
Bajo la fachada de jugosas ofertas laborales en el área de seguridad, una red internacional de reclutamiento liderada por figuras identificadas como “Polina” y “Alexandra” está arrastrando a ciudadanos salvadoreños a la guerra en Rusia
Desde San Salvador, El Salvador
21 Abr, 2026
Decenas de hombres salieron del país con la ilusión de un empleo en seguridad, ignorando que se trataba de una red de reclutamiento militar.
Las falsas promesas laborales y el silencio de las autoridades sellaron el destino de al menos una decena de salvadoreños, arrastrados por una red internacional que los condujo a la guerra entre Rusia y Ucrania. Dos familias, bajo nombres ficticios, relatan a Infobae el viaje sin retorno de sus seres queridos.

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La vida de Marta Hernández cambió el día que su esposo, Luis Gómez, le anunció que viajaría a Rusia tras recibir una oferta para trabajar en “seguridad” con un salario que superaba cualquier expectativa local.
“Me dijo que era la oportunidad de pagar todas las deudas y asegurar el futuro de nuestros hijos”, recuerda. La oferta llegó en diciembre de 2024, cuando la familia enfrentaba dificultades económicas y el empleode Luis como repartidor en una cadena de comida rápida apenas cubría los gastos básicos.

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La promesa vino de una mujer rusa, conocida como “Polina”, quien gestionó los boletos y la logística. Según Marta, dicha mujer contactó a varios hombres, incluyendo a Luis y dos de sus primos.
“Les aseguró que viajarían como turistas, que todo estaba en regla”. La realidad era distinta. En el primer intento, el grupo no logró pasar de Panamá porque no tenían boleto de regreso; la autoridad migratoria los retuvo y los envió de vuelta a El Salvador.

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La presión económica y la insistencia de Polina no tardaron en surtir efecto. En agosto de 2025, con la documentación completa, el grupo volvió a intentarlo. Esta vez, el trayecto incluyó escalas en Turquía y Moscú. Al llegar, el ambiente se tornó hostil.
Por motivos de seguridad y para proteger a sus familiares en El Salvador, la imagen de Rosa se mantiene en el anonimato.
“A los pocos días, mi esposo me contó que todo era distinto a lo prometido. Les quitaron los pasaportes, los teléfonos, y los sometieron a un entrenamiento extenuante”, relata Marta. La comunicación se volvió esporádica, limitada a mensajes en Telegram, pues los obligaron a desinstalar WhatsApp.
Luis advirtió que la supuesta capacitación era en realidad preparación militar. Los relatos recogidos por Infobae confirman que Polina y otros coordinadores amenazaban a quienes querían abandonar el lugar: “Si no continúan, los enviamos presos”, fue el mensaje que Luis transmitió a su esposa.
La desesperación creció. Marta describe noches sin respuesta, días enteros sin saber si Luis seguía vivo. “Me decía que lo trataban como animal, que lo obligaban a marchas forzadas sin alimento ni agua”.
El 14 de septiembre de 2025, Luis se despidió por última vez. “Me dijo que lo enviarían al frente, que sentía miedo, que no sabía si regresaría”. Desde esa fecha, el silencio se apoderó de la familia.
Solo meses después, en febrero de 2026, una funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, citó a la familia para informarles que Luis había muerto en combate, abatido por un dron mientras realizaba labores militares.
“Nos leyeron la copia de un documento ruso, pero nunca entregaron el cuerpo ni tradujeron el contrato que él firmó allá”, lamenta Marta. La promesa de una indemnización nunca se materializó. Ni la embajada salvadoreña en Moscú ni las autoridades locales ofrecieron respuestas claras.
Imagen de referencia que recrea el momento en que una de las esposas recibió la notificación de muerte en el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Un contrato, dos destinos: la odisea de Carlos Rivera en Rusia
Otra familia salvadoreña vive un drama similar. Rosa Jiménez despachó a su esposo, Carlos Rivera, en agosto de 2025, convencida por la ilusión de un empleo bien remunerado en Rusia.
“Él se enteró por un amigo, le hablaron de un contrato de seis meses y un pago cercano a cinco mil dólares mensuales. Pensó que podríamos salir adelante”, relata Rosa.
La gestión del viaje también estuvo a cargo de una reclutadora extranjera, identificada en este caso como Alexandra. Carlos partió también en agosto de 2025, junto a tres compañeros. Según el relato de su esposa, al llegar a Rusia les confirmaron que el contrato era por doce meses y no seis.
Los primeros días transcurrieron en un hotel, con promesas de estabilidad. La situación cambió tras la firma del contrato. “Empezó el entrenamiento. Le dijeron que haría tareas de apoyo, pero pronto perdió contacto. La alimentación era escasa, no había agua y los obligaban a largas jornadas físicas”, detalla Rosa.
Las condiciones empeoraron cuando Alexandra les confiscó los pasaportes y limitó sus comunicaciones. Carlos logró establecer contacto con un funcionario salvadoreño en Rusia, identificado como “Iván Castro”, y solicitó ayuda para regresar, pero la respuesta fue la misma que recibió la familia de Luis: “Todo depende de las autoridades rusas”.
“Solo Dios conoce la verdad”: Rosa se aferra a la oración mientras espera una señal. Pese al informe oficial, guarda la esperanza de que Carlos siga con vida en algún rincón de Rusia.
El último mensaje de Carlos llegó el 4 de septiembre de 2025, cuando informó que lo enviaban a una base militar cerca de la frontera de conflicto. Ese día, otro salvadoreño le confirmó a Rosa que Carlos había sido enviado a la primera línea de combate junto a un colombiano, sin haber completado un mes de entrenamiento.
Semanas después, la familia recibió la noticia de su muerte a través de documentos oficiales, aunque nunca vieron el cuerpo ni obtuvieron una confirmación definitiva. “Solo nos dijeron que murió el mismo día que lo mandaron a misión, pero la documentación no prueba nada”, asegura Rosa.
Las historias de Marta Hernández y Rosa Jiménez son solo una muestra de cómo la trata de personas y las redes de engaño encuentran terreno fértil en contextos de vulnerabilidad. Las voces recogidas por Infobae revelan un patrón: ofertas irresistibles, trámites opacos, contratos incomprensibles y una cadena de abandono institucional.
“Lo único que pedimos es saber la verdad y que nadie más pase por esto”, concluye Rosa. La incertidumbre, la impotencia y el dolor definen el presente de estas familias, que hoy exigen respuestas y justicia.
Redes de reclutamiento en la sombra: el engaño global que arrastra a salvadoreños y latinoamericanos al frente ruso
Una red transnacional de reclutamiento engañoso ha puesto su mirada en América Latina, utilizando promesas de salarios de hasta $2,600 como anzuelo para atraer a cientos de civiles al frente de guerra
Desde San Salvador, El Salvador
21 Abr, 2026
ARCHIVO: El esquema de captación utiliza redes sociales para ofrecer salarios de hasta $2,600.
Una compleja estructura de reclutamiento internacional, presuntamente operada por agencias privadas y facilitadores locales, ha puesto sus ojos en América Latina. Bajo la fachada de ofertas laborales legítimas y salarios extraordinarios, decenas de ciudadanos de países como El Salvador, Colombia y Cuba están siendo trasladados a la Federación Rusa.

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Sin embargo, la investigación elaborada por Infobae revela que, una vez en territorio euroasiático, la realidad es drásticamente distinta: los contratos civiles se transforman en uniformes militares y las zonas de trabajo en trincheras de primera línea.
La captación de voluntarios y trabajadores no comienza en oficinas formales, sino en el ecosistema digital. Plataformas como TikTok, Facebook y Telegram son los principales canales donde los reclutadores publican anuncios llamativos.

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Estas ofertas suelen prometer roles de seguridad privada, logística, construcción o cocina, con beneficios que parecen imbatibles:
- Incentivos financieros: Pagos iniciales (bonos de alistamiento) de entre $25,000 y $50,000 dólares en algunas regiones rusas.
- Salarios mensuales: Remuneraciones que oscilan entre los $2,400 y $2,600 dólares, cifras que superan ampliamente los ingresos promedio en la región latinoamericana.
- Ciudadanía exprés: La promesa de acceso rápido a la nacionalidad rusa para el trabajador y su familia tras finalizar el servicio.
El engaño se perfecciona mediante la barrera idiomática. Según reportes de inteligencia y testimonios de extranjeros capturados, los contratos se presentan únicamente en idioma ruso.

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Un documento del Ministerio de Defensa de la Federación de Rusia y de la Unidad de Control Fronterizo del Servicio Federal de Seguridad en el Aeropuerto Internacional de Vnukovo. Este documento pertenece a un ciudadano salvadoreño que fue engañado.
Esto impide que los reclutados comprendan cláusulas críticas, como la obligación de servir “hasta el final de la guerra” debido a decretos presidenciales vigentes en el Kremlin.
El contexto regional: El Salvador en el radar
En El Salvador, un grupo de familiares de ciudadanos afectados alertó a Infobae sobre la existencia de reclutadores identificados como Carlos Gallego y Marlyn Montoya, quienes presuntamente operan como nexos locales.
El esquema sigue el mismo patrón internacional: ofrecen empleos en zonas petroleras o escoltas privados, pero al llegar a Rusia, los ciudadanos son despojados de sus pasaportes y teléfonos, siendo forzados a incorporarse a unidades de combate tras entrenamientos mínimos de apenas unos días.
El fenómeno ha cobrado una relevancia crítica en los últimos días tras la viralización de un video en la plataforma Facebook, donde un ciudadano de origen colombiano denuncia, con notable desesperación, haber sido víctima de esta red de engaño.
En el material audiovisual, el joven relata cómo las promesas de un empleo digno se desvanecieron al ser forzado a participar en el conflicto, exponiendo abusos y condiciones inhumanas.
Este testimonio ha servido como catalizador para que familias de al menos una docena de salvadoreños que también fueron engañados solicitan un rescate urgente a las autoridades diplomáticas.
“Fuimos engañados”: La carta manuscrita cuatro salvadoreños denuncian a los reclutadores y notifican su decisión de no seguir el entrenamiento militar en Rusia.
Datos de medios internacionales como la BBC y organismos como la ONU dibujan un mapa de reclutamiento masivo que aprovecha la necesidad económica y la experiencia militar de los latinos:
- Cuba: Se estima que hasta 20,000 cubanos podrían haber sido reclutados. Al menos 1,000 han sido plenamente identificados vistiendo el uniforme de las filas rusas.
- Colombia: En marzo de 2026, la ONU alertó sobre redes que han reclutado a miles de colombianos, especialmente exmilitares, para conflictos en el extranjero, incluyendo el frente ucraniano.
- Asia y África: El fenómeno se extiende a Nepal (con un estimado de 15,000 hombres), India, Egipto, Yemen y diversas naciones africanas.
Una investigación de la BBC revela la red de una mujer rusa, Polina Alexandrovna, que recluta a combatientes extranjeros con falsas promesas para luchar en Ucrania. Muchos han sido enviados al frente y han muerto o desaparecido.
La trampa de los “roles no combatientes”
La mayoría de los extranjeros que terminan en el frente denuncian haber sido víctimas de un cambio de condiciones. Lo que se les vendió como un puesto de retaguardia (cocina o logística) se convierte en misiones de asalto.
La combinación de incentivos legales (la ciudadanía) y financieros actúa como un anzuelo para miles de personas que, al firmar, quedan atrapadas en un compromiso bélico del que no hay retorno legal hasta que cese el conflicto.
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