CNN — 

Cuando el autoritarismo avanza, los defensores suelen presentar los intentos de concentración de poder de un líder fuerte como algo racional; incluso como algo necesario para el bien nacional.

Los principales asesores de la administración Trump siguieron esa estrategia el domingo, justificando el despido abrupto por parte del presidente de la principal funcionaria laboral del Gobierno a cargo de las estadísticas de empleo debido a cifras de empleo que perjudicaron su proclamación de una nueva “era dorada”.

Pero la destitución de la comisionada de la Oficina de Estadísticas Laborales, Erika McEntarfer, junto con el intento simultáneo del presidente Donald Trump de destruir la independencia de la Reserva Federal, amenaza la reputación de la economía estadounidense como baluarte de estabilidad e integridad que ha sustentado generaciones de prosperidad.

Dicha interferencia política podría reforzar el creciente poder de Trump. Pero podría ser contraproducente, erosionando la confianza de inversores, empresas y organizaciones que dependen de estadísticas precisas y veraces sobre la salud de la economía para tomar decisiones importantes que pueden afectar la vida de millones de personas. Incluso la Reserva Federal las utiliza para decidir sobre política monetaria.