
Las fuerzas armadas de Estados Unidos ejecutaron el viernes uno de los bombardeos más intensos en la historia de Medio Oriente sobre objetivos militares en la isla de Kharg, en Irán. El presidente Donald Trump anunció que la operación, ordenada por él y realizada por el Comando Central estadounidense, “aniquiló por completo todos los objetivos militares en la joya de la corona de Irán, la isla de Kharg“. Trump advirtió que, aunque ha decidido no atacar la infraestructura petrolera de la isla, reconsiderará esa postura si Irán o cualquier otro actor obstaculiza el paso libre y seguro de los barcos a través del estrecho de Ormuz.
Kharg, situada a unos 30 kilómetros de la costa iraní, gestiona aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán, según datos de JP Morgan. La isla es el principal punto de carga de petróleo para buques y alberga grandes tanques de almacenamiento destinados al mercado internacional. Analistas citados por la BBC señalaron que hasta ahora Estados Unidos e Israel habían evitado atacar este enclave debido a las posibles consecuenciasenergéticas irreversibles que un ataque directo tendría para la región.
Trump afirmó que los ataques estadounidenses han dejado a las fuerzas iraníes “sin capacidad alguna” para defenderse y aseguró: “No hay nada que puedan hacer al respecto”. Además, reiteró que Irán “nunca tendrá un arma nuclear ni la capacidad de amenazar a Estados Unidos, Oriente Próximo ni al mundo”. El mandatario instó a las fuerzas armadas iraníes y a sus aliados a deponer las armas para “salvar lo que queda de su país”.
La isla de Kharg ha sido tradicionalmente un enclave estratégico para la economía iraní, especialmente desde la expansión petrolera del país en las décadas de 1960 y 1970, debido a la escasa profundidad de otras áreas costeras para permitir el acceso de grandes superpetroleros. Cualquier movimiento militar en este territorio tiene el potencial de detener de inmediato la mayor parte de las exportaciones de crudo iraní, lo que, según JP Morgan, podría desencadenar represalias en el estrecho de Ormuz o ataques contra la infraestructura energética regional.
El estrecho de Ormuz es un punto crítico para el comercio global de energía, ya que por allí transita cerca del 20% del crudo y del gas natural licuado mundial. En las últimas semanas, ataques atribuidos a Irán han paralizado el tráfico marítimo en la zona y afectado instalaciones de otros Estados del Golfo Pérsico. Trump anunció que la Marina de Estados Unidos comenzará a escoltar petroleros por el estrecho “muy pronto” para restablecer las exportaciones de petróleo, en un intento por contener el aumento de los precios de la gasolina en territorio estadounidense.
El viernes, los precios internacionales del crudo registraron un alza. Los futuros del Brent aumentaron un 2,68%, alcanzando 103,14 dólares por barril. La volatilidad en los mercados se ha visto impulsada por los recientes comentarios de Trump sobre la duración e intensidad de la ofensiva estadounidense contra Irán, así como por las acciones iraníes contra el transporte marítimo en la región.
Estados Unidos mantiene su ofensiva en Irán, y el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, informó que este viernes sería “el día más intenso” tras dos semanas de operaciones en las que se han atacado 6.000 objetivos. Trump también concedió una exención temporal para algunas compras de petróleo ruso sancionado, una medida que generó críticas entre los aliados europeos de Washington, por considerar que podría favorecer el financiamiento de la guerra de Rusia en Ucrania.
(Con información de AFP, EFE, Europa Press y Reuters)

Las fuerzas armadas de Irán amenazaron con destruir la infraestructura petrolera asociada a Estados Unidos en Medio Oriente después de que el presidente Donald Trump anunciara bombardeos sobre la isla de Kharg, principal centro petrolero del régimen iraní.
El Cuartel General Central de Khatam Al-Anbiya, vinculado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), advirtió, en un comunicado citado por medios iraníes, que cualquier ataque contra instalaciones energéticas iraníes provocará la destrucción inmediata de la infraestructura de empresas que cooperen con Estados Unidos, que sería “convertida en un montón de cenizas”.
El anuncio, difundido por las agencias de noticias Fars y Tasnim, se emitió en respuesta a las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró en redes sociales que los ataques estadounidenses “arrasaron” objetivos militares en la isla de Kharg.
El mandatario advirtió que lanzará un nuevo ataque contra la infraestructura petrolera de la isla si Teherán no permite el paso de barcos por el Estrecho de Ormuz, vía estratégica por la que circula una quinta parte del petróleo crudo y del gas natural licuado del mundo. Trump también instó a las fuerzas armadas iraníes y a sus aliados a deponer las armas para “salvar lo que queda de su país”.

Trump afirmó que los ataques estadounidenses han dejado a las fuerzas iraníes “sin capacidad alguna” para defenderse y aseguró: “No hay nada que puedan hacer al respecto”. “(Irán) nunca tendrá un arma nuclear ni la capacidad de amenazar a Estados Unidos, Oriente Próximo ni al mundo”, agregó.
Los ataques iraníes paralizaron prácticamente el tráfico marítimo en el estrecho, lo que genera preocupación entre inversores y gobiernos a nivel mundial ante la posibilidad de una reducción del suministro energético y un repunte de la inflación.
Durante el viernes, el CGRI lanzó una ofensiva conjunta con Hezbollah contra Israel y un edificio residencial ubicado a cuatro kilómetros del Aeropuerto Ben Gurión fue alcanzado por un misil, sin que se reportaran heridos.
El impacto ocurrió en Shoham alrededor de las 19.30, hora local, tras la activación de las sirenas antiaéreas en el centro de Israel, incluida la zona de Tel Aviv y el aeropuerto, áreas habitualmente objetivo de ataques iraníes. Los bomberos israelíes informaron que realizan búsquedas para descartar la presencia de personas atrapadas y trabajan en la extinción del incendio que afectó la parte superior del inmueble de dos plantas.
El impacto generó una columna de fuego y humo, según muestran los vídeos difundidos por los servicios de emergencia. En Rishon Lezion, a unos 11 kilómetros de Shoham, varios vehículos se incendiaron por la caída de submuniciones, sin que se registraran heridos. El Ejército israelí confirmó que probablemente se trató de un misil de racimo. Medios locales difundieron imágenes en las que el proyectil se fragmenta en bombas pequeñas en el aire, que luego caen al suelo.
Datos de las Fuerzas de Defensa de Israel indicaron que cerca del 50% de los misiles iraníes lanzados desde el 28 de febrero portan ojivas de racimo, diseñadas para dispersar decenas de submuniciones en un radio de hasta 10 kilómetros.
Cada submunición está fabricada en acero y contiene una carga explosiva de entre tres y 20 kilos. Algunos misiles de mayor tamaño, como el iraní Khorramshahr, pueden dispersar hasta 80 bombas. Esta dispersión evita que los daños se concentren en un solo punto y aumenta el riesgo, ya que algunas submuniciones no detonan al impactar, lo que obliga a mantener medidas de seguridad durante días o semanas.
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