El tránsito por el estrecho de Ormuz cayó casi 20% mientras vence sin acuerdo el plazo de 60 días de Trump a Irán

Así está la circulación por el estrecho de Ormuz este 17 de agosto, según Marine Traffic (Captura de la agencia Reuters)
Los cruces de la última semana bajaron a 95, menos barcos de los que cruzaban a diario antes del 28 de febrero. Persiste la disputa entre Washington y Teherán por la reapertura de la vía marítima clave para el petróleo mundial
17 Ago, 2026
El tránsito de buques por el estrecho de Ormuz se debilitó la semana pasada, con los cruces confirmados cayendo 19,5% hasta 95, y apenas tres el 16 de agosto, según datos de la firma de análisis de mercados energéticos Kpler. El dato se conoce el mismo día en que expiró, sin señales de acuerdo, el plazo de 60 días que el presidente estadounidense, Donald Trump, había fijado en junio para poner fin a la guerra con Irán y alcanzar un pacto sobre su programa nuclear.
Según precisó Kpler, el ruteo de los buques también permaneció limitado: las embarcaciones utilizaron el llamado Esquema Unilateral Iraní o rutas indeterminadas, mientras que no se registraron cruces a través del Sistema de Separación de Tráfico (TSS) de Ormuz ni de las rutas supervisadas por Omán, las mismas que Teherán y Mascate negocian desde hace semanas como parte de un eventual acuerdo para administrar el tránsito por el estrecho.
Un plazo vencido sin avances visibles
Al cumplirse el plazo fijado por el Memorando de Entendimiento firmado en Versalles en junio, ambas partes seguían más alejadas que en aquel momento. No había señales de un compromiso para reabrir el estrecho ni de que hubieran comenzado negociaciones nucleares detalladas.
Trump reiteró su postura este lunes en Truth Social: “El objetivo principal es, y siempre será, que Irán no pueda tener, de ninguna manera, forma o modo, un arma nuclear”. Washington tampoco tiene una salida sencilla del conflicto: acceder a las nuevas exigencias iraníes implicaría aceptar que Teherán controle una vía por la que, antes de la guerra, pasaba una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo.
Trump posteó en su red social que “El objetivo número es, y siempre será, que Irán no pueda tener de ninguna manera un arma nuclear” (Captura Truth Social)
El acuerdo de junio pedía suspender todas las operaciones militares y dejaba a Irán un papel definido de forma vaga para facilitar el tránsito por Ormuz. Teherán se aferró a esa cláusula para reclamar el control de la vía marítima, y una semana después de la firma comenzó a disparar contra embarcaciones en una ruta junto a la costa de Omán supervisada por el ejército estadounidense. Estados Unidos respondió con nuevos ataques, canceló las exenciones que permitían a Irán vender petróleo en el mercado internacional y restableció el bloqueo de los puertos iraníes. Cada parte acusa a la otra de haber violado el pacto.
Bab el-Mandeb, en sentido contrario, pero con más riesgo
Una imagen satelital muestra el estrecho de Bab el Mandeb, una vía marítima clave y puerta de entrada al mar Rojo, mientras Irán amenaza con utilizar a sus aliados hutíes de Yemen para cerrar el paso de Bab el-Mandeb hacia el mar Rojo, en esta fotografía distribuida el 12 de julio de 2026. Nasa Worldview/Distribución vía REUTERS
Mientras el tráfico por Ormuz se contrae, el panorama en el estrecho de Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el golfo de Adén, se movió en la dirección opuesta, según los mismos datos de Kpler: los cruces aumentaron 6,7% hasta 254, y los tránsitos sin identificación (“dark transits”) cayeron de 40 a 16.
Sin embargo, las condiciones de seguridad en esa ruta siguen siendo volátiles. Dos ataques ocurridos el 11 de agosto provocaron la muerte de seis marinos y dejaron 10 heridos, un saldo que, según Kpler, expone la brecha entre volúmenes de tráfico que se mantienen resilientes y un riesgo regional que persiste. Los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, comenzaron en las últimas semanas a atacar petroleros sauditas en esa zona, amenazando otra de las rutas comerciales que se habían usado para aliviar parte de la presión generada por el cierre de Ormuz.
El acuerdo con Omán, la otra pieza pendiente
En paralelo a la caída del tráfico, Irán informó este lunes que trabaja para finalizar una declaración conjunta con Omán sobre un plan para administrar el tránsito por Ormuz. El vocero de la cancillería iraní, Ismail Baghaei, dijo en Teherán que “se alcanzó un entendimiento respecto al mapa de la ruta de tránsito”, aunque no dio detalles. Según información previa, el acuerdo contemplaría que los buques ingresen por una ruta cercana a Irán y salgan por una cercana a Omán, sin pago de peajes durante el período interino.
Baghaei reconoció que las conversaciones avanzaron con lentitud, “pero habíamos planeado, y seguimos planeando, finalizar el entendimiento en forma de paquete: el mapa más una declaración conjunta”. Estados Unidos había condicionado el levantamiento de su bloqueo a los puertos iraníes a que ese acuerdo cumpla con sus expectativas, algo que, según los datos de tránsito de Kpler, todavía no se refleja en la práctica: ningún cruce se registró esta semana por las rutas supervisadas por Omán ni por el corredor internacional de Ormuz.
Cómo el régimen de Irán usó la tregua de junio para preparar una ampliación de la guerra
The Wall Street Journal indica que Teherán reforzó el control de la Guardia Revolucionaria, elevó la producción de misiles y drones y retomó acciones contra la navegación en el estrecho de Ormuz
ARCHIVO: Una mujer sostiene un retrato del líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, y del difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, quien fue asesinado el 28 de febrero durante los ataques aéreos de Israel y Estados Unidos contra Irán, mientras los dolientes se reúnen durante las ceremonias fúnebres en Kerbala, Irak, el 8 de julio de 2026 (Reuters)
17 Ago, 2026
Irán aprovechó la tregua abierta por el memorando firmado el 17 de junio entre Donald Trump y Teherán en Versalles para preparar una ampliación de la guerra, reforzar el control de la Guardia Revolucionaria sobre el aparato militar y reanudar ataques contra buques en el estrecho de Ormuz, según The Wall Street Journal.
El giro partió de una lectura opuesta a la de Washington. Mientras la Casa Blanca impulsó un acuerdo para reabrir Ormuz y empezar a desactivar el conflicto, los sectores duros iraníes concluyeron que el pacto buscó aliviar la presión sobre la economía global y ganar tiempo para una ofensiva mayor de Estados Unidos e Israel.
Esa divergencia se apoyó en una meta concreta: elevar el costo militar y energético para impedir que se repitieran ataques como los que Irán sufrió en la guerra de 12 días del año pasado y en la confrontación posterior. Mohammad Hassan Sangtarash, un analista de defensa de Teherán cercano al gobierno, dijo al diario que en Irán se extendió la idea de que “la guerra principal” todavía no comenzó.
Según la publicación, la preparación incluyó contactos entre Irán y milicias aliadas en Yemen e Irak, envíos de asesores a Irak, Yemen y Líbano, y un aumento de la producción de misiles y drones. Funcionarios de inteligencia árabes detectaron además comunicaciones que apuntaron a una decisión estratégica para ensanchar el conflicto y llevarlo incluso a territorio enemigo.
La Guardia Revolucionaria supervisó despliegues de misiles, armas navales y lanzadores de drones en posiciones sobre el marRojo. También entregó a los hutíes inteligencia, listas de objetivos que incluían puertos e instalaciones energéticas sauditas y consejos para resguardarse de represalias de Riad, de acuerdo con funcionarios al tanto de hallazgos de inteligencia árabe citados por el diario.
El resultado fue una escalada a fines de julio. Los hutíes atacaron fuerzas del gobierno yemení respaldadas por ArabiaSaudita, declararon cerrado para Riad el estrecho de Bab el-Mandeb y dispararon contra barcos sauditas, con impacto directo sobre la exportación de crudo del reino y sobre el riesgo de suministro para los mercados globales.
Irán pasó así de una negociación formal con Estados Unidos a una estrategia de doble vía: diálogo diplomático por un lado y preparación militar para una confrontación más amplia por el otro. La consecuencia geopolítica inmediata fue el agravamiento del riesgo sobre dos corredores energéticos centrales, Ormuz y Bab el-Mandeb, y una mayor alarma en las monarquías del Golfo.
La cúpula iraní endureció mandos y objetivos
Detrás de esa estrategia, el líder supremo Mojtaba Khamenei reorganizó hace una semana las instituciones militares y represivas con siete nombramientos clave. El objetivo, según el medio, fue endurecer la cadena de mando, convertir una milicia ideológica en una red de inteligencia barrial y poner el foco en una doctrina ofensiva.
Así está la circulación por el estrecho de Ormuz este 17 de agosto, según Marine Traffic (Captura de la agencia Reuters)
MohsenRezaei, que comandó la Guardia Revolucionaria durante la guerra con Irak en los años ochenta, fue designado secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. En la última semana, ese organismo frenó avances hacia un acuerdo para abrir de forma gradual el estrecho de Ormuz.
Khamenei también devolvió a HosseinTaeb, asociado a la represión de las protestas de 2009, a la conducción de Basij. Le encargó convertir esa fuerza voluntaria en una “red de inteligencia popular” después de dos guerras que, a juicio de la dirigencia iraní, expusieron la profundidad de la penetración de la inteligencia israelí.
La reorganización alcanzó además al ejército regular. El mando unificado de las dos ramas militares quedó en manos del general AliAbdollahi, un veterano de la Guardia Revolucionaria que defendió ataques contra Estados árabes que alojan bases estadounidenses en el Golfo Pérsico.
El nuevo comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, recibió formalmente el cargo el lunes con la instrucción de ejecutar “operaciones ofensivas poderosas contra el enemigo”. Al día siguiente, el general Mohammad Reza Naghdi dijo que la fuerza paramilitar debía estar preparada para llevar operaciones a territorio enemigo.
Según The Wall Street Journal, la GuardiaRevolucionaria, una fuerza de casi 200.000 efectivos, elaboró planes adicionales de escalada que incluyeron ataques preventivos, sabotaje de cables de internet en el Golfo Pérsico, agitación política en países con comunidades chiitas como Kuwait y Bahréin, e incluso posibles operaciones terrestres en Kuwait.
La desconfianza también bloqueó la vía negociadora. Mediadores de las conversaciones dijeron que diplomáticos iraníes habían aceptado a comienzos de mes un acuerdo con Omán para establecer y supervisar rutas a través de Ormuz que permitieran una reapertura gradual del paso, pero la GuardiaRevolucionaria lo impidió y volvió a atacar barcos.
El acuerdo de junio ofreció exenciones de sanciones para que Irán vendiera petróleo, acceso a miles de millones de dólares congelados y la perspectiva de un fondo de USD 300.000 millones para reconstrucción. A cambio, Teherán debía abrir Ormuz al tráfico marítimo y negociar de buena fe sobre su programa nuclear.
Tres semanas después, a comienzos de julio, Irán disparó contra barcos que Estados Unidos guiaba por el estrecho y tomó por sorpresa a Washington. Trump reaccionó con insultos públicos y acusó a los líderes iraníes de mentir.
La inquietud en el Golfo creció cuando Irán lanzó cinco misiles balísticos contra Jordania durante una pausa en los combates, dos semanas después de otro ataque iraní en ese país que mató a tres militares estadounidenses. Funcionarios de la región observaron además impactos más precisos en Jordania, Kuwait y Bahréin.
En las últimas dos semanas, Irán atacó seis barcos de Emiratos Árabes Unidos cuando intentaban transitar por el estrecho de Ormuz. En julio, el vocero de la Guardia Revolucionaria Hossein Mohebbi dijo a la agencia Tasnim: “Aprovechamos plenamente el período de alto el fuego”.
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