
Estados Unidos enviará este fin de semana a Islamabad una delegación de alto nivel encabezada por el vicepresidente JD Vance para abrir la primera ronda presencial de negociaciones con el régimen iraní tras la tregua temporal de dos semanas alcanzada este martes.
La confirmación llegó desde la Casa Blanca, que precisó que la reunión comenzará el sábado y que Washington espera utilizar este nuevo canal para avanzar hacia un acuerdo que cierre la guerra iniciada el 28 de febrero.
La portavoz Karoline Leavitt informó que Donald Trump dispuso el envío de “su equipo negociador, encabezado por el vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance”, junto al enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner.
Según detalló, será la primera participación directa del número dos de la administración republicana en contactos de este tipo con Teherán.
Durante declaraciones a periodistas en Hungría, el vicepresidente dejó claro que el objetivo principal de Estados Unidos será impedir que Irán conserve capacidad para desarrollar un arma nuclear.
“No queremos que Irán tenga la capacidad de construir un arma nuclear”, afirmó.
Vance añadió que esa línea incluye exigencias específicas sobre el programa atómico del régimen.
“No queremos que Irán siga enriqueciendo hacia un arma nuclear, y queremos que entregue el combustible nuclear. Esas serán nuestras demandas durante la negociación”, sostuvo.
El vicepresidente estadounidense también se refirió a uno de los principales puntos de tensión surgidos tras la tregua: la interpretación sobre si el cese de hostilidades incluía a Líbano.
Según explicó, Teherán asumió erróneamente que ese frente estaba cubierto por el acuerdo.
“Los iraníes pensaron que el alto el fuego incluía Líbano, y simplemente no fue así. Nunca hicimos esa promesa”, señaló.
Sobre ese punto, Vance instó al régimen a no utilizar la situación libanesa como argumento para debilitar las conversaciones.
“Si Irán quiere dejar que esta negociación se derrumbe por Líbano, que no tiene nada que ver con ellos, esa es en última instancia su decisión”, dijo ante la prensa.
Otro de los ejes centrales del viaje a Pakistán será la reapertura efectiva del estrecho de Ormuz, condición que Washington considera parte esencial del entendimiento alcanzado con Teherán. Vance aseguró que ya existen señales iniciales en ese sentido.
“Estamos viendo señales de que el estrecho está empezando a reabrirse”, afirmó.
El vicepresidente remarcó que, para la Casa Blanca, el intercambio es claro: Estados Unidos ofrece el cese temporal de hostilidades y la apertura de una negociación, mientras espera de Irán la normalización del tránsito marítimo.
“El acuerdo es un alto el fuego y una negociación; lo que ellos dan es la reapertura del estrecho”, explicó. También advirtió que si esa condición no se cumple, Trump no mantendrá el actual esquema.
“Si no vemos que eso ocurra, el presidente Trump no respetará nuestros términos si los iraníes no respetan los suyos”, dijo.
Vance cerró su mensaje con una advertencia sobre el margen de maniobra de Washington.
“Estados Unidos tiene una posición fuerte y la jugaremos bien”, sostuvo, antes de insistir en que la próxima decisión recae sobre Teherán. “Los iraníes tienen que dar el siguiente paso o Trump tiene opciones para volver a la guerra”.

La Casa Blanca aclaró que la propuesta inicial de diez puntos presentada por Teherán ya fue descartada y reemplazada por una versión más reducida. “Inicialmente, los iraníes presentaron un plan de 10 puntos que resultaba fundamentalmente poco serio, inaceptable y que fue completamente descartado”, afirmó la portavoz.
Con ese marco, la reunión de Islamabad se perfila como la primera prueba concreta del alto el fuego y del intento por trasladar la tregua militar a una negociación política más amplia.

El grupo terrorista libanés Hezbollah anunció la madrugada del jueves nuevos ataques contra Israel y acusó a ese país de violar el acuerdo de alto el fuego alcanzado entre Irán y Estados Unidos. La organización sostuvo que la tregua no se respetó en el frente libanés, pese a que tanto Tel Aviv como Washington afirmaron que ese entendimiento no incluye el conflicto abierto en Líbano. Se trata del primer ataque del grupo desde el anuncio de la tregua temporal.
Hezbollah, aliado del régimen de Irán, afirmó que continuará sus operaciones militares. “Nuestros ataques seguirán hasta que la ‘agresión estadounidense-israelí’ contra el país termine”, indicó el grupo, que justificó su accionar “en defensa del Líbano y su gente y en respuesta a la violación del enemigo del acuerdo de alto el fuego”.
La organización también señaló que se mantuvo comprometida con el cese de hostilidades, al sostener que “se había ‘comprometido’ con el cese de las hostilidades, mientras que ‘el enemigo’ no lo hizo”.
El anuncio se produce en medio de versiones contradictorias sobre el alcance del acuerdo de alto el fuego. Pakistán, que actuó como mediador, informó inicialmente que la tregua incluía a todas las partes involucradas en el conflicto en Medio Oriente, incluido el Líbano.
Sin embargo, el Gobierno israelí aclaró posteriormente que ese frente no formaba parte de las negociaciones, al definir la confrontación como un conflicto bilateral. La Casa Blanca respaldó esa postura y reafirmó que el entendimiento se limita a la relación entre Washington y Teherán.
En este contexto, el Ejército israelí intensificó sus operaciones en territorio libanés. El miércoles, Israel ejecutó su ofensiva más virulenta hasta la fecha contra el Líbano, con una serie de bombardeos que causaron más de 250 muertos en una sola jornada. Las acciones militares profundizaron una campaña que incluye operaciones terrestres y ataques aéreos, en curso desde principios de marzo. Según las autoridades israelíes, los objetivos se vinculan con la presencia de combatientes de Hezbollah en zonas urbanas.
El Ejército israelí justificó los bombardeos al afirmar que Hezbollah se desplazó hacia barrios mixtos de Beirut, capital del Líbano, que concentró la mayor parte de los ataques. Desde la organización chií, en tanto, se informó que la ofensiva lanzada en respuesta tuvo como objetivo la localidad israelí de Al-Manar. Medios israelíes reportaron impactos en el norte del país y citaron fuentes militares que confirmaron la detección de ataques en esa zona.
Tras los bombardeos del miércoles, Hezbollah ya había anticipado una respuesta. El grupo aseguró que se vengaría y advirtió que “la sangre de las víctimas no será derramada en vano”. Esa declaración precedió a los ataques anunciados en la madrugada del jueves, en un escenario de escalada que complica la vigencia de la tregua impulsada entre Irán y Estados Unidos.
El frente libanés se reactivó luego de que Hezbollah lanzara ataques contra Israel como represalia por el operativo conjunto entre Washington y Tel Aviv sobre Teherán el 28 de febrero. Desde entonces, Israel mantiene una ofensiva sostenida contra el Líbano que, según cifras disponibles, dejó más de 1.700 muertos. La evolución de los enfrentamientos y la falta de consenso sobre el alcance del alto el fuego mantienen la incertidumbre sobre la posibilidad de contener la escalada en la región.
La ONU condenó los ataques de Israel contra el Líbano
El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó los “ataques masivos perpetrados por Israel en todo el Líbano el miércoles”, que, según indicó, provocaron la muerte y heridas a “cientos de civiles, incluidos niños”.
“El Secretario General condena enérgicamente la pérdida de vidas civiles y está profundamente alarmado por el creciente número de víctimas entre la población civil”, declaró su portavoz, Stéphane Dujarric, en un comunicado difundido por la organización.
Guterres advirtió que la “actividad militar en curso en el Líbano” representa un “grave riesgo” para el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán y reiteró su llamamiento a “todas las partes para que cesen inmediatamente las hostilidades”. “No existe una solución militar al conflicto”, añadió el comunicado.
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