
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que podría “tomar Cuba”.Imagen: Norlys Perez/REUTERS
20 de marzo de 2026
Cuba está en el foco de la prensa en alemán de esta semana, que analiza los anuncios de Trump de “tomar” la isla, la situación precaria en la que viven los cubanos, y lo que pueden esperar.
“Desde el desastre de Bahía de Cochinos durante la presidencia de John F. Kennedy, ningún presidente estadounidense se ha atrevido a intervenir en Cuba. Sus razones dejan claro a qué se arriesga Trump y cómo podría proceder”, escribe el diario WELTplus sobre la crisis en Cuba y los temerarios anuncios del presidente estadounidense, bajo el título “Trump, Cuba y la ‘maldición del Caribe’ que temían sus predecesores”:
“Desde la revolución de 1959, la ‘isla roja’ —situada a 150 kilómetros de su propia costa— ha sido una espina clavada para Washington. Sin embargo, tras el desastre de Bahía de Cochinos en 1961, Estados Unidos evitó la intervención directa en Cuba. Las razones de esta decisión tienen que ver con la lógica de la Guerra Fría, pero también con el temor a una crisis de refugiados. (…)
‘¿Cómo pude ser tan estúpido como para dejar que lo hicieran?’, dijo Kennedy a uno de sus asesores pocos días después del desastre, que tachó a Estados Unidos internacionalmente de invasores incompetentes que actuaban en violación del derecho internacional. Sin embargo, los planes de invasión no quedaron descartados del todo. (…)
La Crisis de los Misiles de Cuba provocó un cambio general de mentalidad en Washington, ya que la Unión Soviética exigió, entre otras cosas, la promesa de Washington de no lanzar otro intento de invasión contra Cuba a cambio de la retirada de los misiles nucleares. (…)

Está por verse si el objetivo a largo plazo de Washington de derrocar al Gobierno de La Habana tendrá éxito esta vez. Por las razones históricas antes mencionadas, no se espera una intervención militar como la de Irán en Cuba en un futuro próximo.
Por otro lado, el fiscal general de Florida anunció recientemente su intención de responsabilizar a Raúl Castro, hermano de Fidel, considerado el gobernante de facto de Cuba desde su muerte en 2016, por el derribo de dos aeronaves pertenecientes a una organización de ayuda anticomunista en febrero de 1996. ¿Una indirecta bastante clara? A principios de año, el presidente venezolano Maduro también fue secuestrado en el marco de investigaciones criminales”.
Cuba: “La gente sufre y Trump no tiene ningún plan”
Así titula el periódico Tagesspiegel un comentario sobre los anuncios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con respecto a Cuba, sus motivos, y una situación en la que sobrevivir se hace cada vez más difícil para los cubanos:
“Todos están pendientes de Irán, pero el presidente estadounidense dice que también intenta tomar Cuba. Sin embargo, sus motivos allí son aún menos claros que en otros conflictos.
Diez millones de personas se ven obligadas a pasar horas o incluso días sin electricidad. Montañas de basura se acumulan frente a sus casas. Debido a la escasez de gasolina, los camiones de basura apenas pueden operar. La gente no puede ir a trabajar y los niños no pueden ir a la escuela. Los centros de distribución de alimentos están vacíos y, según las oenegés, muchas personas ya no comen tres veces al día.
Mientras el mundo está centrado en la guerra en Irán, Donald Trump ya ha puesto sus ojos en el próximo país que quiere remodelar según su visión: Cuba. Incluso sin que caigan bombas, la isla ya sufre bajo el control del presidente estadounidense.
Trump dijo a los periodistas en el Despacho Oval, el lunes (16.03.2026), que espera tener el ‘honor’ de ‘apropiarse’ del país vecino ‘de una forma u otra’. ‘Creo que puedo hacer lo que quiera con él’, añadió. Desde el ataque estadounidense a Venezuela, la administración Trump ha insinuado repetidamente que Cuba podría ser el siguiente objetivo.

La mala gestión, la corrupción y las sanciones estadounidenses ya habían sumido a la dictadura comunista en una profunda crisis décadas atrás. Pero Trump la ha agravado drásticamente: poco después del ataque a Venezuela, ordenó al Gobierno interino que detuviera los envíos de petróleo a Cuba. También amenazó a otros países, como México, con represalias si ofrecían ayuda. (…)
Trump quiere doblegar al régimen comunista. Al parecer, lo está logrando: por primera vez en años, el Gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel ha declarado oficialmente su disposición a dialogar. Sin embargo, no está del todo claro qué pretende Trump con Cuba.
Si su verdadero objetivo fuera la libertad y la democracia, carecería de una alternativa política. El camino hacia un cambio de régimen sería largo y costoso, con una probabilidad de éxito tan escasa, como en Venezuela e Irán. En ambos países aún imperan regímenes autoritarios.
En ambos casos, sin embargo, resulta más evidente dónde residen los verdaderos intereses de Trump: en Venezuela, en las materias primas; el país posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Irán también cuenta con recursos naturales y, a través de su programa nuclear y la financiación del terrorismo, representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y su aliado Israel.
¿Podría el próximo presidente de Cuba, gracias a Trump, llevar el mismo apellido que el líder revolucionario (Fidel Castro)? Para los cubanos, sería la continuación de la opresión de las últimas décadas. Desde las últimas protestas importantes en 2021, más de un millón de personas han abandonado la isla, dejando atrás principalmente a jóvenes y ancianos. Son víctimas de los juegos de poder de Trump y de su propio régimen”.
“Cuba se tambalea”
El matutino Frankfurter Allgemeine Zeitung se refiere a que las sanciones contra Cuba “solo han hecho un pequeño aporte a la ruina del país”:
“Los cubanos tienen motivos para la esperanza. El sistema político cubano está al borde del colapso. Desde que Rusia y Venezuela dejaron de apoyar en gran medida a la dictadura socialista, la incapacidad del régimen para crear las condiciones que garanticen a la ciudadanía lo más básico se ha hecho patente. Los constantes apagones son solo la consecuencia más visible de este fracaso de la economía centralizada.
En un país donde el precio de una caja de 30 huevos alcanza el salario mensual de muchos cubanos, y un kilo de frijoles junto con un kilo de arroz ya consume un tercio del ingreso mensual de los trabajadores con bajos salarios, el milagro económico consiste simplemente en que la gente sobreviva. Alrededor de dos tercios de los cubanos se saltan una comida al día porque no pueden permitírsela o porque no hay alimentos disponibles. (…)
La represión es algo habitual. En un estudio exhaustivo, el centro de estudios español Observatorio Cubano de Derechos Humanos describió a Cuba en 2025 como un país donde el declive económico y la opresión política están inextricablemente ligados. (…)

Protegida de esta adversidad, la nomenklatura ha organizado un mundo paralelo donde el dólar impera en lugar de la escasez. Diariamente, la camarilla gobernante debería agradecer a Estados Unidos las sanciones. Desde 1960, Estados Unidos ha restringido el comercio con Cuba. Nadie discute que las sanciones han obstaculizado el desarrollo económico cubano. Sin embargo, sobre todo, han servido al régimen como excusa para sus fracasos cotidianos y como medio para canalizar la ira diaria por la escasez hacia el enemigo capitalista.
Estudios académicos recientes confirman de manera contundente que las sanciones solo han contribuido mínimamente a la ruina del país. El actual bloqueo petrolero, sin embargo, es de otra naturaleza y está llevando a Cuba al borde del colapso. Esto plantea la pregunta: ¿qué sucederá? Estados Unidos quiere retirar a la antigua camarilla gobernante e intentar un nuevo comienzo con una nueva generación. Pero no existe una oposición bien organizada a la que se pueda confiar este desafío. Los más capaces han abandonado el país. Quizás algunos regresen. El único consuelo es que las cosas difícilmente pueden empeorar”.
(cp/rml)
El régimen de Cuba inició este domingo la recuperación parcial del servicio eléctrico después de que una nueva falla general dejara sin suministro a gran parte del país, en el segundo apagón nacional en menos de una semana.
El colapso ocurrió el sábado por la tarde, cuando una central termoeléctrica ubicada en Nuevitas, en la provincia de Camagüey, dejó de operar de forma repentina. La salida de servicio de esa planta provocó una reacción en cadena que terminó desconectando el sistema eléctrico en toda la isla, afectando a millones de usuarios.
Para este domingo por la tarde, la dictadura cubana habló de “avances” en la restitución del servicio, especialmente en La Habana. Según datos oficiales, cerca de la mitad de los hogares y centros de trabajo en la capital habían recuperado el suministro, junto con decenas de hospitales que volvieron a contar con electricidad.
El proceso de reconexión se realizó de manera escalonada, mientras el sistema eléctrico intentaba estabilizarse tras la interrupción total. En paralelo, se preparaba la puesta en marcha de una de las principales plantas generadoras del país, con el objetivo de incrementar la capacidad disponible y acelerar la normalización del servicio.
A pesar de estos avances, la recuperación no fue uniforme. En varias provincias fuera de la capital, el restablecimiento avanzaba con mayor lentitud debido a la limitada disponibilidad de combustible, especialmente diésel, lo que restringe la capacidad de generación eléctrica. Como resultado, se anticipan cortes prolongados en distintas regiones incluso después de reactivada la red.
Las fallas en el suministro también impactaron en las telecomunicaciones. Durante las horas posteriores al apagón, el acceso a internet y la telefonía móvil se vio afectado en múltiples zonas, con mejoras graduales a lo largo del domingo. La falta de conectividad complicó el acceso a información en tiempo real para buena parte de la población.
El episodio volvió a evidenciar la fragilidad del sistema energético cubano, que desde hace meses enfrenta dificultades estructurales. Los cortes de luz se han vuelto frecuentes, con interrupciones que pueden extenderse durante varias horas o incluso días en algunas localidades.
“Estamos atrapados en lo mismo”, relató un residente de La Habana afectado por los cortes recurrentes. Según explicó, la falta de electricidad lo obliga a recurrir a métodos alternativos para cocinar varias veces por semana.
“Es una locura total”, agregó al describir la situación cotidiana.
El nuevo apagón se suma a una serie de incidentes recientes. A comienzos de mes, una avería en otra central provocó una desconexión masiva del sistema, mientras que días después se registró una caída completa cuya causa no fue detallada. En total, se trata del tercer colapso de gran escala en pocas semanas, una situación poco habitual incluso en un sistema que ya mostraba signos de inestabilidad.
En paralelo, la isla atraviesa dificultades para asegurar el abastecimiento de combustible necesario para sostener la generación eléctrica. La reducción en la disponibilidad de crudo ha limitado el funcionamiento de las plantas termoeléctricas, que dependen en gran medida de estos insumos para operar con normalidad.
En este contexto, el seguimiento de buques con cargamentos de combustible ha generado expectativas entre la población, ante la posibilidad de aliviar la crisis energética. Sin embargo, las variaciones en las rutas y entregas han mantenido la incertidumbre sobre la llegada efectiva de estos recursos.
El régimen dijo que continúa trabajando en la reactivación total del sistema, aunque reconoció que la limitada capacidad de generación seguirá condicionando el suministro en el corto plazo. Mientras tanto, la población enfrenta una situación marcada por la inestabilidad eléctrica, con impactos directos en la vida diaria, la actividad económica y el acceso a servicios básicos.
(Con información de Reuters y EFE)
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