La nueva estrategia de Putin que busca que las ciudades de Ucrania sean invivibles

Información del artículo
- Autor,Ilya Abishev
- Título del autor,Corresponsal militar, BBC News Rusia
- Autor,Olesya Zhigalyuk
- Título del autor,BBC News Ucrania
- Autor,Catherine Heathwood
- Título del autor,Servicio Mundial de la BBC
En un giro inesperado del destino, ahora son los soldados ucranianos en el frente quienes llaman a sus familias en Kyiv para preguntar si están a salvo, en lugar de ser al revés.
“Ahora se habla de Kyiv como una ciudad en el frente de batalla”, declara Peter Dickinson, residente de la ciudad, al Servicio Mundial de la BBC.
“Básicamente, ahora es tan peligrosa, si no más, que las ciudades que se encuentran geográficamente en la primera línea de la guerra.”
En las últimas semanas, Rusia ha intensificado sus ataques con misiles y drones contra la capital de Ucrania y otras ciudades importantes, alcanzando objetivos civiles, como escuelas, hospitales, hoteles, centros de datos, trenes y puentes.
El 30 de septiembre, por ejemplo, drones dañaron dos tiendas cerca de Kyiv. Al día siguiente, un dron impactó contra un edificio escolar en el distrito de Solomianskyi de la capital, mientras que un centro de negocios fue atacado en la región de Odesa.
El 8 de octubre, un dron ruso impactó contra las instalaciones de una escuela y un jardín infantil en el distrito de Bucha, en la región de Kyiv.
El Ministerio de Defensa ruso afirma que estos edificios civiles se utilizaban para fabricar o almacenar armas, y que su objetivo son únicamente las instalaciones militares y de la industria de defensa.
Sin embargo, el Comisionado de Derechos Humanos del Parlamento ucraniano (Defensor del Pueblo), Dmytro Lubinets, afirma que los ataques rusos causaron la muerte o heridas a 15.280 civiles entre enero y agosto, un 55% más que en el mismo período del año anterior.

Uno de los ataques más “viles” de Rusia, la semana pasada, dejó al menos 25 muertos, entre ellos niños, según declaró el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky.
El bombardeo de ciudades ucranianas ha sido una constante en la guerra desde que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, lanzó una invasión a gran escala en 2022.
“Yo no lo llamaría un cambio, lo llamaría una escalada”, declaró el profesor Phillips O’Brien, de la Universidad de St Andrews, al Servicio Mundial de la BBC.
Pero Dickinson, editor del blog Ukraine Alert del Atlantic Council (un centro de análisis internacional en EE.UU.), afirma que la naturaleza de estos últimos ataques es diferente, ya que ahora Kyiv es blanco de ataques día y noche.
“Es una enorme amenaza para la vida, pero también es increíblemente perjudicial porque significa que las escuelas no pueden funcionar, las empresas no pueden funcionar y hay una sensación de incertidumbre permanente”, afirma.
Una de las señales más llamativas de esta escalada es el ataque a los puentes que cruzan el río Dniéper, que divide la capital de Ucrania, a los que Dickinson denomina “las arterias vitales de la ciudad”.
La margen derecha del río alberga oficinas gubernamentales, empresas y gran parte de la actividad económica de la capital, mientras que la izquierda se concentra en zonas residenciales. No hay túneles, solo puentes que dan servicio al metro y a las carreteras. Millones de personas transitan diariamente entre ambas zonas.

Se acerca el invierno
Según Dickinson, es probable que los drones rusos no tengan la potencia suficiente para destruir estructuras tan grandes como los puentes, por lo que el objetivo parece ser forzar su cierre. El momento en que se produjeron los ataques también resulta revelador.
“Si su tarea fuera simplemente destruir infraestructuras, podrían hacerlo fácilmente a altas horas de la noche o de madrugada… con el mismo impacto, pero obviamente sin riesgo para la vida humana. Pero no lo hacen, lo hacen literalmente a la hora punta”, afirma.
“Realmente da la sensación de que se trata de una política muy deliberada. No hay manera de justificar estos ataques diciendo que fueron daños colaterales o que se trataba de objetivos militares legítimos”.
El propio Zelensky declaró al diario Financial Times: “Los rusos no pudieron ocuparnos. Así que ahora están llevando a cabo ataques masivos y asesinatos en masa. Y, por supuesto, quieren atacar nuestros puentes y, según tenemos entendido, nuestros centros de datos, internet, redes de telefonía móvil, hospitales, guarderías, escuelas, universidades… todo. Quieren que la gente huya de sus ciudades”.
Añadió: “Sabemos por información de inteligencia y por algunas personas cercanas a Putin que a principios de septiembre Putin dijo: ‘Ahora no hay reglas'”.
Zelensky cree que Putin quiere “hacer que Ucrania sea lo más invivible posible para los civiles, sobre todo ahora que se acerca el invierno”, afirma O’Brien.
Y en un país donde las temperaturas bajan hasta los -20 °C, privar a las ciudades de calefacción y agua, al desconectar las centrales nucleares de la red eléctrica, también podría dificultar enormemente la vida.
“Sembrar el miedo”

“En resumen, se trata básicamente de ejercer tal presión política sobre el gobierno ucraniano que acepte un acuerdo que satisfaga los deseos de Rusia”, señala O’Brien.
Kyiv parece ser el principal objetivo, pero es probable que Odesa, Leópolis, Dnipro y Járkov también sean atacadas “porque quieren atacar a civiles siempre que sea posible”.
Según Dickinson, uno de los objetivos clave de esta campaña para que los civiles “huyan de sus ciudades” es quebrar la moral de los ucranianos.
“Esto crea la impresión que el gobierno es impotente, que el gobierno no puede proteger a la gente”. Afirma que Rusia tiene la esperanza de que de esta manera aumenten en Ucrania los llamamientos a la capitulación.
El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, publicó en X: “Rusia está atacando sistemáticamente lugares donde sabe que la gente pasa su tiempo realizando sus actividades cotidianas, con el objetivo de maximizar las bajas, sembrar el miedo y presionar a la sociedad ucraniana”.
Pero también hay otro objetivo.
“Si no hay gente, no se puede trabajar en las fábricas, no se pueden producir las armas necesarias para defender el país”, afirma Dickinson.

Sin empresas en funcionamiento y los impuestos que estas pagan, el gobierno tendrá dificultades para financiarse.
Según el ministro de Economía y Medio Ambiente, Oleksandr Kravchenko, cada hora que las alertas antiaéreas obligan a cerrar los negocios le cuesta a Ucrania unos US$45 millones.
“Si la gente está en un búnker, la actividad económica se paraliza”, declaró al periódico The Guardian.
Y Ucrania ya está teniendo que pedir más dinero a sus aliados.
Otra razón por la que Rusia está intensificando estos ataques ahora es simplemente “porque pueden”, opina Dickinson.
Ucrania se ha quedado con muy poca munición para sus sistemas de defensa aérea Patriot, que “es el único sistema realmente fiable contra las amenazas de misiles balísticos”.
Estados Unidos es el único país que los produce en volúmenes significativos y “los estadounidenses y sus socios en Medio Oriente han consumido una gran cantidad de las existencias en la guerra contra Irán”.
Mientras tanto, el analista militar ucraniano Oleksandr Kovalenko afirma: “El enemigo no ha reducido la producción de ningún tipo de misil, ni ha agotado sus reservas. Al contrario, las está incrementando”.
Además, desde mediados de agosto, Rusia ha estado utilizando una nueva clase de drones de propulsión a chorro, “para los que Ucrania simplemente no tiene respuesta por el momento”.
Al viajar al doble de velocidad, a mucha mayor altitud y con herramientas de navegación y localización mucho más sofisticadas, estos drones son mucho más difíciles de interceptar que sus predecesores propulsados por hélices.
Rusia envió 2.850 de estos drones para atacar Ucrania en agosto, según declaró el portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, Yuriy Ihnat. Para el 29 de septiembre, había enviado otros 3.177.
Eric Schmidt, exdirector de Google y uno de los mayores inversores extranjeros en el sector de defensa de Ucrania, admite que subestimaron la rapidez con la que Rusia aumentaría el despliegue de estos nuevos drones.
“Rusia ha logrado dirigir un dron directamente hacia la ventana central de la sede del SBU [Servicio de Seguridad de Ucrania]”, declaró a la revista The Economist. “Esto es una advertencia de lo que son capaces estos sistemas”.
Zelensky afirma: “La tasa de interceptación de drones de propulsión a chorro ronda actualmente el 50-55%, y en ocasiones llega al 60% gracias a la aviación ucraniana”.

Pero mientras Ucrania trabaja en nuevas formas de detenerlos- y parece estar progresando, según O’Brien-, Rusia lanza tantos misiles que, incluso si el 80% son derribados, “muchos lograrán pasar cada noche”.
Dickinson está de acuerdo. “Siendo realistas, en el mejor de los casos, Ucrania tardará uno o dos meses en estar en condiciones de contrarrestar realmente esta amenaza”, afirma.
Sin embargo, Schmidt añadió: “Al menos cinco empresas ucranianas han desarrollado soluciones y las están probando”.
Esta guerra ha sido desde el principio una carrera armamentística tecnológica, en la que nadie parece poder establecer una ventaja decisiva, afirma Dickinson. El desafío no reside solo en desarrollar la tecnología, sino también en producirla a gran escala y capacitar a la gente para usarla.
Pero los ataques de Rusia contra civiles también guardan una “correlación directa” con su falta de progreso sobre el terreno.
Según Dickinson, Moscú esperaba una guerra rápida, pero cuatro años y medio después sigue luchando por aldeas situadas a poca distancia del punto de partida de la invasión de febrero de 2022. Los blogueros militares rusos hablan de un atolladero y de estar atrapados. “Mueren muchísimas personas a diario”, asegura Dickinson.
Putin quiere dar la impresión de que Rusia está progresando, afirma el general australiano retirado Mick Ryan, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el Instituto Lowy y el Instituto de Guerra Moderna de la Academia Militar de Estados Unidos.

“Tácticas terroristas”
O’Brien coincide. Dado que Rusia no avanza y su propia economía atraviesa dificultades, los ataques aéreos son “el ámbito donde creen poder ejercer presión”, afirma. Pero “no es la estrategia de un Estado que confía plenamente en que la guerra se inclina a su favor”.
Putin llegará “hasta donde sea necesario” para ganar la guerra, afirma O’Brien, con dos excepciones. No espera que Putin utilice armas nucleares, dado que China, socio cercano de Rusia, no lo desea, ni que ataque una ciudad entera con armas químicas o biológicas.
Según Dickinson, aún no se ha producido un éxodo masivo de Kyiv, pero las familias están considerando marcharse durante el invierno.
Dickinson desconfía de la palabra “terrorismo”, “pero creo que no hay otra forma de describirlo. Son tácticas de terror puras… para mantener a la gente inquieta, perturbada y en tensión. Y está funcionando”.
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