Una ‘tierra prometida’ caribeña donde las playas no tienen fin

Las playas se extienden en largas líneas que van hacia el este y el oeste de Las Terrenas, un pueblo ubicado en la península de Samaná, en República Dominicana.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

En Las Terrenas, un exuberante rincón de República Dominicana, el ceviche prácticamente nada hasta tu plato, y la suave arena y las palmeras parecen no acabar nunca.

Alrededor de dos tercios de las personas que viajan a República Dominicana aterrizan en la ciudad de Punta Cana; luego son llevados cómodamente del aeropuerto a exuberantes complejos turísticos con playas preciosas, y después de vuelta al aeropuerto.

Muchos menos viajeros terminan como yo lo hice en febrero pasado, en la última fila de un autobús que va dando saltos durante dos horas y media en un trayecto al norte, desde Santo Domingo, la capital del país, hasta la península de Samaná.

La península de Samaná destaca en la República Dominicana como un dedo nudoso que apunta hacia Puerto Rico. Aunque la estrecha península tiene apenas 16 kilómetros de ancho en algunos lugares, abunda en ofertas naturales como bahías llenas de ballenas, cascadas y hermosas playas solitarias.

Pero era un destino en particular el que me había atraído a la península: Las Terrenas, un pueblo costero en la zona norte de Samaná. Un artículo de Vogue de 2023 se refería a Las Terrenas así “como era Tulum hace 15 años”, elogiando sus “playas de arena suave”, su “relajada vida nocturna” y su “encanto con carácter”. Cuando le conté a una amiga que vive en República Dominicana adónde me dirigía, ella validó mi elección con las palabras: “Las Terrenas es la tierra prometida”.

ImageDos personas caminan por una amplia playa con palmeras altas a un lado y un océano azul claro casi en calma al otro.
Las Terrenas es conocido por sus playas inmaculadas, salpicadas de palmeras, que tienen nombres distintos pero parecen confundirse en una sola.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Mientras el autobús ascendía por las verdes montañas hacia Las Terrenas, pasó junto a un mirador con una vista panorámica de las playas salpicadas de palmeras y aguas azules, que me produjo una gran emoción. Durante los 20 minutos siguientes, me aferré al asiento frente a mí como un niño en una excursión.

A la mañana siguiente, alquilé una motoneta (50 dólares al día) para explorar algunas playas en el lado del pueblo opuesto al del Costarena Beach Hotel, el lugar sencillo, pero acogedor, donde me hospedaba (alrededor de 8200 pesos, o 150 dólares, por noche). Pero incluso siendo una conductora experimentada de motonetas me pareció que sortear el tráfico, las obras, las calles de un solo sentido y los perros que de pronto se atravesaban corriendo —¿era todo esto el “encanto con carácter” del que había leído?— fue un reto mayor de lo que esperaba. Estaba lista para una pausa con ceviche.

La persona de recepción del hotel me informó que podría encontrar algunas de las mejores comidas de la ciudad en una zona céntrica sin dirección, “entre el cementerio y la playa”. El segundo extremo me pareció más atractivo, así que elegí una mesa de plástico en la arena del Zu Ceviche & Grill, a la sombra de una palmera y junto a un grupo de coloridos barcos pesqueros de madera. Pedí el ceviche de pescado (790 pesos) y me eché hacia atrás para admirar la vista, cuando vi que mi mesero se alejaba trotando por la playa. Un poco preocupada, me levanté para ver hacia dónde se dirigía.

En el Zu Ceviche & Grill, el pescado es tan fresco que casi va directo del mar al plato.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

No muy lejos de ahí, un grupo de pescadores sin camiseta limpiaba y desescamaba su pesca alrededor de una mesa. Cuando mi camarero volvió corriendo, sostenía un pescado por la cola; mi ceviche no podía haber sido más fresco.

En la playa, cerca del restaurante, una hilera de casitas de pescadores frente al mar conocida como Pueblo de los Pescadores había sido durante mucho tiempo el corazón de la vida nocturna local, ofreciendo música de DJ y vistas de la puesta de sol, hasta que se produjo un incendio en 2021. La zona, reconstruida con pequeños restaurantes de colores pastel, se reabrió en febrero.

Desde esta zona central, las playas se extienden en largas líneas que van hacia el este y el oeste. Aunque todas tienen nombres que las distinguen, en su mayoría se fusionan sin límites visibles, difuminándose en lo que es, en esencia, una playa larga.

Más cerca del centro, las playas estaban en su mayoría deslucidas por la basura y los escombros de construcción. En busca de arena más limpia, conduje hacia el este por una calle llamada 27 de Febrero que corre paralela al mar, con restaurantes en el lado interior y un sendero peatonal que serpentea entre palmeras del lado del océano. Cuanto más avanzaba, más hermosas eran las playas.

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Una playa con aguas cristalinas y un grupo de manglares creciendo justo al lado de la arena. Dos personas caminan por la playa a lo lejos.
Playa Carolina, un lugar mágico a unos 10 minutos al este de Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

A unos 10 minutos del pueblo, me detuve en un claro entre los árboles y aparqué con otras motonetas. Luego salí a la paradisíaca playa Carolina, donde un arroyo claro y poco profundo desembocaba en el océano y unos niños chapoteaban.

Más tarde, cuando fui a explorar la serie de playas al oeste de Las Terrenas, me encantó encontrar clubes de playa que ofrecían sillas, sombrillas y comida. Por mucho el club más destacado era el Mosquito Boutique Hotel, en la playa Bonita, a unos 15 minutos del centro, donde había una atractiva zona de olas para surfear, un gran restaurante y un DJ al atardecer (habitaciones desde 7130 pesos, a menudo con un mínimo de dos noches de estadía).

En playa Bonita, los visitantes pueden disfrutar de las olas, tomar clases de surf o aprovechar las instalaciones del Mosquito Boutique Hotel, que cuenta con un gran restaurante y DJ.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Con tantas playas hermosas y tantos nombres diferentes —¿estaba en la playa Bonita o en playa Escondida?— me resultó difícil elegir una favorita. Decidí que mi playa favorita probablemente sería en la que me encontrara en ese momento.

 

Ambientes, y precios, europeos

Durante el régimen del dictador Rafael Trujillo, de 1930 a 1961, muchos de los habitantes más pobres de Santo Domingo se reubicaron en la costa norte de la península de Samaná, que en ese entonces era una zona natural y casi despoblada. La zona siguió siendo un enclave remoto durante décadas, y no tuvo electricidad hasta 1994.

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Una mujer con una capa azul translúcida y zapatos de tacón plateados baila con los brazos extendidos en un escenario cerca de personas sentada en las mesas de un restaurante.
Porto by Mosquito, un restaurante junto al mar, es uno de los numerosos lugares que atienden a los viajeros que buscan el lujo en Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Personas ingresan en un restaurante de dos niveles con techo y sin paredes. Hay gente sentada en una barra sobre la entrada, que está rodeada de palmeras y otras plantas.
El Lugar sirve filetes cubiertos de hierbas asadas y tiene un patio con vista al mar.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Los visitantes extranjeros empezaron a llegar a Las Terrenas en la década de 1960, y una afluencia de expatriados, sobre todo franceses, construyó casas de vacaciones rústicas en la zona. Hoy, la influencia europea está presente por todo el lugar, y en las tiendas para turistas los precios son escandalosamente altos. El verano pasado, estando en Italia, compré un vestido de lino estampado por unos 50 dólares. En Las Terrenas, vi el mismo vestido por 400 dólares.

Los visitantes que quieran disfrutar del máximo lujo que se puede encontrar en Las Terrenas pueden alquilar una casa de vacaciones con jardín y piscina, comprar en las tiendas de estilo europeo y cenar en restaurantes de lujo. Yo tuve una probadita de este estilo de vida, cuando fui a tomar un cóctel sin alcohol Coco Loco (crema de coco, limón, leche; 350 pesos) en Porto by Mosquito, un elegante restaurante junto al mar con decoración tropical estilo The White Lotus y un brunch. Y mi mejor cena fue en El Lugar, donde los comensales devoraban chisporroteantes bandejas de filetes cubiertos de hierbas asadas (1890 pesos) en una terraza elevada con vista al atardecer sobre el océano.

Varias personas con ropa ligera disfrutando en un restaurante en exteriores
La Paneria Italian Bakery en Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Un montón de croissants con una pinza de panadería.
La Paneria es una de varias panaderías de calidad que ofrecen delicias al estilo europeo, como croissants y capuchinos.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

Una ventaja de la fuerte influencia europea, incluso para los viajeros con poco presupuesto: varias cafeterías de calidad ofrecían croissants y capuchinos, entre ellas La Paneria Italian Bakery y la Boulangerie Française.

Un día lluvioso arruinó mi plan de visitar la cascada El Limón, por lo general cristalina y apta para nadar, a unos 21 kilómetros de la ciudad. Así que, en vez de eso, me puse un impermeable para la lluvia y me subí a mi motoneta para explorar un poco más las playas al poniente de la ciudad. El camino subía y bajaba por las colinas, poniendo a prueba mis habilidades de conducción, antes de finalmente nivelarse. Buscaba un sitio para comer en la playa, cuando vi un letrero garabateado que decía “Chef Medina”. Sin estar segura de lo que encontraría, tomé un sendero lodoso y lleno de baches.

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Dos mesas con sillas de plástico colocadas en la arena, cerca de palmeras y el océano. Un cartel pintado a mano dice “Chef Medina”.
El sencillo restaurante del chef Medina en la playa Cosón.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Una mesa con sillas de plástico y sombrilla sobre la arena, frente a un sencillo local de madera con un letrero que dice “Chef Medina”. Dos mujeres jóvenes atienden el lugar.
El pequeño restaurante está al final de un camino de tierra con baches, junto a la playa.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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Un hombre sonriente vestido de chef muestra a la cámara un plato de langosta.Tiene una mano puesta sobre el pecho
El chef Medina sirve langosta fresca.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

El camino me condujo hasta una cabaña de madera al borde de la selva con cuerdas de conchas a modo de cortinas. Cuando me acerqué, un hombre corpulento saltó de su silla. Era el mismísimo chef Medina; él, su mujer y su hija manejaban el diminuto restaurante. Me prepararon una mesa en la arena. Luego la movieron un par de metros para asegurarse de que no me golpeara uno de los cocos de la palmera que había encima. No había más clientes, pero eso me pareció bien. Por 880 pesos, el chef Medina me cocinó una deliciosa langosta fresca y frito verde (plátanos fritos).

Mientras su hija se llevaba mis platos, pregunté en qué playa estábamos. “Creo que es Playa Cosón”, respondió, en español. Luego le gritó a su mamá para preguntar. Entonces, como si me leyera la mente, dijo algo que reflejaba mi propia experiencia en Las Terrenas: “No sé qué playa es cuál. Solo sé que esta es mi favorita”.

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Dos personas a lo lejos en una playa donde el sol se filtra a través de las hojas de un árbol.
El Portillo, una playa al oriente de Las Terrenas.Credit…Tatiana Fernández para The New York Times

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