Al coronel Fausto Madé Ramírez se le impuso este martes prisión preventiva a ser cumplida en un recinto policial por la agresión contra una joven de 19 años de edad la noche del 30 de marzo de 2026.
¿Cómo ocurrió la agresión y qué testimonios se presentaron?
La agresión, para su suerte, fue captada en un video que indignó a la sociedad dominicana. Pero de acuerdo con el relato presentado en la solicitud de medida de coerción, la agresión no se habría limitado a lo visto en el video.
De acuerdo con el testimonio de una joven menor de edad, aquella noche estaba en Los Mina, junto a su hermana Charlizze Altagracia Hernández Monegro y un amigo. Habían salido de una discoteca cuando habían abordado el vehículo.
En ese momento, una patrulla los interceptó y, según el expediente, realizó maniobras para obligarlos a detenerse. El operativo estaba encabezado por el coronel Madé Ramírez, quien se aproximó al vehículo.
De acuerdo con la versión recogida, el oficial utilizó un objeto —aparentemente la punta de un arma— para rayar la carrocería. Ante la agresión, la situación escaló cuando la joven decidió bajarse para documentar lo que ocurrió.
La adolescente declaró que, al percatarse de que la patrulla estaba siendo grabada, el coronel se desmontó de la unidad policial, rastrilló el arma y se dirigió hacia ella. Dijo que intentó sujetarla por el hombro, obligándola a huir hacia una casa cercana. Desde ese punto, aseguró, pudo observar lo que ocurría con su hermana.
En ese momento la situación escala.
Según su testimonio, el oficial tomó a Charlizze por el cabello y la lanzó contra el pavimento. Luego, le propinó golpes con el arma de reglamento en la cintura. La joven describe que su hermana quedó en el suelo, mientras el agente continuaba sacudiéndola por el pelo. Aseguró que la escena ocurrió en medio de amenazas y gritos.
Desde una azotea cercana —según consta en la declaración— la adolescente dijo haber visto al imputado lanzar una botella hacia una vivienda, mientras vociferaba insultos y continuaba desplazándose por el área, deteniendo vehículos y buscando a quienes pudieran tener grabaciones del hecho.
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Acciones de la autoridad y medidas judiciales adoptadas
El expediente recoge además que la agresión no terminó en ese punto. Hernández Monegro declaró que fue subida a la patrulla policial en contra de su voluntad. Indicó que, tras ser retenida, fue abandonada posteriormente en una calle solitaria, bajo la orden de “¡suelten a esa loca!”.
El informe psicológico forense, citado en el documento, establece que la adolescente testigo relató los hechos como una secuencia continua de violencia, iniciada con la intervención policial y seguida por agresiones físicas directas hacia su hermana.
Las autoridades actuaron días después.
El 2 de abril de 2026, a las 6:15 de la mañana, el coronel Madé Ramírez fue detenido en el sector Brisas del Este, en Santo Domingo Este, en cumplimiento de la orden judicial 2026-AJ0026059. El arresto se realizó junto con otros dos agentes, identificados como Franklin Sánchez y Leonel De la Rosa.
El Ministerio Público le imputa haber agredido físicamente a la joven Hernández Monegro y haber proferido amenazas durante el incidente.
En la audiencia de medidas de coerción, el magistrado Leomar Cruz Quezada dispuso que el coronel cumpla la medida en el Centro de Operaciones Especiales de la Policía Nacional.
La guerra mundial silenciosa: el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán es parte de un enfrentamiento global
La simultaneidad de crisis en Medio Oriente y Europa revela la fragmentación de la arquitectura posbélica y anticipa una era definida por la fuerza, las alianzas estratégicas y la rivalidad prolongada entre potencias mundiales
07 Abr, 2026
El endurecimiento de los conflictos en Medio Oriente y Europa no representa episodios aislados, sino la manifestación de una guerra mundial en curso que, según el experimentado inversor global Ray Dalio, no tendrá un desenlace próximo. Dalio sostiene que la tendencia a enfocarse en lo inmediato, como la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, difumina la percepción de un fenómeno mucho más amplio y duradero: la erosión del orden internacional establecido tras 1945 y la aparición de una nueva dinámica regida por la fuerza y las alianzas estratégicas.
El análisis de Dalio parte de su experiencia de más de cinco décadas observando los mercados y la historia económica mundial. Considera que los acontecimientos recientes en el estrecho de Ormuz, la acumulación de tropas y el debate sobre la capacidad nuclear de Irán son solo síntomas de una transformación global más profunda. De acuerdo con Dalio, el conflicto actual involucra a la mayoría de las grandes potencias y se extiende más allá de los combates directos, abarcando guerras económicas, tecnológicas y de influencia geopolítica.
Una guerra mundial de múltiples frentes y sin fecha de término
Vista de Beirut cubierta de polvo, en medio de la escalada de hostilidades entre Israel y Hezbolá, mientras continúa el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Beirut, Líbano, 3 de abril de 2026. REUTERS/Raghed Waked
El inversor identifica una serie de conflictos entrelazados —desde la guerra entre Rusia y Ucrania, pasando por el enfrentamiento en Gaza y la tensión en la península arábiga— que, en conjunto, configuran una estructura de guerra mundial clásica. En estos escenarios, grandes potencias nucleares y alianzas formales reconfiguran el equilibrio global a través de acciones militares directas y “guerras no convencionales” como sanciones, bloqueos comerciales y competencia tecnológica.
La perspectiva de que estos conflictos se resolverán rápidamente es, según Dalio, ilusoria. Los mercados y analistas tienden a descontar una vuelta a la normalidad una vez terminen las hostilidades más visibles, pero él advierte que el proceso es mucho más largo y turbulento. En este contexto, el futuro del estrecho de Ormuz y la disposición de los países a arriesgar recursos y vidas para controlar puntos estratégicos tendrán consecuencias globales de enorme alcance.
Para comprender qué está ocurriendo y qué podría suceder, Dalio sugiere observar cómo se están alineando los bloques internacionales. Afirma que existen indicadores objetivos —como tratados, votos en la ONU y lazos económicos— que permiten rastrear la formación de alianzas. Señala, por ejemplo, la colaboración entre China, Rusia, Irán y otros países, en oposición a la coalición integrada por Estados Unidos, la Unión Europea, Israel, Japón y Australia.
Alianzas, recursos energéticos y ganadores relativos
Iraquíes chiítas participan en una manifestación de solidaridad con Irán y en contra de Israel y Estados Unidos, en medio de las crecientes tensiones regionales derivadas del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Bagdad, Irak, el 3 de abril de 2026. REUTERS/Thaier Al-Sudani
La posición de China en este entramado es especialmente relevante. Dalio explica que, aunque se argumenta que China sería la mayor perjudicada si se cierra el paso por Ormuz, en realidad la relación energética con Irán y Rusia otorga a Beijing ventajas considerables. El gigante asiático consume entre el 80 y el 90% del petróleo iraní y cuenta con reservas estratégicas de hasta cuatro meses de consumo, lo que reduce su vulnerabilidad ante los bloqueos.
Por otro lado, Estados Unidos, al ser exportador neto de energía, mantiene una ventaja económica relativa en este escenario. Estos factores, sumados a los vínculos diplomáticos y comerciales, refuerzan la hipótesis de Dalio de que China y Rusia emergen como ganadores relativos, al menos en el corto y mediano plazo, de la dinámica actual.
Para quienes se preguntan qué implica la actual crisis entre Estados Unidos, Israel e Irán, Dalio lo resume así: no se trata de un conflicto aislado, sino de una fase temprana de una guerra mundial que involucra a varias potencias y que reconfigurará el orden internacional en los próximos años. El desenlace no será inmediato ni predecible, y las repercusiones económicas, políticas y militares se sentirán en todo el planeta.
Lecciones de la historia y nuevos riesgos de sobreextensión
Partidarios de los hutíes se manifiestan en solidaridad con Irán, mientras continúa el conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Saná, Yemen, el 3 de abril de 2026. REUTERS/Khaled Abdullah
A través del estudio de ciclos históricos, Dalio identifica patrones repetidos: el poder dominante comienza a perder fuerza relativa frente a nuevos actores ascendentes, lo que lleva a una pugna prolongada tanto en el terreno económico como militar. En el caso actual, subraya la sobreextensión de Estados Unidos, que mantiene alrededor de 800 bases militares en hasta 80 países, en contraste con la presencia global mínima de China.
Esta dispersión de recursos implica que, si Washington enfrenta guerras en varios frentes —como en Medio Oriente y Asia—, su capacidad de respuesta se debilita. Según Dalio, esto ya está generando dudas entre los países que dependen de la protección estadounidense y podría incentivar a otras naciones a reconsiderar su posición estratégica y buscar alternativas para su defensa, incluyendo la adquisición de armas nucleares.
El ciclo clásico que describe Dalio incluye etapas como la formación de alianzas, el aumento de guerras por poder, el control de cadenas de suministro, la utilización de tecnologías bélicas y la aparición de conflictos simultáneos en múltiples regiones. El resultado es un proceso de transición donde el viejo orden se desmorona y surgen nuevas reglas dominadas por la fuerza, no por acuerdos multilaterales.
El factor determinante: la capacidad de resistir el sufrimiento
Buques cisterna permanecen anclados debido a la disminución del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, en medio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Mascate, Omán. 10 de marzo de 2026. REUTERS/Benoit Tessier
Dalio enfatiza que la victoria en estos conflictos no depende solo del poder militar o económico, sino de la capacidad de los países para soportar el dolor y la presión durante periodos prolongados. En su opinión, Estados Unidos, pese a su potencia, es también la nación más vulnerable a la fatiga, mientras que las autocracias suelen resistir mejor la adversidad gracias a su control interno.
Esta observación se apoya en ejemplos históricos, como la intervención china en Corea o la resistencia vietnamita, donde el desenlace no se decidió por la fuerza bruta, sino por la persistencia y la disposición a sostener el conflicto hasta que el adversario renunció a sus objetivos.
Un mundo sin árbitro y la vuelta al “poder hace la ley”
Restos de un avión estadounidense y el rotor de un helicóptero en Isfahán, Irán, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel e Irán. Redes sociales/vía REUTERS
El análisis de Dalio concluye con una advertencia: el sistema internacional actual ya no está regido por una potencia dominante capaz de imponer reglas y garantizar la estabilidad. En su lugar, el mundo transita hacia una lógica donde cada bloque actúa según su propia fuerza y conveniencia, reproduciendo dinámicas propias de épocas anteriores a 1945.
Para Dalio, la clave está en reconocer que los indicadores que anticipan grandes conflictos —como la acumulación de armas, el aumento de sanciones, la polarización política y la presión económica— ya están presentes. La historia demuestra que, en estos ciclos, los conflictos tienden a intensificarse antes que a resolverse, y que el final suele llegar solo cuando una de las partes logra una victoria incuestionable y rediseña el orden global.
El presidente chino, Xi Jinping, a la derecha, saluda junto al mandatario estadounidense Donald Trump en el Aeropuerto Internacional de Gimhae, en Busan, Corea del Sur, el jueves 30 de octubre de 2025. (AP Foto/Mark Schiefelbein)
Beijing se ha preparado desde hace tiempo para un escenario de reducción de su acceso al petróleo; y ante la posibilidad de que el control del petróleo iraní termine en manos estadounidenses, el gigante asiático siempre tiene a mano un plan B
¿Y China? Que lo urgente como Irán no haga perder de vista el conflicto más importante, aquel que va a definir el siglo XXI, la lucha por la supremacía geopolítica, China versus EE. UU.
El hecho que lo que está pasando no llene titulares o sea breaking news no significa que no pasen cosas, y es hasta buena noticia que no surjan declaraciones duras, ya que es una indicación que se está negociando con seriedad y con la intención de llegar a un acuerdo en el tema de los aranceles, lo cual es importante, toda vez que si la negociación que silenciosamente está en curso tiene éxito, el poder económico de ambos es tal, que de ahí saldrán las nuevas reglas que reemplacen a aquellas existentes desde el fin de la segunda guerra mundial, a las que el propio EE. UU. decidió poner fin. El resto de los países, aunque no lo quieran, no tendrán alternativa y deberán sumarse, les guste o no.
De hecho, este fin de semana fue una de las fechas analizadas para la visita de Trump a Xi Jinping, pero el cierre del Estrecho de Ormuz lo hizo imposible y desde fines de marzo se supo que los días 13 y 14 de mayo quedaron como fecha definitiva para que ambos mandatarios no solo hablen de aranceles, sino que desde la última vez que se encontraron, Taiwan e Irán se han agregado al temario, y en el último caso, su importancia para China es tal, que este país es quien está detrás de la iniciativa de Pakistán para una negociación indirecta, ya aceptada por Washington y Teherán.
En todo caso, China se ha preparado desde hace tiempo para un escenario de reducción de su acceso al petróleo, y ha estado ahorrando su consumo como también imitando lo que EE. UU. hiciera en los 70s después del boicot árabe, estanques de reserva estratégica. Además, Beijing ha estado negociando con los iraníes el paso de sus barcos en Ormuz, y ante la posibilidad de que el control del petróleo iraní termine en manos estadounidenses, tal como ocurriera con el venezolano, siempre tiene a mano un plan B, que sería aumentar el consumo chino de petróleo y gas ruso para beneficio de ambos países, y, de hecho, hay planes de financiamiento chino para oleoductos y gaseoductos desde territorio ruso.
Sobre todo, China ha estado preocupada de fortalecer su posición en la negociación con EE. UU. Por ello, ha tomado con seriedad lo conseguido después de su exitoso boicot a Washington en las imprescindibles tierras raras, toda vez que gracias al verdadero monopolio que posee, consiguió ser el único país que está negociando aranceles como igual, uno a uno, con la que todavía es la primera economía del mundo. “Lo anterior fue considerado como un triunfo por Beijing, que siempre ha rechazado la contención que ha querido imponerle EE. UU., similar a la que se le impusiera a la URSS en la guerra fría”.
Aunque existen límites objetivos a lo que China y EE. UU. pueden acordar dada la competencia existente, claramente señalada en la biblia geopolítica de la administración Trump, la Estrategia 2025 de Seguridad Nacional, si todo sigue marchando bien para que en mayo Xi Jinping y Trump se den la mano, se repetiría el mismo mecanismo utilizado cuando acordaron negociar, es decir, después que los especialistas lleguen a acuerdos técnicos, los ministros encargados de las negociaciones comerciales y de las finanzas se van a reunir con sus equivalentes chinos para hacer lo que hacen los Secretarios de Estado o encargados de Relaciones Internacionales en negociaciones políticas, dar el visto bueno para la firma de los mandatarios.
Al parecer, todo apunta a que existe un interés manifiesto de Xi y Trump para aparecer con un logro en el tema del acceso al mercado del otro. Trump lo necesita ya que su prueba más dura, la que probablemente va a definir su legado y la continuación de los profundos cambios que ha intentado es la difícil elección que enfrenta en noviembre, la de medio término, la que además habitualmente ha sido ganada por la oposición a quien reside en la Casa Blanca.
En el caso de Xi Jinping ha estado lleno de actividad que ha tenido poca repercusión en los medios de comunicación occidentales, pero que ha copado los de su país, hechos que tienen en común el fortalecimiento de su dictadura personal sobre una institucionalidad que acostumbraba a ser colectiva, además que su cargo tenía una duración máxima de dos mandatos, según las directrices dejadas por Deng Xiaoping.
Xi Jinping busca reforzar su control sobre el Partdo Comunista Chino
Es así como el jerarca chino ha estado preocupado de reforzar su control sobre el Partido Comunista, la única fuente de poder verdadero del país. Sabemos lo anterior ya que está en curso una nueva purga, que ha alcanzado a un miembro del Politburó, aunque esta vez se ha concentrado fundamentalmente en altos mandos militares. El pretexto ha sido el mismo de otras veces, la campaña de “anticorrupción”, que, sobre la base de hechos ciertos, ha pavimentado su camino al poder absoluto, al utilizarse para derrotar a facciones rivales. Es así, ya que en China también se hace política, solo que tiene lugar al interior del partido único al no existir alternativas democráticas compitiendo entre sí.
Todo esto tiene en mente la fuente última y definitiva de legitimación del poder, el Congreso XXI del Partido Comunista, el que tendrá lugar a fines del próximo año, donde se renovarán muchos cargos, y Xi Jinping quiere asegurarse que serán llenados con leales a su persona. Muchas posiciones importantes están en juego, quizás todas, menos una, la suya, por lo que Xi Jinping renovará sin problemas sus cargos de secretario general del partido y comandante en jefe de las fuerzas armadas como también en marzo del 2028 durante las sesiones del parlamento chino, ocupará nuevamente una posición de menor importancia, salvo protocolar, la presidencia del país.
El camino que se transita es un proceso viciado, donde muchos supuestamente votan, pero sin posibilidad alguna de elegir. Es decir, en pueblos y barrios de ciudades, desde el año pasado, millones de personas se ven obligadas a participar en elecciones fraudulentas ya que no tienen alternativa, toda vez que siempre son electos los jefes locales del partido.
De este proceso, salen no solo alcaldes, gobernadores y ministros a nivel intermedio, sino que Xi Jinping interviene cuando corresponde, para asegurarse lo realmente importante, la lealtad de la cúpula de aquellos que toman decisiones, la mayoría de las veces en secreto, es decir, el Politburó, hoy compuesto por 23 miembros.
En el mes de marzo, el jerarca le prestó también atención a una cita política, ya que a partir del jueves 5 se reunió la Asamblea Nacional Popular, que tuvo especial importancia dadas las definiciones tomadas para abordar el futuro del país en condiciones de desaceleración económica y de una situación internacional, al menos tensa en lo geopolítico. La importancia no es solo que se reúnen delegados provenientes de todo el país, sino también es la oportunidad para que se les cuente a los chinos y al resto del mundo, lo que en secreto ha decidido hacer el Partido Comunista.
Esa es su importancia y toda la élite partidaria colabora para su difusión, toda vez que coincide con un nuevo ciclo de planificación, ya que se pone en marcha el XV Plan Quinquenal (2026-2030) al cual todos los actores económicos, públicos y privados, deberán adaptarse al cumplimiento de las metas, incluyendo la de crecimiento, al igual que las prioridades, no solo económicas sino también de posicionamiento diplomático.
Además, y de gran importancia, China dio un paso para ejercer su estatus de superpotencia y en defensa de sus intereses, decidió aprovechar su poder y participar en una negociación para abrir el Estrecho de Ormuz, ya que, al ser el principal comprador de petróleo iraní, su cierre le afectaba muy directamente.
A través de un aliado como Pakistán, con sagacidad China se ha involucrado en la búsqueda de un cese del fuego y la apertura de una negociación indirecta entre EE. UU. e Irán, cuyo objetivo primero es la apertura o retorno del Estrecho de Ormuz a la libertad de navegación.
En el fondo, China busca repetir el éxito que tuvo el 2023 al conseguir que tanto Arabia Saudita como Irán se comprometieran a mejorar sus relaciones, lo que fue toda una sorpresa para occidente, aunque no perduró después que Teherán respaldara la invasión de Hamas a Israel y la activación de todos sus proxis contra ese país, abriendo un conflicto en 7 frentes. Ese es el origen de un conflicto que ha culminado en los bombardeos actuales, fundamentalmente por la negativa de Teherán para terminar con su programa atómico.
China pudo dar este paso ya que ha tenido una estrecha relación con Pakistán, el cual siempre recibió ese apoyo para su conflicto con la India, posición en la que coincidió con EE. UU. durante la guerra fría, por lo que ese país cuenta con la confianza de Washington, a pesar de desencuentros puntuales. Del mismo modo, China tiene una relación privilegiada con Teherán, no solo como socio comercial sino también como apoyo diplomático en las Naciones Unidas y otros organismos internacionales, además de proporcionar tecnología e información de inteligencia, incluso durante el actual conflicto.
China mantiene un estrecho vínculo con Pakistán (WU HAO/Pool via REUTERS)
Pakistán tuvo éxito en que se abrieran negociaciones indirectas entre EE. UU. e Irán sin que Israel fuera invitado. Washington entregó una propuesta de solución (los llamados “15 puntos”) que fueron respondidos por una propuesta iraní, aunque, muy distantes uno del otro. Las declaraciones de Trump han recibido muchos desmentidos desde Irán debido fundamentalmente a una división interna, ya que, al ser eliminado el líder supremo ayatolá Ali Jamenei, dejó de existir una sola autoridad, por lo que existe una lucha por el poder entre el sector de políticos profesionales partidarios de la negociación y la Guardia Revolucionaria Islámica los que parecen estar ganando, opuestos a todo acuerdo junto a los paramilitares de la organización Basij.
Al inicio, durante algunos días, el bombardeo de EE. UU. e Israel giraba alrededor de un doble componente, por un lado, parecía Irán haber sido destrozado militarmente, mientras que, por el otro lado, la República Islámica sobrevivía a pesar de todo, sin indicación alguna que pudiera surgir un gobierno alternativo. Allí apareció el éxito iraní en bloquear el petróleo y el gas que salen del Estrecho de Ormuz, transformándolo en una verdadera bomba económica, causando trastornos en el alza del precio de los combustibles y sus derivados, demostrando las viejas verdades que las guerras son la continuación de la política por otros medios y que solo se terminan cuando se acaba la voluntad de lucha de los combatientes, lo que no ha pasado en esta oportunidad.
En todo caso, ayer sábado 4 de abril Trump le recordó al régimen de Irán que le quedaban 48 horas para llegar a un acuerdo, que “el tiempo se estaba acabando… antes que todo el infierno fuera desatado” (sobre ellos). ¿Otra amenaza que no se concretará ya que el ultimátum fue rechazado?
En todo caso, la intervención china como negociador en las sombras detrás de Pakistán, es sin duda un hecho novedoso, y solo ratifica que en el mundo que se avecina, China será un actor relevante en la búsqueda de soluciones, toda vez que en lo económico es el equivalente a lo que fue en la esfera política la antigua URSS después de la segunda guerra mundial, por lo que vamos a tener que acostumbrarnos a un rol cada vez más activo.
Por lo demás, si en un nuevo escenario, ya sea por derrota de Irán o por negociación, todos aceptan la importancia de mantener abierta la navegación en Ormuz, es dudoso que Europa quiera tener un rol activo, siendo más probable que si EE. UU. diera un paso al costado, o más probable exista un acuerdo internacional, allí China va a adquirir un rol mucho más importante que el que hasta ahora ha tenido, sobre todo, si en mayo hay un acuerdo económico con EE. UU., y si se produce una reorganización internacional, Europa va a figurar entre los perdedores.
Si China toma un rol relevante en la apertura del Estrecho de Ormuz ello constituirá una prueba de fuego para su cuarta modernización, la militar, la de las fuerzas armadas, la última, en el listado que hiciera Deng Xiaoping en el siglo pasado. Ello va a ser inevitable toda vez que Ormuz necesita de la garantía que se va a contar con músculo militar dada la potencialidad para el conflicto de esa ubicación geográfica, debido a que por allí transita el 20% del consumo mundial de petróleo y gas.
Es algo que debe ser observado con mucha detención y no solo por el desafío que significa Taiwán, ya que hay un aspecto de la modernización militar de China, donde a este país todavía le falta probar que ha aprendido a desplegar su poder, ya que por el momento todo indica que mucho trecho debe todavía recorrer para tener la capacidad y quizás la voluntad de hacer algo semejante a lo que EE. UU. ha hecho en Venezuela y en Irán.
Mas aún, dada la total irrelevancia de la ONU, el protagonismo declinante de Europa y de la OTAN, la activación del poder chino en lo militar parece ser un factor que estará cada vez más presente, para llenar el vacío que se está produciendo por la pérdida de poder de Europa, el ascenso sin complejos de la India, y el mediocre desempeño demostrado por Rusia en Ucrania. Algo así parece reconocerlo el propio Trump cuando señala que China, Europa y la India deben tomar un rol más activo en la apertura a la libre navegación de Ormuz, ya que ellos sí dependen de ese suministro, mientras que EE. UU. no solo es el principal productor del mundo, sino que a diferencia de los 70, hoy no necesita ese petróleo, además que compra poco desde allá.
No es seguro que Washington dé ese paso, ya que lo dicho por Trump parece ser solo una amenaza, pero si lo hiciera, sin duda lo más probable es que China y Europa negocien con Irán, con lo que se fortalecería la posibilidad de supervivencia de la República Islámica, aunque sea en la actual situación, donde parece existir una especie de junta militar, expresión de la Guardia Revolucionaria más que de la teocracia.
Quizás EE. UU. considere que sus objetivos se han cumplido si en definitiva Teherán renuncia a su programa atómico, y por su evidente derrota militar y destrucción de su infraestructura, se concentra en la reconstrucción, por lo que deja de ser una amenaza para sus vecinos árabes y está imposibilitado de continuar con el apoyo a los proxis. Quizás también EE. UU. consiga otro objetivo, que sería colaborar activamente en una nueva etapa, participando en el control y/o propiedad del petróleo iraní, ya sin sanciones.
Trump le recordó al régimen iraní que tiene tiempo hasta el lunes para llegar a un acuerdo con EEUU (AP Foto/Alex Brandon, Pool)
Sin embargo, ahí quedaría pendiente el problema de su agresión permanente a Israel y el cuestionamiento a su existencia, por lo que Tel-Aviv continuaría atacando, y aprovechando su superioridad aérea fortalecería su relación con los países árabes sunitas, también recelosos de Irán, hasta que no se modifique la actitud expansionista de Teherán.
No se sabe si algo así tendrá lugar, o si en los hechos, se dará una especie de cese del fuego semejante a lo que, sin solución definitiva, ha tenido lugar en Gaza. También es probable que Trump intentará ponerle fin a su involucramiento en Irán, y alegando una victoria militar, concentrará toda su atención en la difícil contienda electoral de medio término, cuyas urnas se abrirán en noviembre.
En todo caso, en este escenario por urgente que parezca el tema iraní, para EE. UU. y su seguridad nacional, lo realmente relevante es el tipo de relación que se establecerá en el futuro con China, es decir, si esa confrontación queda contenida y limitada a la competencia económica y tecnológica (espacio exterior, Inteligencia Artificial) o se ingresa a un terreno de conflicto sin retorno.
En otras palabras, si China y EE. UU. van a ser capaces de evitar lo que Graham Allison ha llamado la Trampa de Tucídides, expresión que describe la aparición de una potencia emergente (como China) que amenaza con desplazar a una potencia que ejerce hegemonía, tal como le ocurrió a Gran Bretaña con EE. UU. el siglo pasado. El nombre de La Trampa de Tucídides surge de un libro donde a partir de la experiencia de Grecia en la antigüedad, este académico estudia 16 casos donde la rivalidad señalada terminó en un conflicto no deseado.
¿Puede ser evitada esta confrontación en el caso de China y EE. UU. o es inevitable que termine en un conflicto no deseado? ¿Será Taiwan el detonante?
A mi juicio, existe un caso a mano, que no siempre es analizado en sus aspectos positivos, ya que ha sido demonizado, siendo reciente. Es la guerra fría, que para mi persona es un caso raro, en el sentido que es de aquellas excepciones, donde existió una confrontación entre dos potencias antagónicas, a las que todo separaba, y que, sin embargo, no terminó en el enfrentamiento armado directo, que inevitablemente iba a ser atómico. Hubo muchas guerras por delegación, a nivel local o regional, auspiciadas por ellos, pero nunca se dispararon unos a otros, ya que siempre supieron negociar.
Y si China y EE. UU. quieren aprender, hay varias cosas de esa época que sería bueno rescatar.
En primer lugar, se necesita respetar aquello que es intransable para cada uno de ellos, es lo que recoge la idea de líneas rojas, es decir, aquello por lo cual estarían dispuestos a ir a la guerra, lo que evita la tentación de traspasar aquellas líneas que no deben ser violadas. Occidente sabe que China ha dicho que para ellos es Taiwan, pero los chinos no saben cuál sería el equivalente para EE. UU.
En segundo lugar, en la guerra fría hubo un concepto que fue muy útil en la guerra fría, que fue el respeto a lo que surgió en ese encuentro en Yalta, donde hubo algo por todos aceptado, es lo que recoge lo que se llamó las Esferas de Influencia, que han reaparecido (por ejemplo, en el corolario Trump a la Doctrina Monroe en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025), puede gustar o no, pero el objetivo es evitar fricciones que escalen a confrontaciones.
En tercer lugar, internalizar el hecho que cada uno va a encabezar a un sector del mundo, y que va a integrar países a su estrategia, lo que ayuda a clarificar la situación para naciones que desean tener buenas relaciones con ambas potencias, tal como ocurre con Chile, cuyo nuevo gobierno no sabe cómo planteárselo a la administración Trump de la cual se siente ideológicamente cercano, pero como país, China es su principal socio comercial, y el costo de alejarse significaría un fuerte golpe para su bienestar. Fue así como el concepto de Países No Alineados tuvo poco poder en la Guerra Fría, a pesar de lo cual fue un lugar legítimo, aceptado como digno por todos.
En cuarto lugar, la gran enseñanza del error cometido por la URSS al amenazar a EE. UU. desde Cuba, permitió dar el paso posterior, la détente, la relajación, distensión o reducción de tensiones que en definitiva logró reemplazar el enfrentamiento permanente por un proceso de negociaciones que obtuvo previsibilidad de las decisiones y tratados de limitación de armas, en definitiva, la convivencia pacífica para evitar toda posibilidad de un conflicto nuclear, expresado en que tanto Washington como Moscú colaboraron para evitar la proliferación nuclear.
Exactamente lo que la República Islámica de Irán no entendió nunca, dado su deseo de erradicar a Israel del mapa, peligro por ahora al parecer evitado, aunque fuera bombardeo mediante.
Fuente de la imagen,Michael Macor/The San Francisco Chronicle via Getty Images
Pie de foto,Hace 30 años, el FBI arrestó a un criminal que llevaba casi dos décadas buscando y del que no tenía casi pistas.
Información del artículo
Autor,Greg McKevitt
Título del autor,BBC Culture*
El 3 de abril de 1996, agentes federales estadounidenses rodearon una remota cabaña de madera en los bosques de Montana y sacaron de allí a Theodore “Ted” Kaczynski, una figura desaliñada que hasta entonces solo había existido en la mente del público como un hombre encapuchado con gafas oscuras, tal y como aparecía en el retrato robot de un cartel de “Se busca”.
Durante casi 18 años, el Unabomber fue uno de los criminales más buscados de Estados Unidos, un sujeto misterioso que envió bombas caseras por correo sin un motivo claro ni un patrón regular.
Lo que finalmente permitió atraparlo fueron sus propios escritos.
Dos importantes periódicos estadounidenses accedieron a publicar su manifiesto antitecnológico si prometía no volver a matar. Sus singulares palabras fueron identificadas por primera vez por la esposa de su hermano, a quien ni siquiera conocía.
Como señaló el periodista Krishnan Guru-Murthy, “el académico que abandonó sus estudios para vivir en una cabaña rústica dejó un rastro hasta su propia puerta”.
El inicio de la cacería
La búsqueda del Unabomber comenzó en mayo de 1978, cuando envió por correo una bomba casera rudimentaria a la Universidad Northwestern, en Illinois, seguida de un segundo ataque casi un año después.
En noviembre de 1979, una bomba detonable por altitud que envió por correo explotó a bordo de un vuelo de American Airlines.
Si bien no funcionó como esperaba, 12 personas tuvieron que recibir tratamiento por inhalación de humo.
Dado que sus objetivos parecían ser universidades y aerolíneas, el FBI le asignó el nombre en clave UNABOM.
Fuente de la imagen,Evan Agostini via Getty Images
Pie de foto,Un artículo publicado por Kaczynski en dos de los diarios más importantes de EE.UU. ofreció pistas que permitieron arrestarlo.
Durante los años siguientes, utilizó bombas cada vez más sofisticadas para atacar en 13 ocasiones más, asesinando a tres personas: Hugh Scrutton, propietario de una tienda de alquiler de computadoras; Thomas Mosser, ejecutivo de publicidad; y Gilbert Murray, lobista de la industria maderera.
Dado que sus objetivos eran básicamente aleatorios y que sus bombas estaban fabricadas con objetos cotidianos, como trozos de madera y cables de lámparas, los investigadores contaban con muy pocas pistas.
El jefe de investigación balística del FBI, Chris Ronay, lo apodó el “bombardero de los reciclados”.
“Rebuscaba en contenedores de basura y de materiales usados, encontrando cosas con que luego pudiera usar para fabricar algo, como un neandertal”, declaró el investigador a la BBC en 1996.
Para justificar su violencia, en abril de 1995, el Unabomber envió a los diarios The New York Times y TheWashington Post una diatriba académica de 35.000 palabras titulada “La sociedad industrial y su futuro”.
En el ensayo, argumentaba que la vida moderna erosionaba la libertad y la dignidad humanas, y afirmaba que solo desmantelando los sistemas tecnológicos se podría prevenir mayores daños psicológicos y sociales.
El Unabomber ofreció dejar de matar si el panfleto era publicado por los dos periódicos más prestigiosos del país.
“La ansiedad inicial era evidente. Si cedíamos a esta exigencia y aceptábamos publicar este documento, ¿podría dar lugar a otras exigencias para publicar otros documentos similares?”, declaró en 2016 el entonces editor del Washington Post, Donald Graham.
Fuente de la imagen,TIM SLOAN/AFP via Getty Images
Pie de foto,La cabaña sin luz ni agua corriente en la que fue detenido el Unabomber fue reconstruida años después para una exposición.
El agente especial del FBI, Terry Turchie, aseguró a la BBC que los investigadores inicialmente pensaron que publicar el manifiesto sería una mala idea “porque era demasiado descabellado”, pero luego reconsideraron su postura.
Argumentaron que, si se publicaba el manifiesto, alguien casi con seguridad reconocería la voz detrás de él “porque esas palabras son tan apasionadas”.
Tras tres meses de deliberación, siguiendo el consejo del FBI, los directivos de los periódicos decidieron publicar el ensayo del Unabomber.
Muchos estadounidenses se preguntaron por qué a un fugitivo, cuya imagen encapuchada aparecía en tantos carteles del FBI, se le había dado lo que consideraban un regalo para cualquier terrorista: una plataforma pública para difundir sus ideas.
Fuente de la imagen,JOAN LYNCH/AFP via Getty Images
Pie de foto,Kaczynski, quien fue condenado a cadena perpetua, negó tener los problemas mentales que le diagnosticó un psiquiatra en prisión.
200 sospechosos serios
El FBI ofrecía una recompensa de un millón de dólares por información que condujera a la identificación y condena del Unabomber. Su línea telefónica gratuita, 1-800-701-BOMB, creada en 1993, recibió más de 50.000 avisos. Con todas las nuevas pistas contenidas en el manifiesto, la imagen del misterioso terrorista comenzaba a perfilarse con mayor claridad.
“El ego del Unabomber pudo haber sido su perdición”, declaró Guru-Murthy en BBC Newsnight.
“Además de las ideas del tratado, se estaba descubriendo más sobre su formación académica a partir de sus cartas a científicos prominentes”, agregó.
El grupo de trabajo del FBI dedicado al Unabomber elaboró una lista de 200 sospechosos principales. Cinco de ellos fueron puestos bajo vigilancia constante, todos en el norte de California, donde los detectives creían que se escondía.
El gran avance en el caso provino de una fuente inesperada: una ciudadana estadounidense que estaba de vacaciones en Francia con su esposo, David Kaczynski.
Linda Patrik, profesora de filosofía, había estado leyendo una serie de artículos sobre el Unabomber en el International Herald Tribune, un periódico en inglés publicado en París.
“Casi a diario, leía estos artículos y me rascaba la cabeza pensando: ‘Vaya, esto suena como el hermano de Dave'”, declaró a la BBC en 2016.
En un informe se mencionaban las habilidades de carpintería del sospechoso. Otro describió su aversión a la tecnología. Otros enumeraron ciudades donde habían estallado bombas, lugares donde sabía que el hermano de David había vivido o trabajado.
En conjunto, el patrón se volvió imposible de ignorar, aseguró y tuvo que hacerle la incómoda pregunta a su esposo: “¿Es posible que tu hermano sea el Unabomber?”.
David no creía que esto pudiera ser cierto, dijo Patrik, pero cuando leyó el manifiesto se quedó atónito.
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Pie de foto,El FBI tenía una lista de 200 sospechosos de ser el Unabomber, pero la esposa del hermano del criminal fue quien les dio las pistas para dar con él.
“Dave se quedó sentado mirando la pantalla de la computadora. Lo vi leer la primera página y su expresión cambió radicalmente”, dijo.
“Fue una situación de pesadilla”, le dijo David a la BBC.
“Literalmente consideré la posibilidad de que mi hermano fuera un asesino en serie, la persona más buscada de EE.UU., quizás del mundo entero”, dijo.
El dilema de la familia era crudo. Si guardaban silencio, su inacción podría resultar en más matanzas. Pero si Ted resultaba ser el Unabomber, podría enfrentar la pena de muerte.
“¿Cómo sería pasar el resto de mi vida con la sangre de mi hermano en mis manos?”, se preguntó David.
En la búsqueda del Unabomber, que duró 17 años, Theodore Kaczynski fue el sospechoso número 2416.
La agente especial del FBI, Kathleen Puckett, declaró en 2025 al programa Witness History de la BBC: “Había un baúl que su madre guardaba en Chicago, en la casa familiar, y en él encontramos la versión original manuscrita del manifiesto”. Se trataba de un ensayo que Kaczynski había escrito en 1971 y que contenía muchas de las mismas ideas.
Los investigadores reunieron pruebas suficientes para obtener una orden de registro de la cabaña de madera de Kaczynski, ubicada en una zona rural, donde vivía sin agua corriente ni electricidad.
Según Puckett, “la cabaña estaba llena de pruebas. Era una mina de oro”.
Entre los hallazgos se encontraban componentes de bombas, 40.000 páginas de diarios manuscritos que detallaban experimentos con bombas y relatos de los crímenes del Unabomber; y una bomba lista para ser enviada por correo.
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Pie de foto,Kaczynski fue un prodigio de las matemáticas y quienes lo conocieron de joven creían que sería un científico de renombre, pero terminó atacando a la ciencia.
De prodigio de las matemáticas a desertor
El hermano de Kaczynski, David, se quedó atónito al ver el arresto en las noticias.
En 2006, declaró al Servicio Mundial de la BBC: “Lo sacaron de su cabaña entre dos alguaciles federales y tenía un aspecto terrible. Estaba completamente desaliñado. Su ropa no era más que harapos y llevaba meses sin bañarse”.
“¿Y encima oír que lo describían como un asesino en serie, un terrorista? La información que tenían no se correspondía con los recuerdos que yo tenía de Ted, ya sabes, el niño bueno que fue mi hermano mayor”, agregó.
Pronto se conoció la vida y los antecedentes de Kaczynski. Prodigio de las matemáticas con un coeficiente intelectual de 167, se saltó dos cursos para entrar en la Universidad de Harvard con tan solo 16 años.
Tras graduarse a los 20, continuó sus estudios en la Universidad de Michigan. Según su antiguo profesor Peter Duren, “tenía muchas buenas ideas, era un matemático muy original, y gracias a su tesis consiguió un trabajo en Berkeley y parecía que se encaminaba hacia una brillante carrera en matemáticas”.
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Pie de foto,Antes de quitarse la vida en 2023, Kaczynski pasó 27 años en distintas prisiones federales.
Pero algo cambió la visión del mundo de Kaczynski, afirmó Guru-Murthy.
“Se rebeló contra la disciplina en la que sobresalía y, en dos años, abandonó la vida académica. Tras pasar un tiempo en Utah, se mudó a Montana, donde comenzó una existencia rural y aislada en una pequeña comunidad de aproximadamente 1.000 habitantes”, narró.
“Era evidente que tenía una mente excepcional”, continuó Guru-Murthy. “Pero si los investigadores tienen razón, todo aquello solo sirvió para alimentar la ira de un hombre que despreciaba lo que representaba su trabajo”.
Kaczynski fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional en 1996 y pasó las siguientes tres décadas en prisiones de todo EE.UU., principalmente en la prisión federal de máxima seguridad de Florence, Colorado.
Aunque un psiquiatra que lo entrevistó en prisión le diagnosticó de esquizofrenia paranoide, él afirmaba haber sabido siempre lo que hacía.
“Estoy seguro de que estoy cuerdo”, declaró en una entrevista con la revista Time en 1999.
Con la salud deteriorada, Kaczynski se suicidó en 2023, a los 81 años.
*Este artículo apareció en BBC Culture. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
En Alemania se están cerrando iglesias cristianas una tras otra. A cambio, surgen más edificios religiosos de otras confesiones. La religión de personas procedentes de India o Siria aporta más colorido al paisaje urbano.
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Erlangen es un buen ejemplo. En materia de religión, están sucediendo muchas cosas en esta ciudad de 119.000 habitantes situada en el sur de Alemania. Ahí están en marcha los preparativos para la construcción de una nueva sinagoga; el estado federado de Baviera ha cedido un terreno en la zona de la universidad. Las dos grandes mezquitas de la ciudad planean su ampliación. Y en un barrio periférico, una asociación comprometida ha comprado un terreno para construir un templo de Shiva-Vishnu para los hindúes.
Muchos estudiantes indios en Erlangen
Silvia Klein, responsable del área de Integración y Diversidad del Ayuntamiento de Erlangen, destaca la diversidad de culturas, lenguas y religiones.
Klein explica que actualmente hay más de 2.000 estudiantes de India en la universidad. La asociación destaca que la comunidad india es el grupo de población no alemán más numeroso de Erlangen, donde se hace visible la diversidad religiosa en Alemania. Por supuesto, siguen existiendo las iglesias tradicionales: templos católicos y protestantes, así como una comunidad ortodoxa griega y otra ortodoxa rusa.
Hace poco más de tres años, la Iglesia copta se hizo cargo de una iglesia católica en el barrio de Bruck. El diácono copto Ragai Edward Matta explica a DW que “antes teníamos 18 familias con 50 o 60 miembros; hoy son unas 60 familias con unas 200 personas”. La tendencia va en aumento.
Las grandes iglesias cristianas de Alemania, por el contrario, están en declive. Hace tan solo unos años, más de la mitad de los alemanes se declaraban miembros de una de las grandes iglesias. En la actualidad, unos 36,6 millones de alemanes pertenecen a la Iglesia católica o a la evangélica. Esto supone aproximadamente el 44 % de los 83,5 millones de habitantes de Alemania. Cada vez es más frecuente que las iglesias católicas o evangélicas se cierren, se reconviertan o se reduzcan.
En Jülich, al oeste de Colonia, una iglesia católica desacralizada se ha convertido en una tienda de bicicletas.Imagen: Toms Bike Center
“Alemania se está volviendo más atea” o “Hay más personas sin confesión religiosa que feligreses”: este tipo de titulares aparece en los medios de comunicación. Pero, ¿es cierto? Más de 5,3 millones de personas en el país —según la Oficina Federal de Migración y Refugiados de 2020— son musulmanas.
Según una encuesta de la Iglesia Evangélica de 2024, en Alemania viven 3,8 millones de ortodoxos. A ellos se suman judíos, budistas, bahá’ís y un número creciente de hindúes. Estadísticamente, solo hay estimaciones para todos estos grupos.
Nuevos edificios religiosos en el paisaje urbano
Una cosa está clara: en lo que respecta a la religión, el paisaje urbano de Alemania se está volviendo más variopinto. Esto se refleja concretamente en las nuevas construcciones. En el verano de 2024, unas monjas budistas inauguraron un nuevo y representativo templo en Berlín-Mitte. Actualmente hay unos 20 monasterios budistas en todo el país.
En junio de 2026 se inaugurará en Berlín el templo hindú más grande del país. En 2004, un grupo de particulares comenzó con la planificación y, en 2010, con la construcción. “Somos una comunidad en crecimiento”, afirma Vilwanathan Krishnamurthy a la DW, quien impulsó el proyecto desde el principio. Según datos oficiales, entre 2014 y 2024, el número de habitantes de Berlín con nacionalidad india se ha multiplicado por más de diez, hasta superar los 41.000.
Lleva casi diez años en construcción y sigue siendo una obra: la futura mezquita de la DITIB en Krefeld (aquí una foto de marzo de 2023)Imagen: Christoph Strack/DW
La construcción de templos hindúes se está multiplicando también. Solo en Fráncfort del Meno hay más de media docena de pequeños espacios dedicados al culto. En Colonia, Hamburgo, Múnich y Berlín hay varios en cada una de estas ciudades. Representan diferentes corrientes religiosas u orígenes, como tamiles o afganos.
También se están construyendo nuevas mezquitas en Alemania. “El año pasado se terminaron y se inauguraron las mezquitas de Voerde, Kornwestheim y Köngen”, explica por escrito la oficina de prensa de la DITIB, la “Unión Turco-Islámica de la Institución para la Religión”. Además, se han colocado las primeras piedras para la construcción de mezquitas en Gießen y Willich.
Según sus propias cifras, la DITIB cuenta con 862 comunidades de mezquitas en Alemania. Estas dependen directamente de la poderosa Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet) de Ankara.
Visitantes interesados en la mezquita
La comunidad ahmadí, originaria de Pakistán y perseguida en ese país, también inaugura cada año varias mezquitas en Alemania, la última de ellas en febrero en Erfurt.
Entre las mezquitas que están en auge se encuentra también la independiente “Mezquita de la Paz” en Erlangen, que está impulsando una ampliación. Quien la visita, encuentra a fieles de diferentes culturas musulmanas y sermones en alemán.
También en el ámbito judío hay proyectos de construcción en marcha. Con las nuevas sinagogas de Magdeburgo (inaugurada en 2023) y Potsdam (inaugurada en 2024), ahora hay lugares de culto judíos en todas las capitales de los estados federados alemanes. Al mismo tiempo, está en marcha un proyecto de construcción que simboliza de manera especial la presencia judía en la sociedad. En el centro de Fráncfort, la “Academia Judía” abrirá sus puertas en noviembre de 2026.
La iglesia bautista del barrio berlinés de Wedding.Imagen: Christoph Strack/DW
Aumenta el número de comunidades ortodoxas
Al fin y al cabo, aunque las llamadas “grandes iglesias” —las 27 diócesis católicas romanas y las iglesias regionales de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD)— se reduzcan en cuanto a número de edificios, se siguen construyendo iglesias.
El número de comunidades ortodoxas en Alemania crece. No siempre se limita a la adquisición de otro templo o monasterio que ya no se utiliza. También aumenta el número de nuevas construcciones. En Butzbach, Hesse, se inauguró en junio de 2024 la “Comunidad de San Pedro y San Pablo”. Se trata de la primera iglesia de nueva construcción en toda Europa de la “Metrópolis Ortodoxa Antioquena de Alemania y Europa Central”, son cristianos que proceden en su mayoría de la actual Siria.
También construyen las comunidades cristianas tradicionales que no pertenecen a las grandes confesiones. La Iglesia Vieja Católica erigió hace unos diez años en Augsburgo la iglesia de la Apóstol Junia. En el ámbito evangélico, las comunidades de iglesias libres inauguran con entusiasmo nuevos edificios. Las comunidades nuevoapostólicas también se mantienen activas. En el centro de Bonn, la comunidad nuevoapostólica se instaló en 2025 en un “edificio sacro” sencillo, pero llamativo.
Fuente de la imagen,NurPhoto / AFP / Photothek / Getty Images / BBC
Información del artículo
Autor,Allan Little
Título del autor,Corresponsal especial, BBC
El general Carsten Breuer es un hombre con prisa. Como comandante de las Fuerzas Armadas de Alemania es el soldado más poderoso y, podría decirse, el más importante en Europa. Tiene como tarea la rápida expansión militar alemana, convirtiendo a su ejército en la fuerza de combate más potente del continente.
Lo hace porque cree que los continuos intentos de Rusia de engrosar sus fuerzas militares a través de más reclutamiento e inversión en armamento le dará el suficiente poderío para lanzar un ataque contra un territorio de la OTAN para 2029.
“Nunca he experimentado una situación más peligrosa, más urgente, como la de hoy”, me contó en una base militar cerca de la ciudad de Münster, cerca de la frontera neerlandesa.
Pie de foto,Breuer está encargado de la ambiciosa expansión de las Fuerzas Armadas de Alemania.
“De manera que lo que vemos, lo que enfrentamos, es una amenaza de Rusia. Podemos ver claramente que Rusia está reforzando su fuerza militar a una capacidad que es casi el doble del tamaño de lo que fue antes de la guerra en Ucrania… En 2029 le será posible a Rusia llevar a cabo una guerra contra la OTAN. Y, como soldado, debo decir ‘bueno, necesitamos estar preparados para esto'”.
Breuer se enroló en el ejército en la entonces Alemania Occidental en 1984, cuando tenía 19 años. Es de voz suave y atento. No tiene nada de la arrogancia soldadesca, ni señal de la conducta machista militar, no obstante, está claramente motivado a transformar el ejército alemán y posicionarlo en el corazón del nuevo mapa de poder del continente.
Pie de foto,Breuer ingresó en el ejército alemán durante el auge de la Guerra Fría.
Bajo su comando, las fuerzas militares están expandiéndose rápidamente en fuerza y números. Alemania proyecta invertir US$185.000 millones en su ejército para 2029, un incremento desde los US$109.000 millones invertidos en 2025. Los sondeos de opinión sugieren que el aumento cuenta con fuerte apoyo del público alemán.
No hace mucho, un programa de rearmamento de esta magnitud hubiera alarmado a los vecinos de Alemania, evocando los espectros del pasado oscuro de Europa.
En el siglo XX, Alemania usó sus poderosos ejércitos para conducir unas de las guerras más destructivas en la historia de la humanidad, causando estragos en gran parte del continente y matando a millones.
Tras contener sus fuerzas militares durante años con la intención de expiar los horrores que perpetró, ¿podrá Alemania cumplir su recién descubierta ambición de convertirse en el poder militar preeminente de Europa? Y, suponiendo que lo haga, ¿cómo actuará en el papel de hombre fuerte del continente?
Cruzando fronteras
Para tener una imagen gráfica de la manera cómo el lugar de Alemania en Europa se ha transformado, hay que ir a Lituania, donde Alemania ahora tiene por primera vez una presencia militar permanente desde la ocupación nazi.
Hay cerca de 1.200 soldados alemanes acantonados en Lituania. La cifra llegará casi a 5.000 para en fin del año entrante.
La BBC observó cómo la Panzerbrigade 45 (la 45ra Brigada Blindada) realizó un ejercicio con fuego real a unos kilómetros de la frontera con Bielorrusia, país aliado de Rusia. El entrenamiento consistía en un simulacro de la respuesta que darían ante una invasión proveniente del este.
El terreno aquí, cubierto de nieve y ligeramente boscoso, forma parte de la “gran llanura europea”. Desde los mares del Norte y Báltico en el occidente, hasta los muros del Kremlin en el oriente, la tierra es llana. Hay pocos obstáculos naturales, no hay cordilleras, ni valles con ríos impasables. Es altamente vulnerable a una invasión.
En septiembre de 1812, el ejército de Napoleón pasó de largo hasta la capital rusa. Las fuerzas de Hitler, con velocidad relampagueante, también llegaron hasta las puertas de Moscú en septiembre de 1941, sólo para ser repelidas por las fuerzas soviéticas hasta Berlín: ejércitos, yendo y viniendo, yendo y viniendo a través de este terreno expuesto y abierto.
Si la geografía marca el destino, la gran llanura ha moldeado la historia de la guerra aquí durante siglos.
“Pienso que estamos aquí para cumplir con lo que nuestros vecinos esperan de nosotros”, me dijo el teniente coronel Sebastian Hagen, comandante de la Panzerbrigade 45.
“Nuestro canciller [Friedrich Merz] anunció que estamos desarrollando el ejército convencional más poderoso de Europa. Y supongo que esto encaja con el papel de Alemania dadas nuestras fuerzas económicas y también nuestro rol en Europa. Y no estamos haciendo esto solos, obviamente, lo estamos haciendo dentro de la OTAN y de la Unión Europea”.
Pie de foto,La gran llanura europea ha sido cruzada por muchos ejércitos.
Este cuidadoso, espontáneo compromiso con el multilateralismo de los esfuerzos militares de Alemania surge una y otra vez en conversaciones con los militares alemanes. La idea es recordarte que esta vez, Alemania está aquí no como invasor y ocupador, sino como un aliado bienvenido y valorado; que esta Alemania, una Alemania democrática, no busca dominar sino cooperar.
En el punto más alto de la Guerra Fría, Alemania tenía más de medio millón de personal armado, pero siempre dentro de la OTAN y bajo supervisión de EE.UU. Sin embargo, tras el colapso de la Unión Soviética, Alemania, a la par de gran parte de Europa, redujo sus fuerzas armadas a menos de la mitad de su antiguo poder. En un momento dado, se reportó que el equipamiento era tan escaso que los reclutas entrenaban con palos de escoba en lugar de rifles.
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Pie de foto,Russia está invirtiendo intensamente en sus fuerzas armadas bajo Vladimir Putin.
En la década entre 2007-17, Alemania, el país más poblado de Europa y de lejos la economía más fuerte, típicamente invirtió apenas 1,2% de su PIB en defensa. Esa era la dimensión de cuán bajo habían caído la defensa y seguridad en las prioridades de la nación; igualmente una medida del exceso de confianza en el que se había sumido Europa. El nuevo objetivo de Alemania para su defensa es 5% de su PIB.
Otras naciones europeas también están revaluando sus prioridades militares en vista de la guerra de Rusia en Ucrania. El año pasado, Reino Unido se comprometió a alcanzar la meta del 5% del PIB para 2035, y Francia apunta al 3,5%. Pero esos gastos todavía se quedan cortos frente a Rusia, que se estima que ha gastado 7,1% en su fuerza militar en 2024.
Una revolución cultural
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Pie de foto,Friedrich Merz ha logrado aumentar el gasto militar de Alemania.
El rearme a la escala que Alemania está realizando ahora ha necesitado de una cambio importante en la manera en que el país piensa en su defensa, y del lugar de las fuerzas armadas en la sociedad.
En la Conferencia de Potsdam de 1945, después de la rendición de Alemania, los líderes aliados acordaron que una Alemania futura debería estar desmilitarizada. Alemania Occidental aceptó esto, para intentar expiar la violencia que había infligido en el continente, y estaba satisfecha con dejar a los estadounidenses asumir el liderazgo de su defensa.
Esa época terminó. En 2025, el Parlamento alemán aprobó cambiar la Constitución para levantar las estrictas restricciones al crédito y financiar un presupuesto de defensa expandido.
Suele ser difícil para los que vivimos por fuera del país entender el enorme significado de esto para Alemania. Pero la historia es el invitado invisible en cada mesa; el país continúa afligido por la memoria de la hiperinflación que devastó la economía en los años 1920 y ayudó a impulsar a los nazis al poder. Alemania es particularmente neurótica en cuanto a deudas y dinero no respaldado. Pero ha permitido, finalmente, que el gasto de defensa rompa las reglas estrictas.
Fue un momento profundamente significativo. “Yo diría que fue una revolución cultural”, expresa Sophia Besch, investigadora principal del Instituto Carnegie para la Paz, un centro de análisis con sede en Washington DC.
“La invasión rusa de Ucrania realmente ha cambiado la manera en que Alemania aborda la defensa”.
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Pie de foto,Estados Unidos, otrora firme aliado de Europa, ahora está menos comprometido con el continente.
Ese enorme paso fue casi seguramente precipitado por el discurso del vicepresidente de EE.UU., JD Vance, el año pasado, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich. Allí, apenas semanas después de la investidura de Donald Trump, Vance avisó a los aliados europeos que EE.UU. no sería más el garante de la seguridad europea.
Al mismo tiempo, una serie de mensajes filtrados revelaron la cultura de desdén que existía en la Casa Blanca de Trump por sus aliados europeos. “Comparto completamente su desprecio por los gorrones europeos”, escribió en un mensaje a sus colegas el secretario de Defensa, Pete Hegseth, añadiendo, “PATÉTICO”.
Eso, se comenta, fue lo que convenció al canciller de Alemania, Friedrich Merz, que las potencias europeas necesitan buscar una “independencia operacional” de EE.UU. dentro de la OTAN.
“Prácticamente todo el fundamento del acuerdo de la posguerra de Alemania estuvo basado en la Alianza Transatlántica”, resalta John Kampfer, un periodista y autor basado en Berlín.
“Estaba sustentado en la supuesta defensa y seguridad y apoyo político de Estados Unidos. Tal vez se podría llamar inocente… pero ese sentido de seguridad ha sido despedazado por completo por este segundo gobierno de Trump.
“Yo sostendría que es más desestabilizador para los alemanes de lo que es para los británicos o franceses, porque los británicos y los franceses pueden envolverse en la bandera, en el sentido de nación e historia. Pero para la Alemania de la posguerra, se trataba de empezar de nuevo. Y se trataba de un orden basado en reglas, no importa cuán incompleto pueda ser eso. Y ese, de muchas maneras, era el principio básico de la política exterior de Alemania. Y ahora ven la guerra en el oriente, y hacia el occidente esta el amigo y aliado, y el supervisor del cual dependían, pero que ahora sienten que ya no lo es”.
“Así que el sentimiento es oscuro, como lo es por toda Europa. Y hay una sensación de que hay que revaluar todo”.
“Podemos llamarlo la alarma de despertador”, comenta Breuer. “No éramos capaces ni estábamos dispuestos, otra vez, a apretar el botón de desactivar en este caso… fue un enorme paso para Alemania, un enorme paso para el pueblo alemán, definitivamente”.
Breuer indica que Alemania tiene actualmente 182.000 personas en el servicio armado. Quiere aumentarlo en 20.000 para finales de año y en 60.000 dentro de una década. Y ese ejército profesional estaría suplementado por una fuerza en reserva de 200.000.
Ha lanzado un programa de reclutamiento para incorporar al ejército a miles de jóvenes hombres en particular; y si el programa no atrae las cifras suficientes, con el tiempo, argüiría por un regreso a la conscripción. Dado el apoyo público que hay a estas medidas, es un argumento que ganaría con seguridad.
El ministro de Defensa de Alemania afirma que 16.100 alemanes solicitaron entrada a las fuerzas armadas en febrero, 20% más que el pasado febrero, y 5.300 nuevos reclutas fueron inscritos, representando un aumento de 14% en 2025.
Pie de foto,Ejercicios de entrenamiento prepararán a Alemania en el evento de un ataque.
Independencia operacional
Alemania está reduciendo su dependencia de EE.UU. aún más con el incremento de su propia producción de municiones. El levantamiento de las restricciones al crédito para el gasto de defensa ha impulsado a muchas empresas alemanas a cambiar su enfoque de la manufactura civil a la militar.
Alemania, como la mayoría de Europa, se ha apoyado demasiado en los fabricantes de armamento estadounidenses para aviones de combate, sistemas de misiles y vehículos blindados como tanques. Alemania busca menos dependencia de las municiones fabricadas en EE.UU. y ha aplicado una política silenciosa de “comprar alemán donde sea posible”.
Así que, ¿cuáles son las capacidades que actualmente sólo posee EE.UU. y que Europa necesita adquirir para lograr la “independencia operacional” de Merz?
“Nosotros, en Alemania, nos hemos impuesto una lista clara de prioridades”, señala Breuer.
“Lo que necesitamos es IVR [Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento], lo que necesitamos son drones. Lo que necesitamos es una capacidad de ataque preciso profundo. La capacidad espacial también tiene lugar aquí. Así que esas son nuestras necesidades más urgentes. Pero, como dije, debemos ponerlo en una lista prioritaria, y estamos trabajando en eso, y estamos bien avanzados”.
Le pregunté si estaba preparado a ser el primer general desde 1945 en comandar el ejército alemán en una guerra en Europa. No se trata de guerra, respondió.
“Lo que estoy haciendo es preparando a Alemania para que se pueda defender, desarrollando esas capacidades de defensa. Esto es un método de disuasión para nosotros. Disuadiremos la amenaza del lado ruso”, dice.
En otras palabras: prepararse para la guerra con el propósito de evitar la guerra.
Pero, ¿la independencia operacional? ¿Una institución de defensa europea que pueda actuar sola en una importante guerra sin EE.UU.?
El Departamento de Defensa de EE.UU. es el mayor empleador de ese país. Se espera que gaste US$961.600 millones este año, superando por mucho el nuevo gasto al que se comprometió Alemania, igual que a los aumentos proyectados de aliados como Gran Bretaña y Francia.
“Cuando se mira el dinero, no hay otra alternativa: Alemania forjará el futuro de la defensa y seguridad europeas”, expresa Sophia Besch.
“Pero dudo si tendremos un país en Europa que pueda llenar el vacío de EE.UU. Es muy tentador decir ‘podría Alemania o Francia llenar ese papel en el futuro’, pero así no es como los europeos cooperan. Siempre estamos buscando concesiones”.
“También hay claramente un asunto de confianza. El papel que EE.UU. jugó en la defensa europea ha crecido a través de las décadas y la confianza que se tiene se desarrolló a través de las décadas y será difícil ocupar ese lugar de la noche a la mañana”.
Pero esa confianza se está erosionando. La confianza alemana en Estados Unidos ha caído agudamente durante el segundo mandato de Trump. En 2024, antes de la reelección de Trump, 74% de los alemanes encuestados por el Centro Pew manifestaron tener confianza en la relación de ambos países. Pero en 2025, sólo 27% de los alemanes dijeron que las relaciones con EE.UU. eran buenas, comparadas con 73% que dijeron que eran malas.
Pie de foto,Alemania está invirtiendo tanto en personal como armamento.
¿Una nación indispensable?
Quizás la ilustración más impactante de la transformación del papel de Alemania en Europa es la actitud de sus vecinos. El militarismo alemán le echó una maldición al siglo XX. Ahora, las encuestas muestran que la presencia alemana en Lituania es popular.
En 2011, el ministro de Exteriores de Polonia, Radoslav Sikorski, viajó a Berlín y dio un discurso que, dado el recuerdo de la ocupación de Polonia por la Alemania nazi, sorprendió a muchos de los diplomáticos alemanes que fueron su audiencia.
Sikorski instó a Alemania a que tomara el liderazgo en Europa. El contexto fue la crisis en la eurozona y el papel que presionaba a Alemania a asumir era económico, no militar. Pero fue un hito. “Le temo menos al poder alemán que lo que empiezo a temer la inactividad alemana”, manifestó, describiendo a Alemania como la “nación indispensable” de Europa.
El rearme alemán es una “buena noticia para Polonia, para Europa y para la OTAN”, señaló el general polaco en retiro Andrzek Falkowski, ex jefe encargado de las fuerzas armadas polacas. También fungió 12 años en varios cargos altos en el cuartel general de la OTAN.
“Sabemos lo militaristas que fueron [los alemanes], y conocemos la posición geoestratégica de mi país. Siempre somos como un sándwich entre dos superpotencias”, explicó.
“Después de 1989, Alemania empezó a vivir sin invertir en defensa. Prefirieron invertir en asuntos económicos y sociales -educación y demás- porque tenían un amortiguador en el este y nosotros, los polacos, éramos el amortiguador”.
“Pero ahora Alemania se ha vuelto el cuarto más grande inversor en defensa del mundo. Así que, como la economía más fuerte de Europa, deberían gastar más, y para Polonia y para Europa, no son más que buenas noticias”.
Hablando con el general Breuer, me di cuenta repetidamente de su insistencia en el lenguaje de la cooperación. Es un legado del pasado de Alemania que debe esforzarse de no aparentar querer dominar.
Particularmente me llamó la atención su respuesta a mi última pregunta. Me dijo después de que nuestra entrevista terminó que había encontrado la pregunta “aleccionadora y desconcertante”. Fue esta: “Usted es quizás el soldado más poderoso y más importante en Europa”, le planteé. “¿Siente esa carga?”
“Creo que siento la responsabilidad todos los días”, contestó, “la responsabilidad por las fuerzas que estoy liderando aquí en Alemania. Yo soy uno de 182.000 soldados en Alemania, y siento la responsabilidad del liderazgo. Estoy muy contento de ser parte de este equipo de liderazgo, porque juntos haremos frente a esto y lidiaremos con este desafío. Definitivamente”.
Cuando se fundó la OTAN, se dijo que su propósito era mantener a los estadounidenses adentro, los rusos afuera y los alemanes abajo. Esa época ya pasó. Ocho décadas después, Alemania está lejos de estar abajo; está de vuelta, rearmada y en el corazón de nuevo mapa de poder europeo.
Algunas viejas verdades sobre la guerra han estado golpeando la puerta del Despacho Oval en el mes desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enviaron aviones de combate estadounidenses e israelíes a bombardear Irán.
La incapacidad de aprender del pasado significa que Donald Trump se enfrenta ahora a una disyuntiva determinante. Si no logra alcanzar un acuerdo con Irán, puede intentar declarar una victoria que no engañará a nadie, o bien escalar la guerra.
La más antigua de esas viejas verdades proviene del estratega militar prusiano Helmuth von Moltke el Viejo: “Ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo”. Escribía esto en 1871, el año en que Alemania se unificó como imperio, un momento que fue tan decisivo para la seguridad de Europa como esta guerra podría serlo para la seguridad de Medio Oriente.
Quizás Trump prefiera la versión moderna del boxeador Mike Tyson: “Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un golpe”.
Aún más relevantes para Trump resultan las palabras de uno de sus predecesores, Dwight Eisenhower, el general estadounidense que comandó los desembarcos del Día D en 1944 y que ejerció dos mandatos como presidente republicano de EE.UU. en la década de 1950.
La versión de Eisenhower decía: “Los planes no valen nada, pero la planificación lo es todo”. Con ello quería decir que la disciplina y el proceso de elaborar planes para librar una guerra hacen posible cambiar el rumbo cuando ocurre lo inesperado.
Para Trump, ese factor inesperado ha sido la resiliencia del régimen de Irán. Al parecer, él esperaba que se repitiera la operación relámpago mediante la cual el ejército estadounidense secuestró en enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.
Ambos se encuentran ahora detenidos en Nueva York a la espera de juicio. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, lo ha sustituido en la presidencia y acata órdenes de Washington.
Esperar que se repita la victoria obtenida sobre Maduro denota una abismal falta de comprensión de las diferencias existentes entre Venezuela e Irán.
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Pie de foto,Trump ha dado la impresión de improvisar sobre la marcha, dice Bowen.
El aforismo de Eisenhower sobre la importancia de planificar con anticipación surgió en un discurso de 1957. Había sido el responsable de planificar y comandar la mayor operación militar anfibia de la historia, el desembarco de Normandía, así que sabía de lo que hablaba.
Explicó que, ante una emergencia inesperada, “lo primero que hay que hacer es desechar todos los planes y empezar de cero. Pero si no se ha planificado, no se puede empezar a trabajar, al menos no de forma inteligente”.
“Por eso es tan importante planificar, para mantenerse al tanto de la naturaleza del problema que algún día se nos pueda pedir que resolvamos o que ayudemos a resolver”.
Lejos de capitular o colapsar tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, en el primer ataque aéreo de la guerra, a manos de Israel y Estados Unidos, el régimen de Teherán sigue funcionando y contraatacando. Está jugando bien sus cartas, a pesar de su debilidad.
Por el contrario, Trump ha dado la impresión de improvisar sobre la marcha. Se guía por su intuición, no por las páginas de inteligencia y asesoramiento estratégico que otros presidentes han estudiado a fondo.
El punto final de Trump
Trece días después del inicio de la guerra, Fox News Radio le preguntó a Trump cuándo terminaría el conflicto. Respondió que no creía que la guerra “vaya a ser larga”. En cuanto a su finalización, esta ocurriría “cuando lo sienta, lo sienta en los huesos”.
Trump se apoya en un círculo íntimo de asesores cuya función consiste en respaldar sus decisiones y hacerlas realidad. Decirle la verdad al poder no parece figurar, al parecer, en la descripción de sus puestos de trabajo.
Depender de los instintos del presidente —en lugar de un conjunto de planes bien elaborados, aun cuando estos deban ser adaptados o descartados— dificulta la conducción de una guerra. La falta de una dirección política clara resta filo al devastador poder de fuego y a la eficacia de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Hace cuatro semanas, Trump y Netanyahu depositaron su confianza en una feroz campaña de bombardeos que acabó no solo con la vida del líder supremo, sino también con la de sus asesores más cercanos, y que hasta la fecha ha causado la muerte de 1.464 civiles iraníes, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), un grupo con sede en Estados Unidos que monitorea las violaciones de los derechos humanos en Irán.
Ambos líderes esperaban una victoria rápida. Los dos desafiaron a los iraníes a dar continuidad a los bombardeos mediante un levantamiento popular para derrocar al régimen.
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Pie de foto,El ataque a Irán no solo acabó con la vida del líder supremo, sino también con la de sus asesores más cercanos.
La intransigencia de Irán
Sin embargo, el régimen de Teherán sigue en pie, sigue resistiendo, y Trump está descubriendo por qué sus predecesores nunca estuvieron dispuestos a unirse a Netanyahu en una guerra de elección para destruir la República Islámica.
Los opositores al régimen no se han alzado. Todos ellos son plenamente conscientes de que en enero pasado las fuerzas gubernamentales mataron a miles de manifestantes y esta vez se han difundido advertencias oficiales diciendo que cualquiera que contemple la posibilidad de intentar repetir las protestas será tratado como un enemigo del Estado.
El régimen iraní es un adversario obstinado, despiadado y bien organizado. Fundado tras la revolución de 1979 que derrocó al Sah, se forjó posteriormente en la más sanguinaria miseria de la guerra de ocho años contra Irak.
El régimen se sustenta en instituciones, no en individuos, y se ve reforzado por creencias religiosas inquebrantables y una ideología del martirio. Esto significa que el asesinato de líderes, si bien resulta indudablemente impactante y desestabilizador, no constituye, a su vez, una sentencia de muerte para el régimen.
Tras las muertes de enero, considerarán la muerte de muchos más iraníes —ya sea a manos de las propias fuerzas del régimen o por efecto de las bombas estadounidenses e israelíes— como un precio aceptable para su supervivencia.
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El régimen iraní no podría aspirar a igualar la potencia de fuego de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, al igual que Moltke, Tyson y Eisenhower, ha estado elaborando planes: amplió el conflicto atacando tanto a sus vecinos árabes del Golfo —así como a las bases estadounidenses situadas en sus territorios— como a Israel, extendiendo el sufrimiento tan ampliamente como fuera posible.
El cierre efectivo del estrecho de Ormuz —la angosta entrada al Golfo— por parte de Irán ha interrumpido aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y ha sumido a los mercados financieros globales en el caos.
Irán dedicó años y miles de millones de dólares a construir la red de aliados y grupos afines que denominó “el eje de la resistencia”, que incluía a Hezbolá en el Líbano y a Hamás en Gaza y Cisjordania, con el objetivo de amenazar y disuadir a Israel. Los israelíes han golpeado esta red con gran dureza y eficacia desde que estalló la guerra en Gaza, tras los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.
Sin embargo, Irán está demostrando ahora que un accidente geográfico —el estrecho de Ormuz— puede constituir un elemento disuasorio y una amenaza incluso más eficaces que su ruinoso y costoso sistema de alianzas militares. Irán puede ejercer su control sobre el estrecho mediante drones baratos, capaces de ser lanzados desde cientos de kilómetros de distancia, desde el montañoso interior del país.
Los aliados mueren. La geografía permanece inalterable. A menos que se capturen y ocupen los acantilados que flanquean el estrecho —así como una extensa franja de territorio iraní más allá de ellos—, tanto Estados Unidos e Israel —como el resto del mundo— están descubriendo que el régimen iraní exigirá tener una voz decisiva en la reapertura del estrecho de Ormuz.
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Pie de foto,La geografía es un elemento central a la hora de analizar el conflicto.
Tal como señaló el excomandante adjunto de la OTAN, el general Richard Shirreff, en el programa Today de BBC Radio 4, cualquier ejercicio de simulación bélica destinado a analizar las consecuencias de un ataque contra Irán habría revelado que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica procedería a cerrar el estrecho de Ormuz.
Esto nos remite, una vez más, a la importancia de planificar cómo iniciar una guerra, cómo ponerle fin y cómo gestionar el escenario posterior a su conclusión. Donald Trump y su círculo íntimo, embriagados ante la perspectiva de una victoria rápida y sencilla, parecen haber pasado por alto estos pasos fundamentales.
El “eje de la resistencia” incluye también a los hutíes en Yemen. El viernes, estos lanzaron una andanada de misiles contra Israel; se trataba de la primera vez que lo hacían desde que la actual contienda bélica se desencadenara con los ataques aéreos contra Irán el pasado 28 de febrero.
Si los hutíes reanudaran sus ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo, Arabia Saudita perdería su ruta marítima occidental para la exportación de petróleo hacia Asia.
El mar Rojo cuenta con su propio punto de estrangulamiento: el estrecho de Bab el-Mandeb, cuya importancia para el comercio mundial es equiparable a la del estrecho de Ormuz. Si los hutíes decidieran intensificar el conflicto atacando a los buques en Bab el-Mandeb —y más al sur—, tal como hicieron durante la guerra de Gaza, interrumpirían la ruta que conecta Asia con Europa a través del canal de Suez.
Ello desencadenaría una emergencia económica mundial de consecuencias aún más graves.
La claridad de Netanyahu
Netanyahu, a diferencia de Trump, ha estado pensando en detalle sobre esta guerra desde que inició la carrera política que lo ha convertido en el primer ministro de Israel con el mandato más largo.
En el primer día completo de la guerra contra Irán, Netanyahu grabó una declaración en video desde la azotea del edificio de gran altura en Tel Aviv conocido como la Kirya, sede del cuartel general militar de Israel. Lo hizo con la claridad sobre los objetivos bélicos de Israel que le ha resultado esquiva a Trump.
Esto no debería sorprender. Entrar en guerra con Irán constituye una perspectiva más directa para Israel que para Estados Unidos. Las preocupaciones de una potencia regional difieren de los desafíos globales, mucho más amplios, que enfrenta Estados Unidos.
Netanyahu está convencido de que puede garantizar la seguridad futura de Israel infligiendo el mayor daño posible a la República Islámica. La guerra, afirmó en el video, tenía como fin “asegurar nuestra existencia y nuestro futuro”. Netanyahu siempre ha considerado a Irán como el enemigo más peligroso de Israel.
Sus críticos sostienen que dicha obsesión fue una de las razones por las que Israel no logró detectar ni detener los ataques de Hamás lanzados desde Gaza el 7 de octubre de 2023.
El primer ministro israelí agradeció a las fuerzas armadas estadounidenses y a Trump por su “asistencia”, y pasó a abordar el punto que, para él, constituye el meollo de la cuestión.
“Esta coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado hacer durante 40 años: golpear al régimen del terror sin piedad. Esto es lo que prometí, y esto es lo que haremos”.
Netanyahu y la cúpula militar israelí habían analizado, en diversos momentos a lo largo de sus muchos años en el cargo, distintas formas de entrar en guerra con Irán, destruyendo sus instalaciones nucleares y sus misiles balísticos, así como cualquier otro elemento que representara una amenaza para ellos.
La conclusión a la que siempre se llegó en Israel fue que, si bien podrían infligir un daño considerable a Irán, ello no supondría más que un revés para el régimen. Se convirtió en una convicción generalizada la idea de que la única manera de aniquilar la capacidad militar de Irán —dejándola inoperativa durante una generación o más— era hacerlo en alianza con Estados Unidos.
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Pie de foto,Netanyahu siempre ha considerado a Irán como el enemigo más peligroso de Israel.
Pero eso requería un presidente en la Casa Blanca que estuviera dispuesto a ir a la guerra junto a Israel, algo que nunca había sucedido, a pesar de la estrecha relación entre ambos países y de la dependencia de Israel respecto al apoyo militar y diplomático de Estados Unidos.
Netanyahu nunca logró convencer a un presidente estadounidense de que ir a la guerra con Irán redundara en los intereses de Estados Unidos, hasta el segundo mandato de Donald Trump.
A pesar de la amarga y tóxica relación entre Estados Unidos e Irán —vigente desde que el Sha, un firme aliado estadounidense, fuera derrocado en 1979—, los sucesivos presidentes estadounidenses consideraron que la mejor manera de tratar con la República Islámica de Irán era contenerla.
Durante la ocupación estadounidense de Irak, Estados Unidos no entró en guerra con Irán, ni siquiera cuando Teherán estaba equipando y entrenando a milicias iraquíes que daban muerte a las tropas estadounidenses. La única justificación posible, según sus cálculos, sería una amenaza inminente, en particular, la existencia de información que indicara que Irán estaba cerca de desarrollar un arma nuclear.
Trump incluyó la amenaza nuclear en su cambiante lista de motivos para ir a la guerra. Sin embargo, no existe prueba creíble alguna de que Irán estuviera a punto de adquirir un arma nuclear o de obtener los medios para lanzarla.
De hecho, la Casa Blanca mantiene todavía en su sitio web una declaración del 25 de junio de 2025 bajo el titular: “Las instalaciones nucleares de Irán han sido aniquiladas; cualquier sugerencia en sentido contrario constituye ‘noticias falsas'”.
Ahora, Trump está descubriendo por qué sus predecesores concluyeron que los riesgos de optar por la guerra serían simplemente demasiado elevados.
Guerra asimétrica
La guerra parece estar convirtiéndose en un ejemplo clásico de cómo una potencia más pequeña y débil puede combatir a un enemigo más grande y fuerte: el tipo de conflicto que los estrategas denominan guerra asimétrica.
Es aún demasiado pronto -apenas ha transcurrido un mes- para compararla con otras guerras que, sobre el papel, Estados Unidos parecía estar ganando en términos de enemigos abatidos y misiones de bombardeo completadas, como las de Vietnam, Irak y Afganistán.
Sin embargo, es importante recordar que, tras años de derramamiento de sangre, todas ellas concluyeron de un modo que en los hechos supuso una derrota para Estados Unidos.
Las próximas decisiones que tomen Trump y Netanyahu podría determinar si la guerra en Irán se convierte en otro grave tropiezo para EE.UU. Trump ha pospuesto ya en dos ocasiones su amenaza de destruir la red eléctrica de Irán; una acción que, tal como él mismo la ha descrito, podría constituir un crimen de guerra.
Trump sostiene que el motivo es que Irán está desesperado por alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto, dado que el régimen ha sufrido un duro golpe a causa de los daños y las muertes que Estados Unidos ya ha infligido, y ante el temor de que pueda causar aún más estragos.
Actualmente se están llevando a cabo contactos entre ambas partes, con la mediación de Pakistán y otros actores. Los iraníes niegan que se trate de una negociación.
Aún no se ha publicado un texto oficial del plan de paz de 15 puntos propuesto por Trump. No obstante, las versiones filtradas revelan un documento que constituye una recopilación de todas las exigencias que Estados Unidos e Israel han planteado a Irán a lo largo de muchos años. Su contenido se asemeja más a unas condiciones de rendición que a una base para la negociación.
Irán ha respondido con sus propias exigencias, igualmente inaceptables para la otra parte, entre las que se incluyen el reconocimiento de su control sobre el estrecho de Ormuz, el pago de reparaciones por los daños de guerra y la retirada de las bases militares estadounidenses de Oriente Medio.
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Pie de foto,Reza Pahlavi, con 10 años, a la izquierda de su padre el sha Mohamed Reza Pahlavi.
A menos que ambas partes logren dar un salto gigantesco hacia un terreno intermedio inexplorado de compromiso, resulta difícil vislumbrar la consecución de un acuerdo. No es imposible. El régimen iraní cuenta con un historial de negociación.
Fuentes diplomáticas árabes me aseguraron que Irán estaba ofreciendo una vía hacia un acuerdo sobre su programa nuclear justo cuando Estados Unidos abandonó abruptamente la diplomacia al iniciar la guerra el 28 de febrero.
Una fuente me dijo: “Los iraníes lo estaban ofreciendo todo”. Esto suena a una simplificación excesiva y los estadounidenses niegan que se estuvieran logrando avances. Sin embargo, los indicios sugieren que aún existía margen para la diplomacia cuando Estados Unidos e Israel ordenaron sus bombarderos.
La guerra se encuentra en un punto crítico. Si no se alcanza un acuerdo entre estadounidenses e iraníes, a Trump le quedarán muy pocas opciones. Podría declarar la victoria, alegando que Estados Unidos ha destruido el ejército iraní y que, por tanto, la misión ha sido cumplida. Así sostener que la apertura del estrecho de Ormuz no es responsabilidad suya.
Tal medida podría provocar el colapso de los mercados financieros mundiales y consternar a sus aliados —ya de por sí descontentos— en Europa, Asia y el Golfo. Un régimen iraní herido y furioso dispondría de un amplio margen de maniobra para ejercer una mayor presión sobre la economía global.
Lo más probable es que Trump decida intensificar la guerra. Los estadounidenses cuentan con más de 4.000 infantes de marina a bordo de buques que se dirigen hacia el Golfo, tienen a paracaidistas de la 82da División Aerotransportada en estado de alerta y están evaluando el envío de refuerzos adicionales.
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Nadie habla de una invasión a gran escala de Irán. No obstante, es posible que los estadounidenses intenten tomar el control de algunas islas del Golfo, incluida la isla de Kharg, la principal terminal petrolera de Irán. Ello implicaría llevar a cabo una serie de desembarcos anfibios sumamente complejos y peligrosos.
Esta estrategia podría incluso convenir a Irán, cuyo objetivo es arrastrar a los estadounidenses hacia una guerra de desgaste prolongada. Teherán calcula que la capacidad de resistencia del régimen ante el sufrimiento es superior a la de Trump.
En Irán, Trump está topándose con los límites de su poder. El régimen iraní tiene una definición de victoria y derrota distinta a la suya. Para ellos, la mera supervivencia constituye una victoria.
Pero ahora aspiran a más, convencidos de que el control del estrecho de Ormuz les otorga una nueva baza para plantear exigencias y tal vez incluso para obtener ventajas estratégicas. Los iraníes han reclamado, entre otras cosas, la promesa de no ser atacados en el futuro, así como el reconocimiento de su control sobre el estrecho de Ormuz, a cambio de permitir el tránsito de todo tipo de embarcaciones por sus aguas.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo el miércoles que “el presidente Trump no hace bluff (amenazas vacías) y está dispuesto a desatar el infierno. Irán no debería volver a cometer un error de cálculo”.
“Si Irán se niega a aceptar la realidad del momento actual, si no logra comprender que ha sido derrotado militarmente —y que seguirá siéndolo—, el presidente Trump se asegurará de que reciban un golpe más contundente que cualquiera que hayan sufrido jamás”, agregó.
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Pie de foto,Para Trump, ser derrotado en la guerra no es una opción.
Ser derrotado en la guerra no es una opción. Si Irán hubiera sufrido un golpe tan severo como asegura Trump y su equipo, el régimen de Teherán ya habría colapsado a estas alturas. El presidente de EE.UU. no necesitaría entonces recurrir a las amenazas para obligarlos a aceptar su destino.
Estados Unidos e Israel tienen la capacidad de infligir mucho más daño y causar muchas más bajas en Irán. En el Líbano, Israel prosigue con su ofensiva contra Hezbolá, el principal aliado de Irán.
A falta de un alto el fuego, calculan que pueden elevar el nivel de fuerza hasta que los iraníes no tengan más remedio que ceder.
Eso dista mucho de ser seguro.
Cuanto más se prolongue la guerra, mayores serán las consecuencias para la región y para el resto del mundo. Un destacado analista sobre Irán, Ali Vaez del International Crisis Group, me comentó que podrían ser “catastróficas”.
En 1956, el Reino Unido y Francia entraron en guerra junto a Israel después de que el presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, nacionalizara el Canal de Suez. Una vía marítima de alcance mundial que constituía un punto de estrangulamiento para la economía global tan significativo como lo es hoy el estrecho de Ormuz.
Lograron todos sus objetivos militares, pero se vieron obligados a retirarse por orden del presidente de Estados Unidos, Eisenhower.
Para los británicos, aquello supuso el principio del fin de su dominio imperial en Medio Oriente.
Estados Unidos se enfrenta al auge de China. Cuando se escriba la historia de su pugna por convertirse en la potencia más poderosa del mundo, la mal planificada guerra de Trump contra Irán podría ser vista como un punto de inflexión, una etapa en el camino hacia el declive, tal como lo fue el Canal de Suez para Reino Unido.
Varias personas asisten a una concentración en apoyo del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, en medio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Teherán (REUTERS)
A medida que los líderes son asesinados y reemplazados, los negociadores iraníes pueden desconocer qué está dispuesto a ceder su gobierno en las negociaciones
PorJulian E. Barnes,Ronen BergmanyAdam Goldman
31 Mar, 2026
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha fracturado al gobierno iraní, lo que complica su capacidad para tomar decisiones y coordinar ataques de represalia de mayor envergadura, según funcionarios familiarizados con las evaluaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses y occidentales.Varias decenas de líderes iraníes y sus lugartenientes han muerto desde que comenzó la guerra hace cuatro semanas. Los que sobrevivieron han tenido dificultades para comunicarse y no pueden reunirse en persona por temor a que sus llamadas sean interceptadas por Estados Unidos o Israel y a ser blanco de un ataque aéreo.
Si bien los organismos de seguridad y militares de Irán siguen funcionando, la capacidad del gobierno para planificar nuevas estrategias o políticas se ha visto debilitada. La administración Trump ha declarado que un nuevo gobierno está al mando en Irán y lo ha presionado para que llegue a un acuerdo rápidamente. Sin embargo, cuanto más se debilite la capacidad de decisión del gobierno iraní, más difícil le resultará negociar con los enviados estadounidenses o hacer concesiones significativas.
Con diferentes líderes en el poder, es posible que los negociadores iraníes tengan poco conocimiento sobre lo que su gobierno está dispuesto a ceder, o incluso a quién exactamente deben preguntar. Es más, según funcionarios estadounidenses, los sectores más intransigentes dentro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica se han vuelto más influyentes en Irán, ejerciendo más poder que el liderazgo religioso que nominalmente está al mando.
Pero no está nada claro si surgirá alguien dispuesto a negociar un acuerdo, ni si esa persona podrá persuadir a otros funcionarios para que lo acepten. Exfuncionarios estadounidenses afirman que Irán llegará a un acuerdo cuando sufra suficientes consecuencias económicas a causa de la guerra. Si bien el daño ha sido grave, Irán aún podría no sentir que está perdiendo, según funcionarios actuales y anteriores.El lunes, el presidente Trump amenazó con ampliar la guerra si no se llegaba rápidamente a un acuerdo, sugiriendo que las fuerzas estadounidenses podrían intentar tomar la isla de Kharg, el principal centro de exportación de petróleo de Irán.
Imagen de satélite de archivo que muestra una terminal petrolera en la isla de Kharrg, Irán (REUTERS)
Según fuentes oficiales, las comunicaciones comprometidas de Irán han generado confusión y paranoia entre los líderes gubernamentales que aún viven, quienes temen que sus llamadas y mensajes estén siendo interceptados por la inteligencia israelí. En consecuencia, se han mostrado reacios a realizar llamadas, de acuerdo con funcionarios informados sobre las evaluaciones de la inteligencia occidental. Israel inició la guerra con un ataque contra el complejo de la cúpula dirigente que acabó con la vida del líder supremo de Irán, Ali Khamenei, y de gran parte de la cúpula de seguridad nacional. Según fuentes estadounidenses, varios funcionarios de menor rango, considerados por Estados Unidos como más pragmáticos, también murieron en el ataque. El propio Trump hizo referencia en entrevistas a la muerte de posibles candidatos a liderar Irán.
Según funcionarios occidentales y otras personas informadas sobre las evaluaciones gubernamentales, el ataque interrumpió muchos vínculos entre los responsables de seguridad, el ejército y los políticos civiles. No está claro cuánto control ejerce el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, sobre el gobierno. No se le ha visto en público, y las agencias de inteligencia estadounidenses e israelíes creen que resultó herido durante la guerra.
Algunos funcionarios de inteligencia creen que el Sr. Khamenei podría ser más bien una figura decorativa, y que son los líderes supervivientes de la Guardia Revolucionaria quienes toman las decisiones. Un alto mando militar estadounidense afirmó que el sistema de mando y control iraní se ha visto gravemente debilitado por los ataques estadounidenses e israelíes. Sin embargo, tanto el mando como un alto funcionario de inteligencia señalaron que, antes de la guerra, Irán había desarrollado un sistema de control descentralizado que permitía a los comandantes locales de las distintas regiones del país tomar sus propias decisiones sobre los ataques, incluso sin recibir órdenes directas diarias de Teherán.
El nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei (REUTERS)
Estados Unidos tiene en la mira a esos comandantes locales, declaró un alto mando militar. Sin embargo, Irán ha demostrado que aún puede lanzar ataques ofensivos de gran envergadura, como el ataque con misiles y drones contra la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita la semana pasada. Pero los ataques de represalia no han sido tan grandes ni tan efectivos como podrían haber sido debido a los problemas del gobierno iraní. Según ex funcionarios estadounidenses, dada la devastación de su liderazgo, Irán no ha podido lanzar andanadas de misiles más grandes que pudieran superar fácilmente las defensas. En cambio, los comandos regionales han tenido que organizar contraataques sin coordinación entre sí.
El señor Trump ha expresado su frustración ante lo que ha descrito como mensajes contradictorios por parte de los líderes iraníes. “Los negociadores iraníes son muy diferentes y extraños”, escribió el Sr. Trump en las redes sociales el jueves. “Nos están suplicando que lleguemos a un acuerdo, algo que deberían estar haciendo, ya que han sido aniquilados militarmente, sin ninguna posibilidad de recuperarse, y sin embargo, públicamente afirman que solo están ´analizando nuestra propuesta´“.
Durante el fin de semana, el Sr. Trump afirmó que la campaña de ataques aéreos había dado como resultado un nuevo liderazgo en Irán y volvió a asegurar que se habían logrado avances en las conversaciones.“Es un grupo de personas totalmente diferente”, dijo el señor Trump el domingo. “Así que yo lo consideraría un cambio de régimen y, francamente, han sido muy razonables”.
En una publicación en redes sociales el lunes, el Sr. Trump ofreció evaluaciones optimistas del gobierno actual, pero también amenazó con extender la guerra atacando la infraestructura energética y civil. Dijo que si no se llegaba a un acuerdo pronto y si el estrecho de Ormuz permanecía cerrado, atacaría las centrales eléctricas, los pozos petrolíferos y las plantas desalinizadoras de Irán. Según fuentes con conocimiento de los informes de inteligencia, la frustración del Sr. Trump reflejaba la incapacidad del actual gobierno iraní para coordinar una respuesta y tomar una decisión sobre las propuestas de paz estadounidenses.
“Los negociadores iraníes son muy diferentes y extraños”, escribió el Sr. Trump en las redes sociales el jueves (REUTERS)
Funcionarios israelíes han afirmado que los problemas de comunicación en Irán no difieren mucho de los que surgieron durante las negociaciones por la liberación de rehenes en la guerra de Gaza. En Gaza, las ofertas de Estados Unidos e Israel llegaron a los líderes de Hamas en Qatar y luego se transmitieron por escrito a los líderes en Gaza, un proceso lento que generó confusión.
Las señales contradictorias del presidente Donald Trump sobre el futuro de la guerra en Irán han provocado una creciente frustración entre los legisladores republicanos y sus aliados, quienes temen que la administración aún carezca de un objetivo final claro después de cuatro semanas de combates.
El presidente ha insistido en que Irán está deseoso de negociar una tregua, al tiempo que ha ordenado el envío de miles de tropas más a la región en los próximos días y semanas.
Y a medida que Trump se acerca al plazo que él mismo se ha impuesto para una guerra que insiste en que va adelantada y que, en la práctica, ya está ganada, se ha negado repetidamente a especificar qué constituiría una victoria, dejando a casi todos, salvo a sus asesores más cercanos, en la incertidumbre.
“Hoy leí una noticia que decía que estoy desesperado por llegar a un acuerdo. No es cierto”, declaró Trump el jueves, pocos días después de celebrar los avances hacia la negociación de una resolución “completa y total” de la guerra. “Estoy todo lo contrario a desesperado. Me da igual”.
Las vacilaciones minuto a minuto y las señales contradictorias que emanan de la Casa Blanca han inquietado a legisladores, aliados políticos e incluso a algunos asesores y colaboradores de Trump, quienes reconocen que tienen poca idea de lo que sucederá a continuación y albergan crecientes dudas sobre la gestión que hace la administración de un conflicto cargado de peligros políticos y económicos.
Complicaciones para poner fin a la guerra rápidamente
En los últimos días, Trump ha intentado forzar un acuerdo rápido con Irán, amenazando con ataques a infraestructuras críticas y una posible invasión terrestre para convencer al régimen de que ceda.
Sin embargo, si estas amenazas fracasan, sus aliados temen que esto pueda sentar las bases para un desenlace aún más impredecible y potencialmente desestabilizador.
A pesar del deseo de Trump de concluir la guerra en cuestión de días, los funcionarios han tenido dificultades en recientes reuniones informativas clasificadas para detallar cómo planean lograr objetivos clave si Irán no coopera, como la reapertura del estrecho de Ormuz o el fin definitivo de las ambiciones nucleares de Irán, según los legisladores presentes.
En los mercados financieros mundiales, las señales de alerta también se están intensificando.
Tras un breve retroceso a principios de esta semana, impulsado por el optimismo de que una solución diplomática estaba al alcance, los precios del petróleo han seguido disparándose hasta alcanzar nuevos máximos, ignorando las garantías de Trump de que el sufrimiento causado por su “pequeña escala” en Irán está a punto de terminar.
“A todos les preocupa que se convierta en un atolladero en Medio Oriente”, manifestó un aliado cercano de Trump, que pidió anonimato para describir el ambiente cada vez más sombrío entre muchos en el círculo del presidente. “Esa ha sido la historia de Medio Oriente desde que tengo memoria, así que no entiendo por qué no vieron el potencial de lo que esto podría llegar a ser”.
En un comunicado, la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, afirmó que el “primer instinto de Trump es siempre la diplomacia”, razón por la cual inicialmente intentó negociar con el régimen iraní antes de lanzar su campaña militar.
“Ahora que Estados Unidos está aniquilando la capacidad de misiles balísticos y la armada del régimen, están suplicando llegar a un acuerdo”, afirmó. “El presidente está dispuesto a escuchar, pero si no aceptan la realidad del momento actual, sufrirán un golpe más duro que nunca”.
Un edificio residencial dañado por un ataque en Teherán, Irán, el viernes.
Majid Asgaripour/WANA/Reuters
El camino a seguir es incierto
Aun así, incluso entre los principales asesores de Trump, sus preparativos para la siguiente fase de la guerra reflejan la incertidumbre sobre qué camino elegirá el presidente.
Los funcionarios se han esforzado por brindarle a Trump la máxima libertad de acción, ofreciéndole una amplia gama de opciones para llevar a cabo su campaña.
Han tenido cuidado de no asumir compromisos firmes que él pudiera contradecir posteriormente, incluso si eso significaba confundir a los aliados o aumentar la incertidumbre en el mercado.
Durante la última semana, funcionarios de la administración Trump han restado importancia a la posibilidad de desplegar tropas terrestres e insistido en que Trump está dispuesto a utilizar todas las opciones a su alcance para aplastar al régimen.
Y han descrito sus objetivos bélicos como prácticamente consumados, aunque se han negado a especificar cuánto tiempo más llevará lograrlos por completo.
“Se acabará cuando el presidente decida que se acaba”, declaró el secretario del Interior, Doug Burgum, en una conferencia de la industria energética a principios de esta semana, al tiempo que afirmaba que el aumento repentino de los precios del petróleo y el gas provocado por la guerra equivalía solo a un “incremento temporal”.
En los últimos días, Trump ha manifestado en privado su deseo de poner fin a la guerra pronto y centrarse en otras prioridades, según fuentes cercanas al asunto, especialmente ante la creciente preocupación por las consecuencias económicas y la proximidad de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Esta semana, la Casa Blanca reprogramó un viaje a China para mediados de mayo, lo que algunos interpretaron como una fecha límite flexible para el fin de la guerra.
Mientras tanto, Trump ha presionado para que se inicien conversaciones diplomáticas, designando al vicepresidente J.D. Vance, junto con los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, para liderar las negociaciones.
Sin embargo, esas conversaciones podrían avanzar lentamente, y ambas partes parecen estar muy distanciadas, al menos públicamente.
Aún no está claro quién hablará en nombre de los iraníes en esas negociaciones, declaró el viernes el secretario de Estado Marco Rubio, mientras Estados Unidos esperaba una respuesta a su propuesta inicial de paz de 15 puntos.
Trump y su equipo han ofrecido poca claridad sobre cómo planean orquestar una salida limpia de Medio Oriente especialmente en las próximas semanas, una perspectiva que ha puesto al descubierto nuevas fisuras dentro del Partido Republicano.
El presidente Donald Trump camina por el jardín sur tras llegar a la Casa Blanca a bordo del helicóptero Marine One, el 23 de marzo.
Julia Demaree Nikhinson/AP
Aumento de la presión política
Algunos legisladores republicanos de alto rango, desesperados por obtener información, criticaron públicamente al Pentágono por dos sesiones informativas que calificaron de decepcionantes.
Según los legisladores, durante esas sesiones clasificadas, los funcionarios del Departamento de Defensa se mostraron evasivos al ser interrogados por miembros de ambos partidos sobre por qué Trump estaba concentrando tropas y cómo planeaba poner fin a la guerra.
“Es justo decir que no se pudieron responder todas las preguntas que hicieron los miembros”, declaró el senador republicano Mike Rounds de Dakota del Sur.
Otros, incluidos algunos de los mayores defensores en materia de defensa dentro del Partido Republicano, se han mostrado alarmados por los esfuerzos del Gobierno para mitigar las repercusiones de la guerra, como el levantamiento de las sanciones al petróleo ruso y la consideración de desviar recursos militares estadounidenses destinados a Ucrania.
“No creo que sea una buena idea”, opinó el representante de Texas, Michael McCaul, sobre la posibilidad de reducir la presión sobre Rusia. “Están proporcionando información de inteligencia activa sobre nuestras fuerzas armadas y fabricando drones Shahed junto con los iraníes”.
Advertencias sobre las tropas terrestres
Aunque la mayoría de los legisladores republicanos se han mantenido alineados con Trump en la guerra hasta ahora, al menos públicamente, muchos le han instado a que termine la lucha lo más rápido posible y haga todo lo que esté a su alcance para evitar el despliegue de tropas sobre el terreno.
Varios legisladores ya han advertido que el despliegue de tropas crearía una división en el partido, impulsando la primera votación formal para autorizar el uso de la fuerza militar desde 2002 y poniendo en peligro cualquier esfuerzo por aprobar cientos de miles de millones de dólares en fondos adicionales para la guerra.
“Apoyo a nuestro presidente, apoyo a nuestras tropas. Pero espero que hayamos aprendido de Vietnam, Iraq y Afganistán”, señaló el representante republicano Jeff Van Drew, y agregó: “Le pido a Dios” que Estados Unidos no se vea envuelto en una guerra prolongada. “No podemos involucrarnos en todos los países del mundo. Simplemente no podemos”.
El representante republicano Brian Fitzpatrick, miembro de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, dijo estar frustrado porque recibe información sobre las tropas y otros asuntos “a través de informes de prensa” en lugar de sesiones informativas clasificadas.
“Si hay tropas terrestres en camino o que planean estar estacionadas allí —claramente hemos tenido tropas en la región durante décadas—, pero si se trata de algo diferente, entonces necesitamos ser informados al respecto y debemos estar de acuerdo”, se quejó Fitzpatrick.
Una densa columna de humo se eleva desde una instalación de almacenamiento de petróleo alcanzada por un ataque estadounidense-israelí en Teherán, Irán, el 8 de marzo.
Vahid Salemi/AP
El problema del petróleo está siempre presente
Sin embargo, es probable que estas crecientes presiones políticas compliquen aún más las opciones de Trump para aliviar la grave crisis energética derivada de la guerra.
En la conferencia energética celebrada en Houston a principios de esta semana, los ejecutivos petroleros advirtieron que la escasez de suministro se agravaría cuanto más se prolongara la guerra, intensificando la competencia por los barriles disponibles y generando repercusiones en otros sectores de la economía.
Como señal de que el contagio ya está comenzando, las acciones estadounidenses han caído de forma constante durante el último mes, con el índice Dow Jones perdiendo más del 7 % de su valor.
Sin embargo, declarar el fin de la guerra no cambiará significativamente la situación si Irán mantiene el control del estrecho, advirtieron analistas e inversores.
Entre las opciones militares que los funcionarios del Pentágono prepararon para Trump se encuentra la propuesta de intentar tomar el control invadiendo la isla iraní de Kharg u otras islas menores cruciales para el estrecho.
Aun así, estas acciones podrían exponer a Estados Unidos a numerosas bajas, con escasas garantías de éxito.
“En esta guerra existe un dilema: hay que encontrar la manera de abrir el estrecho para poder resolver el conflicto”, declaró Sarah Bianchi, estratega principal de asuntos internacionales y políticas públicas del banco de inversión Evercore ISI y exalta funcionaria de la administración Biden. “En realidad, no hay un camino claro para lograrlo”.
Para algunos asesores y aliados de Trump, restaurar el estrecho de Ormuz a su estado anterior a la guerra se considera ahora el objetivo que podría permitir al presidente declarar la victoria y poner fin al conflicto, aun cuando reconocen que está muy lejos de los elevados objetivos de cambio de régimen y una era favorable a Estados Unidos en Irán que Trump anhelaba hace un mes.
Sin embargo, incluso eso podría resultar demasiado ambicioso. Durante una reunión con aliados estadounidenses en Europa, Rubio manifestó que, una vez terminada la guerra, probablemente tendrían que emprender un esfuerzo aparte para asegurar el estrecho.
En cuanto a la actual misión de Estados Unidos en Irán, Trump repitió ese mismo día un argumento ya conocido: “Están siendo diezmados. Estamos negociando. Quieren llegar a un acuerdo”.
Título del autor,Corresponsal de la BBC para Norteamérica,
Informa desde,Dallas, Texas
La popularidad del presidente Donald Trump entre el público estadounidense ha ido disminuyendo progresivamente desde su regreso a la Casa Blanca en enero del año pasado.
Si bien parte de este descenso es típico en los presidentes de EE.UU. en su segundo mandato, la caída inicial de Trump también refleja la continua insatisfacción pública con los altos precios y el costo de vida, asuntos que han llevado a los demócratas a la victoria en un número creciente de elecciones durante el último año.
Según datos del sitio web de análisis electoral The Downballot, los candidatos del Partido Demócrata obtuvieron un promedio de un 13% más de votos en las elecciones especiales disputadas en 2025 que en los mismos distritos durante las elecciones presidenciales de 2024.
La guerra con Irán no ha hecho sino agravar estas preocupaciones económicas.
La empresa encuestadora Ipsos descubrió que un 43% del público estadounidense aprobaba la gestión económica de Trump al inicio de su segundo mandato.
Para el 23 de junio de 2025, la cifra había caído al 35%, nivel en el que se mantuvo durante el resto del año.
Después de un mes de guerra con Irán, los precios de la gasolina se han disparado hasta alcanzar una media cercana a los US$4 por galón, como se puede observar en el siguiente gráfico.
Mientras tanto, el índice de aprobación económica de Trump ha caído al 29%.
Este porcentaje es inferior al de Joe Biden durante sus cuatro años en la Casa Blanca, cuando los estadounidenses se enfrentaron a un repunte inflacionario tras la pandemia de covid-19.
La incertidumbre económica contribuyó a la derrota demócrata en 2024 y al control republicano de la presidencia y ambas cámaras del Congreso durante el último año.
Ahora parece estar afectando negativamente la aprobación general de Trump.
Al inicio de su segundo mandato, según un promedio de encuestas del analista político Nate Silver, Trump gozaba de un 52% de aprobación.
Si bien no fue la luna de miel política que muchos presidentes anteriores han disfrutado, el apoyo de la mayoría de los estadounidenses tras unas elecciones polémicas le permitió a Trump obtener un mandato electoral e impulsar su ambiciosa agenda política en materia de inmigración, aranceles, recortes gubernamentales y reforma fiscal.
Sin embargo, para el pasado 28 de febrero, al comienzo de la guerra con Irán, solo el 42% de los estadounidenses tenía una opinión positiva del presidente.
Esta semana, esa cifra ha caído al 40%, como se muestra en este gráfico.
Ese es un terreno peligroso para un presidente en ejercicio a tan solo siete meses de las elecciones legislativas de medio mandato.
Cuanto más se prolongue la guerra con Irán, y cuanto más perturbe la economía global y eleve los precios al consumidor, mayor será el riesgo.
En la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de esta semana -una reunión cerca de Dallas, Texas, de políticos, activistas y votantes muy comprometidos de derecha- un tema recurrente fue lo que está en juego en las elecciones de noviembre.
“No podemos permitir que la izquierda gane este ciclo electoral y nos arrebate la agenda por la que luchamos a diario”, declaró Michael Whatley, candidato al Senado por Carolina del Norte y expresidente del Comité Nacional Republicano.
Advirtió que, con los demócratas de nuevo en el poder, “se tratará de juicio político, de engaños, de investigaciones y de una agenda descarrilada”.
El índice de aprobación del presidente no ha sufrido una caída drástica desde el inicio de la guerra, a pesar de que la mayoría de la población se opuso a la intervención militar estadounidense desde el principio.
Esto se debe a que la base política de Trump ha seguido apoyándolo a pesar de las preocupaciones económicas, según las cifras que figuran a continuación, recopiladas por el Centro de Investigación Pew.
Ese apoyo de los militantes del partido, que ignora las promesas de campaña de Trump de retirar a Estados Unidos de conflictos internacionales, quedó patente en la CPAC de Texas.
“Es mejor pagar más ahora que pagar mucho más después”, dijo Paul Heere refiriéndose al aumento del precio de la gasolina en Estados Unidos.
“No creo que queramos que otro país de la región tenga armas nucleares, así que hay que asumir ese precio”.
Una reciente encuesta de Quinnipiac reveló que el 86% de los republicanos apoya la intervención militar estadounidense en Irán y un 80% aprueba la gestión de Trump.
Entre todos los votantes registrados, estas cifras descienden al 39% y al 34%, respectivamente.
Los demócratas se han opuesto mayoritariamente a todo lo que Trump ha hecho desde su regreso a la Casa Blanca. Pero ahora los votantes independientes también parecen estar volviéndose en contra del presidente.
Conquistar a los votantes independientes fue una de las claves de la victoria de Trump en 2024.
A menos que cambie la dinámica política actual, la antipatía de los independientes podría contribuir a la posible derrota de su partido en noviembre.