September 15, 2026

Análisis: Demócratas planean intensificar investigaciones sobre la familia Trump, el salón de baile y Epstein si ganan las intermedias/ Crece una ola demócrata, y los republicanos están construyendo un muro para detenerla

0
image

Por Annie Grayer, CNN

13 de septiembre de 2026

¿Desesperado? Trump promete US$ 5.000 a estadounidenses si los republicanos ganan las elecciones intermedias

A dos meses de las elecciones de mitad de periodo, los demócratas están sentando las bases para iniciar investigaciones exhaustivas sobre la administración Trump y preparándose para batallas judiciales de gran trascendencia si logran el control de la Cámara de Representantes en noviembre.

La confrontación del presidente Donald Trump con Irán, su proyecto del salón de baile en la Casa Blanca, los negocios de su familia y la gestión de la administración respecto a los archivos de Jeffrey Epstein figurarán entre los principales objetivos de las investigaciones si los demócratas recuperan la Cámara Baja, según conversaciones con más de una docena de legisladores y asesores demócratas.

Los demócratas no quieren desperdiciar la oportunidad de ejercer un contrapeso frente a Trump si recuperan la mayoría; afirman haber aprendido mucho desde la última vez que el partido controló la Cámara durante el mandato de Trump. Pocos se muestran interesados en iniciar un proceso de juicio político desde el primer día; en cambio, muchos contemplan una nueva herramienta a su disposición para intentar obtener rápidamente los testimonios y documentos que buscan: las demandas judiciales.

Al contar con la mayoría, los demócratas tendrían capacidad para demandar a la administración Trump de manera más efectiva, ya que no han tenido legitimación procesal para hacerlo mientras estaban en minoría. Ya sea para obligar a declarar a un alto funcionario de la administración, intensificar la disputa por la obtención de documentos o intentar detener la construcción del salón de baile de Trump en la Casa Blanca, los demócratas planean actuar de forma estratégica y agresiva al llevar su lucha a los tribunales.

El representante demócrata Jamie Raskin habla con la prensa mientras las representantes Jasmine Crockett y Pramila Jayapal se encuentran a su lado el 17 de diciembre de 2025. en Washington.

El representante demócrata Jamie Raskin habla con la prensa mientras las representantes Jasmine Crockett y Pramila Jayapal se encuentran a su lado el 17 de diciembre de 2025. en Washington.Chip Somodevilla/Getty Images

“Vamos a utilizar todos los recursos a nuestro alcance y, sin duda, tendremos mucha más autoridad para acudir a los tribunales si somos mayoría que cuando estábamos en minoría”, declaró a la CNN el representante demócrata Jamie Raskin, quien está llamado a presidir la poderosa Comisión Judicial de la Cámara de Representantes.

“No aceptaremos un ‘no’ por respuesta a la hora de conseguir las pruebas que necesitamos”, afirmó Raskin.

Raskin ya ha iniciado investigaciones sobre presuntos contratos gubernamentales corruptos vinculados a la firma de capital riesgo de Donald Trump Jr. y sobre la política de indultos de la administración Trump. El representante Robert Garcia, demócrata de mayor rango en la Comisión de Supervisión de la Cámara, quiere interrogar al presidente y a la primera dama, así como a altos funcionarios como el vicepresidente J. D. Vance y la secretaria general de la Casa Blanca, Susie Wiles, sobre cómo la administración ha gestionado el caso Epstein. Garcia también desea interrogar a Kushner y a miembros de la familia Trump sobre sus negocios.

El representante demócrata Adam Smith planea investigar, desde la Comisión de Servicios Armados de la Cámara, la decisión de la administración Trump de entrar en guerra con Irán y los ataques estadounidenses contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas. El representante demócrata Jared Huffman está sentando las bases para investigar el salón de baile de Trump y otros proyectos de construcción desde la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes.

Aun estando en minoría en la Comisión de Seguridad Nacional de la Cámara, el representante demócrata Bennie Thompson ha intentado obtener respuestas sobre las iniciativas de deportación de la administración y las prácticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Y todo ello sin contar con la presidencia de las comisiones, la facultad de emitir citaciones obligatorias ni la legitimidad para emprender acciones legales ante los tribunales; herramientas que los demócratas de la Cámara Baja obtendrán si logran la mayoría.

Los demócratas ponen la mira en los tribunales y cultivan relaciones con denunciantes de irregularidades

Por ahora, los legisladores que se perfilan para presidir las comisiones trabajan intensamente para definir sus principales prioridades de investigación, disputándose qué temas abordará cada uno e intentando coordinar un plan integral sobre ambiciosos objetivos de investigación.

La cúpula demócrata y los equipos de las comisiones se preparan para lanzar una campaña agresiva de contratación si ganan en noviembre, a fin de estar listos para la oleada de investigaciones que tienen prevista. Uno de los cargos más importantes será el del asesor jurídico general interno que elijan los demócratas, quien les ayudará a gestionar los litigios y los procedimientos judiciales.

“Si usted es un abogado o un miembro del personal de alto nivel, altamente cualificado y con experiencia, y desea formar parte de este momento histórico de rendición de cuentas, considere regresar al Capitolio e integrarse a este equipo, ya que ampliaremos nuestra plantilla”, declaró Huffman a la CNN.

Los demócratas han sentado las bases mediante la creación de un grupo de trabajo jurídico que ya ha logrado victorias, incluso estando el partido en minoría; entre ellas, impedir con éxito que la administración Trump bloqueara a los legisladores para realizar visitas de supervisión anunciadas a centros federales de detención de inmigrantes.

“Si los demócratas asumen el control de cualquiera de las cámaras, prevemos una labor de supervisión constante sobre una amplia gama de temas y entidades. Las empresas e instituciones deberían aprovechar el tiempo actual para prepararse ante ese escrutinio”, señaló Emily Loeb, socia del bufete de abogados Jenner & Block, cuyo equipo ya ha sido contactado por empresas que se preparan para investigaciones del Congreso.

Por supuesto, no hay garantías de éxito en los tribunales. Sin embargo, los demócratas afirman que esto no los disuade; tal es el caso de una reciente decisión de la Corte Suprema que permitió a Trump continuar con la construcción de su enorme nuevo salón de baile en la Casa Blanca, al concluir que un grupo de preservación carecía del derecho legal —conocido como legitimación procesal o standing— para impugnar el proyecto.

“Donald Trump no podrá ganar tiempo con estos proyectos de construcción ilegales simplemente porque sus aliados en la Corte Suprema desestimaron un caso por falta de legitimación procesal”, afirmó Huffman.

No obstante, llevar un asunto a los tribunales sería solo una de las opciones a disposición del partido.

Anticipándose a los obstáculos que pueda poner la administración Trump, los demócratas también planean recurrir en gran medida a solicitudes de información al sector privado; sostienen que estas entidades no estarían sujetas a las mismas restricciones de privilegio ejecutivo que Trump podría invocar ante funcionarios gubernamentales requeridos para cumplir con solicitudes o citaciones del Congreso.

Asimismo, los demócratas afirman haber establecido ya vínculos con múltiples denunciantes —tanto dentro como fuera del Gobierno— a quienes también recurrirían si logran la mayoría y no consiguen obtener directamente de los funcionarios de la administración Trump las respuestas que buscan.

La presentación de proyectos de ley también formaría parte de la agenda de investigación; esto incluiría intentar otorgar al Congreso un papel en la aplicación de la 25.ª Enmienda, imponer requisitos más estrictos que prohíban a un presidente obtener beneficios económicos de un Gobierno extranjero y eliminar definitivamente el fondo contra el uso partidista de instituciones públicas.

Los demócratas restan importancia a la iniciativa de un juicio político

Raskin, quien fue el fiscal principal en el segundo juicio político contra Trump en febrero de 2021, considera que someter a Trump a un nuevo juicio político ni siquiera debería figurar en las conversaciones iniciales si los demócratas recuperan la mayoría en noviembre, dado que las probabilidades de lograr una condena en el Senado son mínimas.

“No he escuchado a una sola persona decirme que nuestra máxima prioridad deba ser el juicio político contra Donald Trump”, declaró Raskin a CNN. “No ha sido condenado, y las probabilidades de lograr una condena —incluso por sus infracciones más flagrantes e innegables contra la Constitución— son escasas, ya que ejerce un control aún más autoritario sobre el Congreso republicano que durante el anterior proceso de destitución”.

Los fiscales del segundo juicio político contra Donald Trump, los representantes Jamie Raskin, Diana DeGette, David Cicilline, Joaquín Castro, Eric Swalwell, Ted Lieu, Stacey Plaskett, Joe Neguse y Madeleine Dean, salen del pleno del Senado tras presentar el artículo de acusación, en el Capitolio, el 25 de enero de 2021.

Los fiscales del segundo juicio político contra Donald Trump, los representantes Jamie Raskin, Diana DeGette, David Cicilline, Joaquín Castro, Eric Swalwell, Ted Lieu, Stacey Plaskett, Joe Neguse y Madeleine Dean, salen del pleno del Senado tras presentar el artículo de acusación, en el Capitolio, el 25 de enero de 2021.Melina Mara/Pool/Getty Images

Por su parte, García afirmó que su objetivo principal es hallar pruebas de lo que él califica como la corrupción de Trump.

“Trump comete una falta que amerita un juicio político cada semana. Pero nuestra labor consiste en frenar a Trump, en detener su agenda. Esa es la prioridad número uno. Por tanto, nuestra tarea es llevar a cabo investigaciones y fundamentar por qué es la persona más corrupta que jamás haya ocupado el cargo”, dijo a la CNN.

No obstante, aunque el juicio político no resulte ser la estrategia más eficaz —dado que una condena en el Senado sigue siendo improbable—, Smith sostuvo que los demócratas no deberían eludir la tarea de exponer los motivos por los que Trump debería ser sometido a dicho proceso: “Estoy totalmente a favor de impulsar ese argumento”.

Y si bien los líderes demócratas no han respaldado la iniciativa de un juicio político, persiste la presión de las bases para llevarlo a cabo.

Docenas de demócratas apoyaron el inicio de un debate formal de impeachment en junio de 2025.

Una de esas demócratas que votó en junio, la representante Yassamin Ansari, declaró a CNN que apoya someter a Trump a un juicio político, pero que se centra más en garantizar la rendición de cuentas.

“Escucho mucho a mis electores decir que realmente debemos procesar judicialmente a quienes hayan cometido delitos; la gente quiere ver que las personas en el poder vayan a la cárcel si han delinquido. Es así de simple”, dijo a la CNN. “Ahora pensamos que nunca podría haber otro Donald Trump. Fácilmente podría haber otro Donald Trump. Podría haber una versión peor de Donald Trump. Y si no demostramos que hay consecuencias, la gente simplemente dejará de confiar en el Gobierno”.

En su opinión, el error que cometieron los demócratas tras los juicios políticos anteriores —ocurridos antes de que ella asumiera el cargo— fue intentar volver a la normalidad después de ellos.

“Creo que, en muchos sentidos, eso permitió que la versión ‘Trump 2.0’ fuera mucho peor, porque pensaron que podían salir impunes de las peores acciones posibles sin que pasara nada; de hecho, él terminó siendo reelegido”, afirmó Ansari.

Otro de los demócratas que votó en junio del año pasado, el representante Mark Pocan —quien está llamado a presidir la subcomisión que supervisa el presupuesto de la Casa Blanca y el ya disuelto Departamento de Eficiencia Gubernamental—, sostiene ahora que los demócratas no deben precipitarse.

“Creo que primero debemos realizar nuestra labor de investigación, que consiste en tareas de supervisión”, señaló Pocan.

Es un equilibrio delicado el que los demócratas intentan lograr mientras debaten activamente cómo exigir responsabilidades sin apresurarse.

“Todo el mundo tiene alguna queja o agravio contra esta administración”, declaró a CNN el representante demócrata Suhas Subramanyam, miembro de la Comisión de Supervisión. “Creo que, sin duda, hay personas cuya prioridad absoluta es iniciar un juicio político contra Trump. Ya hemos visto eso en este Congreso. Yo solo quiero asegurarme de que, si llevamos a cabo un juicio político, el caso sea sólido e irrefutable”.

Con el objetivo de actuar estratégicamente en la investigación sobre Trump, algunos demócratas sugieren que podría cobrar fuerza primero la iniciativa de someter a juicio político a funcionarios de su gabinete, en particular al secretario de Defensa, Pete Hegseth.

“Someter a juicio político a este presidente ha provocado que sus partidarios se atrincheren aún más en sus posturas, y que los miembros de su partido se mantengan firmes y lo defiendan con mayor intensidad”, dijo a CNN la representante demócrata Mary Gay Scanlon, miembro de la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes. “Sospecho que algunas de esas iniciativas periféricas de juicio político podrían avanzar antes”.

Los demócratas no quieren perder de vista la agenda económica

Sin embargo, muchos demócratas sostienen que todo el debate sobre una posible agenda de investigaciones futuras es prematuro y que, en este momento, la prioridad es recuperar la Cámara de Representantes con una mayoría considerable y mantener la esperanza de que el Senado también pueda estar en juego.

Los demócratas afirman que también actuarán de manera proactiva para vincular cualquier labor de fiscalización con sus esfuerzos por abordar las preocupaciones de la ciudadanía sobre el costo de vida y la asequibilidad; buscan así contrarrestar las críticas de que sus investigaciones tendrían como único objetivo atacar a Trump.

“No creo que sean incompatibles. No se puede abordar el costo de vida sin tener en cuenta el impacto de la corrupción en el público estadounidense. Por tanto, creo que van de la mano”, declaró a la CNN el representante demócrata Joe Morelle, quien encabeza el grupo de trabajo encargado de elaborar la agenda anticorrupción del partido para el caso de que obtengan la mayoría.

En medio de este afán decidido por ejercer labores de fiscalización, a algunos demócratas les preocupa que el grupo parlamentario pierda de vista su mensaje sobre la asequibilidad. Establecer esa conexión entre la agenda de asequibilidad y la anticorrupción es un objetivo crucial para el partido este otoño, durante la recta final previa a las elecciones de mitad de mandato.

“Si se nos confía la mayoría, debemos estar a la altura de las circunstancias para cambiar el rumbo”, dijo a CNN el representante demócrata Chris Deluzio. “Tenemos que situar la lucha económica en el centro de nuestras prioridades; no podemos limitarnos únicamente a la fiscalización”.

Si obtienen la mayoría, los demócratas de la Cámara de Representantes también tendrán que equilibrar sus esfuerzos por investigar a la administración Trump con la realidad de que la cúpula demócrata aún deberá colaborar con la Casa Blanca en diversos asuntos para garantizar la continuidad de las funciones gubernamentales básicas, como mantener la financiación del Estado.

Hubo división entre los demócratas después de que el líder demócrata de la Cámara, Hakeem Jeffries, mantuviera recientemente una reunión privada con Kushner. Sin embargo, muchos expresaron posteriormente sentirse tranquilos tras escuchar la explicación del líder demócrata, quien señaló que Kushner había solicitado el encuentro y que él aceptó reunirse “para hablar sobre la crisis de asequibilidad”; asimismo, afirmó que, aunque siguiera reuniéndose con funcionarios de la administración, ello no afectaría a los planes demócratas de ejercer una fiscalización rigurosa, incluso sobre el propio Kushner.

Múltiples investigaciones simultáneas

En lugar de reducir su lista de investigaciones, el partido se muestra cada vez más partidario de llevar a cabo múltiples pesquisas —incluso simultáneas—.

En 2019, los demócratas se unieron en torno a una investigación que culminó en el primer impeachment contra Trump, motivado por las acusaciones de que el presidente presionó a Ucrania para que investigara a sus rivales políticos mientras retenía la ayuda de seguridad estadounidense y negaba una reunión en la Casa Blanca.

No obstante, en el contexto actual, los demócratas buscan un mayor dinamismo y están preparados para celebrar múltiples audiencias sobre diferentes temas en un mismo día.

“Tenemos que actuar con rapidez, y eso significa que todo no puede concentrarse en dos comisiones”, declaró un asesor demócrata a CNN. “Para que la gente perciba que realmente se está exigiendo rendición de cuentas, hace falta un volumen considerable de actividad; además, ese contenido debe adaptarse a distintas audiencias para que la ciudadanía lo vea, pues de lo contrario no creerán que estamos haciendo nada”.

Aun así, otros demócratas esperan que la dirección coordine las actuaciones, dado que los objetivos de investigación de muchas comisiones se superponen; al respecto, Smith declaró a CNN: “Tendremos que realizar un esfuerzo coordinado, no algo en lo que cada comisión actúe por su cuenta”.

Análisis

Crece una ola demócrata, y los republicanos están construyendo un muro para detenerla

Análisis por Ronald Brownstein, CNN

13 de septiembre de 2026

A menos de 100 días de las elecciones intermedias, crece la tensión entre Donald Trump y John ThuneCNN — 

Las elecciones de 2026 se decidirán allí donde la ola choque contra el muro.

Cada vez hay más señales de una “ola azul” de apoyo al Partido Demócrata que podría ser incluso mayor que en las elecciones de 2018, cuando el rechazo al turbulento primer mandato del presidente Donald Trump permitió al partido recuperar el control de la Cámara de Representantes. Sin embargo, el muro defensivo que los republicanos están levantando frente a esa marea demócrata también parece más imponente que en 2018.

La magnitud de la ola da a los demócratas motivos fundados para esperar victorias en territorios que antes eran bastiones republicanos seguros. La solidez del muro ofrece a los republicanos razones plausibles para confiar en que podrán limitar sus pérdidas a niveles moderados.

Para los demócratas, la ola se nutre principalmente de la participación electoral y de la figura de Trump: hay indicios claros de que sus bases están más motivadas para votar este año que las republicanas, y de que la opinión pública sobre la gestión del presidente es más negativa ahora no solo que en 2018, sino también que en otras elecciones de mitad de mandato recientes que resultaron muy adversas para el partido en el poder, como las de 2010 y 2006.

Para los republicanos, los elementos clave de ese muro son el dinero y el mapa electoral: una ventaja financiera amplificada por decisiones recientes cruciales de la mayoría conservadora de la Corte Suprema nombrada por republicanos y un escenario de batalla electoral que se desarrolla casi en su totalidad en lugares donde Trump ganó en 2024.

“Estas elecciones juegan a favor de los republicanos porque tienen la ventaja de que juegan en casa”, afirma el exrepresentante republicano Tom Davis, quien presidió el Comité Nacional Republicano del Congreso. “Por otro lado, se trata de un referéndum sobre el presidente, y él se ha visto afectado por una confluencia de circunstancias muy negativas”.

Lo que impulsa la ola

Diversos indicadores sugieren que el panorama electoral de este año es más arriesgado para los republicanos que el de 2018, así como el de otras elecciones de mitad de mandato recientes que supusieron pérdidas significativas para el partido que ocupaba la Casa Blanca.

Las señales de alerta comienzan con la percepción de la economía. En comparación con 2018, los estadounidenses tienen hoy una visión mucho más negativa de las condiciones económicas actuales y son mucho más pesimistas respecto al futuro. La inflación se ha convertido en una carga inevitable en la vida cotidiana: la AAA, por ejemplo, informó que la semana pasada los precios de la gasolina alcanzaron los US$ 4,28 por galón, frente a los US$ 2,75 del día de las elecciones de 2018 (lo que equivale a US$ 3,65 actuales, ajustados por la inflación). En la encuesta más reciente de la CNBC realizada este verano por un equipo bipartidista de encuestadores demócratas y republicanos, solo el 27 % de los estadounidenses calificó la economía como excelente o buena, frente al 73 % que la consideró regular o mala. En cambio, en la encuesta de la CNBC de octubre de 2018, el 58 % describió la economía en términos positivos y solo el 40 % en términos negativos.

Micah Roberts, un encuestador republicano que realiza el sondeo de la CNBC junto a un colega demócrata, afirma que hay muchos más demócratas, independientes e incluso republicanos con una visión negativa de la economía que en 2018. Resulta igualmente llamativo que el porcentaje de personas que no solo critican las condiciones actuales, sino que también se muestran pesimistas sobre el futuro, sea ahora el doble que entonces. “Es un entorno radicalmente distinto”, señala Roberts. “Todo el mundo, en todas partes, está sintiendo el impacto económico”.

La valoración económica actual es también más sombría que la registrada en las encuestas de la CNBC previas a las elecciones de mitad de mandato de 2010, en las que los demócratas registraron pérdidas demócratas, y que la obtenida en las encuestas a pie de urna de 2006, cuando los republicanos perdieron el control de ambas cámaras.

Simpatizantes celebran durante una fiesta para seguir los resultados electorales en 2025.

Simpatizantes celebran durante una fiesta para seguir los resultados electorales en 2025.Alex Wong/Getty Images

Los avances demócratas de 2006 también se vieron impulsados ​​por el descontento generalizado ante la guerra de Iraq, iniciada en 2003 por el entonces presidente George W. Bush. En la encuesta a pie de urna de 2006, el 59 % de los votantes afirmó que la guerra no había mejorado la seguridad de Estados Unidos, y más de tres cuartas partes de esos escépticos apoyaron a los demócratas para la Cámara de Representantes. Hoy en día, la guerra con Irán se enfrenta a una oposición pública comparable en la mayoría de los sondeos. Algunas de las otras iniciativas de Trump han gozado de mayor aceptación, como sus esfuerzos por recuperar el control de la frontera sur y las disposiciones de su megaley de política interna para reducir temporalmente los impuestos sobre las propinas y las horas extra. Sin embargo, en una medida mucho mayor que antes de las elecciones de 2018, Trump ha impulsado una amplia gama de otras políticas específicas que han suscitado el rechazo de una mayoría significativa de los estadounidenses, incluidos los aranceles y los recortes a Medicaid contemplados en aquel proyecto de ley de conciliación presupuestaria.

Todo esto —especialmente la economía y la guerra— ha erosionado, como era de esperar, el apoyo a Trump. Las opiniones negativas sobre la gestión económica de Trump “prácticamente no existían en 2018”, señaló el encuestador demócrata Nick Gourevitch. “En 2018 la percepción era: ‘Es un tipo malo, un loco, pero la economía va bien’. Ahora es: ‘Es un tipo malo, un loco, y la economía va mal’”.

El último promedio de encuestas de CNN revela que solo el 35 % de los estadounidenses aprueba la gestión de Trump, mientras que el 63 % la desaprueba. Si estos niveles se mantienen entre el electorado de este mes de noviembre, serán mucho peores que la valoración que obtuvo Trump en las encuestas a pie de urna de 2018, cuando el 45 % de los votantes aprobaba su gestión y el 54 % la desaprobaba. El índice de aprobación de Trump es también mucho más bajo que el de otros presidentes durante elecciones de mitad de mandato recientes en las que su partido sufrió derrotas, como Joe Biden en 2022, Obama en 2010, George W. Bush en 2006 y Bill Clinton en 1994.

El declive de Trump representa un peligro claro e inmediato para los republicanos: durante su primer mandato, los candidatos demócratas a la Cámara de Representantes captaron al 90% de los votantes que desaprobaban su gestión en 2018 y al 93% en 2020, según las encuestas a pie de urna. Asimismo, en las contiendas senatoriales de esas elecciones, todos los candidatos demócratas —ya fueran titulares o aspirantes— obtuvieron al menos el 89 % del voto de quienes desaprobaban a Trump, con la única excepción del rival de la senadora republicana de Maine, Susan Collins, en 2020.

Probablemente, la señal más preocupante para los demócratas este año es que muchos de sus candidatos aún no están alcanzando esas cifras entre los votantes que desaprueban a Trump. Sin embargo, tal es la cantidad de votantes que hoy rechazan a Trump —no solo en los estados indecisos, sino incluso en bastiones republicanos como Carolina del Norte, Texas, Ohio y Georgia— que los demócratas pueden llegar al 50% de los votos aun contando con el respaldo de una proporción menor de este grupo.

La encuestadora demócrata Anna Greenberg señala que, en sus sondeos y grupos focales, los votantes de estados republicanos suelen ser quienes se muestran más desencantados con el retorno de Trump. Según explica, estos votantes señalan principalmente la inflación, la guerra con Irán y el hecho de que Trump se centre en sus propios intereses, desde ganar dinero hasta embellecer la capital con sus proyectos de construcción.

“En los estados republicanos… da la impresión de que los votantes independientes, los hispanos y, hasta cierto punto, las mujeres blancas sin estudios universitarios están realmente muy enfadados con Trump”, afirma Greenberg. “Y, por asociación, también con los republicanos. Al realizar grupos focales… expresan sentirse traicionados y engañados”.

Whit Ayres, veterano encuestador republicano, sostiene que la influencia de Trump permanece intacta entre los votantes que se identifican con su movimiento Make America Great Again (MAGA). No obstante, señala que cerca de la mitad de los votantes republicanos no se identifican con MAGA. Y entre estos republicanos ajenos al MAGA —un grupo que abarca desde los republicanos tradicionales de clase alta hasta los nuevos votantes, mayoritariamente jóvenes y no blancos, que Trump atrajo en 2024—, el apoyo a Trump “ha caído considerablemente”, asegura Ayres.

La brecha en la participación electoral

Algunos de esos votantes de Trump desencantados podrían cambiar de bando y votar por los demócratas, según señalan Ayres y otros estrategas. Sin embargo, a medida que la política estadounidense se ha polarizado más, son menos los votantes dispuestos a cruzar esa línea. Roberts afirma que, según las encuestas de la CNBC, el porcentaje de republicanos no alineados con el movimiento MAGA que dicen que votarán por candidatos republicanos este otoño es unos 20 puntos superior al porcentaje que aprueba la gestión de Trump.

“Hay muchas personas que pueden pensar ‘no me gusta Trump, pero… no estoy de acuerdo con las políticas del otro partido ni con el rumbo al que nos llevarían’”, comenta Roberts.

La mayoría de los analistas coinciden en que el mayor riesgo para el Partido Republicano respecto a los partidarios de Trump desencantados es que simplemente no acudan a votar. “Ese es uno de los principales desafíos para los candidatos republicanos”, afirma Ayres. “En este momento, el entusiasmo demócrata es sustancialmente mayor que el republicano”.

Esa posible brecha en la participación electoral constituye el otro componente clave de una eventual ola demócrata. Las encuestas no solo muestran sistemáticamente que hay más demócratas que republicanos muy motivados para votar, sino que, además, la participación demócrata ha sido mayor desde 2024.

El analista de datos políticos John Couvillon ha calculado que, tras las elecciones de la semana pasada en Nueva Hampshire, el 56 % de todos los votos emitidos en las elecciones primarias de este año a nivel nacional correspondieron a contiendas demócratas. Esta cifra supera incluso el 54 % registrado en 2018. En cambio, Couvillon observó que en 2014 y 2022 —años en los que los republicanos lograron avances en las elecciones de mitad de mandato—, estos obtuvieron al menos el 53 % de los votos en las primarias a nivel nacional.

Asimismo, los demócratas están obteniendo mejores resultados en las elecciones especiales previas a estos comicios de mitad de mandato que los que lograron antes de 2018. The Downballot, un sitio web de análisis político, calcula que en las 110 elecciones especiales estatales y federales celebradas desde 2024, los candidatos demócratas han superado en una media de 12,5 puntos los resultados obtenidos por Kamala Harris en esas mismas jurisdicciones. En comparación, en 2017 y 2018, los candidatos demócratas superaron en 10,6 puntos los resultados de Hillary Clinton en 2016.

Otros dos factores podrían ampliar la ventaja potencial de los demócratas en cuanto a participación electoral este año. Una de ellas es que, en casi todos los estados clave que suelen decidir las elecciones, las minorías raciales y los blancos con estudios universitarios —dos grupos generalmente favorables a los demócratas— han aumentado su proporción de votantes elegibles desde 2018. Por el contrario, los blancos sin título universitario de cuatro años, el núcleo del electorado de Trump, han disminuido, según datos del censo analizados por el demógrafo William Frey. Y, si bien las personas de color suelen representar una proporción menor del voto en las elecciones de mitad de mandato que en las presidenciales, ocurre lo opuesto con los graduados universitarios. Es probable que estos cambios solo tengan un impacto marginal, pero eso podría bastar para inclinar la balanza en contiendas muy reñidas.

En medio de todas estas fuerzas que actúan en su contra, el muro republicano se cimenta en el mapa de estados y distritos en juego este año.

Los ladrillos del muro republicano

De cara a las elecciones de 2018, los republicanos de la Cámara de Representantes ocupaban 23 escaños correspondientes a distritos que habían votado por Clinton dos años antes, y terminaron perdiendo 20 de ellos. En esta ocasión, y antes de las disputas por la redistribución de distritos electorales, los republicanos defendían solo tres escaños de distritos que votaron por Harris. En un análisis más amplio, este año los republicanos deben defender 30 escaños de distritos donde el voto a favor o en contra de Trump fue muy ajustado en 2024, frente a los 36 de 2018, según cálculos del Centro de Política de la Universidad de Virginia. Además, la estrategia republicana de redistribución de distritos ha provocado que 13 demócratas de la Cámara deban defender distritos donde Trump obtuvo un resultado al menos 5 puntos superior a su porcentaje de voto a nivel nacional, en comparación con los solo cuatro distritos de este tipo que había en 2018. Por otra parte, hay menos escaños de la Cámara en disputa competitiva que en 2018; esto significa que, si bien los demócratas siguen siendo los favoritos para lograr la mayoría, disponen de menos margen de maniobra para superar contratiempos imprevistos (como escándalos o candidatos vulnerables).

Asistentes de Texas observan el desarrollo de la convención de mitad de mandato del Comité Nacional Republicano durante su segunda jornada, celebrada el jueves en el American Airlines Center de Dallas.

Asistentes de Texas observan el desarrollo de la convención de mitad de mandato del Comité Nacional Republicano durante su segunda jornada, celebrada el jueves en el American Airlines Center de Dallas.Kent Nishamura/AFP/Getty Images

Sobre el papel, el panorama electoral para el Senado resulta aún más adverso. De los escaños en manos republicanas que los demócratas disputan con mayor intensidad, Maine es el único estado que apoyó a Harris y Carolina del Norte es el único otro estado del mapa senatorial donde Harris logró un resultado competitivo. Trump se impuso por un margen de dos dígitos en todos los demás estados cuyos escaños al Senado son objetivo demócrata: Alaska, Ohio, Texas e Iowa, por no hablar de Kansas y Nebraska (donde los demócratas apoyan a candidatos independientes).

Incluso en estos estados, el índice de aprobación de Trump ha caído generalmente a terreno negativo, lo que brinda una oportunidad a los demócratas. Sin embargo, para triunfar en este terreno hostil, los candidatos demócratas deben superar años de distanciamiento respecto a su partido a nivel nacional. En estos estados republicanos, los demócratas “tienen que presentarse como candidatos realmente singulares, dispuestos a cambiar el estado de las cosas”, afirma la encuestadora demócrata Celinda Lake. “No será el partido el que gane; lo que triunfará será el voto a favor del cambio”.

Tras la configuración del mapa electoral, el dinero constituye el siguiente elemento clave del muro defensivo republicano. En 2018, los candidatos demócratas a la Cámara y al Senado recaudaron fondos muy superiores a los de sus rivales republicanos, según datos de OpenSecrets.org. Si bien los comités del Partido Republicano y los grupos de gasto independiente recaudaron más fondos que sus homólogos demócratas aquel año, esa ventaja se vio mermada por las normas electorales federales, que limitaban su coordinación directa con las campañas y permitían a las cadenas de radiodifusión cobrar a dichos grupos tarifas más altas por los anuncios que a los propios candidatos.

Dan Osborn, candidato independiente al Senado de EE.UU., celebra un encuentro con la comunidad en el Stastny Community Center de Hebron, Nebraska, el 2 de agosto.

Artículo relacionadoEl control del Senado podría depender de estos candidatos independientes que compiten donde no están los demócratas

Sin embargo, dos fallos emitidos este año por la mayoría conservadora de la Corte Electoral han eliminado esas restricciones, lo que permitirá a los republicanos maximizar la enorme ventaja financiera que sus comités partidistas y grupos externos han consolidado frente a sus rivales demócratas.

Otro factor que juega a favor de los republicanos es el deterioro de la imagen del propio Partido Demócrata. Según las encuestas del Pew Research, los índices de favorabilidad del Partido Demócrata se han mantenido en torno al 37-39 % durante los últimos tres años, lo que supone un descenso respecto a 2018. No obstante, la imagen del Partido Republicano no es mejor; históricamente, la percepción del presidente en ejercicio ha influido mucho más en los resultados de las elecciones de mitad de mandato que la opinión sobre el partido que no ocupa la Casa Blanca.

Los esfuerzos de Trump por inclinar las normas electorales a favor del Partido Republicano son la sección final del muro republicano, las puntas afiladas de las almenas. Dicha estrategia comenzó con las presiones que ejerció con éxito sobre varios estados de tendencia republicana para manipular el trazado de los distritos electorales de la Cámara de Representantes. Aún quedan pendientes sus intentos de restringir el voto por correo y el posible despliegue de fuerzas federales de seguridad en los centros de votación de zonas demócratas.

Todo ello podría limitar los avances demócratas. Sin embargo, los estrategas de ambos partidos coinciden en que la actitud hacia el presidente en ejercicio se ha convertido en el factor más determinante para los resultados de las elecciones de mitad de mandato. Quizás ningún muro sea lo suficientemente alto como para contener por completo la ola de desencanto público que cobra fuerza durante el convulso segundo mandato de Trump.

Loading

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Title
.