Análisis DW: Venezuela y el descrédito de la Fuerza Armada Bolivariana

Venezuela, La Guaira: soldados custodian la zona devastada tras el terremoto del 24 de junio de 2026, el día 27.Imagen: Matias Delacroix/AP Photo/picture alliance
24 de julio de 2026
La vinculación con el aparato represivo chavista, la expansión de la corrupción y el deterioro de su capacidad operativa habían socavado ya gravemente el prestigio de la FANB antes de los terremotos del 24 de junio.
Cuando el Estado venezolano alcanzó su máximo despliegue de efectivos civiles y militares para enfrentar la tragedia provocada por el doble sismo del 24 de junio de 2026, la ventana crítica de rescate de 72 horas —periodo en el que es mayor la probabilidad de encontrar personas con vida bajo los escombros— llevaba más de dos semanas cerrada.
Según el informe “La insuficiente respuesta estatal”, de la ONG Transparencia Venezuela, 48 horas después del terremoto el Gobierno de Delcy Rodríguez apenas había desplegado el 34,5 por ciento de los 31.837 efectivos que terminarían participando en la emergencia. En ese mismo lapso, Chile, ante un terremoto comparable, había movilizado el 71 por ciento de su pico de funcionarios.
El escaso apoyo estatal durante los primeros días de la emergencia provocó una ola de indignación entre la ciudadanía. Miles de venezolanos utilizaron las redes sociales para denunciar la situación de desamparo en la que se encontraban frente a la magnitud de la tragedia. Las críticas, recogidas por medios nacionales e internacionales, se dirigieron directamente contra la encargada de la presidencia, Delcy Rodríguez, y contra la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), institución llamada por ley a desempeñar un papel muy relevante en la atención de desastres.
La magnitud del descontento quedó reflejada en la encuesta Latam Pulse Venezuela de junio de 2026, una encuesta de opinión pública de alcance nacional, realizada por AtlasIntel para Bloomberg, cuyo trabajo de campo se realizó inmediatamente después del terremoto, entre el 26 y el 30 de junio de 2026. Según los datos, solo el 19,3 por ciento de los consultados aprobó la respuesta del Gobierno y de las autoridades competentes frente a la tragedia.
La desconfianza de los ciudadanos se concentró principalmente en Delcy Rodríguez y en el Ejército venezolano. Apenas el 24 y el 23 por ciento de los encuestados, respectivamente, confiaban en que estos actores pudieran contribuir a la gestión de crisis y a la reconstrucción posterior del país.

Venezuela, Tanaguarena, cerca de La Guaira, epicentro del desastre: soldados esperan instrucciones sobre las operaciones de rescate.Imagen: Rafael Hernández/dpa/picture alliance
Sin embargo, este elevado rechazo hacia la institución militar no nació con el terremoto. Una encuesta de Delphos realizada entre el 1 y el 8 de junio, antes del doble sismo, ya ubicaba a la FANB entre las instituciones que menos confianza generaban entre los ciudadanos, con niveles inferiores al 30 por ciento.
Informes de expertos y organizaciones especializadas, junto con datos de encuestas de tendencias, como Latinobarómetro y Latin American Public Opinion Project (LAPOP), muestran cómo la FANB ha sufrido una progresiva y pronunciada pérdida de prestigio y confianza entre los venezolanos a lo largo de los últimos 25 años. ¿Por qué se produjo esta caída?
De la institución más confiable a una de las menos confiables de América Latina
El deterioro resulta particularmente llamativo porque a principios del siglo XXI, según Latinobarómetro, Venezuela era el país de América Latina con mayor confianza ciudadana en sus Fuerzas Armadas. Casi siete de cada diez venezolanos decían confiar en la institución armada. Dentro del país, solo la Iglesia, con 77,5 por ciento, registraba un nivel de confianza superior.
Veinticuatro años después, en 2024 —la medición más reciente de Latinobarómetro—, Venezuela aparecía como el segundo país de América Latina con menor confianza en sus Fuerzas Armadas. Apenas el 25,8 por ciento de los ciudadanos afirmaba confiar en la FANB. En términos internos, la confianza en la institución militar se había reducido en casi dos tercios desde el año 2000 y la FANB se ubicaba entre las instituciones menos confiables del país, junto con otros poderes e instituciones estatales controlados por el chavismo.
Los estudios de opinión pública en América Latina, particularmente los LAPOP y la literatura especializada, muestran que los ciudadanos tienden a confiar más en las Fuerzas Armadas cuando las consideran respetuosas de los derechos humanos, con baja exposición a la corrupción, bien entrenadas y profesionales, y capaces de responder ante desastres. Durante el último cuarto de siglo, prácticamente todas estas dimensiones se han deteriorado en el caso venezolano.
La participación militar en el aparato represivo del chavismo
Los informes de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU han documentado durante años detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual y otras graves violaciones de derechos humanos cometidas por agentes del Estado venezolano. La magnitud de esta política represiva sistemática del Estado la recoge en parte el Índice de integridad física de V-Dem que mide, en una escala de 0 a 1, el grado de protección de la población frente a la tortura y los asesinatos políticos perpetrados por agentes gubernamentales. Entre 1999 y 2025, el índice en Venezuela cayó estrepitosamente de 0,79 a apenas 0,16.

Manifestación por la liberación de los presos políticos, en Caracas.Imagen: DW
Uno de los factores que más ha perjudicado el prestigio y la confianza ciudadana en la FANB ha sido precisamente la participación de organismos y componentes militares en el aparato represivo del chavismo. Los informes de la Misión identifican a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) como uno de los principales brazos ejecutores de esta política y atribuyen a la Guardia Nacional Bolivariana responsabilidad en graves violaciones de derechos humanos cometidas durante la represión de las protestas ciudadanas.
La corrupción sistémica alcanzó al estamento militar
Otro factor en la erosión de la confianza de los venezolanos en la FANB ha sido la percepción de corrupción. Aunque este flagelo ha acompañado la historia republicana del país, durante el siglo XXI evolucionó hacia un problema sistémico que los especialistas definen como “gran corrupción”. Desde 2013, Venezuela ocupa de manera ininterrumpida el último lugar del continente americano en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. En el informe global de 2025, con una puntuación de apenas 10 sobre 100, Venezuela se ubicó como el tercer país percibido como más corrupto del mundo.
La corrupción que se propagó por todo el Estado venezolano alcanzó con fuerza al estamento militar. Las denuncias documentadas en el último cuarto de siglo por organizaciones como Transparencia Venezuela, InSight Crime, Organized Crime and Corruption Reporting Project y por la prensa de investigación y opinión especializada abarcan desde el desvío de fondos públicos y el control de redes de importación, hasta vínculos directos con el narcotráfico, el contrabando y otras economías ilícitas.
La expansión de estas prácticas estuvo estrechamente vinculada al rediseño institucional de la FANB promovido por el chavismo. El Government Defence Integrity Index (GDI) de Transparencia Internacional, que mide la resiliencia institucional del sector defensa frente a la corrupción, otorgó a Venezuela, en su edición de 2020, la calificación más baja posible (F) y la ubicó en la categoría de riesgo de corrupción “crítico”.
El GDI evalúa varios indicadores vinculados al riesgo de corrupción en el sector de defensa. En todos ellos Venezuela obtuvo puntajes muy bajos, evidenciando: una ausencia total de control civil democrático sobre el sector militar; opacidad y discrecionalidad en las contrataciones y adquisiciones del sector defensa; falta de controles en zonas fronterizas o mineras, lo que expone directamente a los mandos militares a economías ilegales (contrabando, minería irregular, narcotráfico); y la discrecionalidad en la gestión de personal (ascensos, salarios y asignaciones que no se rigen por la meritocracia, sino por la lealtad política y la discrecionalidad).
El doble sismo reveló la debilidad operativa de la FANB
La limitada actuación de la FANB durante las primeras horas de la emergencia no fue producto únicamente de la tardanza del despliegue, sino también síntoma de una profunda pérdida de capacidad operativa. Según el informe de Transparencia Venezuela, el Estado movilizó efectivos principalmente para tareas logísticas y de orden público, pero fue incapaz de activar capacidades de búsqueda y rescate urbano claramente identificables. Ángel Rangel, exdirector de Protección Civil durante la tragedia de Vargas, calificó de “inexplicable” la ausencia de la FANB y la atribuyó a la falta de planificación y de una estructura de mando preparada para enfrentar desastres.

Venezuela, La Guaira: vista aérea de los daños tras los terremotos del 24 de junio de 2026.Imagen: Ariana Cubillos/AP Photo/dpa/picture alliance
En la misma dirección, el ingeniero David Morán, quien participó en las labores de rescate de la tragedia de Vargas de 1999, sostuvo que la respuesta institucional de la FANB se ha erosionado debido a la pérdida de personal especializado, el deterioro del entrenamiento y la falta de mantenimiento de los equipos. Una investigación de Reuters terminó de confirmar estos diagnósticos, documentando órdenes demoradas, falta de planes, unidades disponibles que nunca fueron activadas y mandos que preferían esperar instrucciones antes que actuar por iniciativa propia. El resultado fue una institución con un inventario nominal de recursos, pero severamente debilitada en coordinación, mantenimiento y capacidad de decisión.
Muchos especialistas coinciden en que la vinculación con el aparato represivo chavista, la expansión de la corrupción dentro de la institución y el deterioro de las capacidades profesionales y operativas de la FANB no fueron fenómenos independientes. Todos tuvieron un mismo origen: la progresiva politización de la institución y su transformación en un instrumento al servicio de la Revolución Bolivariana. De este modo, durante el último cuarto de siglo, el chavismo socavó gravemente los pilares sobre los que descansaban el prestigio de la Fuerza Armada Nacional y la confianza de los venezolanos en ella.
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