
Mucha gente en la comunidad venezolana más grande de Estados Unidos apoyó al presidente republicano, pero ahora hay pánico en la zona por el posible fin del TPS.
Por Gisela Salomon – The Associated Press
Wilmer Escaray, que salió de Venezuela en 2007 y se inscribió en el Miami Dade College, ahora es dueño de una docena de negocios en esa ciudad estadounidense. Ahí contrata a migrantes venezolanos, como él lo fue alguna vez, que tienen permisos de trabajo mediante el sistema de Estatus de Protección Temporal, o TPS, creado en 1990 para acoger a personas cuyos países se consideran inseguros por situaciones de conflicto o desastres naturales.
Sin embargo, el Gobierno de Donald Trump ha empezado a tomar acciones para desmantelar el TPS, y los trabajadores de los negocios de Escaray están aterrorizados por lo que podría ser el fin de su protección legal contra la deportación.
Desde principios de febrero, el Gobierno de Trump ha buscado poner fin a dos programas federales que juntos han permitido vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos a más de 700,000 venezolanos, al igual que cientos de miles de cubanos, haitianos y nicaragüenses.
En ese contexto, en la comunidad venezolana más grande de Estados Unidos —zona de Miami apodada Doralzuela o Pequeña Venezuela, con unas 80,000 personas— está cundiendo el miedo.
Un juez ha ordenado mantener temporalmente vigente el TPS para unos 350,000 venezolanos, pero esa es una orden temporal.
Las personas que pierdan sus protecciones tendrían que permanecer ilegalmente en territorio estadounidense, con el riesgo de ser deportadas, o considerar regresar a Venezuela, una ruta poco probable dada la agitación política y económica en ese país.
“Es muy lamentable si perdemos ese capital humano, porque hay personas que hacen aquí unos trabajos que otros no van a hacer”, dice Escaray, de 37 años, en entrevista desde uno de sus restaurantes, “Sabor Venezolano”.

En Doral es más común escuchar que se hable español que inglés, y abunda el aroma a arepas. Muchos venezolanos que viven ahí dicen que se sienten como en casa — excepto que con mucha mayor seguridad y confort que el que podrían tener en la nación suramericana. En Doral, además, Trump tiene un club de golf desde 2012.
Trabajar, construir, invertir
Los venezolanos fueron de los principales beneficiarios cuando el expresidente demócrata Joe Biden amplió el TPS y otras protecciones temporales en su mandato. Trump había intentado cancelar esas protecciones en su primer mandato, y los ha seguido desmantelando en su segunda presidencia.
Entre los beneficiarios del TPS que viven en esta zona de Miami está John, que llegó hace nueve años y ahora es dueño de una empresa de construcción en Doral. Tanto John (quien pidió ser identificado con un seudónimo por miedo a ser deportado si usa su nombre real) como su esposa tienen TPS, mientras que su hija de 5 años tiene ciudadanía estadounidense.
La pareja dice que ha tenido discusiones con su hija sobre la posibilidad de que tengan que salir de Estados Unidos, pero que irse a Venezuela no es una opción.
“Nos duele que el Gobierno nos dé la espalda”, dice John. “No somos gente que comete delitos; vinimos a trabajar, a construir”.

El bloqueo temporal del juez al fin del TPS, emitido el 31 de marzo pasado, solamente estará en vigor hasta la siguiente fase de la demanda en tribunales para aquellas 350,000 beneficiarios. En tanto que sin intervención de algún juez el programa que ha permitido a las otras más de 500,000 personas de origen cubano, venezolano, haitiano y nicaragüense vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos caduca el 24 de abril próximo.
Escaray, el dueño de los restaurantes, dice que casi todos de sus 150 empleados son de origen venezolano y que más de 100 tienen TPS.
Reacciones políticas
El potencial fin de las protecciones temporales ha causado pocas reacciones políticas entre los republicanos, excepto para tres representantes cubanoestadounidenses por Florida —Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar— que han pedido al Gobierno federal no deportar a los tepesianos venezolanos que resulten afectados y sin antecedentes penales
Christi Fraga, la alcaldesa de Doral, igualmente ha pedido en una carta al presidente Trump que busque ofrecer un camino de regularización de su estatus migratorio a los venezolanos que no hayan cometido delitos.
“Estas familias no quieren caridad, quieren la oportunidad de seguir construyendo, trabajando e invirtiendo en Estados Unidos”, escribió Fraga.

Se estima que unas 8 millones de personas han huido de Venezuela desde 2014; la mayoría se asentó en países vecinos de América Latina y el Caribe.
Pero durante la pandemia de COVID-19, que golpeó especialmente fuerte varias economías latinoamericanas, algunos de esos venezolanos voltearon la mirada hacia Estados Unidos y buscaron migrar ahí, ya fuera cruzando la peligrosa jungla del Darién entre Colombia y Panamá o volando a Estados Unidos para pedir parole humanitario mediante un patrocinador.
En Doral, desde finales de los años 1990 hay varios profesionistas de clase media-alta de origen venezolano que salieron de su país cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia. Después de esa oleada, empezaron a llegar opositores políticos y emprendedores que abrieron pequeños negocios. En años más recientes, muchos de los venezolanos que han llegado al Doral son personas de menores ingresos que buscan trabajo en diversas industrias.
Es decir, hay tanto doctores y abogados como trabajadores de construcción, personas que limpian casas y esteticistas que realizan procedimientos de belleza. Algunos tienen la ciudadanía estadounidense mediante la naturalización; algunos otros viven sin estatus migratorio legal y tienen hijos con ciudadanía. Otros se han quedado más tiempo del que les permite su visa de estudiante o están en el proceso de solicitar asilo.
Son miles que han llegado al Doral.
Frank Carreño, presidente de la Cámara de Comercio Venezolana-Estadounidense y que ha vivido en el Doral por 18 años, dice que abunda la incertidumbre en la zona.
“¿Qué va a pasar? La gente no quiere volver o no puede regresar a Venezuela”, indica.

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