
Se muestra un logotipo del Obamacare en la puerta de la agencia de seguros UniVista Insurance en Miami, Florida, el 10 de enero de 2017. (RHONA WISE / AFP)
El impacto del aumento del seguro de salud en la clase media estadounidense
Rachel Mosley, una profesora de preescolar que vive en el estado de Florida, descubrió recientemente que el seguro de salud de su familia está a punto de triplicarse, cuando expiren los subsidios gubernamentales el próximo año.
Como casi 20 millones de estadounidenses de clase media, Mosley y su esposo se han beneficiado hasta ahora de subvenciones relacionadas con la Ley de Cuidados a Bajo Precio, conocida como “Obamacare”.
Pero bajo el gobierno del presidente Donald Trump, esos subsidios expirarán a fin de año, y los republicanos se han negado a negociar su extensión, defendida por los demócratas.
¿Qué consecuencias podría tener?
El explosivo tema está en el centro de la pulseada por el presupuesto que ambos partidos mantienen en el Congreso, que provocó la parálisis del gobierno federal desde hace un mes.
Como en noviembre se renuevan y se abren las inscripciones de los seguros de salud, miles de hogares de todo el país se están enterando de las nuevas tarifas.
“Derramé algunas lágrimas en el porche de mi casa”, le dijo a la AFP Mosley, que tiene cinco hijos y gana unos 24,000 dólares al año como profesora. Combinado con el salario de su esposo como asistente médico, asegura que el seguro de salud consumiría “un tercio” de sus ingresos. “Ni siquiera puedo imaginar cómo podríamos pagarlo”, agregó.
Mosley, de 46 años, trabaja a tiempo parcial porque sufrió un infarto el año pasado, pese a creer que gozaba de buena salud. Así que cancelar el seguro del todo no es una opción.
“Si tuviera que ir al hospital por un infarto o un derrame cerebral… ¿cómo pagaría la factura?”, agregó. “Realmente no tendría cómo hacerlo”.
¿Cómo ocurrió el aumento del seguro de salud?
Es una situación con ecos en todo el país. Audrey Horn, una jubilada de 60 años de Nebraska, sintió un miedo similar. Su prima de salud, hoy completamente cubierta por el gobierno, está previsto que pase de 1,740 dólares a más de 2,430, y su sustancial subsidio está en el limbo. El esposo de Horn trabaja para una pequeña empresa de construcción y le pagan por hora. Dice que ya sienten el impacto de la inflación y simplemente no les alcanzaría para pagar semejante aumento del seguro.
En Estados Unidos cerca de la mitad de los trabajadores reciben cobertura de salud a través de sus empleadores. Pero el resto -empleados de pequeños negocios, trabajadores independientes, de medio tiempo o contratistas- están cubiertos por “Obamacare”.
El programa de subsidios fue creado para “disminuir la brecha” entre el alto costo de los servicios de salud y lo que la gente en realidad podía pagar, explicó Mark Shepard, economista de Harvard y experto en políticas públicas.
Las subvenciones aumentaron durante la pandemia de Covid-19, pero ahora podrían incluso desaparecer, aunque el costo de vida sigue subiendo.
KFF, un centro de estudios sobre salud pública, afirma que el vencimiento de subsidios podría llevar en promedio a que una prima de salud de 888 dólares en 2025 se dispare a 1,906 dólares el próximo año. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que el dramático aumento hará que cuatro millones de estadounidenses pierdan su seguro de salud.
“Habrá una carga en toda la sociedad”, dijo Shepard, porque la gente seguirá yendo a Urgencias, pero sin seguro. Cuando eso pasa, la gente acumula deudas que fácilmente alcanzan las decenas de miles de dólares, y cuando no logran pagarlas, “los hospitales o gobiernos locales terminan cargando con el peso de ese costo”, dijo Shepard.
Mosley ha llamado y escrito a los senadores republicanos del estado de Florida pidiéndoles que reconsideren su posición, sin respuesta.
Al otro lado del país, la familia de Claire Hartley, dueña de un estudio de Yoga en California, pasará de pagar 1,100 dólares por su seguro de salud a 2,022 el próximo año. Por eso pide a sus representantes demócratas que “se mantengan firmes”.
“Cuanto más esperen los republicanos, más personas recibirán estos avisos” de aumento, y esto puede llevar a una mayor presión sobre los congresistas para que haya un cambio, defiende.
“No sé qué haremos”: 40 millones de estadounidenses, en vilo por subsidios alimentarios
La ayuda federal podría quedar sin fondos debido a la falta de presupuesto provocada por el cierre del Gobierno

La angustia sacude este sábado a 42 millones de personas en Estados Unidos —entre ellas, 10 millones de latinos— que dependen para alimentarse del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés).
Esto ante la posibilidad de que esa ayuda federal se quede sin fondos debido a la falta de presupuesto provocada por el cierre del Gobierno.
A pesar de que dos jueces federales emitieron el viernes por la tarde un fallo ordenando a la Administración republicana utilizar fondos de emergencia para mantener los subsidios, aún no está claro si esa ayuda acabará distribuyéndose.
En un mensaje en la plataforma Truth, el presidente Donald Trump indicó que los subsidios se entregarán solo si obtiene las “directrices legales” adecuadas por parte del poder judicial, y advirtió de que probablemente se produzcan retrasos.
Este sábado, comienzo de un nuevo mes, los estadounidenses más pobres —que reciben una ayuda promedio de 332 dólares por familia— se enfrentan a la posibilidad de que ese dinero, esencial para muchos, no llegue a sus bolsillos.
Y es que el Departamento de Agricultura ordenó a los estados no usar fondos federales para SNAP a partir de hoy debido al cierre.
“La gente está muy decaída“
California, Texas y Florida son los estados con mayor número de beneficiarios, y un 62 % de ellos son familias con hijos.
El viernes por la tarde, familias de escasos recursos y personas mayores acudieron cabizbajas y en silencio a los bancos de comida de Miami, la segunda ciudad más poblada de Florida, ante la incertidumbre por el futuro de SNAP.
Desde el cierre del Gobierno federal, FSF ha visto una mayor afluencia de personas. “Estamos atendiendo unas 150 personas al día, frente a las 80 habituales de los últimos meses”, detalló.
Beatriz, una española que lleva muchos años viviendo en Florida, explicó a EFE que la noticia fue “un golpe muy fuerte para el bolsillo de la gente”, porque “la comida es esencial y los precios están bastante altos”.
Para Emilia Ruiz, quien acude periódicamente con su esposo a FSF desde hace año y medio, “es una noticia muy desagradable, porque el país está con mucha necesidad. Todos los alimentos han subido de precio, pero los salarios no“.
Vélez adelantó que ya están ampliando las dimensiones del “supermercado” del banco de alimentos para poder atender a la ola de personas que se espera en las próximas semanas.
Efecto dominó
En Texas, la organización Hill Country Community Services también ha visto un aumento en el número de personas que buscan alimentos. Kandy Chimento, directora de servicios, atribuye ese incremento al impacto de la inflación y a la preocupación por la suspensión de SNAP.
En los últimos días, asegura, las llamadas y visitas sin cita previa han aumentado un 50 %.
A Chimento le preocupa que la pérdida de este subsidio genere un efecto dominó: “Si la gente no recibe SNAP, tendrá que usar su dinero para alimentar a sus familias, lo que significa que probablemente ya no podrá pagar el alquiler y quizás sea desalojada. La mayoría vive de quincena en quincena”, subrayó.
Su organización ya está realizando compras más grandes de lo habitual para prepararse ante la posible pérdida de los subsidios federales. Sin embargo, teme que las donaciones de la comunidad también disminuyan, porque “la gente está teniendo que apretarse el cinturón” ante el aumento del costo de vida en EE.UU.
“El dinero no alcanza“
En California, el panorama para los beneficiarios de SNAP es aún más preocupante: 5,5 millones de personas en ese estado dependen de esta ayuda alimentaria y podrían no recibirla en noviembre por el cierre del Gobierno.
“No sé qué vamos a hacer”, dijo a EFE Ana Lilia García, madre soltera de dos niños que vive con su progenitora, una mujer mayor.
Su familia recibe alrededor de 600 dólares mensuales para la compra de alimentos, lo que le ha permitido sostener su hogar en un pequeño apartamento de una habitación.
“El dinero no alcanza; tengo dos trabajos, pero no cubren nuestros gastos“, explicó García, mientras enumera los pagos que, asegura, “han subido muchísimo” en los últimos años.
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