
Punta Cana crece, pero persisten deudas sociales
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Panorama Reportaje._ La zona turística más importante de República Dominicana le dice adiós al 2025 sin haber resuelto varios problemas que obstaculizan el bienestar de sus residentes.
La falta de inversión en áreas fundamentales, como infraestructura básica, ordenamiento territorial y servicios públicos, así como el retraso en la creación de un municipio independiente, encabezan la larga lista de cuestiones aún pendientes.
Mientras tanto, la zona sigue creciendo de forma exponencial. Para el IX Censo Nacional de Población y Vivienda de la República Dominicana, realizado en diciembre de 2010, la población de Verón-Punta Cana, perteneciente al municipio Higüey, provincia La Altagracia, era de 43 mil 982 individuos y pasó a 138 mil 919 al 2022, para un incremento de 94 mil 937 personas, atribuido al desarrollo exponencial del principal polo turístico del país, Bávaro-Punta Cana.
Agua potable y alcantarillado: el mayor reto
Uno de los problemas más graves que persiste en Verón-Punta Cana es la ausencia de una planta de tratamiento de aguas residuales. El crecimiento desmesurado del turismo y la población ha incrementado la demanda de servicios, pero esta expansión no ha sido acompañada por la infraestructura adecuada para procesar los desechos líquidos.
Esto no solo pone en riesgo la Salud Pública de mucha gente, sino que también afecta los ecosistemas locales, como las playas y los arrecifes de coral, fundamentales para la economía de la zona.
A pesar de que la construcción de una planta de tratamiento es un proyecto de larga data, aún no se ha materializado, lo que genera un sentimiento de frustración entre los residentes y las autoridades locales.
De este tema apenas se habla, salvo cuando surge alguna situación que pone en evidencia la urgente necesidad de construir un sistema de alcantarillado que responda al crecimiento poblacional, una carrera desigual que la comunidad va perdiendo sin un final previsible.
A esto se suma que el servicio de agua potable deja mucho que desear. Aunque la zona ha experimentado un crecimiento sin precedentes, la red de acueducto no ha sido renovada ni ampliada de forma proporcional.
En decenas de barrios, los residentes dependen de pozos tubulares para sobrevivir, complicando su estilo de vida, especialmente en sectores alejados del área turística.

El déficit se agrava por la falta de inversiones en infraestructura hidráulica, lo que deja a muchas familias sin acceso al agua con los estándares de calidad que garanticen la protección de su salud.
Tanto el Ministerio de Obras Públicas como la Corporación de Acueducto y Alcantarillado son responsables de resolver esta problemática, pero la falta de acción contundente ha provocado el creciente descontento ciudadano.
En este contexto, el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), presentó el Programa Integral de Agua Potable, Saneamiento Universal y Reúso para Verón–Punta Cana, una iniciativa valorada en US$400 millones que transformará el acceso al agua y el manejo de aguas residuales en la principal zona turística del país.
El proyecto busca mejorar la calidad de vida, proteger el acuífero costero y garantizar un desarrollo sostenible, mediante la construcción de un sistema completo de agua potable, alcantarillado sanitario y reutilización de aguas tratadas.
Actualmente, Verón–Punta Cana carece de un acueducto público y de una red de saneamiento, lo que genera riesgos sanitarios, contaminación del subsuelo y presión sobre los recursos hídricos.
La propuesta contempla instalar redes de distribución, depósitos reguladores y estaciones de cloración para asegurar agua potable continua. En materia de saneamiento, incluye la instalación de colectores maestros, redes secundarias, seis estaciones de bombeo y una moderna planta de tratamiento con capacidad de 1,155 litros por segundo, equipada con tecnología RAFA, lodos activados y ultrafiltración.
El agua tratada será destinada al riego de campos de golf y la recarga del acuífero. El proyecto incorpora un enfoque ambiental y social robusto, con planes de mitigación, gestión de riesgos, participación comunitaria, mecanismos de quejas y medidas de protección para grupos vulnerables.
El cronograma prevé dos años para la fase de licitación y preconstrucción, seguido de la ejecución de obras de agua potable, alcantarillado y reúso.
Entre los beneficios destacan la reducción de enfermedades de origen hídrico, la eliminación de pozos sépticos, la protección del destino turístico, oportunidades económicas locales y un servicio sostenible con tarifas asequibles. La comunidad ha manifestado apoyo unánime al proyecto, especialmente por la sustitución de los sistemas sépticos, considerados costosos y contaminantes.
Este programa representa la intervención más importante en materia de agua y saneamiento en la historia de Verón–Punta Cana, y promete cerrar la brecha entre las zonas hoteleras y las comunidades residenciales, garantizando agua segura, saneamiento digno y protección ambiental a largo plazo.
Calles sin asfaltar
A pesar de ser uno de los destinos turísticos más importantes de la región, Verón–Punta Cana mantiene un déficit crítico en su infraestructura vial, reflejado en la cantidad de comunidades que aún no cuentan con calles asfaltadas ni condiciones adecuadas de movilidad.
En total, 46 sectores permanecen con vías en tierra, deterioradas, polvorientas o intransitables, lo que impacta la calidad de vida de miles de familias.
Entre las zonas afectadas se encuentran comunidades tradicionales como Don Rogelio, Don Agustín, Doña Jilda, Doña Cuba, Doña Leonor, Villa Esperanza, Villa Shell, Bello Amanecer, Villa Progreso, Villa la Fe, Ciudad Nueva, El Ejecutivo, El Chame y Sector Rijo, donde el tránsito cotidiano se convierte en un reto constante, especialmente en épocas de lluvia.
La falta de asfalto no solo dificulta la movilidad, sino que limita el acceso oportuno de ambulancias, camiones de recolección de basura y unidades de emergencia.
A esta situación se suman sectores en expansión, como Casitas Lindas, Villa Europa 3, Villa Flores, Perla del Caribe, Las Flores, Las 2 Hardas, Brisas del Sur, Sueño Verde, Monte Verde, Buena Vista 11, Cristo la Roca y Ensanches Punta Cana, que crecen sin una estructura vial que acompañe su desarrollo habitacional.
Muchas de estas zonas apenas cuentan con caminos improvisados por los propios residentes.
También se encuentran rezagadas varias lotificaciones que siguen sin recibir intervenciones, entre ellas Lotificación Verón, Lotificación Peralta, Lotificación Emmanuel, Lotificación #1, #2 y #3, y Lotificación Orión, donde las calles sin asfalto se llenan de lodo, dificultan el paso vehicular y aceleran el deterioro de viviendas y comercios.
Incluso áreas de mayor densidad poblacional, como Alto de Friusa, Alto de Bávaro, Campo Lindo, Ciudad del Rey, y sectores como Gardenia, Los Jardines y Rosa de Verón, presentan partes completas sin asfaltar, evidenciando la falta de planificación acumulada durante años.
Los comunitarios coinciden en que la ausencia de vías en buen estado afecta directamente la economía local, encarece el transporte y reduce la seguridad vial.
La carencia de asfaltado en estos 46 sectores confirma que el distrito necesita un plan de infraestructura integral, con prioridades claras y cronogramas públicos, que responda al crecimiento acelerado de esta zona turística. La población insiste en que el desarrollo no puede seguir avanzando sobre bases frágiles, mientras comunidades enteras continúan viviendo entre el polvo, el lodo y la incertidumbre.
Alumbrado de áreas estratégicas
El alumbrado público es otro tema pendiente. Aunque el centro turístico está parcialmente iluminado, muchas áreas residenciales y periféricas carecen de iluminación adecuada, situación que incrementa la inseguridad y dificulta la movilidad nocturna.
Las autoridades locales aseguran que la instalación de más luces en zonas estratégicas es una prioridad, pero la falta de presupuesto ha ralentizado el proceso. Esta oscuridad opera como un caldo de cultivo para la delincuencia, facilitando robos y asaltos.
El ayuntamiento local ha instalado unas 9,000 luminarias en toda la comunidad y actualmente RD Vial lleva a cabo la iluminación de todo el Bulevar Turístico del Este, con barandas de proyección en todo ese corredor. “Verón-Punta Cana es un centro turístico mundial, pero no podemos dejar que la inseguridad ponga en riesgo lo que hemos logrado”, afirma Juan Sánchez, residente en el sector Cristinita.
Expansión sin control
A la velocidad con que crece Punta Cana era de esperarse que el parque vehicular también aumentara de forma significativa, con todo y lo que esto implica.
El ordenamiento territorial para Verón-Punta Cana era un clamor colectivo en esta demarcación para resolver el problema del tránsito y otros que afectan la vida cotidiana de los munícipes de esta zona. Ya está listo, según han dicho las autoridades, y solo falta presentar de manera oficial los ejes fundamentales de esta iniciativa.
En la Semanal con la Prensa celebrada el pasado 10 de noviembre en Punta Cana, el presidente Luis Abinader defendió las acciones que el Gobierno ejecuta para enfrentar el congestionamiento vial provocado por el acelerado crecimiento turístico e inmobiliario de la zona.
Reconoció que la expansión del destino, donde se proyectan más de 60,000 nuevas habitaciones, ha generado una presión sin precedentes sobre el tránsito y la infraestructura, por lo que es indispensable ordenar el territorio antes de que el desarrollo avance sin control.
En ese mismo escenario, el ministro de Turismo, David Collado, afirmó que los problemas actuales son consecuencia de más de 30 años de crecimiento desordenado, sin una regla clara sobre dónde construir ni parámetros urbanos definidos.
Fue entonces cuando anunció que este mismo año el Gobierno presentará al sector privado el primer borrador del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bávaro–Punta Cana, un documento que establecerá las normas para regular alturas, densidades, zonas de expansión, corredores viales y criterios de sostenibilidad.
Collado adelantó que el presidente Abinader encabezará una reunión con todas las instituciones vinculadas al turismo y al tránsito, como la Dirección General de Seguridad y Tránsito Terrestre (Digesett), Medio Ambiente y el sector hotelero, para formalizar un acuerdo de gestión a ocho años, que unificará criterios y garantizará que el desarrollo futuro del destino sea planificado y no improvisado.
Aunque mencionó avances como la ampliación a cuatro carriles de la carretera hasta Uvero Alto, la circunvalación de Verón, la construcción de pasos a desnivel y la calle Domingo Maíz, Collado insistió en que la infraestructura no será suficiente sin un modelo territorial ordenado que evite repetir los errores del pasado.
El Gobierno apuesta a que el nuevo POT se convierta en la hoja de ruta que encauce el crecimiento de Punta Cana y reduzca las presiones viales que hoy afectan tanto a residentes como a la industria turística.
La falta de planificación adecuada y la expansión acelerada han generado problemas de sobrepoblación, deficiencias en servicios básicos como agua potable y saneamiento, y un tránsito caótico.
Aunque el crecimiento desordenado ha traído oportunidades económicas, también ha generado tensiones entre desarrolladores turísticos, autoridades y residentes. Urbanistas advierten que la ausencia de un marco regulador adecuado puede desembocar en una crisis de infraestructura, afectando directamente la calidad de vida de la población.
Un sueño que aún no se materializa
Uno de los temas más debatidos durante 2024 fue la propuesta de convertir a Verón-Punta Cana en un municipio autónomo, política y administrativamente independiente de Higüey. La iniciativa, respaldada por diversos sectores, busca descentralizar la administración local y garantizar que la zona reciba más recursos para atender sus problemas.
Aunque el proceso ha avanzado, todavía no se concreta a nivel legislativo, lo que limita las posibilidades de una gestión más eficiente y de la implementación de políticas públicas efectivas. El año 2024 dejó claro que, pese a los avances turísticos y económicos, el bienestar de la población local sigue siendo una tarea pendiente.
En la medida en que se prioricen inversiones en infraestructura, servicios públicos, agua potable, saneamiento y ordenamiento territorial, Verón-Punta Cana espera que podrá avanzar hacia un futuro más equilibrado, donde el progreso sea una realidad para todos sus habitantes.
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