
- Autor,Redacción
- Título del autor,BBC News Mundo
“Gaza se ha convertido en algo peor que el infierno en la Tierra”.
Son palabras de la presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Mirjana Spoljaric, pero podrían ser las de cualquier gazatí.
Las voces que salen de la Franja, de quienes han podido hablar con la BBC o con los funcionarios de las agencias de ayuda internacional, describen un panorama desolador, lleno de humillaciones diarias que se han agravado con el nuevo sistema de distribución de ayuda organizado por Israel y respaldado por Estados Unidos y donde, como señala Spoljaric, “se ha despojado a los palestinos de su dignidad humana”.
“Nuestros niños mueren todos los días. ¿Qué esperan de una niña que llora porque no hay leche maternizada para alimentarla? No tengo dinero para comprarle leche. Mi marido no tiene trabajo, le han amputado una pierna”, relató una mujer palestina al Servicio Árabe de la BBC.
Sin pan, ni harina, ni leche en polvo para la niña o medicinas, esta mujer, que no quiso dar su nombre, describía el lamento de muchos gazatíes: “Somos como esqueletos caminando por la tierra”.
Cambios en el reparto de ayuda
Desde el pasado 27 de mayo, la única ayuda humanitaria que entra en el territorio está siendo distribuida por la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), un grupo formado fundamentalmente por contratistas estadounidenses con el que Israel ha sustituido a los grupos humanitarios de la Franja que hasta ahora habían repartido la ayuda en coordinación con Naciones Unidas.

Fuente de la imagen,Ahmad Salem/Bloomberg via Getty Images
La GHF empezó a operar después de casi tres meses de férreo bloqueo en los que no entró ningún tipo de ayuda a Gaza y que llevó a sus habitantes a un “riesgo grave de hambruna”, según la clasificación de la ONU.
Pero las entregas han sido caóticas. Desde que empezaron a operar en la Franja se han producido tiroteos casi diarios en las inmediaciones de los puntos de reparto.
Según reportan las autoridades gazatíes, decenas de palestinos que acudieron a recoger algo de alimento para sus familias en los últimos días murieron por disparos de las fuerzas de seguridad.
Israel dice que sus tropas dispararon contra personas sospechosas que se “desviaron de las rutas de acceso asignadas”, o que lanzaron disparos de advertencia.
Pero sus afirmaciones contradicen las de decenas de testigos, que señalan que “fueron recibidos a tiros cuando fueron a recoger ayuda para sus familias”, como le contó al Servicio Árabe de la BBC un hombre que presenció el tiroteo del martes en el que se reportó la muerte de más de 20 personas.
Este miércoles la GHF decidió cerrar los puntos de entrega de ayuda para realizar “trabajos de actualización, organización y mejora de la eficiencia”. Volverán a abrir el jueves, según afirmaron.
“Hoy fuimos a Rafah y los estadounidenses nos dijeron que no habría distribución de alimentos ni de agua. Entonces, ¿qué se supone que vamos a comer o beber? No tenemos comida ni agua”, le dijo una niña de Gaza al Servicio Árabe de la BBC al encontrarse con que el centro de distribución no había abierto.

Fuente de la imagen,Hani Alshaer/Anadolu via Getty Images
Los pocos hospitales que quedan operativos en Gaza, como el de Al Mawasi, se encuentran al 100% de su capacidad.
“La gente está asustada y desesperada”, relató al programa Newshour del Servicio Mundial de la BBC Mandy Blackman, una enfermera británica a cargo del hospital de campaña de Al Mawasi.
Blackman contó cómo tras el ataque cerca del centro de distribución de ayuda, el hospital se vio desbordado por la cantidad de heridos y muertos, en su mayoría hombres porque son los que acuden a recoger las cajas de comida que luego tendrán que cargar a pie a lo largo de kilómetros hasta donde están sus familias.
Historias similares llegan desde el hospital quirúrgico de Rafah, en el sur de Gaza, gestionado por el Comité Internacional de la Cruz Roja.
Solo el martes, sus equipos médicos recibieron a 184 pacientes, entre ellos 19 personas muertas a su llegada y otras ocho que fallecieron a causa de sus heridas poco después. Fue el mayor número de víctimas de un solo incidente en el hospital de campaña desde que se estableció hace poco más de un año.
Lo que está ocurriendo en Gaza “supera cualquier norma legal, moral y humana aceptable”, dijo la presidenta del CICR, Mirjana Spoljaric, en una entrevista con el editor internacional de la BBC, Jeremy Bowen.

Fuente de la imagen,Abed Rahim Khatib/Anadolu via Getty Images
Falta de organización
El nuevo sistema de entrega de ayuda a través de los puntos de distribución de la GHF sumó dificultades a las muchas que ya tienen los gazatíes.
Durante los meses de la guerra en los que Israel permitió la entrada de ayuda humanitaria a Gaza y durante la tregua firmada con Hamás, los productos de primera necesidad, medicinas y ayuda eran distribuidos por la ONU y las agencias con las que trabajaba directamente en las comunidades, en 400 puntos repartidos por toda la Franja.
El reparto se basaba en un registro de la población, asegurándose de que pudiera distribuirse de la mejor forma posible.
La GHF, sin embargo, solo ha instalado cuatro puntos de distribución situados en zonas bajo control israelí.
Los palestinos se ven obligados a caminar durante kilómetros para llegar a estos lugares, y esperar allí haciendo fila a que abran.

El sistema es “un simulacro de ayuda”, denunció al programa Today de BBC 4 James Elder, portavoz de Unicef, que ha pasado largos periodos en Gaza.
Según Elder, la gente camina entre 15 y 20 kilómetros para conseguir la ayuda.
“Hay adolescentes llorando en la ventanilla del auto enseñándome sus costillas”, relató a la BBC.
El sistema va, además, por orden de llegada, lo que convierte los puntos de distribución en un caos peligroso.
Las cajas de alimentos se apilan en palés en una zona rodeada de vallas y terraplenes.
Cuando se abren las puertas, la multitud se precipita y cada uno coge lo que puede, como puede verse en videos compartidos en redes sociales.
Según testigos, hay personas que se hacen con varias cajas, por lo que la ayuda se agota rápidamente y muchos, especialmente los menos rápidos o más débiles, se marchan con las manos vacías.
“Fui allí a las 5 de la mañana. ¿Cómo puedo volver con mis hijos con el corazón vacío, el espíritu destrozado y sin comida ni agua? No tenemos nada, ni harina, ni arroz, ni lentejas, ni nada de lo básico para vivir. Lo único que tienen mis hijos es agua, si es que la tienen”, se lamentaba al Servicio Árabe de la BBC un hombre que se había quedado sin poder recoger nada.
El portavoz de Unicef aseguró que lo que la GHF reparte no es suficiente, y que se sigue impidiendo a las organizaciones de confianza distribuir ayuda en el enclave.
“Eso es lo que realmente falta, grandes organizaciones que deberían repartir entre 500 y 600 camiones al día. En lugar de eso, estamos hablando de 500-600 cajas al día que van a parar a individuos”, afirmó.
La escasez de agua es también un problema cotidiano para muchos habitantes de Gaza, ya que el acceso al agua potable es limitado y las plantas desalinizadoras y los pozos se ven afectados por la escasez de combustible.
La semana pasada, la agencia humanitaria de Naciones Unidas, OCHA, declaró que el 72% de los recursos de agua, saneamiento e higiene de Gaza se encuentran ahora dentro de las zonas militarizadas de Israel, o áreas bajo órdenes de desplazamiento desde el 18 de marzo.

La carencia de ayuda también ha propiciado las peleas entre los propios palestinos para robarse lo que han conseguido agarrar.
La enfermera Blackman contó a la BBC cómo había tratado a un hombre que fue golpeado con ladrillos por alguien que quería robarle la ayuda que acababa de recoger.
Pero los robos no son solo actos de desesperación.
La situación de desgobierno de Gaza ha llegado hasta tal punto que grupos criminales armados están asaltando los camiones de ayuda humanitaria que entran a la Franja.

Fuente de la imagen,YOUSEF ALZANOUN/Middle East Images/AFP via Getty Images
En la madrugada de este miércoles, cientos de personas, entre ellos hombres armados, asaltaron cerca de la Ciudad de Gaza un convoy de camiones que se dirigían a unos almacenes del Programa Mundial de Alimentos.
En un video publicado en redes sociales por activistas puede verse a cientos de personas que huyen del lugar con sacos de harina y cajas de alimentos sacados de los camiones, mientras se oyen disparos de fondo.
El incidente pone de relieve “el deterioro de la situación de seguridad en Gaza, ya que el aparato policial y de seguridad de Hamás se ha desmoronado en gran medida”, señala Rusdi Abualouf, el corresponsal de Gaza de la BBC, que informa desde El Cairo desde que tuvo que abandonar la Franja hace un año.
Estas escenas de anarquía, violencia desenfrenada con armas de fuego y conflictos entre familias “se han convertido en sucesos casi diarios en todo el territorio asediado”, explica el corresponsal.
Armas apuntando a la cabeza, desnudados y con los ojos vendados: el equipo de la BBC detenido por fuerzas de Israel en el sur de Siria

- Autor,Feras Kilani
- Título del autor,Corresponsal del servicio árabe de la BBC
- Informa desde Londres
La mañana del 9 de mayo formé parte de un equipo del servicio árabe de la BBC que salió de la capital siria, Damasco, hacia la provincia sureña de Deraa. Desde allí, planeábamos dirigirnos a la frontera con los Altos del Golán, ocupados por Israel.
Queríamos acercarnos al territorio sirio que ha sido tomado por el ejército israelí desde diciembre, cuando el primer ministro de Israel anunció que asumirían el control indefinido de una zona desmilitarizada y áreas vecinas tras la caída del régimen de Bashar al-Assad.
Éramos un equipo de siete personas: yo (ciudadano británico), dos empleados iraquíes de la BBC y cuatro sirios, tres colaboradores independientes y un camarógrafo de la BBC.
Estábamos filmando cerca de uno de los puestos de observación de la Fuerza de Observación de la Separación de las Naciones Unidas (UNDOF, por sus siglas en inglés), cerca de la localidad de al-Rafeed, cuando un funcionario de la ONU nos informó que del lado israelí habían preguntado por nuestra identidad y que se les había comunicado que éramos un equipo de la BBC.
Luego nos dirigimos hacia el norte, en dirección a la ciudad de Quneitra, que se encuentra dentro de la zona desmilitarizada desde el acuerdo de separación de 1974 entre Siria e Israel, que capturó los Altos del Golán durante lo que se conoció como la Guerra de los Seis Días en 1967.
A unos 200 metros de la ciudad, un control sin vigilancia bloqueaba la carretera. A un lado del control, avistamos tanques Merkava, uno de los cuales portaba una bandera israelí.

Fuente de la imagen,AFP
Desde una torre cercana, dos soldados israelíes nos observaban -uno de ellos con binoculares- y mi colega levantó su identificación de la BBC para que pudieran verla.
La BBC ha presentado una queja ante el ejército israelí por lo que ocurrió a continuación con nuestro equipo, pero aún no ha recibido respuesta.
El operativo contra el equipo de la BBC
Un minuto después de que comenzáramos a filmar en la zona, un auto blanco se acercó desde el otro lado del control.
Cuatro soldados israelíes salieron del vehículo y nos rodearon. Apuntaron sus rifles a nuestras cabezas y nos ordenaron dejar la cámara a un lado del camino. Intenté explicar que éramos un equipo de la BBC, pero la situación escaló de forma inesperadamente rápida.
Logré enviar un mensaje a mis colegas de la BBC en Londres diciendo que el ejército israelí nos había detenido, antes de que nos confiscaran los teléfonos y todo el equipo. Más soldados israelíes llegaron en un vehículo militar Humvee, y registraron minuciosamente nuestro auto.
Los soldados nos escoltaron a través de una barrera hacia la ciudad de Quneitra y se detuvieron en el punto de cruce que separa Quneitra del Golán ocupado. Allí, comenzaron a revisar las grabaciones mientras nosotros permanecíamos sentados en el coche, y uno de ellos apuntaba su rifle a mi cabeza desde unos metros de distancia.
Después de más de dos horas, uno de los soldados me pidió que saliera del coche y hablara por un teléfono móvil.
No sabía quién era la persona al otro lado de la línea. Hablaba un árabe entrecortado. Me preguntó por qué estábamos filmando posiciones militares israelíes. Le dije que era un periodista británico de la BBC y le expliqué la naturaleza de nuestro trabajo. Volví a mi coche, y nuevamente me apuntaron con el rifle a la cabeza.
Tras otra hora de espera, llegó un vehículo más. Un grupo de agentes de seguridad salió del coche con vendas para los ojos y precintos de plástico, y me pidieron que saliera primero.
El oficial al mando, que hablaba con fluidez el dialecto palestino del árabe, me tomó de la mano y me condujo hacia una de las salas en el punto de cruce, que antes eran utilizadas por el ejército sirio. El suelo estaba cubierto de vidrios rotos y basura. Me dijo que a mí me tratarían de forma diferente: sin esposas ni venda en los ojos, a diferencia del resto de mi equipo.
Estaba en estado de shock. Pregunté por qué hacían esto si sabían que éramos un equipo de la BBC.
Él dijo que quería ayudarnos a salir rápidamente y que debíamos cumplir con sus instrucciones.

Momentos después, entró otro oficial y me ordenó que me quitara toda la ropa, excepto la ropa interior. Al principio me negué, pero insistieron y me amenazaron, así que accedí. Inspeccionó incluso dentro de mi ropa interior, tanto por delante como por detrás, revisó mi ropa y luego me dijo que me la volviera a poner. Entonces comenzó a interrogarme, incluyendo preguntas personales sobre mis hijos y sus edades.
Cuando finalmente me dejaron salir de la sala, presencié la escena horrorosa de mis compañeros de equipo, atados y con los ojos vendados. Supliqué al oficial que los liberara, y me prometió hacerlo después de los interrogatorios. Fueron llevados uno por uno a la misma sala para ser desnudados e interrogados.
Regresaron con las manos aún atadas, pero ya sin vendas en los ojos. El interrogatorio al equipo duró más de dos horas, durante las cuales todos nuestros teléfonos y ordenadores portátiles fueron revisados, y muchas fotos -incluidas algunas personales- fueron eliminadas.
El oficial nos amenazó con consecuencias peores si volvíamos a acercarnos a la frontera desde el lado sirio, y dijo que sabían todo sobre nosotros y que nos rastrearían si alguna foto oculta o no eliminada llegaba a publicarse.
Unas siete horas después de nuestra detención, ya pasaban las 21:00, fuimos escoltados por dos vehículos, uno delante de nuestro coche y otro detrás, hasta una zona rural a unos 2 km de Quneitra. Allí, los vehículos se detuvieron y arrojaron una bolsa con nuestros teléfonos hacia nosotros antes de marcharse.
Perdidos en la oscuridad, sin señal, sin internet y sin idea de dónde estábamos, seguimos conduciendo hasta que llegamos a una pequeña aldea.
Un grupo de niños nos indicó cómo llegar a la carretera principal, advirtiéndonos que un giro equivocado podría atraer fuego israelí. Diez minutos tensos después, encontramos la carretera. Cuarenta y cinco minutos más tarde, estábamos en Damasco.
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