August 15, 2026

Análisis: EE.UU. se metió varias veces en la campaña entre Bolsonaro y Lula en Brasil. Ahora sube su apuesta con la “Doctrina Donroe”/ “Milei y Trump comparten su antipatía hacia Lula y estarían encantados de que Flávio Bolsonaro resultara electo”

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Trump, Milei y Lula Da Silva

Análisis por Iuri Pitta, CNN Brasil

14 de agosto de 2026

CNN Brasil — 

Las elecciones brasileñas tienen reglas para casi todo, incluso para el momento en que un candidato está autorizado a realizar la actividad más básica de una campaña: pedir el voto al elector. A partir de este domingo, 16 de agosto, los más de 20.000 aspirantes a un cargo este año finalmente comenzarán a hacer lo que está implícito, en algunos casos, desde el año pasado.

Y justamente cinco días antes del inicio oficial de la campaña de 2026, una publicación en redes sociales realizada por el Departamento de Estado de EE.UU. arrojó luz sobre uno de los mayores puntos de atención entre los aliados del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) y dentro de las instituciones involucradas en este proceso político, en especial la Justicia Electoral.

El candidato presidencial brasileño Flavio Bolsonaro sostiene la bandera de Brasil junto al diputado Alfredo Gaspar durante una ceremonia el 5 de agosto en Brasilia.

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El video publicado por el organismo comandado por el secretario Marco Rubio dura cerca de cinco minutos y hace un rescate de la Doctrina Monroe, formulada en 1823 en un proceso de oposición a la recolonización de territorios en las Américas que habían sido controlados antes por las metrópolis europeas.

La pieza avanza a lo largo del tiempo y pasa por episodios como la crisis de los misiles en Cuba, en los años 1960, las intervenciones de la era Reagan en países de América Central y la reciente captura de Nicolás Maduro en enero. Al final, la frase con múltiples destinatarios implícitos: el dominio de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental “nunca más será cuestionado”.

Para integrantes del Gobierno brasileño, fue el gesto más claro de que EE.UU., bajo el gobierno de Donald Trump, no permanecerá pasivo ante el proceso electoral de este año. Por tratarse de un presidente candidato a la reelección, Lula aprovecha cada roce entre los dos países para reforzar el discurso de campaña por la soberanía nacional, pero los actos van más allá de la retórica.

Esta semana, con cerca de un mes de vigencia de aranceles del 25% sobre productos brasileños importados por EE.UU., Brasil decidió abrir un proceso de reciprocidad con base en una legislación aprobada hace pocos años por el Congreso y nunca utilizada. Para sectores privados, es una señal más de que los objetivos políticos estarían por delante del pragmatismo en las negociaciones con la mayor potencia mundial.

Como bien señaló la analista internacional de CNN Brasil Fernanda Magnotta, el video y ese rescate de la Doctrina Monroe consolidan dos puntos fundamentales: después de décadas relegada a un segundo plano en la política exterior de EE.UU., lo que llevó a una mayor influencia y ocupación de espacio de China en América Latina, la región vuelve a tener prioridad para el Departamento de Estado, y el medio para ello es ostensiblemente la táctica de la presión sobre los países.

La presión como herramienta diplomática

El video publicado por el Departamento de Estado no puede ser visto de forma aislada, así como las interpretaciones dadas por el Gobierno: se trata de un capítulo de una secuencia de actos que desgastaron la relación bilateral, sobre todo, por divergencias político-ideológicas y contaminaron los protocolos diplomáticos que deberían estar guiados por intereses de Estado, y no por los objetivos a corto plazo del gobierno de turno.

A principios de mes, el 3 de agosto, Washington revocó la visa de la embajadora de Brasil en Estados Unidos, Maria Luiza Viotti, quien sirve en la representación diplomática desde 2023. El nombre de la diplomática llegó a ser señalado tras la elección de Lula, un año antes, como una opción para la inédita nominación de una mujer como ministra de Relaciones Exteriores – y el elegido fue Mauro Vieira, actual canciller brasileño.

A continuación, el día 7, la mayoría del Senado confirmó a Daniel Perez – un diputado estatal de Florida cercano a Marco Rubio – como embajador de EE.UU. en Brasil, por 51 votos contra 47. Sería una medida meramente formal, de no ser por un detalle: el agrément, la conformidad previa del país que va a recibir al representante diplomático, no fue concedido por Brasil. Desde que Trump asumió nuevamente la Casa Blanca, la embajada estadounidense ha estado dirigida por un encargado de negocios.

La queja oficial del Itamaraty y del Gobierno de Lula es que el agrément “aún se encuentra en análisis” y que es una ruptura de protocolo nombrar a un embajador aun así – es decir, sin el consentimiento del país en el que el diplomático va a actuar. Para el Departamento de Estado, revocar la visa de Maria Luiza Viotti fue una cuestión de reciprocidad.

Todo este embrollo diplomático tiene como telón de fondo la desconfianza del Gobierno de Lula, que considera que el Departamento de Estado quiere cuestionar el funcionamiento del sistema electoral brasileño, como ocurre dentro de EE.UU. con el incentivo del propio Trump, que aún cuestiona la derrota sufrida ante Joe Biden.

Ocurre que, a diferencia de EE.UU., donde cada estado tiene su propia legislación y autonomía para conducir el escrutinio de los votos y es un colegio electoral el que elige al presidente, en Brasil el sistema está centralizado en la Justicia Electoral y estandarizado en todo el territorio nacional.

Además, hace 30 años el país adoptó el uso de la urna electrónica y, actualmente, más de 500.000 equipos son distribuidos por el país en los días previos a la votación, para que más de 158 millones de electores voten de forma simultánea, a lo largo del primer y del último domingo de octubre, en caso de segunda vuelta. En cuestión de horas tras el cierre de las secciones electorales, Brasil y el mundo conocen el resultado oficial – en 2022, la victoria de Lula sobre Jair Bolsonaro fue anunciada a las 19:57 del 30 de octubre de ese año, menos de tres horas después de concluida la votación.

Las señales de alerta no se restringen al Gobierno de Lula y a sus aliados políticos, sino también a parte de los integrantes de la Justicia Electoral, compuesta tanto por ministros indicados por el actual presidente como por nombres del Supremo Tribunal Federal que llegaron a la Corte durante el gobierno de Bolsonaro.

Y todo esto ocurre semanas después de que otro aliado de Trump, el presidente de Argentina, Javier Milei, iniciara una serie de insultos contra Lula – primero en territorio brasileño, en la convención del PL que consagró a Flávio Bolsonaro como candidato al Palacio del Planalto, y continuó en entrevistas ya del lado argentino de la frontera. El punto álgido de esta tensión fue que Brasil rebajó la relación diplomática: el embajador brasileño no tiene fecha para volver a Buenos Aires, mientras que el diplomático argentino dejó Brasilia a pedido del gobierno Lula.

Este domingo, Lula, Flávio y los principales candidatos a presidente comenzarán a pedir votos en lugares simbólicos para sus trayectorias políticas y sus campos ideológicos. El petista estará en el estadio en el que ganó visibilidad nacional como sindicalista, mientras que el candidato del PL hará un mitin en Copacabana, lugar donde Bolsonaro reunió a miles de simpatizantes cuando era presidente.

Aunque inicien esta carrera por el voto con ese regreso a los orígenes, a lo largo de los próximos 50 días ambos candidatos mantendrán los ojos igualmente atentos a los efectos de la reinterpretación de Trump y Rubio de la Doctrina Monroe.

“Milei y Trump comparten su antipatía hacia Lula y estarían encantados de que Flávio Bolsonaro resultara electo”

imagen compuesta de trump, lula y milei.

Información del artículo

  • Fecha de publicación6 agosto 2026

Primero, Brasil le negó el ingreso a una delegación oficial de Estados Unidos por sospechas de que quería sembrar dudas sobre la confianza de su sistema electoral.

Después, el presidente argentino, Javier Milei, calificó de “ladrón y corrupto” a su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien en respuesta retiró a su embajador en Buenos Aires.

Y esta semana, EE.UU. canceló la visa de la embajadora de Brasil en Washington porque considera que el gobierno de Lula demora la aceptación de su nuevo representante diplomático en el país.

Quizás esa sucesión de hechos insólitos que involucran a tres de los mayores países del continente en menos de dos semanas sea una mera coincidencia.

Pero lo cierto es que las tensiones de Brasil con EE.UU. y Argentina llegaron a niveles extraordinarios tras la serie de roces diplomáticos, críticas políticas y gestos de recelo.

Detrás puede haber un afán de dos presidentes de derecha como el estadounidense Donald Trump y Milei para que el candidato opositor Flávio Bolsonaro derrote al izquierdista Lula en las elecciones de octubre en Brasil, para que otro gobierno afín a ellos se instale en la región, señalan analistas.

“No ha salido a la luz ninguna prueba de que se trate de un ataque (a Lula) coordinado por parte de Trump y Milei, pero no me sorprendería”, sostiene Cynthia Arnson, profesora adjunta de relaciones internacionales en la Universidad Johns Hopkins de Washington.

“Milei y Trump son aliados cercanos, comparten una antipatía hacia Lula y estarían encantados de que Flávio Bolsonaro resultara electo”, dice Arnson a BBC Mundo.

Pero, ¿cuánto podría influir todo esto en los comicios de Brasil?

“Cáscaras de banana”

La idea de que EE.UU. busca entrometerse de forma indebida en las elecciones brasileñas ha sido planteada por el gobierno de Lula y rechazada por el de Trump.

Un comunicado difundido el martes por la presidencia de Brasil indicó que los dos funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. a los que se les denegó la visa de entrada al país el 24 de julio preveían “poner en duda la integridad del sistema electoral brasileño”.

Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva reunidos en Kuala Lumpur al margen de una cumbre ASEAN en octubre de 2025.
Pie de foto,Trump y Lula llevan una relación bilateral con varios altibajos.

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El propio Lula defendió esa decisión el miércoles.

“Brasil no solo está preparado, sino que enfrentará a cualquier persona de afuera que quiera interferir en nuestro proceso electoral”, afirmó.

En cambio, al conocerse la decisión de Brasil de revocarle las visas a sus funcionarios, el Departamento de Estado sostuvo que “cualquier insinuación de un ‘ardid’ para socavar las elecciones de una nación democrática es una mentira sin fundamento”.

Y señaló que sus funcionarios (uno de los cuales trabajó en fortalecer los vínculos de Washington con la derecha radical europea) querían mantener reuniones en Brasil para discutir sobre la integridad electoral y las libertades religiosa y de expresión.

Washington también indicó que la decisión de revocarle el martes la visa a la embajadora brasileña, Maria Luiza Ribeiro Viotti, responde a una demora del país sudamericano en aceptar al nuevo embajador designado por Trump, Daniel Perez, un legislador estatal republicano de Florida.

Pero Lula calificó de “irresponsable” la cancelación del visado a su diplomática y sostuvo que EE.UU. llevaba un año y medio sin enviar un embajador a Brasil.

La medida de Washington carece de precedentes en la relación bilateral con Brasilia y parece destinada a presionar al gobierno de Lula, señalan expertos.

imagen Maria Luiza Ribeiro Viotti
Pie de foto,La embajadora de Brasil en EE.UU., Maria Luiza Ribeiro Viotti, tuvo su visa revocada por el gobierno de Trump.

“La sensación que tengo es que el gobierno estadounidense lanza cáscaras de banana a la espera de que Brasil, en alguna de ellas, responda de una determinada forma que justifique más medidas restrictivas por parte de EE.UU.”, indica Guilherme Casarões, un experto en relaciones internacionales en la Universidad Internacional de Florida.

El gobierno de Trump también impuso en julio aranceles de 25% a las importaciones de diversos productos de Brasil, bajo el argumento de que el país sudamericano tiene prácticas comerciales injustas.

“Ya se han desplegado tantos instrumentos políticos, económicos y jurídicos contra Brasil que nos resulta difícil afirmar que EE.UU. no quiere nada con estas elecciones (brasileñas)”, dice Casarões a BBC Brasil. “No puedo evitar calificar esto como tentativa de interferencia”.

“Un juego muy complejo”

Para Trump y Milei, un triunfo de la derecha en las elecciones de Brasil tendría una importancia especial por el peso político de este país en una región donde los conservadores expanden su poder.

Ambos presidentes han mostrado su interés en promover la llegada de gobiernos ideológicamente próximos a ellos en América Latina.

Antes del balotaje por la presidencia de Chile en diciembre, por ejemplo, Milei manifestó su apoyo a José Antonio Kast, el ultraconservador que ganaría la contienda y hoy gobierna Chile.

Javier Milei muestra la camiseta de la selección argentina de fútbol durante un acto en Sao Paulo en julio para lanzar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro, quien exhibe a su lado la bandera de Brasil
Pie de foto,Milei participó del acto de lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro en Brasil y lanzó fuertes críticas a Lula.

El mandatario argentino participó el 25 de julio del acto de lanzamiento de la candidatura presidencial del senador Bolsonaro en Sao Paulo, donde lanzó sus primeros agravios contra Lula y pidió “parar a la basura socialista” en las urnas.

En respuesta, el gobierno brasileño llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires y pidió explicaciones al representante de Argentina en Brasilia.

Pero Milei volvió a cargar públicamente contra Lula y el martes Brasil decidió rebajar su relación con Argentina a nivel de encargado de negocios, en la peor crisis diplomática entre los dos mayores socios comerciales del Mercosur en varios años.

Mientras Lula ha intentado evitar un enfrentamiento directo con Milei (“¿Quién es ese tipo?”, preguntó hace unos días en una aparición pública), la Cancillería argentina sostuvo en un comunicado que Brasil se aísla “del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas”.

Trump también ha respaldado abiertamente a candidatos derechistas en elecciones recientes en América Latina, como ocurrió en Colombia y Honduras, y en mayo recibió a Bolsonaro en la Casa Blanca cuando la campaña de este tenía dificultades.https://flo.uri.sh/visualisation/29740475/embed?auto=1

El año pasado, Trump también impuso aranceles a Brasil en procura de detener el juicio por intento de golpe de Estado que enfrentaba el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, un viejo aliado suyo que resultó condenado de todas formas.

Eso desató el primer gran enfrentamiento de Trump con Lula, quien comenzó a acusar a Washington de buscar entrometerse indebidamente en los asuntos internos de Brasil.

Pero las encuestas indicaron que ese duelo beneficiaba políticamente a Lula dentro de Brasil, y Trump buscó luego acercarse a su par brasileño: ambos se reunieron dos veces, en lo que parecía un creciente entendimiento mutuo.

Ahora las tensiones bilaterales vuelven a distanciarlos y plantean interrogantes sobre el efecto de todo esto en unas elecciones brasileñas donde Lula buscará un nuevo mandato.

“La opinión pública puede ser volátil, por lo que la Casa Blanca y la Casa Rosada deben de estar apostando a que su hostilidad acabe redundando en favor de Bolsonaro”, evalúa Arnson.

Una mujer envuelta en la bandera de Brasil vota en las elecciones generales del en 2022.
Pie de foto,El efecto que tendrán en las urnas de Brasil las tensiones del país con EE.UU. y Argentina es aún incierto.

Maurício Santoro, un politólogo del Centro de estudios políticos y estratégicos de la Marina de Brasil, descarta que las declaraciones de Milei puedan cambiar a los votantes brasileños, pero advierte que las acciones de Trump son diferentes.

“En algunos casos, como en la cuestión de los aranceles y el comercio, pueden finalmente beneficiar a Lula en la medida que el presidente se presentó como defensor de la soberanía brasileña ante interferencias extranjeras”, dice Santoro a BBC Mundo.

Pero señala que, por otro lado, la decisión de EE.UU. de clasificar en junio contra la voluntad de Lula a dos grupos criminales brasileños, Comando Vermelho y el Primer Comando de la Capital, como organizaciones terroristas tuvo un impacto positivo en la opinión pública local preocupada por la inseguridad.

“Tal vez nunca una elección brasileña haya sido tan marcada por cuestiones internacionales”, observa Santoro. “Es un juego muy complejo cuyas reglas aún no entendemos bien. Brasil no es Irán ni Rusia, no estamos acostumbrados a recibir sanciones: es la primera vez y estamos un tanto perplejos”.

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