October 7, 2026

Reportaje Diario Libre RD: La paradoja del Canal de la Mona: dominicanos llegan y puertorriqueños se van

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Migrantes rescatados durante un operativo conjunto de la Armada Dominicana y el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos en Puerto Rico. (CEDIDA POR LA ARMADA)

El 42 % de los municipios de Puerto Rico ha perdido más del 15 % de su población en 25 años, pero la isla continúa siendo destino de dominicanos que arriesgan la vida en yolas

Diario Libre

Santo Domingo – oct. 07, 2026

El Canal de la Mona sigue funcionando como una frontera entre dos realidades aparentemente contradictorias. Desde República Dominicana continúan saliendo hombres y mujeres en yolas, dispuestos a afrontar uno de los pasos marítimos más peligrosos del Caribe para alcanzar Puerto Rico.

Al otro lado, sin embargo, la isla que buscan como puerta de entrada a una vida mejor lleva dos décadas perdiendo población y enfrenta apagones recurrentes, altos costos energéticos y, este año, una severa sequía que ha obligado a racionar el agua.

El contraste volvió a quedar expuesto este fin de semana. La Guardia Costera de Estados Unidos y la Armada Dominicana rescataron a 61 migrantes de una embarcación sobrecargada que comenzaba a hundirse a unos 22 kilómetros al noroeste de Cabo Cabrón, Samaná.

El operativo se produjo poco después de otro naufragio en el Canal de la Mona que dejó 49 sobrevivientes, tres muertos y diez desaparecidos, según los balances divulgados por EFE y publicados por Diario Libre.

La Guardia Costera estadounidense advirtió, tras el último rescate, que estos viajes ilegales y peligrosos están aumentando. Dominicanos y haitianos utilizan embarcaciones precarias para atravesar el Canal de la Mona, un paso marítimo de unos 110 kilómetros de ancho que separa República Dominicana de Puerto Rico.


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Datos de la Armada Dominicana recopilados anteriormente por Diario Libre muestran la persistencia de la ruta: 26,527 personas fueron detenidas en viajes ilegales entre julio de 2018 y marzo de 2025. De ellas, 18,504 eran dominicanas, equivalentes al 69.76 % del total, y 6,253 haitianas.

Puerto Rico continúa ejerciendo esa atracción incluso cuando sus indicadores demográficos muestran un movimiento en dirección contraria.

Una isla que se achica

Los datos divulgados este martes aportan una dimensión más amplia al fenómeno. El Instituto de Estadísticas de Puerto Rico (IEPR) informó que 33 de los 78 municipios de la isla, el 42 % del total, han perdido más del 15 % de su población durante los últimos 25 años.

El retroceso ha sido particularmente pronunciado en algunos lugares. Guánica ha perdido el 45.8 % de sus habitantes desde 2000; Ceiba, el 41 %; Loíza, el 33.7 %; Maricao, el 32.7 %, y Yauco, el 31.8 %, según los resultados del nuevo Observatorio Demográfico Municipal del IEPR, difundidos por EFE.

La disminución es todavía más marcada entre los niños. Los 78 municipios de Puerto Rico han perdido más de la mitad de su población de entre 0 y 9 años. 

Lanselotte Oliveras Vega, asistente de Proyectos Estadísticos del área de Demografía y Geografía del IEPR, explicó que ese cambio ya tiene repercusiones visibles en la sociedad, con menos guarderías, escuelas, tiendas y otros establecimientos orientados a la población infantil.

Las cifras municipales se insertan en un proceso demográfico que afecta a toda la isla. Puerto Rico tenía 3,184,835 habitantes al 1 de julio de 2025, 17,686 menos que un año antes, una reducción del 0.6 %, de acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos. Desde 2020, la pérdida alcanza aproximadamente 101,000 habitantes, equivalente al 3.1 % de su población.

La perspectiva histórica es aún más significativa. Puerto Rico tenía 3,725,789 habitantes en el censo de 2010. En 2025 quedaban 3,184,835: alrededor de 541,000 habitantes menos en quince años.

No todos se fueron de Puerto Rico

La reducción de la población no significa, sin embargo, que todos esos habitantes hayan emigrado. Los datos obligan a distinguir entre despoblación y emigración.

La Oficina del Censo señala que Puerto Rico ha registrado descensos anuales de población casi todos los años desde 2005. Entre julio de 2024 y junio de 2025, la isla volvió además a presentar una migración neta negativa de 2,779 personas, después de registrar un saldo positivo de 14,425 el año anterior.

  • El principal factor de la caída más reciente fue el cambio natural de la población. Durante ese período se registraron 32,857 muertes frente a apenas 17,950 nacimientos: casi dos fallecimientos por cada nacimiento.

La emigración, no obstante, ha desempeñado durante décadas un papel importante en la transformación demográfica puertorriqueña. Un informe del propio Instituto de Estadísticas publicado anteriormente calculó que unos 55,000 puertorriqueños emigraron hacia Estados Unidos en 2021 y aproximadamente 43,000 en 2022, aunque el flujo disminuyó entre esos dos años.

La diferencia fundamental es que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses y pueden trasladarse libremente a cualquiera de los estados, mientras que los dominicanos que intentan llegar clandestinamente a Puerto Rico se enfrentan a controles migratorios, detención y repatriación.

Apagones y una red vulnerable

Los dominicanos que logran cruzar el Canal de la Mona llegan además a una isla que arrastra problemas estructurales en su sistema eléctrico.

Puerto Rico continúa dependiendo en gran medida de combustibles fósiles y ha sufrido interrupciones recurrentes del servicio. La red eléctrica sigue enfrentando problemas de generación, transmisión y distribución, además de las dificultades financieras acumuladas por la Autoridad de Energía Eléctrica.

  • Los problemas del sistema se hicieron especialmente visibles después del huracán María en 2017, que destruyó gran parte de la infraestructura eléctrica, aunque muchas de las deficiencias eran anteriores al ciclón. Desde entonces, Puerto Rico ha recibido miles de millones de dólares en fondos federales para reconstruir y modernizar la red, pero las interrupciones continúan formando parte de la vida cotidiana de numerosos residentes.

El costo de la electricidad constituye además una carga importante para hogares y empresas, en una isla que necesita importar buena parte de los combustibles utilizados para generar energía.

Medio millón bajo racionamiento

A los problemas eléctricos se añadió este año otra dificultad: la falta de agua.

Puerto Rico declaró a finales de julio un estado de emergencia por la sequía. A comienzos de agosto, las condiciones de sequía afectaban alrededor del 80 % del territorio y la franja sur del centro y oeste llegó a registrar condiciones extremas. Julio fue el mes más seco desde que comenzaron los registros en 1899, con apenas 0.54 pulgadas de lluvia, equivalentes al 9 % de lo normal.

La caída de los niveles del embalse Carraízo obligó a imponer racionamientos a más de 500,000 personas en San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Canóvanas, Loíza, Gurabo y Juncos, según informó EFE.

El plan contempló interrupciones programadas de hasta 48 horas. La situación afectó hogares y comercios y obligó a las escuelas a reducir sus jornadas durante los días de racionamiento.

La economía no está en recesión

Los problemas de Puerto Rico no permiten, sin embargo, describir a la isla como una economía actualmente en recesión.

Las proyecciones apuntan más bien hacia un crecimiento económico más lento, en momentos en que disminuye el impulso extraordinario proporcionado por los fondos federales y persisten problemas estructurales como la baja participación laboral, la reducción poblacional, el envejecimiento y las deficiencias de infraestructura.

Es precisamente ese escenario el que hace más llamativo el movimiento en direcciones opuestas a ambos lados del Canal de la Mona.

El atractivo permanece

Nada de esto ha eliminado el atractivo que Puerto Rico mantiene para una parte de la población dominicana.

La cercanía geográfica es determinante, pero también lo es la condición política de la isla. Alcanzar Puerto Rico significa entrar en territorio bajo jurisdicción estadounidense, aunque hacerlo clandestinamente no concede derecho a permanecer allí y puede terminar en detención y repatriación.

Para quienes emprenden la travesía, Puerto Rico representa la expectativa de salarios más elevados, vínculos familiares y, en algunos casos, la posibilidad de continuar posteriormente hacia Estados Unidos continental.

El costo puede ser mortal.

El naufragio ocurrido a finales de septiembre lo volvió a demostrar. La embarcación volcó en aguas próximas a la isla de Mona con más de 60 personas a bordo. Ninguno de sus ocupantes llevaba chaleco salvavidas. 

Las autoridades terminaron contabilizando 49 sobrevivientes, tres muertos y diez desaparecidos.

Familiares de algunos de los dominicanos involucrados relataron posteriormente a Diario Libre que entre quienes emprendieron el viaje había trabajadores y padres de familia. Las dificultades económicas y la búsqueda de mayores oportunidades aparecieron nuevamente entre las razones para abandonar el país.

Días después, otros 61 migrantes tuvieron que ser rescatados frente a Samaná cuando la embarcación sobrecargada en la que viajaban comenzó a hundirse.

  • El contraste queda ahora reforzado por los nuevos datos demográficos: 33 municipios puertorriqueños han perdido más del 15 % de sus habitantes en 25 años y los 78 han visto reducirse en más de la mitad su población infantil de 0 a 9 años.

Mientras una parte de Puerto Rico envejece, pierde habitantes y ve marcharse residentes hacia Estados Unidos continental, desde la costa dominicana siguen saliendo yolas con personas dispuestas a atravesar el Canal de la Mona para llegar precisamente allí.

Es la paradoja de una ruta migratoria que continúa activa: para unos, Puerto Rico es una isla de la que se marchan en busca de mejores oportunidades; para otros, sigue siendo la orilla que están dispuestos a arriesgar la vida para alcanzar.

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