Bukele consolida su poder con una tercera candidatura a la presidencia de El Salvador/ Hasta dónde están dispuestos los salvadoreños a aceptar medidas extremas de Bukele con tal de vivir en calma

Por Merlin Delcid, CNN en Español
14 de julio de 2026
CNN Español —
Nayib Bukele aspira a una tercera presidencia en El Salvador, en un contexto sin otras figuras políticas y donde el oficialismo, es decir, Bukele, controla todas las instituciones, incluidas las que regulan las elecciones. Así, el autodenominado “dictador cool” tiene todo a su favor para seguir gobernando, una señal de que su poder llegó hace varios años para quedarse por otros tantos años más.
La militancia de su partido, Nuevas Ideas, lo designó este fin de semana en votaciones internas como su candidato a la presidencia para las elecciones generales del 28 de febrero de 2027.
En estas elecciones primarias de Nuevas Ideas, Bukele fue candidato único para la presidencia. Las bases del partido también votaron de manera presencial a través de dispositivos electrónicos para elegir a los candidatos a diputados y consejos municipales. La legislación electoral de El Salvador obliga a todos los partidos a llevar a cabo este proceso para que la militancia tenga participación en la designación de candidatos.
El popular mandatario llegó al poder por primera vez en junio de 2019 como un joven que representaba una opción a los partidos Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que gobernó durante 20 años, y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FFMLN), que estuvo en el poder por 10 años.
Ahora Bukele competirá por un periodo más. Si gana, algo que las encuestas parecen dar por hecho, seguirá en el poder hasta 2033.
Los partidos tradicionales como la Alianza Republicana Nacionalista, Arena y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Fmln –que gobernaron el país centroamericano durante 30 años- tienen poco apoyo popular y aunque trabajan por recuperar terreno, las encuestas reflejan que su crecimiento es insuficiente para pelear espacios políticos al oficialismo.
La pérdida de credibilidad de los partidos
Una de las razones del éxito de Bukele es que la población dejó de creer en los partidos tradicionales, un fenómeno que recorre varios otros países de América latina. “La gente ya no vota por partidos, no vota por ideologías, ahora vota por personas. Ya no vota por proyectos, sino que vota por hechos, por acciones específicas”, dice a CNN Juan Ramón Maldonado, director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Don Bosco y analista político.
La ratificación de la candidatura es una muestra de que, al interior de Nuevas Ideas, la gente no ve otra figura que no sea la del actual presidente. Tampoco en el resto de los partidos los votantes ven alternativas que puedan disputarle el poder a Bukele. “La seguridad es el tema principal del cual el presidente nos ha ayudado, gracias a eso es que ahora nosotros estamos apoyando su continuidad”, dice a CNN Harold Castillo, un afiliado del partido Nuevas Ideas que votó este domingo.
La falta de “figuras emergentes y el deterioro partidario” abre una vía para que Bukele consolide su poder por mucho más tiempo, advierte Maldonado.
Cómo se instaló la posibilidad de un tercer mandato
En julio de 2025, la Asamblea Legislativa, controlada por el oficialismo, reformó la Constitución y aprobó la reelección sin ninguna restricción para que un presidente pueda competir, como candidato, a todos los periodos que quiera.
A partir de 2027, el periodo presidencial será de seis años – hasta ahora eran cinco. La idea de los legisladores es que la mitad del periodo presidencial coincida con la elección de alcaldes y diputados, que son de tres años. Para ello, fue necesario recortar el segundo mandato de Bukele de 2024 a 2027.
Con esa reforma a la Constitución, la población podrá decidir, al inicio y a la mitad del mandato, si le otorga control de la Asamblea Legislativa a un candidato, una decisión clave ya que los diputados tienen entre sus funciones la elección de funcionarios de segundo grado y la aprobación o reforma de leyes, así como la Constitución.
Para las elecciones del próximo febrero los diputados también anularon la segunda vuelta, por lo que la presidencia la ganará la fórmula que obtenga el mayor número de votos válidos en la elección. Hasta ahora, la Constitución establecía que para ganar en primera vuelta una fórmula presidencial debía obtener el 50 % más uno de los votos válidos.
La popularidad de Bukele
Bukele acumula poder y altos niveles de aprobación, según diferentes encuestas, a raíz de la drástica reducción de los niveles de violencia.
Controla no solo el Ejecutivo, sino que el Legislativo, ya que su partido Nuevas Ideas tiene mayoría absoluta. Todos los proyectos de ley enviados desde la Casa Presidencial han sido aprobados por los diputados. A través de la Asamblea, fueron nombrados Magistrados de la Corte Suprema de Justicia afines al oficialismo. De hecho, la Sala de lo Constitucional avaló la segunda candidatura del mandatario.
A pesar de las críticas de la oposición, todo eso fue ignorado por los votantes quienes valoraron más las acciones de Bukele contra la delincuencia,
La criminalidad azotó al país centroamericano con el crecimiento de las temidas pandillas que ganaron el control de muchas comunidades, tras la firma de los acuerdos de paz en 1992.
Los ciudadanos dicen sentirse hoy más seguros con los miembros de pandillas en prisión a raíz del régimen de excepción, vigente desde marzo de 2022.
Esta medida, según las autoridades, ha permitido la detención de más de 92.000 personas, decomisado 5.451 armas de fuego, 12.110 vehículos y 24.955 celulares
Incluso los promotores de derechos humanos han reconocido el apoyo al régimen y otras drásticas medidas como las reformas a la Constitución, que permiten sentenciar a una persona a cadena perpetua desde los 12 años por delitos como homicidio, feminicidio o violación.
Pese a reconocer el apoyo popular a estas medidas, los defensores de derechos humanos señalan que hasta que no se necesita que se haga valer esa protección no valoran la importancia de que el poder tenga límites y sobre todo controles.
El talón de Aquiles de Bukele, considera Maldonado, es la economía, la falta de rendición de cuentas y el deterioro de la democracia. “Si las encuestas se cumplen y Bukele gana un nuevo periodo, va a seguir siendo de nuevo el reto de tener un desarrollo económico y no solo el crecimiento de algunos sectores, como el turismo”.
La falta de empleo, el aumento del precio de la canasta básica y el precio de los combustibles ha puesto presión en los bolsillos de muchos salvadoreños que demandan acciones para contrarrestar esos problemas. De no encontrar respuesta, consideran algunos analistas, podría repercutir en una reducción del apoyo al gobernante, aunque insuficiente para que salga del poder, al menos en las próximas elecciones.
Hasta dónde están dispuestos los salvadoreños a aceptar medidas extremas de Bukele con tal de vivir en calma
Por CNN en Español

CNN Español —
Para los defensores de los derechos humanos, la mejora en los niveles de seguridad en El Salvador tiene un alto precio: el deterioro de la democracia y el respeto a la ley. Sin embargo, reconocen que el Gobierno del presidente Nayib Bukele cuenta con respaldo ciudadano.
Medidas como el régimen de excepción, vigente desde marzo de 2022, y las más recientes reformas a la Constitución, que permiten sentenciar a una persona a cadena perpetua desde los 12 años por delitos como homicidio, feminicidio o violación, cuentan con la aprobación ciudadana, al menos “hasta que no toca a alguien cercano o a un familiar”, dice Abraham Ábrego, miembro de la ONG Cristosal, un destacado grupo de derechos humanos crítico de Bukele que desde el verano de 2025 opera desde el exilio.
Ábrego sostiene que la “tendencia” de demandar medidas drásticas no es nueva y que muchos desconocen la importancia del respeto a la legalidad. “Muchas veces cuando ya tienen a un familiar a quien le aplican ese tipo de reglas, ahí es donde ya le puede parecer injusto”, explica por teléfono desde Guatemala.
Los miembros de Cristosal se autoexiliaron, en julio de 2025, tras la detención de Ruth López, activista por los derechos humanos y miembro de esta organización.

Un policía custodia el Centro Histórico de San Salvador antes del mensaje del presidente Nayib Bukele por los seis años de su gobierno. Alex Peña/Getty Images South America/Getty Images
El reclamo de la ciudadanía por medidas drásticas contra el crimen, en un país que vivió altos índices de violencia durante años, no es nuevo. Ábrego dice que durante la presidencia de Francisco Flores (1999-2004) muchos apoyaron el denominado plan “mano dura”, que buscaba controlar a las pandillas. Lo mismo ocurrió, sostiene, con el plan “super mano dura”, que lanzó durante su mandado Elías Antonio Saca (2004-2009). “Lo de demandar medidas drásticas ya lo hemos visto con la mano dura, reformas penales para aumentar las penas y muchas veces lo hacen los partidos políticos porque tiene réditos electorales, es muy popular”. Tanto el plan Mano Dura de Flores como el Súper Mano Dura de Saca contemplaban operativos combinados entre Policía y el Ejército para detener a miembros de pandillas. Sin embargo, estos grupos siguieron creciendo y ganando control del territorio.
Derechos constitucionales versus resultados
El Salvador vive un contexto complejo, dice a CNN Juan Ramón Maldonado, director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Don Bosco y analista político. “Los salvadoreños no hemos sido educados para entender la Constitución, mis derechos y libertades. Entonces, lo que la gente quiere es vivir s u día a día y ese día a día ahora es bajo un ambiente seguro, de resultados”, explica.
Maldonado se refiere a que muchos salvadoreños dicen que dejaron de ser extorsionados por las pandillas para dejarlos entrar y salir de sus casas, y que ya no deben huir por el acoso de estos grupos. Ahora sienten que pueden entrar a cualquier territorio sin temor a ser asaltados o asesinados por miembros de pandillas o al menos con menores probabilidades de que eso ocurra.
“En El Salvador no tenemos cultura de paz. Vivimos el autoritarismo militar, una guerra civil y la crisis por las pandillas. Por eso ahora que tenemos estos altos niveles de seguridad la gente no valora aspectos como la democracia”, sostiene Maldonado.
Régimen de excepción y cadena perpetua
El cambio, en la seguridad se refleja en números concretos. El régimen de excepción ha permitido, según el Gobierno, la captura de más de 91.000 personas, aunque luego liberaron a más de 7.000 tras comprobarse que no tenían vínculos con pandillas. Muchos de los que siguen detenidos están a la espera de un juicio. El Salvador, afirman las autoridades, ha pasado de ser un país violento a uno de los más seguros del hemisferio.
Su implementación, sin embargo, ha sido criticada por organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, por considerar que permite violaciones a derechos humanos y hasta tortura, señalamientos rechazados por la administración Bukele.
“Se ha notado la diferencia”, sostiene Miguel Ángel Rodríguez, un residente de San Salvador, quien dice apoyar las medidas implementadas por el presidente Bukele, mientras camina en el centro histórico de la capital. Sondeos realizados por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de Crisis Group han reflejado el apoyo ciudadano a las medidas.

Miembros de las Fuerzas Armadas resguardan las calles del Centro Histórico de San Salvador antes del mensaje del presidente Nayib Bukele por los seis años de su gobierno. Alex Peña/Getty Images South America/Getty Images
El régimen de excepción, que ya tiene cuatro años en el país, mantiene suspendidas garantías constitucionales. Amplía de 72 horas a 15 días la detención provisional y permite al Estado la intervención de las telecomunicaciones sin la autorización de un juez.
Las reformas a la Constitución, que desde el domingo permiten que una persona detenida y que sea condenada por delitos como homicidio, feminicidio y violación pueda ser sentenciada a cadena perpetua desde los 12 años, también cuentan con respaldo, aunque no de forma unánime.
“Estar rehabilitando a una persona creo que sería lo correcto, pero lastimosamente aquí en el país ya se trató de esa manera y se llegó a un caso que hubo más violencia”, agrega Rodríguez, en alusión .Rodríguez se refiere a los diferentes programas gubernamentales y privados que en el pasado fueron implementados para reinsertar, sin éxito, a la sociedad a miembros de pandillas.
“Eso para mí no está bien”, dice con respecto a las nuevas reformas Ana Reyes, otra ciudadana salvadoreña. “Hay otros métodos, porque no tiene que ser así”, considera Reyes.
A la hora de aplicar la justicia, El Salvador también ha recibido fuertes críticas. La semana pasada se llevó a cabo un juicio masivo contra casi 500 presuntos pandilleros. Las imágenes de las personas rapadas, vestidas de blanco, una al lado de otra en el mismo penal en el que están detenidos, despertaron cuestionamientos entre organismos de derechos humanos sobre garantías de acceso a la defensa legal y de que se haga un juicio justo.
Bukele respondió a estas críticas redoblando la apuesta: no solo defendió el proceso, sino que lo comparó con los Juicios de Núremberg, en los que dirigentes del gobierno nazi fueron enjuiciados por crímenes de guerra y contra la humanidad tras la Segunda Guerra Mundial. En ese juicio, jefes militares y políticos fueron llevados ante la justicia por las masacres y ejecuciones masivas cometidas durante la guerra.
“Estos son los ‘presuntos miembros de pandillas’ de los que hablan algunos medios internacionales. Los mismos a los que ciertas ONG llaman ‘civiles’ y defienden con tanta insistencia. No fueron ‘presuntos pandilleros’ para sus víctimas. No fueron ‘civiles’ para las comunidades que vivieron bajo su control durante décadas”, escribió Bukele en sus redes sociales.
“Nosotros no inventamos ese principio. Se llama ‘responsabilidad de mando’, y se aplicó en Europa durante los Juicios de Núremberg”, planteó el mandatario.
Popularidad sostenida
La administración de Bukele ha dicho que continuará con este tipo de medidas, sin importar las críticas locales e internacionales. El autoproclamado “dictador cool” sostiene su firmeza amparado en su popularidad, que se mantiene con en el tiempo.
Desde que asumió el poder en 2019, San Salvador, que se había convertido en “la capital mundial del crimen”, con un récord de casi un homicidio por hora registrado en 2016, fue transformándose de a poco en una ciudad habitable nuevamente.
Muchos salvadoreños que se habían visto forzados a emigrar en busca de paz regresaron e incluso pudieron reabrir sus negocios.
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