Reportaje de la BBC: Cabo Rojo, la alternativa a Punta Cana que República Dominicana construye en una de las regiones más pobres del país (y las dudas que despierta)

Pie de foto,Imagen de una de las playas de Pedernales.Fuente de la imagen,Getty Images

En República Dominicana hay un rincón escondido con playas de arena blanca, corales y aguas color turquesa.

Cabo Rojo, en Pedernales, una de las provincias más pobres del país, está en el epicentro de un proyecto turístico que pretende crear un nuevo polo de atracción alternativo a los megaresorts de Punta Cana impulsado con inversión pública y privada.

Unas 34.000 personas viven en esta remota provincia ubicada en el suroeste de la isla, justo en la frontera con Haití, a la cual se puede llegar por tierra siguiendo un camino de ocho horas desde Santo Domingo, la capital.

El atractivo natural de la zona no reside únicamente en sus playas. La mayor parte de Pedernales fue declarada Reserva de la Biósfera por la Unesco y sus parques nacionales son el hogar de bosques secos tropicales, lagunas, manglares y humedales.

Esa es la provincia donde el gobierno de Luis Abinader está impulsando un megaproyecto turístico que, según proyecciones oficiales, podría estar completamente desarrollado en dos décadas.

El ambicioso plan tiene prevista la construcción de una especie de miniciudad dedicada al turismo en tres fases.

La primera, incluye la creación de toda la infraestructura pública de servicios comprometida por el gobierno (sistemas de electrificación, agua potable, recolección de aguas residuales, caminos, puerto de cruceros y un aeropuerto internacional) y la construcción de hoteles con inversión privada.

Pasados cuatro años desde que en junio de 2021 fue lanzado el proyecto, persisten las críticas por la demora en su avance, despertando el escepticismo de los inversores, que en los últimos años han sido reacios a comprometer grandes capitales por el alto nivel de riesgo del negocio.

Los críticos reclaman que varias de las obras públicas, pese a haber sido inauguradas, no están operativas, mientras las autoridades aseguran que el 90% de la infraestructura está terminada.

Además, organizaciones sociales y medioambientales han advertido de los efectos nocivos que el proyecto puede tener en la población local y en el entorno natural en el que se está desarrollando.

Una pieza clave: el aeropuerto internacional

Construcción del aeropuerto internacional de Pedernales. Pista de aterrizaje.

Fuente de la imagen,FPP

Pie de foto,El aeropuerto internacional de Pedernales está en construcción.

Actualmente hay tres hoteles en fase de construcción en Cabo Rojo.

“La cadena Iberostar y la cadena Hyatt nos han sugerido que esperemos a la conclusión del aeropuerto de Pedernales para que podamos aperturar los hoteles”, le dice a BBC Mundo Sigmund Freund, ministro de Administración Pública y director ejecutivo del Fideicomiso Pro-Pedernales, la entidad encargada del proyecto.

El aeropuerto, financiado con fondos públicos y cuya construcción está en manos de la empresa española Acciona, parece haber sido la piedra en el zapato para que el plan avance con más celeridad, aunque el funcionario asegura que la terminal aérea estará finalizada “en octubre o a más tardar en noviembre del próximo año”.

Si las cosas avanzan según lo planeado, Freund dice que para el año 2031 deberían estar funcionando en Cabo Rojo nueve hoteles con 4.800 habitaciones. El total de la inversión pública y privada en esta primera etapa, agrega, será de unos US$2.000 millones.

De ese total, asegura, el Estado ha invertido hasta ahora US$300 millones en obras públicas y espera aportar terrenos valorados en US$400 millones. El resto de las inversiones quedarán en manos de empresas privadas.

El gobierno está trabajando en crear para el proyecto una sociedad en la que el Estado maneje el 51% y los privados el 49%.

“Nosotros hemos sido el motor de arranque y le vamos a otorgar la operación y el desarrollo del proyecto a ellos”, dice Freund.

Uno de esos inversores será el Consorcio Cabo Rojo, encabezado por el Grupo Puntacana, con una participación cercana al 20% o 25%, explica.

“Va a tomar tiempo”, advirtió en junio Frank Rainieri, fundador y presidente del Grupo Puntacana, sobre el desarrollo del plan. “Pero lo vamos a lograr”.

¿Una oportunidad?

Un crucero llegando a Pedernales.

Fuente de la imagen,FPP

Pie de foto,Están llegando cruceros a Pedernales.

El desarrollo de las otras dos fases del megaproyecto turístico, probablemente dependerá de cómo avance la primera etapa.

Y son bastante ambiciosas: la construcción de al menos ocho hoteles boutique, un campo de golf de 18 hoyos, áreas comerciales y edificios de departamentos y villas vacacionales.

Todo eso sería construido en una región donde ahora viven familias vulnerables cuyos ingresos provienen de actividades como la pesca informal, la agricultura o la ganadería de subsistencia y que por años han tenido graves problemas de acceso a servicios básicos como electricidad y agua potable, o a servicios de salud para atender enfermedades de mayor complejidad.

Algunos habitantes ven la idea de una ciudad turística como la gran oportunidad para el despegue de Pedernales.

Entusiasmado con la idea del progreso, Junior González, dueño de unas cabañas de alquiler para turistas locales, comenta que el cambio ya es visible. “Están llegando los cruceros con turistas”, dice.

Además, “hay un hotel que va a abrir en un par de meses. Tengo un video promocional con la habitación piloto”.

Efectivamente, ya han comenzado a llegar los primeros cruceros y eso ha sido una inyección de optimismo para algunos habitantes de la zona, que lo ven como una clara señal de que finalmente Cabo Rojo cambiará para siempre, como prometió el presidente Abinader.

Las dudas sobre el proyecto

Hotel Iberostar en construcción, Pedernales.

Fuente de la imagen,FPP

Pie de foto,Los hoteles están a la espera de que esté operativo el aeropuerto internacional de Pedernales para terminar las obras y abrir sus puertas, señala el gobierno.

Otros, en cambio, ven con recelo lo que está pasando. Muchos habitantes de Pedernales no tienen títulos de propiedad y temen perderlo todo.

“La gente ha vivido aquí por generaciones y ahora me dicen que no puedo vender porque la tierra no es mía”, dice molesto Lorenzo Rodríguez.

El tema de la propiedad de la tierra es complicado.

Algunas de las personas se dedican a la agricultura o la ganadería en el pueblo de Los Tres Charcos, en el municipio de Oviedo, donde se está construyendo la terminal aérea, están decepcionados.

“Nos despojaron de nuestras tierras”, dice un agricultor que prefiere no ser identificado. “Yo no me quería ir de aquí”.

El gobierno ofrece otra versión. Freund argumenta que todos ellos eran “ocupantes ilegales” y que les están tramitando títulos de propiedad gratuitos para que sean propietarios de unos terrenos justo al frente del sitio donde está construyendo el aeropuerto. “Les daremos los certificados de título el primer semestre del próximo año”, apunta.

Jenny Torres, investigadora social del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), ha trabajado durante más de 20 años en la provincia de Pedernales, que conoce como la palma de su mano.

Torres, cuya tesis doctoral fue sobre el impacto del turismo en las comunidades rurales del país, ve con escepticismo el proyecto basándose en sus estudios sobre el impacto social que tuvo la experiencia de los megaresorts turísticos de Punta Cana.

Algunos temen que se repita la experiencia de Punta Cana.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Algunos temen que se repita la experiencia de Punta Cana.

Preocupaciones sociales y medioambientales

Cuenta que en ese desarrollo turístico también hubo un relato de turismo sostenible que traería grandes beneficios para la comunidad.

El resultado, explica, es que la zona quedó dividida en dos: una parte para los más ricos y otra para los más pobres en la periferia, donde incluso “empeoraron las carencias estructurales”.

Muchas personas de bajos ingresos se fueron a vivir allá para conseguir empleo y terminaron relegadas a vivir en los márgenes. Y muchos de los trabajos que se crearon “son de muy mala calidad”, apunta.

“Espero que Pedernales no sea un nuevo Punta Cana. No quiero sonar fatalista, pero probablemente los turistas van a entrar y salir de Cabo Rojo desconectados de la ciudad”.

Aunque ningún hotel ha abierto aún sus puertas, los precios de la comida y el alquiler están subiendo aceleradamente en la zona. Torres cuenta que sus gastos personales de comida y hospedaje se cuadruplicaron a partir del 2021.

Organizaciones ambientalistas y sociales también han manifestado sus preocupaciones.

A Yolanda León, bióloga investigadora del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y de la organización social Grupo Jaragua, le preocupan algunos efectos del proyecto Cabo Rojo, como el desplazamiento de familias, la demora y “falta de transparencia” en la licitación de las obras públicas, la incertidumbre sobre el destino de los arrecifes de coral y el suministro de agua.

Cuando los hoteles estén funcionando, se pregunta, “¿De dónde van a sacar el agua?”.

En años de sequía, explica, no alcanza ni para el riego de los cultivos, ni para la gente. “La falta de agua es un problema que viene”.

Frente a esos reclamos, el gobierno responde que la construcción de pozos de agua en el sector de Las Mercedes permitirá asegurar el abastecimiento durante dos décadas.

“Hay suficiente agua para darle a la comunidad y a por lo menos 20.000 habitaciones hoteleras en los próximos 20 años”, sostiene Freund.

¿Qué pasará después? Buscarán fuentes hídricas alternativas, señala el funcionario.

Con todo, el tema del agua sigue siendo una fuente de preocupación en el largo plazo, lo mismo que los potenciales efectos en el medioambiente, pese a las promesas del gobierno de que desarrollarán un “turismo ecológico”.

“Habrá un gran derrame económico en Pedernales y la comunidad vivirá mejor”, asegura Freund.

Con visiones tan discordantes sobre este ambicioso y polémico proyecto, solo el tiempo dirá si Cabo Rojo tendrá más beneficios que desventajas para los habitantes de la zona.

Una ‘tierra prometida’ caribeña donde las playas no tienen fin

Las playas se extienden en largas líneas que van hacia el este y el oeste de Las Terrenas, un pueblo ubicado en la península de Samaná, en República Dominicana.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

En Las Terrenas, un exuberante rincón de República Dominicana, el ceviche prácticamente nada hasta tu plato, y la suave arena y las palmeras parecen no acabar nunca.

Alrededor de dos tercios de las personas que viajan a República Dominicana aterrizan en la ciudad de Punta Cana; luego son llevados cómodamente del aeropuerto a exuberantes complejos turísticos con playas preciosas, y después de vuelta al aeropuerto.

Muchos menos viajeros terminan como yo lo hice en febrero pasado, en la última fila de un autobús que va dando saltos durante dos horas y media en un trayecto al norte, desde Santo Domingo, la capital del país, hasta la península de Samaná.

La península de Samaná destaca en la República Dominicana como un dedo nudoso que apunta hacia Puerto Rico. Aunque la estrecha península tiene apenas 16 kilómetros de ancho en algunos lugares, abunda en ofertas naturales como bahías llenas de ballenas, cascadas y hermosas playas solitarias.

Pero era un destino en particular el que me había atraído a la península: Las Terrenas, un pueblo costero en la zona norte de Samaná. Un artículo de Vogue de 2023 se refería a Las Terrenas así “como era Tulum hace 15 años”, elogiando sus “playas de arena suave”, su “relajada vida nocturna” y su “encanto con carácter”. Cuando le conté a una amiga que vive en República Dominicana adónde me dirigía, ella validó mi elección con las palabras: “Las Terrenas es la tierra prometida”.

ImageDos personas caminan por una amplia playa con palmeras altas a un lado y un océano azul claro casi en calma al otro.
Las Terrenas es conocido por sus playas inmaculadas, salpicadas de palmeras, que tienen nombres distintos pero parecen confundirse en una sola.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Mientras el autobús ascendía por las verdes montañas hacia Las Terrenas, pasó junto a un mirador con una vista panorámica de las playas salpicadas de palmeras y aguas azules, que me produjo una gran emoción. Durante los 20 minutos siguientes, me aferré al asiento frente a mí como un niño en una excursión.

A la mañana siguiente, alquilé una motoneta (50 dólares al día) para explorar algunas playas en el lado del pueblo opuesto al del Costarena Beach Hotel, el lugar sencillo, pero acogedor, donde me hospedaba (alrededor de 8200 pesos, o 150 dólares, por noche). Pero incluso siendo una conductora experimentada de motonetas me pareció que sortear el tráfico, las obras, las calles de un solo sentido y los perros que de pronto se atravesaban corriendo —¿era todo esto el “encanto con carácter” del que había leído?— fue un reto mayor de lo que esperaba. Estaba lista para una pausa con ceviche.

La persona de recepción del hotel me informó que podría encontrar algunas de las mejores comidas de la ciudad en una zona céntrica sin dirección, “entre el cementerio y la playa”. El segundo extremo me pareció más atractivo, así que elegí una mesa de plástico en la arena del Zu Ceviche & Grill, a la sombra de una palmera y junto a un grupo de coloridos barcos pesqueros de madera. Pedí el ceviche de pescado (790 pesos) y me eché hacia atrás para admirar la vista, cuando vi que mi mesero se alejaba trotando por la playa. Un poco preocupada, me levanté para ver hacia dónde se dirigía.

En el Zu Ceviche & Grill, el pescado es tan fresco que casi va directo del mar al plato.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

No muy lejos de ahí, un grupo de pescadores sin camiseta limpiaba y desescamaba su pesca alrededor de una mesa. Cuando mi camarero volvió corriendo, sostenía un pescado por la cola; mi ceviche no podía haber sido más fresco.

En la playa, cerca del restaurante, una hilera de casitas de pescadores frente al mar conocida como Pueblo de los Pescadores había sido durante mucho tiempo el corazón de la vida nocturna local, ofreciendo música de DJ y vistas de la puesta de sol, hasta que se produjo un incendio en 2021. La zona, reconstruida con pequeños restaurantes de colores pastel, se reabrió en febrero.

Desde esta zona central, las playas se extienden en largas líneas que van hacia el este y el oeste. Aunque todas tienen nombres que las distinguen, en su mayoría se fusionan sin límites visibles, difuminándose en lo que es, en esencia, una playa larga.

Más cerca del centro, las playas estaban en su mayoría deslucidas por la basura y los escombros de construcción. En busca de arena más limpia, conduje hacia el este por una calle llamada 27 de Febrero que corre paralela al mar, con restaurantes en el lado interior y un sendero peatonal que serpentea entre palmeras del lado del océano. Cuanto más avanzaba, más hermosas eran las playas.

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Una playa con aguas cristalinas y un grupo de manglares creciendo justo al lado de la arena. Dos personas caminan por la playa a lo lejos.
Playa Carolina, un lugar mágico a unos 10 minutos al este de Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

A unos 10 minutos del pueblo, me detuve en un claro entre los árboles y aparqué con otras motonetas. Luego salí a la paradisíaca playa Carolina, donde un arroyo claro y poco profundo desembocaba en el océano y unos niños chapoteaban.

Más tarde, cuando fui a explorar la serie de playas al oeste de Las Terrenas, me encantó encontrar clubes de playa que ofrecían sillas, sombrillas y comida. Por mucho el club más destacado era el Mosquito Boutique Hotel, en la playa Bonita, a unos 15 minutos del centro, donde había una atractiva zona de olas para surfear, un gran restaurante y un DJ al atardecer (habitaciones desde 7130 pesos, a menudo con un mínimo de dos noches de estadía).

En playa Bonita, los visitantes pueden disfrutar de las olas, tomar clases de surf o aprovechar las instalaciones del Mosquito Boutique Hotel, que cuenta con un gran restaurante y DJ.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Con tantas playas hermosas y tantos nombres diferentes —¿estaba en la playa Bonita o en playa Escondida?— me resultó difícil elegir una favorita. Decidí que mi playa favorita probablemente sería en la que me encontrara en ese momento.

 

Ambientes, y precios, europeos

Durante el régimen del dictador Rafael Trujillo, de 1930 a 1961, muchos de los habitantes más pobres de Santo Domingo se reubicaron en la costa norte de la península de Samaná, que en ese entonces era una zona natural y casi despoblada. La zona siguió siendo un enclave remoto durante décadas, y no tuvo electricidad hasta 1994.

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Una mujer con una capa azul translúcida y zapatos de tacón plateados baila con los brazos extendidos en un escenario cerca de personas sentada en las mesas de un restaurante.
Porto by Mosquito, un restaurante junto al mar, es uno de los numerosos lugares que atienden a los viajeros que buscan el lujo en Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Personas ingresan en un restaurante de dos niveles con techo y sin paredes. Hay gente sentada en una barra sobre la entrada, que está rodeada de palmeras y otras plantas.
El Lugar sirve filetes cubiertos de hierbas asadas y tiene un patio con vista al mar.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Los visitantes extranjeros empezaron a llegar a Las Terrenas en la década de 1960, y una afluencia de expatriados, sobre todo franceses, construyó casas de vacaciones rústicas en la zona. Hoy, la influencia europea está presente por todo el lugar, y en las tiendas para turistas los precios son escandalosamente altos. El verano pasado, estando en Italia, compré un vestido de lino estampado por unos 50 dólares. En Las Terrenas, vi el mismo vestido por 400 dólares.

Los visitantes que quieran disfrutar del máximo lujo que se puede encontrar en Las Terrenas pueden alquilar una casa de vacaciones con jardín y piscina, comprar en las tiendas de estilo europeo y cenar en restaurantes de lujo. Yo tuve una probadita de este estilo de vida, cuando fui a tomar un cóctel sin alcohol Coco Loco (crema de coco, limón, leche; 350 pesos) en Porto by Mosquito, un elegante restaurante junto al mar con decoración tropical estilo The White Lotus y un brunch. Y mi mejor cena fue en El Lugar, donde los comensales devoraban chisporroteantes bandejas de filetes cubiertos de hierbas asadas (1890 pesos) en una terraza elevada con vista al atardecer sobre el océano.

Varias personas con ropa ligera disfrutando en un restaurante en exteriores
La Paneria Italian Bakery en Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Un montón de croissants con una pinza de panadería.
La Paneria es una de varias panaderías de calidad que ofrecen delicias al estilo europeo, como croissants y capuchinos.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Una ventaja de la fuerte influencia europea, incluso para los viajeros con poco presupuesto: varias cafeterías de calidad ofrecían croissants y capuchinos, entre ellas La Paneria Italian Bakery y la Boulangerie Française.

Un día lluvioso arruinó mi plan de visitar la cascada El Limón, por lo general cristalina y apta para nadar, a unos 21 kilómetros de la ciudad. Así que, en vez de eso, me puse un impermeable para la lluvia y me subí a mi motoneta para explorar un poco más las playas al poniente de la ciudad. El camino subía y bajaba por las colinas, poniendo a prueba mis habilidades de conducción, antes de finalmente nivelarse. Buscaba un sitio para comer en la playa, cuando vi un letrero garabateado que decía “Chef Medina”. Sin estar segura de lo que encontraría, tomé un sendero lodoso y lleno de baches.

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Dos mesas con sillas de plástico colocadas en la arena, cerca de palmeras y el océano. Un cartel pintado a mano dice “Chef Medina”.
El sencillo restaurante del chef Medina en la playa Cosón.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Una mesa con sillas de plástico y sombrilla sobre la arena, frente a un sencillo local de madera con un letrero que dice “Chef Medina”. Dos mujeres jóvenes atienden el lugar.
El pequeño restaurante está al final de un camino de tierra con baches, junto a la playa.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Un hombre sonriente vestido de chef muestra a la cámara un plato de langosta.Tiene una mano puesta sobre el pecho
El chef Medina sirve langosta fresca.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

El camino me condujo hasta una cabaña de madera al borde de la selva con cuerdas de conchas a modo de cortinas. Cuando me acerqué, un hombre corpulento saltó de su silla. Era el mismísimo chef Medina; él, su mujer y su hija manejaban el diminuto restaurante. Me prepararon una mesa en la arena. Luego la movieron un par de metros para asegurarse de que no me golpeara uno de los cocos de la palmera que había encima. No había más clientes, pero eso me pareció bien. Por 880 pesos, el chef Medina me cocinó una deliciosa langosta fresca y frito verde (plátanos fritos).

Mientras su hija se llevaba mis platos, pregunté en qué playa estábamos. “Creo que es Playa Cosón”, respondió, en español. Luego le gritó a su mamá para preguntar. Entonces, como si me leyera la mente, dijo algo que reflejaba mi propia experiencia en Las Terrenas: “No sé qué playa es cuál. Solo sé que esta es mi favorita”.

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Dos personas a lo lejos en una playa donde el sol se filtra a través de las hojas de un árbol.
El Portillo, una playa al oriente de Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

El chacá: un dulce de tradición sureña

El maíz, originario de América, es uno de los cereales más cultivados en el mundo, sustentando la vida de millones de personas rindiendo así honor a su palabra proveniente del vocablo taíno “mahís”, que significa «planta que sostiene la vida».

Y no es para menos, ya que es un carbohidrato rico en fibras, calcio, ácido fólico, antioxidantes y otras vitaminas y minerales que aportan a la salud cardiovascular, huesos fuertes, combate el envejecimiento celular y ayuda al cerebro.

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De este alimento se crea una gran variedad de comidas. En República Dominicana convertimos el maíz en sabrosas creaciones comestibles dulces y saladas como pan, arepitas, chechén, gofio, majarete, harina, arepa y hasta guiso.

El chacá: un dulce de tradición sureña
Foto: Danybell Adames

En la provincia San Juan, el maíz es uno de los granos que juega un papel estelar tanto en la producción como en la gastronomía.

Del cereal surge el emblemático postre sureño llamado chacá, degustado especialmente en Cuaresma como opción alterna de las habichuelas con dulce, pero que también puede ser consumido como desayuno o cena.

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Esta delicia, cuyo origen se le atribuye a africanos asentados en la isla, es conocida también como maíz con dulce, dulce de maíz, maíz craqueado o caquiao, que puede ser disfrutado tanto frío como caliente.

Foto: Danybell Adames

Era tradición que para moler y retirar la piel que recubre el grano de maíz se necesitaba colocar en un pilón grande con ceniza caliente y así obtener el grano “caquiao”. Luego se procedía a lavar y se hervía durante horas para poder ablandarlo. En cambio, en la actualidad el proceso es más simple ya que se puede conseguir el maíz previamente craqueado.

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Este plato tiene una versión opuesta para los que no son amantes del dulce: el chacá salado. Su diferencia radica en que no tiene coco y se acompaña con habichuelas guisadas, jamón guisado, carne guisada, salada o frita.

Preparar el chacá en fogón de leña le agrega un toque particular en el sabor del postre.- / Foto: Danybell Adames

Similares

En otros países se encuentran platos dulces similares como el dulce de maíz con leche en Haití, el llamado morocho en Ecuador, mazamorra en Colombia y Venezuela, canjica o munguzá en Brasil, tujuré o tojorí en Bolivia, chicheme en Costa Rica y el hominy porridge en Jamaica.

Foto: Danybell Adames

Preparación

Ramona Aquino.- / Danybell Adames

La experta en chacá, Ramona Aquino, residente en el llamado “granero del sur”, detalló que este postre es elaborado con maíz craqueado, agua, leche de vaca, leche evaporada, leche de coco, canela, azúcar, sal, vainilla y pasas.

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La agricultora, quien aprendió a cocinar el chacá desde pequeña con las orientaciones de su madre, señaló que se puede preparar tanto en la estufa como en fogón de leña, aunque esta última opción le suma un toque particular en el sabor y entiende que de esta manera es más rápida su cocción, tomándose aproximadamente una hora.

Explicó que para cocinarlo, en un caldero, se necesita hervir agua, luego se le agregan las leches, el maíz craqueado, canela, pasas al gusto, azúcar, vainilla y toque de sal. Recomendó ir removiendo y mantenerse pendiente para que no se queme ni derrame. Cuando esté listo, sugiere dejar ambientar para poder disfrutar a gusto el delicioso postre.

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