September 20, 2026

Xi en EE. UU.: Europa busca su lugar en la guerra comercial

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Xi Jinping en Washington

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante su visita a China, en mayo de 2026.Imagen: Kenny Holston/AFP

Dang Yuan

19 DE SEPTIEMBRE, 2026

Xi viaja a Washington en un contexto de considerable inquietud económica a escala mundial por la rivalidad entre China y EE. UU. Entretanto, los países de tamaño mediano se están reorganizando.

Esta semana, empresarios alemanes y chinos se reunieron en Düsseldorf para hablar sobre comercio e inversiones. Pero, durante las pausas, otro asunto dominó las conversaciones: el aparentemente interminable conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Las negociaciones no han producido resultados tangibles y está claro que la disputa entre las dos mayores economías del mundo trasciende el intercambio de mercancías: tiene una dimensión geopolítica.

“La coyuntura china es débil. Las empresas temen por sus negocios y necesitan urgentemente abrir mercados exteriores”, comenta a DW un participante chino que dirigió durante décadas la filial europea de un consorcio estatal y prefiere permanecer en el anonimato. A su juicio, las restricciones estadounidenses y europeas responden también a razones ideológicas: “Mientras Estados Unidos esté enfrentado con China, la Unión Europea difícilmente estará dispuesta a cooperar con nosotros contra sus propios intereses”.

En China, la UE es percibida cada vez más como seguidora de Washington. Un ejemplo es la electromovilidad. Bruselas quiere acelerar la transición hacia los autos eléctricos, pero ha impuesto gravámenes adicionales a los vehículos chinos por considerar que se benefician de subvenciones estatales. Pekín lo niega.  Por su parte,VW y BMW rechazan que se impongan aranceles a los autos chinos por temor a represalias, mientras que Mercedes-Benz advierte que no deben tomarse decisiones precipitadas.

Washington adopta una posición todavía más dura. “Cero autos eléctricos chinos”, declaró  Donald Trump, quien asegura haber mantenido esos vehículos fuera del mercado estadounidense mediante aranceles de entre el 100 y el 150 %.

Europa intenta encontrar un equilibrio entre la alianza transatlántica, esencial para su seguridad dentro de la OTAN, y sus relaciones con China. Pero lo cierto es que tanto Pekín como Washington son percibidos como socios difíciles.

Donald Trump habla con los medios en el avión Airforce One, tras su visita a Irlanda. (13.09.2026).
13 de septiembre de 2026: Trump, de regreso a EE. UU. tras su visita a Irlanda: “¡Yo vendo de todo!”. Se mostró confiado en poder vender aviones de Boeing a aerolíneas chinas.Imagen: Kylie Cooper/REUTERS

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sostiene que Europa ya está sufriendo un segundo “shock procedente de China”. El primero llegó tras la entrada del gigante asiático en la Organización Mundial del Comercio, cuando los productos baratos inundaron los mercados. El segundo surge de su avance tecnológico y liderazgo industrial en sectores como las baterías y las comunicaciones. “Vemos las consecuencias en las personas y las fábricas de toda nuestra Unión. Esto conduce a la desindustrialización de los centros industriales de Europa. Es insoportable”, afirmó von der Leyen.

Bruselas quiere reducir tanto su déficit comercial con China, estimado en unos 1.000 millones de euros diarios, como su dependencia de materias primas críticas. “Las palabras están bien, los hechos son mejores”, ha advertido la presidenta de la Comisión.

“Ante la continua escalada de la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, Washington presiona constantemente a sus aliados para que endurezcan las restricciones contra China en tecnología, cadenas de suministro y seguridad”, comenta a DW Yang Xiepu, directora del Centro de Cooperación Chino-Alemana de la Academia China de Ciencias Sociales.

Mark Carney interviene en la reunión anual de Davos.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso a Canadá ser el primer “miembro asociado” de la UE. Aquí, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico de Davos 2026.Imagen: Fabrice Coffrini/AFP/Getty Images

Una rivalidad sin vencedor

Washington y Pekín compiten en numerosos frentes. EE. UU. restringe la exportación a China de chips de alto rendimiento, mientras Pekín limita las exportaciones de tierras raras esenciales para numerosas industrias tecnológicas. También rivalizan en inteligencia artificial y en la carrera espacial.

Trump asegura que hablará “de todo” durante sus contactos con Xi. Antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026, el presidente estadounidense quiere mostrar la competencia económica de los republicanos y podría buscar acuerdos para vender productos estadounidenses a China. Desde hace meses se negocia una posible compra de aviones Boeing por aerolíneas chinas. “Yo vendo de todo”, afirmó Trump.

Pero parece improbable que se produzca un gran acuerdo. “En Pekín se parte de la base de que China y Estados Unidos se mantendrán mutuamente en jaque durante un futuro previsible”, explica a DW Mikko Huotari, director del instituto alemán MERICS. “Xi no necesita un gran avance en Washington, lo que necesita es tiempo. Lo mismo ocurre con Washington. Es un empate estratégico”.

Reunión de Mark Carney con Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo de Pekín. (16.01.2026).
Bajo el mandato del primer ministro Carney, Canadá ha establecido con China una “asociación estratégica de nueva era”. Aquí, Carney y Xi, reunidos en Pekín el 16 de enero de 2026.Imagen: Sean Kilpatrick/AP Photo/picture alliance

Canadá busca otra vía

La utilización de la integración económica y los aranceles como instrumentos de presión también afecta a los aliados estadounidenses. Canadá ha decidido responder. En enero de 2026, su primer ministro, Mark Carney, afirmó en el Foro Económico Mundial de Davos: “El viejo orden mundial ha terminado; no tenemos por qué lamentarlo”. Tras nuevos gravámenes estadounidenses, Ottawa impuso a finales de agosto aranceles especiales a productos de Estados Unidos.

Carney considera que las potencias medianas necesitan coordinarse para evitar quedar sometidas a los grandes actores. “Si negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, lo hacemos desde una posición de debilidad”, declaró. Y resumió su estrategia con una frase: “Si no estamos en la mesa de negociación, estamos en el menú”.

A comienzos de 2026, Carney visitó China y acordó una “asociación estratégica de nueva era”. Posteriormente, Canadá redujo del 100 al 6,1 % sus aranceles a los coches eléctricos chinos, con una cuota de 49.000 vehículos anuales.

Al mismo tiempo, China intenta estrechar relaciones con los socios de Washington. “China acaba de iniciar una ofensiva de seducción hacia los aliados estadounidenses, más concretamente hacia los aliados frágiles”, señala Huotari. Pekín intensifica su presencia en organizaciones y foros internacionales, desde los BRICS hasta la Organización de Cooperación de Shanghái y el G20.

Carney define esta diplomacia como una “geometría variable”: alianzas diferentes según cada asunto, construidas sobre intereses y valores compartidos. Una estrategia con la que las potencias medianas intentan ganar margen de maniobra en un mundo dominado por la rivalidad entre Washington y Pekín. En noviembre, Canadá y la Unión Europea se sentarán en Shenzhen a la mesa del G20. El objetivo, siguiendo la metáfora de Carney, es precisamente ese: estar en la mesa y no en el menú.

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