October 15, 2026

Brasil aprueba reducir la semana laboral de seis a cinco días/ Bolsonaro reta a Lula a debate

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Una calle de Sao Paulo, Brasil

Concurrida calle en São Paulo. (Imagen de 2025)Imagen: Gustavo Basso/DW

Noticias DW

El Senado de Brasil aprueba reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales en dos fases, sin recortes salariales. La reforma, respaldada por ambas cámaras, entrará en vigor tras su promulgación.

El Senado de Brasil aprobó por 75 votos a favor y uno en contra una reforma constitucional para reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales y establecer una semana laboral de cinco días.

El texto aprobado es el mismo que recibió el visto bueno de la Cámara de Diputados en mayo de 2026. Por tanto, la enmienda será promulgada por las mesas directivas de ambas cámaras y no necesitará la sanción presidencial. La promulgación está prevista para el martes 20 de octubre de 2026, fecha a partir de la cual la reforma entrará en vigor.

Tema de campaña

La reforma constitucional reduce la jornada laboral semanal de 44 a 40 horas en dos fases. Dos meses después de la publicación de la enmienda, el límite bajará a 42 horas.

Un año más tarde, es decir, 14 meses después de su promulgación, se reducirá a 40 horas, con un máximo de ocho horas diarias. El texto prohíbe cualquier reducción salarial, tanto nominal como proporcional, incluidos los salarios mínimos establecidos para cada categoría profesional.

La reforma es uno de los principales temas de campaña del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y cuenta también con el apoyo de su rival, Flávio Bolsonaro. Ambos se enfrentarán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 25 de octubre.

Bolsonaro reta a Lula a debate por TV previo a elecciones

Noticias DW28/09/202628 de septiembre de 2026

Flávio Bolsonaro llamó “mentiroso y asesino de la esperanza de Brasil” al presidente Lula y lo desafió para, según él, “desenmascararlo”.

En la image aparecen Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva.
El senador Flávio Bolsonaro (izq), y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.Imagen: Gledston Tavares/Pablo Porciuncula/AFP

El senador Flávio Bolsonaro, principal candidato de la oposición en las elecciones presidenciales del 4 de octubre en Brasil, desafió este domingo (27.09.2026) al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a enfrentarlo en el debate televisivo previsto para el jueves, tres días antes de los comicios.

El candidato del derechista Partido Liberal (PL) confirmó su asistencia al debate organizado por Globo, la red de televisión de mayor audiencia en el país, y le pidió al líder progresista que también confirme su comparecencia para poder “desenmascararlo”.

En caso de que ambos acudan, será el primer debate televisivo al que se presentarán los dos favoritos, que protagonizan una de las elecciones más polarizadas en la historia de Brasil ya que están empatados técnicamente en los sondeos, con el 40 % para Lula y 36 % para el hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022).

Dos de los debates que estaban previstos en el último mes tuvieron que ser cancelados ante la negativa de los favoritos a asistir y el primero llegó a ser realizado pero con candidatos cuya intención de voto no supera ni el 5 %.

“Voy al debate de Globo. Lo estoy confirmando aquí. Él que decida. Quiero ir para debatir con él. Lo estoy llamado para que acuda: Lula ven a debatir conmigo porque quiero restregarte la verdad en la cara y voy a mostrar que mi proyecto de Brasil es mejor que el tuyo”, aseguró el senador derechista en un mitin en el estado de Goiás.

Su anuncio supone un cambio de posición debido a que, así como Lula, Bolsonaro venía negándose a acudir a los debates. Lula hasta ahora no confirmó si acudirá al evento organizado por Globo. 

“Mi único adversario en esta campaña es Lula”

Para el mismo debate también fueron invitados los otros cuatro candidatos con mayor intención de voto tras los favoritos: el psiquiatra y escritor Augusto Cury, el exgobernador de Goiás Ronado Caiado, el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema y el activista de derecha Renan Santos.

Con excepción de Cury, que defiende posiciones tanto de derecha como de izquierda, los otros tres son representantes de partidos de derecha, lo que dejaría a Lula aislado como el único aspirante de izquierda.

“Mi único adversario en esta campaña es Lula y es con él que quiero debatir, para desenmascarar a ese mentiroso y asesino de la esperanza de Brasil”, aseguró Bolsonaro al volver a llamar a la unidad a los electores de todos los candidatos de derecha para intentar vencer en la primera vuelta.

Además del empate técnico en la primera vuelta, Lula y Bolsonaro también aparecen en un empate técnico en los sondeos para una eventual segunda vuelta, necesaria en caso de que ningún candidato alcance más de la mitad de los votos.

La diferencia entre los dos, sin embargo, es menor para una eventual segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre de ser necesaria, ya que el líder progresista tiene el 47 % de la intención de voto contra el 45 % de su principal rival.

mg (efe, Correio Braziliense)

Elecciones en Brasil: se agudiza la presión de Trump

Heloísa Traiano

24 de septiembre de 2026

El intervencionismo estadounidense al estilo Trump ya llegó a Brasil. El republicano apuesta por las amenazas o los incentivos de última hora para impulsar a sus aliados al poder, advierten expertos.

Partidarios de Bolsonaro con una figura inflable de Trump en el Día de la Independencia. (Sao Paulo, Brasil, 7.09.2026).
Algunos partidarios de Bolsonaro incluso piden la intervención de Trump en Brasil, a pesar de los riesgos para la democracia que esto comporta, según expertos.Imagen: Alexandre Meneghini/REUTERS

Bajo la égida de la doctrina Monroe, el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos ha estado impulsando a la ultraderecha hacia las urnas y tejiendo alianzas con sus gobiernos en todo el continente, en el marco de la llamada doctrina “Donroe”. También en Brasil, el intervencionismo ha dejado de ser una especulación para convertirse en realidad, señalan analistas consultados por DW, en el contexto de las venideras elecciones presidenciales de octubre.

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el martes (22.09.2026), el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, volvió a aludir al tema, sin mencionar a Trump por su nombre. “En un contexto de renovadas tentaciones hegemónicas” en América Latina y el Caribe, “Brasil no pertenece al patio trasero de nadie”, afirmó, antes de criticar la “injerencia extranjera en los procesos electorales” y la “división del mundo en zonas de influencia”.

Si el senador Flávio Bolsonaro resultara electo, EE. UU. contará en Brasilia con otro socio ideológico en la región, tras haber apoyado las victorias de sus aliados en Colombia, Honduras y Argentina. Una de las hipótesis más comentadas es que, de lo contrario, EE. UU. podría impugnar los resultados de las elecciones brasileñas.

Presión hasta el último minuto

La Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin), ya anticipó el riesgo crítico de una interferencia electoral por parte de EE. UU., en un informe enviado al Gobierno y al Tribunal Electoral, según el diario Folha de São Paulo.

“Trump ya está adoptando una postura de confrontación hacia el Gobierno de Lula, mientras que figuras de su propio Gobierno, e incluso él mismo, aparecen junto la familia Bolsonaro”, afirma Pedro Telles, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Fundación Getúlio Vargas (FGV). “Es probable que esta situación se agudice a medida que se acerque la segunda vuelta”.

También el Instituto Vladimir Herzog, organización en pro de la democracia y los derechos humanos, envió cartas de alerta a las autoridades en Brasilia y al secretario general de la ONU, António Guterres.

Trump recibe a Flávio Bolsonaro en la Oficina Oval, el 26.05.2026. Flávio Bolsonaro está parado junto a Trump, quien posa con una sonrisa sentado en una silla en su escritorio.
El senador Flávio Bolsonaro visitó la Casa Blanca en mayo, tres días antes de que Estados Unidos clasificara a grupos criminales brasileños como terroristas.Imagen: Instagram/@FlavioBolsonaro

La administración republicana en Estados Unidos ha intensificado la presión sobre Brasil desde el año pasado: impuso aranceles comerciales; calificó a ciertos grupos criminales de “terroristas” y acusó al país de no combatirlos; aplicó sanciones contra ciudadanos presuntamente vinculados a la organización criminal Primeiro Comando da Capital (PCC), así como contra autoridades y sus familias; y se desvió del procedimiento diplomático para nombrar un embajador en Brasilia.

Doce meses antes de las elecciones brasileñas, la Casa Blanca aprovechó las negociaciones arancelarias para pedirle al Palacio de Planalto que garantizara la participación de “disidentes políticos”. Sin embargo, esta exigencia fue desestimada y se mantuvo en secreto hasta la semana pasada, cuando fue revelada por el periódico Estado de São Paulo.

Ahora bien, “si Estados Unidos decide intervenir, podría hacerlo claramente para maximizar las posibilidades de Flávio Bolsonaro”, afirma Dov H. Levin, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Hong Kong. “Pero solo lo sabremos con certeza unos días antes de las elecciones. Durante el segundo mandato de Trump, se produjeron varias intervenciones de última hora”.

Una estrategia ya ensayada

Según informes, Washington está considerando una nueva ronda de sanciones de cara a la primera ronda de votación contra el juez Alexandre de Moraes, un potencial enemigo de los partidarios de Bolsonaro. El año pasado, Estados Unidos acusó al hoy ministro del Tribunal Supremo Federal de Brasil de llevar a cabo una “caza de brujas” contra Bolsonaro.

Cuestionar la integridad de las elecciones es una estrategia que ya están ensayando tanto los partidarios de Bolsonaro, en especial con campañas contra la votación electrónica en Brasil, como los partidarios de Trump.

El clan Bolsonaro tiene la costumbre de utilizar diplomáticos extranjeros para denunciar, sin fundamento, el sistema electoral brasileño, en un aparente intento de internacionalizar su propia agenda. Esa conducta hizo que Jair Bolsonaro fuera condenado por la Justicia y quedara inhabilitado para postularse a cargos públicos.

Jair Bolsonaro entrega a Trump una camiseta de Brasil en la Casa Blanca, en marzo de 2019.
Durante su presidencia, Jair Bolsonaro acercó a Brasil a Estados Unidos, al alinearse ideológicamente con el Gobierno republicano.Imagen: Chris Kleponis/CNP/MediaPunch/picture alliance

Jennie Lincoln, directora de la misión de observación que el Centro Carter enviará a Brasil, señala que la conversión de las disputas electorales en una estrategia política ha puesto en riesgo la democracia en toda América Latina. La organización estadounidense es una de las que contará con expertos para evaluar la transparencia de las elecciones, al igual que la Unión Europea (UE) y la Organización de los Estados Americanos (OEA).

“Si alguien quiere cuestionar el sistema electoral, necesita pruebas que puedan ser verificadas, no solo políticamente, sino también tecnológicamente”, afirma. El expresidente izquierdista Gustavo Petro también cuestionó la derrota de su partido en Colombia en agosto.

El límite de la bravuconería

Sin embargo, incluso una posible impugnación de los resultados de las elecciones en EE. UU. no implica consecuencias predecibles en Brasil. Por ahora, los intentos de Trump no han logrado evitar el encarcelamiento de Bolsonaro, y Lula ha convertido la presión estadounidense en un tema central de su campaña, señala el politólogo Oliver Stuenkel, de la Universidad de Harvard y la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en Estados Unidos.

“El patrón no son las operaciones secretas, sino las intervenciones abiertas, con amenazas en las redes sociales”, añade Stuenkel, quien prevé que el republicano podría replicar en Brasil la estrategia que resultó exitosa en otros países latinoamericanos.

La bravuconería presidencial demuestra, como mínimo, ser efectiva para movilizar a la ultraderecha, incluso con influencers que aplauden una ofensiva de Trump contra las instituciones brasileñas.

Por otro lado, los especialistas señalan los peligros que esto representa para la soberanía nacional y la salud de la democracia brasileña. “Cada país y su pueblo deben tener plena autonomía y libertad para decidir su destino”, afirma Telles. “Y ningún país busca interferir en las elecciones de otro sin, detrás de ello, querer defender sus propios intereses”.

Un estudio de Levin indica que EE. UU. actuó para influir en 128 elecciones en todo el mundo entre 1946 y 2014. Del total, 39 tuvieron lugar en América Latina.

Según el investigador, los gobiernos tienen una probabilidad significativamente mayor de cooperar con EE. UU. si fueron impulsados al poder por la Casa Blanca; por ejemplo, alineando sus votos a nivel internacional o firmando acuerdos favorables a los intereses estadounidenses.

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