Xin Lin
Días después de recibir a Donald Trump, Xi Jinping se prepara para reunirse con Vladimir Putin. El encuentro refleja el creciente peso de China en un escenario geopolítico cada vez más fragmentado.
Oficialmente, la visita del presidente ruso, Vladimir Putin, a China esta semana para reunirse con su homólogo, Xi Jinping, se celebra con motivo del 25° aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre China y Rusia de 2001.
Pero el momento en que se produce el viaje -apenas unos días después de la visita de Estado de Donald Trump a Pekín- es digno de mención y pone de relieve la influyente posición de China en un panorama geopolítico cada vez más fracturado y marcado por las rivalidades entre grandes potencias.
¿Qué hay en la agenda de la cumbre entre Putin y Xi?
Se espera que entre los temas a tratar se incluyan cuestiones económicas y comerciales bilaterales, así como debates sobre asuntos internacionales y regionales.
En medio del aislamiento de Moscú respecto a Occidente por su invasión de Ucrania, China se ha convertido, con diferencia, en el mayor socio comercial de Rusia, ya que aporta más de un tercio de sus importaciones y compra más de una cuarta parte de las exportaciones rusas.
Pero esta asociación también tiene dimensiones militares. Una investigación de Reuters de julio de 2025 revela que empresas chinas habrían utilizado sociedades ficticias para enviar motores de drones a fabricantes de armas rusos camuflados como equipos de refrigeración industrial. Pekín lo niega.
Antes de la cumbre entre Putin y Xi, Claus Soong, del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS) en Alemania, comenta a DW que el panorama geopolítico actual ha colocado a Pekín en una buena posición. Tanto Estados Unidos como Rusia necesitan a China en este momento, aunque de formas opuestas: Washington busca un rival estratégico, mientras que Moscú quiere un socio con intereses geopolíticos y energéticos comunes.
¿Qué es lo que Putin quiere ahora de Xi?
Trump recibió una cálida bienvenida por parte de Xi y se marchó de Pekín con talante optimista. La visita de Putin podría tener, en parte, como objetivo obtener garantías de que cualquier avance en las relaciones entre China y EE. UU. no se produzca a costa de Moscú.
Para Putin, la prioridad inmediata es reafirmar sus estrechos lazos con Xi y sondear la postura actual de Pekín. Soong sugiere que una de las cuestiones es quién podría actuar como mediador creíble si Rusia buscara poner fin a la guerra en Ucrania.
Las señales recientes -incluidos un desfile del Día de la Victoria más moderado y los continuos ataques ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa- sugieren que Moscú podría estar experimentando fatiga de guerra. Putin incluso ha llegado a sugerir que el conflicto podría estar llegando a su fin.
Desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, en febrero de 2022, Putin se ha reunido con frecuencia con Xi. Para Pekín, la relación sigue siendo una prioridad estratégica, señala Soong, aunque el equilibrio de poder es asimétrico, ya que ahora Rusia depende más de China que al revés.
Lo que Pekín quiere y puede conseguir de Moscú
“China no quiere la guerra; no redunda en sus intereses a largo plazo”, comenta Soong a DW. Por lo tanto, es poco probable que China ejerza mucha influencia en las zonas de conflicto actuales.
“Puede que a China no le interese que la guerra de Ucrania continúe”, añade, “pero supondría un riesgo mayor para China que se produjera un colapso del régimen”. Para Pekín, sería muy negativo que colapsaran tanto el régimen de Irán como el de Rusia.
Soong sostiene que una Rusia debilitada o inestable implicaría riesgos estratégicos inmediatos para Pekín. Los dos países comparten una larga frontera y Moscú sigue siendo un socio estratégico importante para China. Eso significa que es poco probable que Pekín quiera que Rusia salga mal parada, pero, aun así, evita asumir un papel más directo en la guerra.
China también se ha visto afectada por las tensiones en el estrecho de Ormuz y la consiguiente interrupción del suministro de petróleo. Dados los retos internos a los que se enfrenta, como el exceso de capacidad industrial, a China no le resulta fácil exportar sus productos si regiones clave se ven afectadas por el conflicto.
Según analistas, la tensión en Oriente Medio podría hacer que la energía rusa resulte más atractiva para Pekín. Rusia supuso casi el 18 por ciento de las importaciones de petróleo de China en 2025, frente a alrededor del 13 por ciento procedente de Irán y aproximadamente el 42 por ciento de otros países del Golfo.
Las sanciones occidentales han empujado a Moscú a redirigir sus exportaciones hacia el este. Mientras, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán suscita preocupaciones sobre el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Rusia necesita el mercado chino, mientras que China puede asegurarse la energía rusa a un precio reducido.
(gg/ms)
China, EE. UU. e Israel compiten por las armas láser
17 de mayo de 2026
Cada vez más Estados del Golfo recurren a las armas láser para enfrentarse a la amenaza de los drones. Israel incluso ha prestado las suyas a Emiratos Árabes Unidos. ¿Funcionan realmente?

China está considerada como uno de los líderes mundiales en armas láser, y los países del Golfo han estado adquiriendo sistemas chinos para defenderse de los drones iraníes.Imagen: Xu Xun/VCG/IMAGO
La semana pasada, unos entusiastas observadores de armamento en Internet localizaron lo que parecía ser un sistema láser de fabricación china en el aeropuerto de Dubái, en Emiratos Árabes Unidos, que se sumaría al sistema láser de fabricación israelí llamado Iron Beam que, al parecer, Israel prestó a los emiratíes. Otros informes indican que los emiratos también están tratando de adquirir un arma láser estadounidense, al tiempo que han firmado acuerdos con empresas europeas y de Estados Unidos para desarrollar conjuntamente su propio armamento con esta tecnología.
A finales de 2025, una empresa publicó imágenes del equipo militar que estaba transportando y, sin querer, reveló que Omán era otro comprador de armas láser de fabricación china. Además, tras un ataque israelí contra su capital en septiembre del año pasado, Qatar parece estar estudiando la adquisición de elementos del sistema de defensa aérea turco conocido como Steel Dome, que también incluye armamento láser.
Mientras tanto, en Arabia Saudita, el ejército ha estado probando este tipo de sistemas de fabricación china, y algunos observadores sugieren que los sauditas han comprado hasta ocho unidades del Silent Hunter chino y podrían estar buscando adquirir también armas láser de fabricación estadounidense.

¿A alguien le suena Star Wars?
Las armas láser pueden parecer cosa de ciencia ficción, pero la guerra de Irán las está acercando a un uso habitual en conflictos reales, afirma Jared Keller, un antiguo reportero especializado en defensa que dirige “Laser Wars”, un boletín informativo dedicado específicamente a esta tecnología. Recientemente escribió que, durante abril y mayo, el desarrollo mundial de armas láser se había acelerado a un ritmo nunca antes visto.
“Nos encontramos en un punto en el que convergen varias fuerzas” para popularizar los láseres, declara Keller a DW. “Una de ellas es la madurez tecnológica”. Aunque el ejército estadounidense derribó por primera vez un dron con un láser en unas pruebas realizadas en 1973 y ha seguido desarrollando la tecnología desde entonces, las armas láser son ahora más pequeñas y funcionan mejor, explica Keller.
Los láseres forman parte de un grupo conocido como armas de energía dirigida o DEW. En este grupo se incluyen los láseres de alta energía, cuyo haz se utiliza para dañar o cegar a los objetivos.
En segundo lugar, continúa Keller, se encuentra la proliferación de drones en combate. “El auge de la guerra con drones complica la economía convencional del combate”. Es decir, no resulta rentable derribar un dron barato que solo cuesta unos cientos de dólares con misiles que cuestan cientos de miles o incluso millones, explica Keller.
Los fabricantes de armas láser de alta energía suelen afirmar que cada disparo cuesta solo entre tres y cinco dólares. Y, por último, la guerra en Irán ha cambiado la demanda de láseres. Aunque se están desarrollando en Ucrania para combatir los ataques con drones rusos y, al parecer, los rusos también disponen de algunos, la guerra de Irán es la primera donde el ejército estadounidense, sus aliados en el Golfo e Israel han tenido que enfrentarse a los drones de esta manera.


¿Funcionan realmente los láseres contra los drones?
Sin embargo, los láseres no son una solución milagrosa y para los países de Medio Oriente que los adquieren, podrían ser más útiles como parte de un sistema de defensa aérea más amplio y en capas, estima Keller.
Esto se debe a algunos de los inconvenientes que presentan. Los rayos láser se desplazan en línea recta, solo pueden utilizarse a una determinada distancia (por ejemplo, las unidades Iron Beam de Israel solo tienen un alcance de 10 kilómetros) y, para ser eficaces, deben mantenerse apuntando al objetivo durante un tiempo determinado, lo que se conoce como “tiempo de permanencia”, lo que puede reducir su eficacia si el objetivo es un dron que se mueve rápidamente.
El rayo láser también puede verse difuminado o interrumpido por la humedad, la lluvia, el smog, la niebla, la nieve, la arena, el polvo o el rocío marino. Las altas temperaturas de Medio Oriente también pueden dañar los componentes sensibles de los láseres y dificultar su funcionamiento, ya que se necesita más energía para la refrigeración. Según se informa, los sauditas se han quejado de algunos de estos problemas al probar sus láseres de fabricación china.
Comprar armamento láser de diferentes fuentes, como parecen estar haciendo Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, es una forma en que los Estados del Golfo pueden diversificar su propia defensa, afirma Andreas Krieg, profesor titular de la Escuela de Estudios de Seguridad del King’s College de Londres.
“La dependencia excesiva de Estados Unidos no ha dado buenos resultados”, declara Krieg a DW. “Se ha tomado conciencia de que, a corto plazo, esa dependencia no se puede romper, pero que, a medio y largo plazo, los Estados del Golfo tienen que encontrar formas de aumentar su autosuficiencia”.
(mn/dz)
