August 15, 2026

Menos matrimonios y más divorcios: estadísticas de la ONE revelan cambios en la familia dominicana/ El matrimonio civil domina en Dominicana: representa el 87 % de las bodas

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Buscan preservar la familia y el matrimonio.

En nueve años, los matrimonios en RD caen un 23% mientras los divorcios se duplican

El Día Familia

: 14/08/2026

Santo Domingo.- Los dominicanos se casan menos que hace una década y, al mismo tiempo, los divorcios representan una proporción cada vez mayor frente a los nuevos matrimonios, una transformación que coincide con otros cambios profundos en la estructura de la familia, como el aumento de los hogares encabezados por mujeres, una mayor autonomía femenina y la pérdida de peso relativo de los matrimonios canónicos.

Las estadísticas de los registros administrativos de las Oficialías del Estado Civil, recopiladas por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), muestran que en 2016 se registraron 52,898 matrimonios, mientras que en 2025 fueron 40,750, lo que supone una reducción de 12,148 enlaces, equivalente a casi un 23 % en nueve años.

La disminución resulta todavía más significativa porque ocurre en un país cuya población ha seguido creciendo. Aunque los registros presentan fluctuaciones importantes de un año a otro y 2020 constituye una anomalía por las restricciones de la pandemia, la tendencia de los últimos años apunta hacia una reducción de los matrimonios

Cambios sociales

Después de alcanzar 52,583 en 2019, bajaron a 46,136 en 2021, se mantuvieron en 46,211 en 2022, aumentaron a 47,468 en 2023 y volvieron a descender a 44,645 en 2024 y 40,750 en 2025.

El divorcio gana terreno

La evolución de los divorcios presenta una historia diferente. En 2001 se registraron 12,821 divorcios, mientras que para 2025 la cantidad había aumentado a 24,711, prácticamente el doble.

La comparación con los matrimonios permite apreciar mejor la dimensión del fenómeno. En 2001 se produjeron alrededor de 34 divorcios por cada 100 matrimonios registrados. En 2016 la relación había aumentado a unos 41 por cada 100 y en 2025 alcanzó aproximadamente 61 divorcios por cada 100 matrimonios.

Menos matrimonios y más divorcios: estadísticas de la ONE revelan cambios en la familia dominicana
Infografía con datos de la ONE. Fuente externa.

Esto no significa que seis de cada diez matrimonios celebrados en 2025 terminaran en divorcio, porque los divorcios registrados ese año corresponden a uniones celebradas en diferentes períodos. La relación, sin embargo, constituye un indicador útil para observar cómo ha aumentado el peso del divorcio dentro de los registros civiles dominicanos.

La tendencia había alcanzado niveles todavía mayores inmediatamente después de la pandemia. En 2021 se registraron 29,128 divorcios frente a 46,136 matrimonios, y en 2022 fueron 28,805 divorcios frente a 46,211 matrimonios. Posteriormente las separaciones legales han disminuido, hasta situarse en 24,711 durante 2025, pero siguen teniendo un peso considerablemente mayor que a comienzos de siglo.

Separarse también ha cambiado

Las estadísticas revelan otra transformación menos visible, como es la manera en que las parejas se divorcian.
En 2001 la incompatibilidad de caracteres era la principal causa registrada, con 7,739 casos, frente a 5,082 divorcios por mutuo consentimiento. En 2025 la situación se había invertido ampliamente: 16,252 divorcios fueron por mutuo consentimiento y 8,459 por incompatibilidad de caracteres.

De esta manera, aproximadamente dos de cada tres divorcios registrados durante el año pasado fueron producto del mutuo consentimiento.

Ese cambio puede interpretarse como una señal de que la ruptura matrimonial se ha convertido progresivamente en un proceso menos confrontativo desde el punto de vista jurídico, aunque las estadísticas por sí solas no permiten establecer las razones sociales o personales que llevan a las parejas a optar por esta modalidad.

El matrimonio también se hace menos religioso

La forma de casarse aporta otra pieza importante para comprender la transformación.
En 2001 se registraron 37,270 matrimonios, de los cuales 32,450 fueron civiles y 4,820 canónicos. Los matrimonios católicos representaban entonces alrededor del 13 % del total.

Para 2025, de los 40,750 matrimonios registrados, 35,635 fueron civiles, soloo 3,002 canónicos y 2,113 correspondieron a otras denominaciones religiosas.

Esto significa que cerca del 87 % de todos los matrimonios registrados en 2025 fueron civiles, mientras los canónicos representaron alrededor del 7.4 %. Si se suman las demás denominaciones religiosas, los matrimonios celebrados bajo alguna modalidad religiosa representaron aproximadamente el 12.6 %.

La ONE comenzó a incluir la categoría de “otros religiosos” a partir de 2013, por lo que no resulta metodológicamente correcto comparar directamente toda la serie de esos matrimonios con los primeros años.

El matrimonio canónico pasó de 4,820 celebraciones en 2001 a 3,002 en 2025, pese al crecimiento de la población durante ese período.

Una familia diferente

Tomadas en conjunto, las estadísticas dibujan una sociedad en la que casarse parece haber perdido parte de la centralidad que tuvo para generaciones anteriores, mientras la disolución legal del matrimonio se ha normalizado y las ceremonias civiles dominan ampliamente sobre las religiosas.

Estos datos pueden relacionarse con otras transformaciones que viene experimentando la sociedad dominicana, aunque no permiten establecer por sí solos una relación de causa y efecto. Entre ellas figuran una mayor participación laboral y educativa de las mujeres, mayor autonomía económica para decidir sobre la continuidad de una relación y cambios culturales en torno al matrimonio, el divorcio, la maternidad y la convivencia en pareja.

La estructura del hogar dominicano también refleja esa transformación. Los datos recientes de ENHOGAR-MICS 2025 muestran que 44.7 % de los hogares está encabezado por mujeres, mientras han ganado presencia otras configuraciones familiares distintas del modelo tradicional de padre, madre e hijos.

Esto no necesariamente supone una desaparición de la familia, sino una diversificación de las formas de organización familiar. Parejas que conviven sin casarse, hogares monoparentales, personas que viven solas, familias extendidas y hogares encabezados por mujeres forman parte cada vez más visible de la realidad social dominicana.

La mujer, una pieza fundamental del cambio

Uno de los elementos que merece mayor atención es precisamente la transformación de la posición de la mujer.
Una mujer con mayor nivel educativo, participación laboral e ingresos propios dispone de posibilidades que eran mucho más limitadas para generaciones anteriores. La dependencia económica podía constituir históricamente un obstáculo para terminar una relación deteriorada; una mayor autonomía puede reducir esa barrera.

Pero sería incorrecto concluir únicamente a partir de las cifras de matrimonios y divorcios que el desarrollo de la mujer es responsable del incremento de las separaciones. Para demostrar esa relación serían necesarios estudios específicos que vincularan variables como educación, ingresos, participación laboral, género y duración matrimonial.

Lo que sí muestran diferentes indicadores demográficos es que el papel de la mujer dentro del hogar dominicano ha cambiado sustancialmente, al mismo tiempo que también se modifica el comportamiento frente al matrimonio.

Menos influencia religiosa, pero no necesariamente menos religión

La disminución del peso del matrimonio canónico también merece una lectura cuidadosa. Los datos demuestran una reducción de su participación dentro de los matrimonios registrados, pero no permiten concluir que los dominicanos sean necesariamente menos religiosos.

Lo que sí puede afirmarse es que la institucionalización de las relaciones de pareja depende cada vez menos de la ceremonia católica. La expansión de otras denominaciones cristianas explica parte del cambio, pero incluso incorporándolas el matrimonio civil continúa representando una amplia mayoría.

Más que demostrar una pérdida general de la fe, las cifras apuntan hacia una secularización de determinadas decisiones de la vida privada ya que para formalizar jurídicamente una unión, cada vez más parejas recurren exclusivamente al Estado.

El matrimonio civil domina en el país: representa el 87 % de las bodas

Las uniones católicas sufren una drástica disminución evidenciando una mayor secularización al momento de formalizar una relación de pareja

Victor Puente

Matrimonio
Imagen de ilustracion sibre matrimonio. Archivo.

14/08/2026

Santo Domingo.- La forma en que los dominicanos deciden formalizar sus relaciones sentimentales evidencia una profunda transformación hacia la secularización jurídica desplazando a las ceremonias religiosas tradicionales como la principal vía para contraer nupcias en el país.

Las estadísticas estatales revelan que de los 40,750 matrimonios registrados durante el año 2025 un abrumador total de 35,635 fueron civiles significando que cerca del 87 % de las parejas prefirieron acudir exclusivamente ante las autoridades del Estado.

La comparación histórica demuestra una severa pérdida del peso relativo de las uniones eclesiásticas recordando que en el año 2001 se celebraron 4,820 matrimonios canónicos representando en ese momento alrededor de un 13 % del total nacional.

El matrimonio civil domina en el país: representa el 87 % de las bodas

Para el pasado 2025 las bodas católicas cayeron dramáticamente a solo 3,002 celebraciones abarcando apenas el 7.4 % de los enlaces mientras que otras denominaciones cristianas sumaron 2,113 registros reflejando un cambio sustancial en la institucionalización del matrimonio.

“La violencia no es solo contra la mujer”: psicólogo reclama un abordaje integral del problema

 

Katherine Espino

Violencia contra menores
Violencia contra menores

14/08/2026 –

Santo Domingo.- La violencia de pareja no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de la agresión del hombre hacia la mujer, sino como un fenómeno complejo que también puede involucrar a hombres como víctimas, planteó el psicólogo Amaury Ramírez.

Durante un debate sobre los feminicidios y la violencia de género, Ramírez advirtió que ampliar la mirada resulta necesario para diseñar políticas de prevención más efectivas y atender las distintas formas en que se manifiesta la violencia dentro de las relaciones.

“Hay celotipia de la mujer hacia el hombre también”, afirmó el especialista, al explicar que los celos patológicos no son exclusivos de un sexo y pueden convertirse en un factor de riesgo cuando se combinan con otros problemas emocionales y conductuales.

Ramírez explicó que conductas como revisar constantemente el teléfono de la pareja, controlar sus contactos, perseguirla o incomodarse porque interactúe con otras personas pueden ser manifestaciones de celos extremos.

A su juicio, detrás de estas conductas pueden existir dependencia emocional, dificultades para manejar la frustración y una baja capacidad de autocontrol.

Amaury Ramírez
Amaury Ramírez

El psicólogo cuestionó, en el programa radial “Esto No Tiene Nombre”, que las políticas públicas reduzcan el análisis de la violencia exclusivamente al machismo y al patriarcado.

“Una miopía de género que excluye la figura masculina como un agente de cambio social”, sostuvo, al reclamar una intervención que también trabaje con los hombres.

“Todo lo reduce a machismo y patriarcado”, señaló Ramírez, al considerar que ese enfoque limita la posibilidad de comprender otros factores que intervienen en las conductas violentas.

En ese sentido, planteó que la violencia debe ser entendida como un fenómeno “multifactorial, multidimensional” que requiere un abordaje integral. Entre los factores de riesgo mencionó el consumo de alcohol y drogas, los celos patológicos, la dependencia emocional, la dificultad para manejar la frustración y problemas relacionados con el autocontrol.

Ramírez también citó un estudio realizado con hombres que han asesinado mujeres, en el que, según explicó, fueron identificados factores como baja capacidad de autocontrol, inseguridad, presencia de un padre ausente o distante y dificultades relacionadas con la flexibilidad mental. Aclaró que señalar estos factores no significa justificar la violencia, sino ampliar las herramientas para prevenirla.

El especialista defendió además la necesidad de trabajar con la población masculina antes de que los conflictos lleguen a episodios de violencia. Explicó que desarrolla iniciativas de masculinidad asertiva y que, en esos espacios, algunos hombres han comenzado a identificar las razones detrás de sus pensamientos, emociones y comportamientos.

“Ahora yo sé por qué debo cambiar”, contó que le han expresado participantes después de recibir orientación.

La propuesta, sostuvo, es pasar de una respuesta centrada principalmente en el castigo a una estrategia que incluya prevención, educación, atención psicológica y trabajo comunitario. El objetivo, afirmó, debe ser intervenir sobre los factores de riesgo antes de que una situación de violencia termine en una tragedia.

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