de sus principales debilidades, restándole apoyo entre sectores que antes no lo habían abandonado.

Nuevos mínimos en la economía

Una de las principales razones parece ser la percepción sobre su manejo de la economía, que la guerra con Irán —y el aumento de los precios de la gasolina que la ha acompañado— ha llevado a nuevos mínimos.

Para ilustrarlo:

  • Una encuesta de CNN a finales del mes pasado mostró que la aprobación de Trump en materia económica cayó a un nuevo mínimo histórico de 31 %.
  • Una encuesta de CBS News este mes también mostró a Trump alcanzando nuevos mínimos en economía e inflación.
  • Los sondeos de Strength in Numbers y NBC News reflejaron lo mismo.
  • La desaprobación de Trump en inflación se sitúa ahora de forma constante en torno al 70 %

La inflación ha sido durante mucho tiempo el punto más débil de Trump, con votantes que a menudo dicen que ha descuidado las preocupaciones por el aumento del costo de vida. Pero, cada vez más, las encuestas muestran que ese lugar ahora compite con la guerra con Irán.

La encuesta de NBC mostró que dos tercios de los estadounidenses desaprueban la gestión de Trump en la guerra con Irán, apenas un punto menos que el 68% que rechaza su manejo de la inflación.

Y la encuesta previa de CNN mostró que el 67 % desaprueba la gestión de Trump sobre Irán, frente al 69 % en economía y el 72 % en inflación.

Se acerca a niveles de Bush

Es posible que la tendencia cambie y que una resolución de la guerra con Irán ayude a Trump.

Pero si la aprobación del presidente se consolida en la mitad de los 30 puntos, entraría en un terreno bastante poco común. Sería un nivel que, en las últimas décadas, ha estado ocupado principalmente por un solo presidente: George W. Bush.

Cuando Bush cayó a niveles de los 30 puntos hace dos décadas, fue el primer presidente en permanecer durante un periodo sostenido en ese rango desde Jimmy Carter, según datos de Gallup. Joe Biden, al igual que Bush, pasó un tiempo significativo en los 30 puntos, aunque generalmente en los altos 30.

Hoy en día no es inusual que los presidentes sean impopulares; de hecho, es casi la norma.

Pero Trump se está acercando a un terreno político poco habitual y potencialmente riesgoso.

Análisis-Experto: “Sin cooperación de Irán, Ormuz no se puede abrir”

Luis García Casas

11/05/2026

Los buques cazaminas no pueden operar bajo fuego enemigo. Y, aunque este cesara, si Irán realmente ha minado el estrecho, el paso no se puede reabrir en cuestión de días ni semanas, según experto.

Alemania ha enviado su cazaminas ‘Fulda’ al Mediterráneo, a la espera de que se den las condiciones para que pueda ayudar a desminar Ormuz.Imagen: Marcus Golejewski/dpa/picture alliance

La situación en el estrecho de Ormuz sigue siendo una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional.

Ya antes de la reanudación de las hostilidades, el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó el cese de la operación Proyecto Libertad para escoltar a los buques atrapados en su salida del golfo Pérsico. Entretanto, la Armada alemana acercó un barco cazaminas a la zona, en la que siguen atrapados miles de marineros. No hay constancia de que haya latinoamericanos entre ellos. Aunque DW trató de descartarlo a través de los servicios consulares de varias cancillerías, hasta la publicación de este artículo no hemos obtenido respuesta.

“Actualmente hay unos 20.000 marinos y gente de mar que se encuentran confinados en el golfo Pérsico”, confirma a DW un portavoz de la OMI, la Organización Marítima Internacional, sin aportar datos de sus nacionalidades. “Recientemente, nuestro secretario general tuvo la oportunidad de hablar con un marino que estuvo varado en el golfo Pérsico. Esta persona describió el estrés constante que suponía el riesgo de que los misiles le sobrevolaran, el peligro de que los escombros que caían impactaran contra el buque, la necesidad de racionar los suministros y la dificultad de mantener a su familia al corriente de su situación”, explica.

“Cuanto más se prolongue esta situación en la región, mayor será el riesgo de que se produzcan sucesos e incidentes graves”, dicen a DW desde la OMI. Y recuerdan que “ningún ataque contra gente de mar inocente o buques civiles está justificado”. El Consejo de la OMI ha pedido “un corredor marítimo seguro como medida provisional y urgente” que facilite la salida de los buques. “El plan de evacuación está listo para ponerse en marcha en cuanto sea seguro hacerlo, pero requiere garantías de seguridad de todas las partes”, reclama el portavoz. 

Una persona muestra con un bolígrafo sobre el mapa en una pantalla el estrecho de Ormuz.
Para el paso de grandes buques a través de Ormuz se usan habitualmente dos carriles de navegación de 3,2 kilómetros de ancho.Imagen: Julien De Rosa/AFP/dpa/picture alliance

“Sin la cooperación de Irán, no se va a abrir”

Fuentes militares con experiencia en la Operación Atalanta de la UE, una misión contra la piratería marítima, confirman a DW la inviabilidad de sacar a los buques por Ormuz simplemente escoltados por las fuerzas estadounidenses: el riesgo es demasiado alto, ya que quedarían a merced del fuego iraní y, en cualquier caso, el ritmo al que podrían acompañar la salida de los buques sería muy inferior al necesario. Prueba de ello es que los propios Estados Unidos han dado marcha atrás en su denominado Proyecto Libertad.

Este no era el primer intento de Trump –que llegó a pedir en marzo a los buques mercantes que tuvieran “agallas” y cruzaran Ormuz– de restablecer el tráfico marítimo en la zona. Pero, incluso sin minas, el paso está al alcance de la artillería y los drones iraníes. “Desde la OMI se insta a todas las compañías navieras a que actúen con la máxima precaución y, siempre que sea posible, los buques deben evitar transitar por la región afectada hasta que mejoren las condiciones y la situación”, recuerda el portavoz.

Ayer, el presidente estadounidense explicó que había desistido de escoltar a los buques a través de Ormuz, aunque sólo “por un breve período de tiempo”, para ver si se puede “finalizar y firmar” un acuerdo con Irán después de que se hayan logrado “grandes avances” en la negociación. Pero lo cierto es que, sin el beneplácito de Teherán, el estrecho de Ormuz no se puede abrir. “Sin la colaboración de Irán, eso no se va a abrir, estoy convencido de ello”, dice a DW uno de los mayores expertos en desactivación de minas en España.

El desminado no sería cuestión de días

“Y una vez esté colaborando Irán, si realmente confirma que había minas, rápido no va a ser tampoco… No será cuestión de días; habría que hacer un esfuerzo de desminado grande”, afirma el experto, que prefiere no ser identificado por seguridad. Y ese es un trabajo minucioso que requiere tranquilidad. “No se puede realizar bajo fuego enemigo”, resume, “porque hay que tener en cuenta que los buques cazaminas y los buceadores son unidades altamente sensibles, apenas sí tienen protección”. 

Un buzo de la Armada alemana adhiere una carga explosiva a una mina en agosto de 2014 para una demostración marítima en Eckernförde por el 50º aniversario de la Compañía de Buzos de Desminado.
Un buzo de la Armada alemana durante la desactivación de una mina de orinque.Imagen: Axel Heimken/dpa/picture alliance

“Eso se hace de dos maneras”, explica: “O bien teniendo el dominio completo de la zona, con lo que pueden trabajar los equipos, o haciendo operaciones encubiertas, de noche, a escondidas”. Y, en este último caso, se conseguiría únicamente “abrir una pequeña brecha para algo muy puntual, un canal en concreto para hacer un desembarco muy rápido. E insiste en que serviría sólo para abrir el paso en “áreas muy pequeñas, ni de broma para abrir el estrecho de Ormuz, bajo ningún concepto”.

“Lo que puede ser relativamente sencillo es abrir un canal más o menos rápido, pero hablamos de un canal estrecho, tendría que estar muy delimitado en GPS y avisar de que los barcos no pueden salir ni 100 yardas de ese canal”, explica. “Eso es más factible, pero no hablamos de días ni de semanas, es largo y tedioso”, añade. “Y después hacer un desminado ya más amplio, de toda el área”.

Una operación complicada que no se ha hecho desde la II Guerra Mundial

Alemania es uno de los grandes países especializados en desactivación de minas. Cuenta con diez cazaminas, uno de ellos es el ‘Fulda’, que se está acercando a la zona por si tiene que actuar.

Sin embargo, el Gobierno alemán ha dejado claro que lo haría en el caso de que se alcance un acuerdo de paz. “Repito, tiene que ser una zona súper segura, un cazaminas es un blanco perfecto, la zona tiene que estar muy tranquila para que puedan trabajar con calma”, dice este experto, recordando, además, que los cazaminas apenas llevan armamento para defensa, por lo que necesitan ser ellos mismos escoltados.

Las minas son efectivas en mares relativamente poco profundos, por eso Estados Unidos ha dejado estas capacidades en manos de otros socios de la OTAN. España (que cuenta con dos buques cazaminas), Italia, Bélgica o Francia, cita este especialista, son, además de Alemania, los grandes expertos en este tema. “Todo esto por la Segunda Guerra Mundial”, explica. Actualmente, todavía aparecen minas y torpedos de esa época. “Solamente en el mar del Norte, se calcula que quedan cientos de miles de minas todavía dormidas”, refiere. Él ha desactivado alguna de las denominadas de orinque, que flotan a la deriva, aparecida en aguas españolas.

Buques de carga fondeados en el estrecho de Ormuz en una imagen de este lunes 4 de mayo.
“La libertad de navegación es un principio fundamental del derecho marítimo internacional y debe ser respetado por todas las partes, sin excepción”, recuerda a DW un portavoz de la OMI. Imagen: Amirhosein Khorgooi/ISNA/dpa/picture alliance

Pero una cosa es desactivar las minas sueltas que se van encontrando en el mar, y otra muy distinta, limpiar una zona minada. “Hay que tener en cuenta que nadie ha desminado nunca desde la Segunda Guerra Mundial, o sea, no hay nadie vivo que que tenga ahora mismo experiencia en desminado de un minado defensivo como el que se habría podido hacer aquí”, recalca. Y explica que es una operación que se hace a través de catas probabilísticas.

Se llevan a cabo misiones “exploratorias con una especie de cata aleatoria, siguiendo determinadas fórmulas según el tiempo de que se disponga”, continúa. “Pongamos que haces diez catas y en ninguna aparece ninguna mina. En ese caso, la probabilidad de que no las haya aumenta muchísimo. Pero si una de las catas sale positiva, entonces ya empiezas a jugar con probabilidades”, explica. “El tema del desminado es un juego de probabilidades, es todo muy matemático, y además, el encontrar una, eso condiciona la siguiente probabilidad”, añade.

¿Un posible engaño de Irán?

“Si se mina una zona, la limpieza es muy complicada”, dice el experto. En el caso de que realmente Irán haya minado el estrecho, probablemente lo haya hecho de manera encubierta, de noche, utilizando, por ejemplo, pesqueros. “Si ellos hubieran lanzado las minas bien, realmente lo habríamos visto”, asegura. Un minado marino en esas condiciones no es muy preciso. Además, hay que tener en cuenta el tipo de minas que hayan utilizado. Las de orinque, por ejemplo, “multiplican el problema”.

“Ellos mismos saben que, si tiran las minas, aunque tengan las posiciones exactas, ya lleva un tiempo hacer el desminado”, afirma. “Otra cosa que creo que es probable también es que sea un órdago y, efectivamente, no haya ninguna mina allí”, explica también este experto en desactivación de explosivos marinos. No obstante, “ante la duda, siempre hay que actuar sobre la hipótesis más probable, que es que no haya minas, pero protegerse de la más peligrosa, que es que las haya”.

(cp/ms)

Reportaje: Qué opinan los críticos de China dentro del movimiento MAGA sobre el viaje de Trump a Pekín

Información del artículo

    • Autor,Brandon Drenon y Bernd Debusmann Jr
    • Título del autor,BBC News
  • 16 mayo 2026

Cuando Donald Trump subió al escenario en un mitin de campaña en Indiana en 2016 dejó clara una cosa: China era el principal antagonista económico de Estados Unidos.

“No podemos seguir permitiendo que China viole a nuestro país”, le dijo a una multitud en Fort Wayne. “Nosotros tenemos las cartas. No lo olviden”.

A lo largo de una década de mítines, la retórica de Trump contra China no disminuyó, sino que la mantuvo en su campaña de 2024 y en su segundo mandato.

Trump regresó a la Casa Blanca acompañado de aliados clave que han hecho de los ataques a China su sello distintivo.

El secretario de Estado, Marco Rubio; el vicepresidente, JD Vance; y el asesor económico principal, Peter Navarro, todos ellos están unidos a la hora de acusar a Pekín de “estafar” a Estados Unidos, robar tecnología a escala industrial e inundar las calles estadounidenses con fentanilo.

Poco después siguieron los aranceles, escalando del 10% en febrero de 2025 al 145% para mediados de abril, en el llamado “Día de la Liberación”, que es como Trump denominó al lanzamiento de los aranceles a las importaciones procedentes de China y de decenas de otros socios comerciales de Estados Unidos.

China respondió con contundencia, imponiendo a Estados Unidos aranceles del 125% y bloqueando las exportaciones de tierras raras. La guerra comercial ya estaba en marcha.

Pero un año después, y tras muchas idas y venidas en la cuestión arancelaria, llegó la visita de esta semana de Trump a Pekín.

La visita de Trump a China

Trump pisó la alfombra roja en el Gran Salón del Pueblo ante cientos de niños que ondeaban banderas y una banda militar que interpretaba a todo volumen el himno nacional estadounidense.

“Es un honor estar contigo”, le dijo Trump al presidente chino, Xi Jinping. “Es un honor ser tu amigo. Y la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca”.

Trump pronto celebró los “fantásticos acuerdos comerciales”, aunque no se confirmó ningún avance importante.

Según se informó, el fabricante de chips Nvidia recibió la autorización para vender semiconductores a 10 empresas chinas, y Boeing consiguió un pedido de 200 aeronaves.

Por su parte, Citi obtuvo la aprobación para operar un negocio de valores en China.

Pero entre la cortesía y los gestos suavizados, las posiciones de línea dura hacia China reflejan la postura tradicionalmente más intransigente del Partido Republicano de Trump.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, sube al Air Force One antes de su partida desde el Aeropuerto Internacional de Pekín-Capital, en Pekín, el 15 de mayo de 2026.
Pie de foto,Donald Trump definió a Xi Jinping como “amigo” en su visita a China.

Menos de una semana antes de la cumbre, el Departamento de Estado de EE.UU. sancionó a tres empresas chinas por suministrar imágenes satelitales a Irán para ayudar a atacar a las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente.

Y siguen existiendo cuestiones pendientes, principalmente Taiwán, la isla autogobernada que Pekín considera una provincia rebelde.

Trump ofreció pocos detalles sobre el destino de una venta de armas a Taiwán por valor de US$14.000 millones que ha sufrido retrasos y que tanto demócratas como republicanos “duros” frente a China consideran esencial.

Antes de la visita, un grupo bipartidista de senadores envió una carta instando a Trump a seguir adelante con la venta y a “notificar formalmente” a su homólogo chino.

“En lo que respecta a Taiwán, [Xi] tiene una postura muy firme. Yo no hice ningún compromiso en ningún sentido”, les dijo Trump a los periodistas a bordo del Air Force One, añadiendo que tomaría una “decisión en un periodo relativamente corto” sobre la venta de armas.

El dilema de Taiwán

El comunicado chino sobre la reunión convirtió a Taiwán en su punto central, argumentando que no abordar esta cuestión podría provocar “enfrentamientos e incluso conflictos, que pueden llegar a poner en grave peligro la relación”.

El comunicado de la Casa Blanca no mencionó a Taiwán.

La declaración china fue interpretada por algunos de los que integran el amplio movimiento MAGA (Make America Great Again, “Hagamos a EE.UU. grandioso de nuevo”) como una amenaza.

“Me sorprende que, dado que mucha gente quería presentar esto con un espíritu positivo, Xi comenzara con una amenaza”, declaró a Politico el exestratega de Trump, Steve Bannon.

“Fue tan descarado y tan evidente, que lo colocaron como el punto principal”, agregó.

Sin embargo, incluso los partidarios más fervientes de una línea dura contra China en el Capitolio y entre los aliados de Trump se mantuvieron en gran medida en silencio tras el viaje, ofreciendo pocas reacciones al tono amable de Trump y a sus declaraciones poco comprometidas sobre Taiwán.

El presidente de China, Xi Jinping, y el de Estados Unidos, Donald Trump.
Pie de foto,Las declaraciones de China sobre Taiwán fueron interpretadas por algunos como una amenaza.

Para los expertos en China en Estados Unidos, la falta de reacción no resultó sorprendente.

“Si tuvieras 50 cumbres presidenciales en un mes o en un año, aun así no cambiaría el hecho de que hay temas en los que Estados Unidos y China simplemente nunca se pondrán de acuerdo”, le dijo a la BBC David Firestein, presidente y director ejecutivo de la Fundación George HW Bush para las Relaciones entre Estados Unidos y China.

“Eso no significa que no vaya a ser una cumbre exitosa”, añadió.

El tono y la retórica más moderados de Trump, agregó Firestein, podrían reflejar el reconocimiento de que las tácticas utilizadas en los años posteriores a su última visita en 2017 no han funcionado.

“Seguimos teniendo hoy los mismos problemas con el acceso al mercado, los derechos de propiedad intelectual, los subsidios… la lista continúa”, afirmó.

“Ninguno de esos problemas se ha resuelto tras ocho años de la entrada en vigor de estos aranceles”.

El gran interrogante

David Sacks, investigador de estudios asiáticos del Council on Foreign Relations, señaló que la moderación en el tono de Trump probablemente se trasladará a otros funcionarios, legisladores republicanos y a su base política en general.

“A diferencia del primer gobierno de Trump -y francamente de cualquier gobierno reciente- esto es mucho más de arriba hacia abajo”, dijo. “Creo que quienes están en el gobierno están, en su mayoría, en un rol de implementación”.

Los comentarios de Sacks fueron respaldados por Stephen Orlins, presidente del Comité Nacional sobre Relaciones entre Estados Unidos y China.

“Cuando Trump opina, la gente lo sigue”, afirmó. “Y su base también lo sigue”.

Sin embargo, Trump sigue enfrentando un dilema con Taiwán.

La presión continuará, desde ambos lados del espectro político, para que formalice la venta de armas pendiente por valor de US$14.000 millones antes de la visita prevista del presidente Xi a la Casa Blanca en septiembre.

“Creo que el Congreso seguirá enviando cartas para instar al gobierno a que apruebe la venta a Taiwán”, dijo Sacks.

Hasta ese momento, cada vez que “altos funcionarios del gobierno comparezcan ante el Congreso, se les seguirá preguntando sobre el estado de la venta de armas a Taiwán”, agregó.

Sin embargo, una decisión desde el Despacho Oval no está garantizada en absoluto.

“Una gran venta de armas estadounidense a Taiwán, entre ahora y septiembre, podría poner en peligro esa visita”, añadió Sacks.

“El paquete de US$14.000 millones es ahora, de hecho, un gran interrogante”.

Análisis: Qué es la trampa de Tucídides y por qué Xi cree que define la relación de EE.UU. con China

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    • Autor,Redacción
    • Título del autor,BBC News Mundo
  • 15 mayo 2026,

El presidente de China, Xi Jinping, evocó frente al líder de Estados Unidos, Donald Trump, un concepto histórico que expresa los temores a un conflicto entre las dos mayores potencias del planeta.

Hablamos de la trampa de Tucídides.

El líder chino lo mencionó durante su reunión en Pekín con Trump en el marco de una cumbre bilateral marcada por las disputas comerciales, la competencia tecnológica y la creciente tensión en torno a Taiwán.

Xi planteó una pregunta que desde hace años preocupa a expertos en relaciones internacionales: si EE.UU. y China lograrán evitar el choque bélico que se ha producido de forma reiterada en la historia cuando una potencia emergente desafía a la dominante.

Aunque el presidente de China ya había utilizado antes este concepto, el hecho de recuperarlo públicamente frente a su homólogo estadounidense llega en un momento especialmente delicado para la relación bilateral.

Ambas potencias y sus aliados están protagonizando crecientes fricciones militares en Asia-Pacífico y mantienen una competencia cada vez más abierta por la influencia global.

Trump y Xi
Pie de foto,Trump viajó a Pekín esta semana en su primera visita en casi una década.

El concepto

La llamada “trampa de Tucídides” es utilizada por académicos y analistas para describir el riesgo de conflicto que surge cuando un poder emergente amenaza con desplazar a otro establecido.

El primero en describir este fenómeno fue el padre de la “historiografía científica” y de la escuela del realismo político, el ateniense Tucídides, en su narración de la Guerra del Peloponeso hace casi 2.500 años (siglo V a.C.).

Según su explicación, el ascenso de la emergente Atenas y el temor que eso provocó en Esparta, que era la potencia hegemónica del momento, desencadenaron de forma inevitable una guerra.

Tucídides (460-400 AC).
Pie de foto,Tucídides (460-400 AC).

Muchos observadores ven hoy en China a lo que era Atenas y a Esparta en Estados Unidos, la potencia establecida que trata de mantener su preponderancia global.

Tucídides se enfocó en la inexorable tensión causada por el rápido cambio en el balance del poder entre dos potencias rivales y, en ese sentido, nunca antes hubo un cambio tan veloz y trascendental como el ascenso de China.

Desde hace más de una década, la expresión ha ganado peso en universidades, centros de estudios estratégicos y círculos diplomáticos, especialmente a medida que el ascenso económico, tecnológico y militar chino está transformando el equilibrio de poder mundial.

En todo caso, la historia no está escrita de antemano: la teoría no siempre se ha cumplido y se suele presentar más bien como una advertencia sobre los peligros de la rivalidad entre grandes potencias.

El patrón histórico

A lo largo de la historia, los roles de Atenas y Esparta han sido interpretados por poderes emergentes, como en el caso de la Casa de Habsburgo, que desafió la preeminencia francesa en Europa en la primera mitad del siglo XVI y que luego pasó a ser el poder dominante retado por el Imperio Otomano.

En esos casos, la rivalidad entre el poderoso y el recién llegado culminó en conflictos bélicos.

La dinámica que produce ese duelo por el poder puede explicar, dicen los expertos, situaciones aparentemente absurdas como que el asesinato de un archiduque fuera la chispa de la catastrófica Primera Guerra Mundial.

En esa ocasión, Reino Unido, apoyado por Francia y Rusia, era Atenas, y Alemania era Esparta.

Y, como Atenas y Esparta hace casi 2.500 años, después de una Segunda Guerra Mundial, todos quedaron debilitados.

Pese a que en esas situaciones de alta tensión un conflicto es altamente probable, no es inevitable.

Ilustración de la Guerra del Peloponeso (431-404 AC) que enfrentó a Atenas y Esparta.
Pie de foto,Ilustración de la Guerra del Peloponeso (431-404 AC) que enfrentó a Atenas y Esparta.

Quizás hasta aquí no lo parece, pero tener presente la trampa de Tucídides no es fatalista: lo bueno de la historia es que sirve para aprender.

Un proyecto de historia aplicada de la Universidad de Harvard extrajo las lecciones de 16 casos de los últimos 500 años en los que el ascenso de una nación perturbó la posición del país dominante.

El final de 12 de esos casos fue la guerra, avalando el pronóstico de la trampa de Tucídides.

Las excepciones

Las cuatro excepciones históricas destacadas por el estudio de Harvard muestran que el destino no está predeterminado.

La primera es la pugna entre Portugal y España a finales del siglo XV.

Durante la mayor parte del siglo XV, Portugal eclipsó a su tradicional rival y vecino, la Corona Española de Castilla, liderando el mundo en la exploración y el comercio internacional.

En la década de 1490, una España unida y rejuvenecida comenzó a desafiar el dominio de Portugal y a reclamar la supremacía colonial en el Nuevo Mundo, poniendo a las dos potencias ibéricas al borde de la guerra.

Una intervención del papa Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas de 1494 evitaron un conflicto devastador.

Mapa de los dominios de España y Portugal
Pie de foto,España y Portugal se repartieron sus extensos dominios mediante el Tratado de Tordesillas (1494).

La segunda excepción se remonta a las últimas décadas del siglo XIX, cuando el poder económico estadounidense superó el del imperio más importante del mundo, Reino Unido.

La creciente flota estadounidense era un rival potencialmente preocupante para la Real Fuerza Naval del imperio británico.

Mientras Estados Unidos comenzaba a afirmar la supremacía en su propio hemisferio, Reino Unido lidiaba con amenazas más cercanas que ponían en riesgo su imperio colonial, así que se acomodó al ascenso de su antigua colonia en América.

Las concesiones de Reino Unido evitaron enfrentamientos con EE.UU., que se aseguró el dominio en el hemisferio occidental.

Este gran acercamiento sentó las bases para las alianzas entre Estados Unidos y Reino Unido en dos guerras mundiales y la permanente “relación especial” que ambas naciones siguen dando por sentado.

En tercer lugar, tenemos el ejemplo de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la segunda mitad del siglo XX.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como la superpotencia indiscutible del mundo.

Controlaba la mitad del PIB mundial, tenía formidables fuerzas militares convencionales y un monopolio del arma más destructiva que la humanidad había producido jamás: la bomba nuclear.

La hegemonía estadounidense, sin embargo, pronto fue desafiada por su aliada de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética.

Aunque a menudo tensa, la Guerra Fría fue uno de los mayores éxitos de la historia a la hora de escapar de la trampa de Tucídides.

Mediante el desarrollo de otras formas de competencia fuera del conflicto armado, las dos potencias manejaron pacíficamente la pugna por el poder de más alto riesgo de la historia.

Ilustración de Kennedy y Kruschev
Pie de foto,Los temores a una guerra nuclear entre EE.UU. y la URSS en el siglo XX finalmente se disiparon.

Por último, tenemos la rivalidad europea entre el bloque de Reino Unido y Francia frente a Alemania, desde la década de 1990 hasta hoy.

Al concluir la Guerra Fría y caer el muro de Berlín, muchos temieron que una Alemania reunificada volviera a sus viejas ambiciones hegemónicas, amenazando a Francia y Reino Unido.

Si bien tenían razón en que Alemania estaba destinada a retornar al poder político y económico en Europa, su ascenso ha sido en gran medida benigno.

Los líderes alemanes encontraron una nueva forma de ejercer poder e influencia: liderando un orden económico integrado en vez de aspirar al dominio militar.

Por el momento, las declaraciones de Xi y Trump en Pekín y los gestos de los que estamos siendo testigos durante su cumbre bilateral alejan la posibilidad de que ambas potencias caigan en la trampa de Tucídides.

Análisis: Trump solo tiene una opción real para bajar los precios de la gasolina

Por Matt Egan, CNN

18 de mayo de 2026

CNN — 

La crisis energética es una pesadilla financiera para Main Street y una pesadilla política para la Casa Blanca.

La inflación está volviendo, los salarios reales se están reduciendo y los votantes culpan al presidente Donald Trump por tener que pagar la gasolina a US$ 4,50 el galón.

Trump ahora enfrenta un momento decisivo para evitar que los precios de la gasolina superen los máximos históricos de la era Biden.

Sin embargo, Trump ya ha tomado medidas de emergencia diseñadas para limitar el daño. Su administración está extrayendo petróleo de las reservas de Estados Unidos al ritmo más rápido jamás registrado. Se han eliminado las restricciones de envío. Se han suavizado algunas sanciones a Rusia y Venezuela.

Si bien se han planteado otras ideas, como suspender el impuesto federal a la gasolina, la realidad es que a Trump solo le queda una palanca para reducir los precios de la gasolina: reabrir el estrecho de Ormuz, de una forma u otra.

“Es muy poco lo que la administración puede hacer”, dijo Jan Stuart, estratega energético global de Piper Sandler.

Por eso Stuart prevé que la crisis energética empeore esta primavera y verano, elevando la gasolina a US$ 5 el galón tan pronto como este mes.

Stuart espera que los futuros del crudo Brent promedien US$ 130 por barril el próximo trimestre, rompiendo el récord trimestral anterior, y se mantengan cerca de US$ 100 el próximo año.

La Casa Blanca destacó las medidas que Trump ha tomado para abordar la agitación en los mercados energéticos, incluida una exención de 60 días de la Ley Jones.

“El presidente Trump siempre ha sido claro en que se trata de interrupciones temporales a corto plazo. El presidente redujo los precios del petróleo y el gas a mínimos de varios años a una velocidad récord, y a medida que el tráfico en el estrecho de Ormuz se normalice, estos precios de la energía se desplomarán una vez más”, dijo la portavoz de la Casa Blanca Taylor Rogers en un comunicado.

La exención del impuesto sobre la gasolina te ahorraría sorprendentemente poco

Trump recientemente respaldó suspender el impuesto federal a la gasolina de 18,4 centavos por galón.

Sin embargo, una exención del impuesto a la gasolina que cubriera la temporada de conducción de verano de 122 días le costaría al Fondo Fiduciario de Carreteras US$ 11.500 millones en ingresos perdidos sin brindar un alivio significativo a los consumidores, según un análisis del Penn Wharton Budget Model, un grupo de expertos no partidista.

Incluso llenar un tanque de gasolina de 15 galones una vez por semana solo ahorraría un total de US$ 35 durante la pausa, encontró el análisis.

Tanques de almacenamiento de crudo en el centro petrolero de Cushing, Oklahoma, el 21 de abril de 2020.

Tanques de almacenamiento de crudo en el centro petrolero de Cushing, Oklahoma, el 21 de abril de 2020. Dronebase/Reuters/Archivo

Una exención del impuesto a la gasolina “impulsaría la demanda de combustible en un momento de escasez de oferta”, según Jason Bordoff, director fundador del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.

En otras palabras, es exactamente lo contrario de lo que se necesita.

No es de extrañar que en 2022 los republicanos de la Cámara de Representantes desestimaran la exención del impuesto a la gasolina como un “truco”. Lo mismo hizo el entonces candidato Barack Obama en 2008, después de que Hillary Clinton y John McCain respaldaran una suspensión del impuesto a la gasolina.

“Es un truco. Tenía razón”, dijo a CNN Mark Zandi, quien fue el principal asesor económico de McCain en la campaña presidencial de 2008 y ahora es el economista jefe de Moody’s Analytics, sobre los comentarios de Obama.

Prohibir las exportaciones podría resultar contraproducente

Algunos legisladores han pedido que la administración Trump considere la opción “nuclear”: restringir o incluso prohibir las exportaciones estadounidenses de petróleo crudo, gasolina y otros productos derivados del petróleo.

Si bien algunos analistas admiten que los precios de la gasolina en Estados Unidos podrían caer rápidamente si se prohíben las exportaciones, sospechan que la caída sería fugaz y que la medida extrema desestabilizaría aún más los mercados energéticos.

Es probable que las refinerías reduzcan su producción de gasolina. Las compañías petroleras de Texas quedarían aplastadas. Y los precios mundiales del petróleo se dispararían, golpeando la economía mundial.

La producción petrolera no se ha acelerado

La producción petrolera estadounidense, que alcanza niveles récord, no se ha acelerado desde que Trump asumió el cargo, ni siquiera cuando los precios del petróleo han superado los US$ 100 el barril.

La producción de crudo estadounidense aumentó a 13,7 millones de barriles por día la semana pasada, según estimaciones preliminares de la Administración de Información Energética. Eso ha cambiado poco desde los 13,8 millones de finales de 2025.

Los pronosticadores de la EIA, el brazo estadístico del Departamento de Energía, esperan que la producción de petróleo estadounidense se mantenga estable este año en 13,6 millones de barriles por día. Están proyectando una aceleración, pero no hasta el próximo año, e incluso entonces sólo un modesto aumento a 14,1 millones de barriles por día.

¿Llamar a Riad?

En el pasado, los funcionarios de la Casa Blanca recurrieron a Arabia Saudita para controlar los precios.

Arabia Saudita no sólo es el líder de la OPEP sino una de las únicas naciones del planeta con la capacidad de aumentar rápidamente la oferta.

“La herramienta más eficaz en el pasado era el teléfono: llamar a Arabia Saudita y pedirle que abriera los grifos”, dijo Bob McNally, fundador y presidente de Rapidan Energy Group y ex asesor energético del presidente George W. Bush.

Pero esa opción también está descartada porque el cierre del estrecho de Ormuz ha bloqueado muchas de las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita.

¿Nueva ronda de enfrentamientos?

Todo esto ayuda a explicar por qué algunos veteranos del mercado energético se están preparando ahora para una nueva ronda de enfrentamientos con Irán.

La firma de McNally ahora ve sólo un 10 % de posibilidades de un acuerdo que reabra el estrecho de Ormuz en el corto plazo, un 20 % de posibilidades de que se mantenga el status quo y un 70 % de posibilidades de que se reanuden las hostilidades en las próximas cuatro a seis semanas.

“Si es necesario abrir el estrecho y no hay un acuerdo sobre la mesa, no hay otra opción que escalar el conflicto”, afirmó.

Un nuevo estallido de enfrentamientos podría hacer subir aún más los precios de la energía si provoca daños importantes a la infraestructura energética clave de la región.

McNally espera que los futuros del petróleo crudo Brent pronto suban a alrededor de US$ 150 el barril, coqueteando con el máximo histórico de US$ 147,50 establecido en julio de 2008 durante la Gran Recesión.

“Este es un problema que solo se resolverá con una política: reabrir el estrecho de Ormuz. Punto. Fin de la historia”, dijo McNally.

Análisis BBC: Cómo se compara la imputación de Raúl Castro en EE.UU. con la estrategia que llevó a la captura de Maduro en Venezuela

Pie de foto,Nicolás Maduro, derecha, y Raúl Castro en una imagen de archivo.

Información del artículo

La imputación anunciada este miércoles por el gobierno de Estados Unidos contra el expresidente de Cuba, Raúl Castro, marca una fase crítica en la larga historia de tensiones entre ambos países.

El departamento de Justicia de EE.UU. indicó que Castro y otras cinco personas más enfrentan cargos penales que incluyen conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y asesinato, vinculados al derribo por parte de la fuerza aérea de Cuba de dos avionetas civiles hace 30 años.

El ataque contra las aeronaves operadas por Hermanos al Rescate, un grupo de exiliados cubanos en Miami, causó la muerte de cuatro personas, tres de ellas estadounidenses, y agudizó el enfrentamiento que Washington y La Habana mantenían desde la Guerra Fría.

Castro era en aquel momento ministro de Defensa del gobierno comunista cubano que presidía su hermano Fidel, ya fallecido. Hoy tiene 94 años y está retirado de cargos públicos, aunque aún se lo considera influyente en la isla.

La imputación en su contra fue presentada en Miami, cuna del anticastrismo en EE.UU., el mismo día en que se conmemora la independencia cubana, y tiene claras implicancias políticas.

Acusar formalmente ante la justicia estadounidense de asesinato a un alto funcionario cubano en funciones o retirado es un paso que Washington nunca había dado hasta ahora durante las siete décadas de enemistad con la isla.

La movida abre una serie de interrogantes sobre sus consecuencias formales y prácticas.

Cuba padece una severa crisis económica agravada en los últimos meses por el bloqueo petrolero que le impuso el presidente de EE.UU., Donald Trump, quien este mes sostuvo que podría tomar control de la isla “casi de inmediato”.

Esos comentarios de Trump y la imputación de Castro evocan lo que ocurrió en Venezuela en enero, cuando EE.UU. detuvo al presidente socialista Nicolás Maduro en una operación militar tras acusarlo de narcotráfico y a partir de ahí asumió mayor influencia sobre el gobierno de Caracas.

Cynthia Arnson, una experta sobre las relaciones de EE.UU. con América Latina en la Universidad Johns Hopkins de Washington, señala “dos interpretaciones básicas” para la decisión de presentar ahora cargos contra Castro.

“Una es que forma parte de una campaña de ‘máxima presión’ (sobre Cuba), que tiene como componente importante la guerra psicológica. La segunda interpretación se acerca más al precedente de Venezuela”, dice Arnson a BBC Mundo.

Sin embargo, al igual que otros analistas, advierte que “los paralelismos entre Cuba y Venezuela no se sostienen en muchos aspectos en cuanto a la facilidad de una operación militar”.

Un hombre sujeta un poster del expresidente cubano Raúl Castro en la Habana
Pie de foto,Raúl Castro es uno de los líderes históricos de la revolución Cubana de 1959 liderada por su hermano Fidel.

Presiones y dudas

Que Trump busca presionar cada vez más a La Habana es algo evidente.

Además del embargo que profundizó la crisis energética en la isla, que sufre largos apagones desde hace años, EE.UU. ha anunciado sanciones a altos funcionarios, oficinas del gobierno cubano y empresas extranjeras con negocios en el país.

John Ratcliffe, el director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA por sus siglas en inglés), visitó Cuba la semana pasada y, según ha trascendido, reclamó a funcionarios locales reformas políticas y económicas, así como el fin de lo que Washington ve como actividades de espionaje de China y Rusia desde la isla.

Una mujer carga una olla durante un apagón en La Habana
Pie de foto,Cuba atraviesa una severa crisis económica y energética en medio de las tensiones con EE.UU.

Entre los interlocutores cubanos de Ratcliffe estuvo Raúl Rodríguez Castro, apodado “El Cangrejo”, el nieto y guardaespaldas de Raúl Castro.

También se ha reportado un reciente aumento de vuelos de vigilancia de EE.UU. sobre Cuba y discrepancias sobre las condiciones de una ayuda humanitaria por US$100 millones que Washington ofreció a La Habana.

Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos en EE.UU. que es a la vez secretario de Estado y consejero de seguridad nacional de Trump, sostuvo este miércoles que Washington está listo para “abrir un nuevo capítulo en la relación” con Cuba.

“Lo único que se interpone en el camino hacia un mejor futuro son quienes controlan su país”, dijo Rubio en un mensaje de video en español a los cubanos sugiriendo un cambio de régimen en la isla con elecciones de autoridades y espacio para la protesta y la iniciativa privada.

Marco Rubio
Pie de foto,Hijo de inmigrantes cubanos, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, es considerado un arquitecto clave de la estrategia de presión a Cuba.

Pero por ahora hay escasas señales de que el gobierno de Cuba ceda a las exigencias de EE.UU.

Por el contrario, sus autoridades lanzan fuertes advertencias a Washington.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, sostuvo el lunes que una eventual agresión militar a su país “provocará un baño de sangre de consecuencias incalculables”.

Tras la acusación formal contra Castro este miércoles, Díaz-Canel afirmó que “se trata de una acción política, sin ningún basamento jurídico, que solo busca engrosar el expediente que fabrican para justificar el desatino de una agresión militar a Cuba”.

Según distintos analistas, la decisión de EE.UU. conlleva la amenaza implícita de que el expresidente termine como Maduro, quien ahora enfrenta en Nueva York a la justicia estadounidense.

El Departamento de Justicia indicó que, si fuera hallado culpable, Castro se enfrentaría a penas que van hasta la muerte o cadena perpetua.

La gran duda ahora es si la historia de Venezuela se repetirá efectivamente en Cuba.

Semejanzas y diferencias

La estrategia de Washington hacia La Habana tiene otras similitudes con la que usó para Caracas, como las sanciones a altos funcionarios, el aislamiento económico y diplomático, o la búsqueda de grietas en el gobierno.

Por otro lado, al menos hasta la caída de Maduro hubo una estrecha cooperación de seguridad entre Cuba y Venezuela, que ahora es gobernada por la exvicepresidenta Delcy Rodríguez con el apoyo de Trump.

Pero los expertos también notan distinciones importantes entre ambos países.

Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores rodeado por policías estadounidenses
Pie de foto,El caso que llevó al arresto de Maduro por parte de EE.UU. en enero tiene semejanzas y diferencias importantes con el de Raúl Castro en Cuba.

“Cuba plantea un reto fundamentalmente diferente: el régimen está más institucionalizado, cohesionado ideológicamente y tiene más experiencia en resistir la presión externa”, señala Brian Fonseca, un experto en seguridad y políticas públicas en la Universidad Internacional de Florida.

Existen además fuertes matices entre los casos de Maduro y Castro.

El venezolano aún era presidente en ejercicio cuando fue detenido por EE.UU., acusado de integrar una organización narcotraficante activa, algo que Maduro niega.

Castro, en cambio, lleva tiempo fuera del poder formal y resulta difícil imaginar que EE.UU. logre decapitar el gobierno cubano con un eventual arresto suyo por hechos que ocurrieron hace más de tres décadas.

William LeoGrande, un profesor de la American University en Washington experto en las políticas de EE.UU. hacia Latinoamérica y hacia Cuba en particular, dice a BBC Mundo que en el caso de Castro “puede ser una operación militar más difícil de ejecutar, porque los cubanos ya la vieron, y tiene un riesgo político”.

“Aunque el pueblo cubano esté profundamente descontento con el gobierno y su gestión de la economía”, explica, “Castro aún tiene apoyo y respeto entre la gente por haber sido uno de los líderes históricos de la revolución: entrar, llevárselo y exhibirlo en EE.UU. como un delincuente común enfadaría a muchos”.

Raúl Castro con uniforme militar
Pie de foto,Raúl Castro dejó hace años la presidencia de Cuba, pero sigue siendo influyente en la isla.

Luego está el factor edad. El nonagenario Castro tiene 31 años más que Maduro, por lo que según LeoGrande cualquier acción militar para detenerlo y juzgarlo implica “un riesgo de que lo mates por error y entonces, básicamente, habrías asesinado a un exjefe de Estado”.

Trump ha demostrado que está dispuesto a asumir grandes riesgos en operaciones militares como las que ordenó este año en Venezuela e Irán, esta última con resultados menos claros hasta ahora que la primera.

Pero pese a todas sus acciones y declaraciones, Trump sigue sin dar una indicación pública de lo que quiere exactamente en Cuba y si empleará la fuerza militar para lograrlo.

Esa es por el momento otra diferencia con lo ocurrido antes de la captura de Maduro, cuando EE.UU. realizó un insólito despliegue militar frente a las costas caribeñas de Venezuela en nombre del combate al narcotráfico que sirvió luego para arrestar al presidente.

Tampoco se sabe si Trump busca que, como ocurrió en Venezuela, en Cuba asuma un nuevo líder con respaldo de Washington que evite la inestabilidad que causaría una caída completa del gobierno.

Para eso tendría que encontrar a alguien capaz de ganarse la lealtad de las fuerzas armadas, de la burocracia gubernamental y del Partido Comunista, sostiene LeoGrande.

“No sé quién podría ser, sobre todo si lo nombrara EE.UU.”, agrega. “La otra alternativa es que EE.UU. entre y trate de dirigir el país por su cuenta, pero creo que eso es improbable porque han aprendido la lección de Irak: esa no es una buena estrategia”.

Análisis: EE.UU. permite que Venezuela pague la defensa de Maduro, una victoria legal que complica al poder en Caracas

Análisis por Maria Santana, CNN en Español

5 de mayo de 2026

La decisión de Estados Unidos de autorizar que el Gobierno venezolano financie la defensa legal del derrocado presidente Nicolás Maduro no es un gesto político a su favor, sino, según expertos legales, una maniobra para proteger la integridad del proceso judicial.

Las sanciones estadounidenses al gobierno, así como varios funcionarios y empresas estatales venezolanas habían bloqueado el acceso a fondos vinculados al Estado venezolano, lo que complicaba la capacidad de Maduro de pagar a sus abogados.

Maduro enfrenta cargos en Estados Unidos de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas, de los que se declaró inocente en enero.

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Video relacionadoSoldado que apostó en Polymarket por la captura de Maduro se declaró inocente

Su abogado, Barry Pollack, pidió en febrero al juez federal, Alvin Hellerstein, desestimar el caso, alegando que las restricciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) impedían cubrir los honorarios legales y violaban su derecho a un abogado bajo la Sexta Enmienda de la Constitución de EE.UU.

Hellerstein expresó en una audiencia su escepticismo frente a esa limitación y subrayó que el derecho a la defensa es fundamental, sugiriendo que restringir los recursos legales del acusado podría poner en riesgo la validez del caso.

Riesgos y dificultades del proceso

“La Sexta Enmienda garantiza el derecho a un abogado, y quienes contratan uno tienen derecho, con excepciones limitadas, a elegirlo. De lo contrario, una condena podría ser anulada y el caso tendría que repetirse”, advirtió el abogado y analista de CNN Joey Jackson.

Jackson subrayó, además, que los casos de esta magnitud requieren tiempo y recursos, y que una defensa bien financiada es clave para someter las pruebas de la Fiscalía a un escrutinio riguroso.

“Sin esas condiciones, los fiscales se arriesgan a enfrentar reclamos por ‘asistencia ineficaz de abogado’, otra vía que podría revertir una condena”, dijo Jackson.

Ante ese escenario, Washington acordó a finales de abril permitir que el Estado venezolano cubra los honorarios legales de Maduro bajo ciertas condiciones, en lo que representa una de las primeras victorias legales importantes para su defensa.

“Esto termina siendo una solución práctica y razonable para ambas partes. Para la Fiscalía, insistir en bloquear los fondos podía significar retrasar aún más un caso que ya avanza lentamente, incluso obligando a reiniciar parte del proceso si la defensa cambiaba de abogado,” dijo el exfiscal federal y analista de CNN, Elie Honig.

“Al mismo tiempo, los jueces no tienen la facultad de anular sanciones, que son decisiones de los poderes ejecutivo y legislativo. En ese contexto, permitir el financiamiento evita un choque innecesario y mantiene el caso en curso”.

El impacto político en Venezuela

Más allá de los tribunales, la decisión también tiene eco en Venezuela, donde algunos la ven como una injusticia en medio de la crisis económica que atraviesa el país.

“Nosotros realmente ahorita no tenemos esa capacidad adquisitiva. Yo creo que él tiene que pagar”, dijo Jorge Castro durante una protesta laboral el viernes en Caracas.

Ese sentimiento se repite entre quienes cuestionan el uso de recursos del Estado para financiar la defensa de Maduro.

El costo total exacto de la defensa legal de Maduro se desconoce, pero casos complejos como este pueden costar millones de dólares. Algunos abogados, especialmente los de primer nivel en Estados Unidos, llegan a cobrar hasta miles de dólares por hora.

“Hay una crisis humanitaria… y, aun así, del erario público van a salir millones de dólares para defender a (Maduro)”, opinó Estela Romero, otra ciudadana venezolana.

El presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, flanqueada por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Diosdado Cabello, ministro del Interior, en una conferencia el 14 de enero.

El presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, flanqueada por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Diosdado Cabello, ministro del Interior, en una conferencia el 14 de enero. Juan Barreto/AFP via Getty Images

Sea cual sea el costo, no es que pagarlo resuelva los problemas de la población Venezuela. Varios analistas y organismos internacionales coinciden en que la recuperación de los sectores claves de ese país requerirá cientos de miles de millones de dólares.

Aunque Delcy Rodríguez y su administración confirmaron en documentos judiciales que el gobierno venezolano está dispuesto a pagar los honorarios legales de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, según analistas, la decisión también reabre tensiones internas, expone estrategias y deja a la presidenta encargada de Venezuela en una posición incómoda.

El abogado y exfiscal venezolano Zair Mundaray explicó en entrevista con CNN que el impacto político de la medida se juega, en gran parte, dentro del chavismo.

“Este llamado ‘chavismo originario’ tiene como punto de honor que se defienda a Maduro, porque lo ven como una derivación de Hugo Chávez. Pero esto lo rechaza mayoritariamente la población”, dijo Mundaray.

Según su análisis, el apoyo al chavismo es limitado. Cita sondeos recientes, realizados en las que califica de condiciones restrictivas, que, según él, lo sitúan cerca del 10 % al 15 % de la población, lo que, afirma, obliga al Gobierno interino a tomar distancia de Maduro.

“La misma Delcy Rodríguez ha venido borrando todos los símbolos de lo que es Nicolás Maduro de los espacios públicos y comunicacionales y hasta han hecho llamados a decir que en el pasado se cometieron errores, como si ellos no fueran parte de ese pasado”, dijo.

Aprovechando el anuncio del aumento salarial de la semana pasada, la presidenta encargada hizo un llamado a corregir esos errores.

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El objetivo de Rodríguez y otros altos funcionarios es sostenerse en el poder, aseguró Mundaray, incluso a costa de Maduro. “Son a quienes menos les conviene que Maduro salga bien parado de este proceso”.

Esto deja a Delcy Rodríguez en un difícil equilibrio: por un lado, desmarcarse de Maduro y por el otro, retener a una base chavista, aún leal, que exige respaldo al exmandatario.

“Existen señalamientos de que Delcy Rodríguez es una suerte de traidora a aquellos supuestos principios (del chavismo) por el entendimiento que mantiene con los Estados Unidos”, dijo Mundaray.

Rodríguez ha defendido su cooperación con Estados Unidos como una medida pragmática para estabilizar el país y proteger su economía, al tiempo que insiste en que no compromete la soberanía de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro.

Lo que sigue en el caso

Con el tema del financiamiento resuelto, el proceso puede avanzar.

Tanto la Fiscalía como la defensa solicitaron conjuntamente a la corte una pausa de 60 días antes de la próxima audiencia, fijada ahora para el 30 de junio, un periodo que permitirá a los fiscales entregar a la defensa el volumen de pruebas contra Maduro y a sus abogados para analizar el material y preparar su estrategia.

El próximo paso de Maduro aún está por definirse, pero, según expertos, la defensa probablemente intentará que se desestime el caso por otras vías legales, incluyendo alegatos de inmunidad y cuestionamientos sobre la legalidad de su detención.

Según César de Castro, abogado defensor en casos de narcotráfico de alto perfil en EE.UU., el argumento de inmunidad se centraría en cómo se define el estatus de Maduro.

“En lugar de llamarlo presidente, la acusación lo describe como un gobernante de facto y sostiene que las elecciones en Venezuela fueron irregulares. ¿Pero según quién? ¿Le corresponde al sistema judicial de Estados Unidos hacer esa determinación?”, dijo De Castro.

Aun así, advierte que es poco probable que ese planteamiento prospere. El propio juez Hellerstein ya ha rechazado argumentos similares en el pasado y el precedente se extiende a otros casos contra gobernantes, como el exlíder panameño Manuel Noriega y el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández (luego indultado por el presidente Donald Trump), quienes intentaron sin éxito alegar inmunidad frente a cargos penales en Estados Unidos.

“La realidad es que los tribunales suelen deferir ampliamente al poder ejecutivo en la determinación de quién tiene derecho a la inmunidad”, agregó De Castro.

El derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llega al Helipuerto del Centro de Manhattan en la ciudad de Nueva York, EE.UU., el 5 de enero de 2026.

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“Incluso si fuera reconocido como jefe de Estado, la Fiscalía puede argumentar que el narcotráfico y otras actividades ilícitas no forman parte de sus funciones oficiales”, detalló por su parte Honig, añadiendo que los argumentos que cuestionan la legalidad de la detención de Maduro difícilmente tendrán éxito.

“La ley estadounidense permite un amplio margen en la forma en que se captura a personas en el extranjero. El hecho de que un acusado haya sido llevado a Estados Unidos de manera ilegal no basta para que el caso sea desestimado,” explicó.

Pese a ello, De Castro insiste en que la defensa tiene varios incentivos.

“Desde el punto de vista estratégico, presentar este tipo de mociones obliga a la fiscalía a revelar más información del caso y las pruebas que tienen de la que es pública. Además, el trabajo de un abogado defensor no es solo ganar el juicio, sino también crear argumentos que puedan ser revisados en una apelación”, dijo.

Mientras tanto, los venezolanos siguen de cerca el caso, pendientes del destino del exmandatario.

Lo que para Washington es un proceso legal más, para muchos venezolanos es otro capítulo clave en la lucha por el control, la narrativa y la supervivencia política.

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