
El papa imparte la bendición “urbi et orbi” desde la logia central de la basílica de San Pedro al finalizar la misa de Pascua que presidió en la plaza de San Pedro, en el Vaticano (05.04.2026)Imagen: Vatican Media/Catholicpressphoto/IMAGO
El sumo pontífice celebró la misa de Pascua por primera vez desde su elección en mayo de 2025.
El papa León XIV llamó este domingo (05.04.2026) a “elegir la paz” y denunció la indiferencia ante las guerras, en su primer mensaje de Pascua, marcado por el conflicto en Medio Oriente.
Desde Timor Oriental hasta España, pasando por Jerusalén y Líbano, los católicos de todo el mundo celebran esta fiesta que conmemora la resurrección de Cristo, empañada por la guerra contra el régimen islámico de Irán.

En el Vaticano, en una plaza de San Pedro adornada con miles de flores y bajo un sol radiante, León XIV celebró la misa de Pascua por primera vez desde su elección en mayo de 2025, en un ambiente festivo, acompañado de trompetas y cantos litúrgicos.
“Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos”, así como a sus “consecuencias económicas y sociales”, expresó el sumo pontífice durante su tradicional bendición urbi et orbi (a la ciudad y al mundo).
rr afp/vatican news
El papa pide que la guerra e injusticia “no nos paralicen”
León XIV ofició la misa en la basílica de San Pedro durante la Vigilia Pascual, en la primera Semana Santa de su papado.

El papa León XIV exhortó el sábado (04.04.2026) a no dejar que “nos paralicen las losas de la guerra, la injusticia y el aislamiento” entre pueblos y naciones, durante su homilía en la Vigilia Pascual, uno de los momentos más solemnes de la Semana Santa.
En la ceremonia, celebrada en la basílica de San Pedro, el pontífice recordó que la llamada “madre de todas las vigilias” revive “el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno”.
“Esta noche santa hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad, y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia”, dijo el papa rememorando la muerte y resurrección de Jesucristo: “El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar”.
Al respecto, lamentó que “tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones”.
“¡No dejemos que nos paralicen!”, exclamó el pontífice y destacó el ejemplo de muchos hombres y mujeres, “personas como nosotros, fortalecidas por la gracia del Resucitado”, que a lo largo de los siglos han removido esas piedras incluso a costa de su vida “pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos”.
El papa estadounidense-peruano presidió por primera vez en su pontificado la Vigilia de Sábado Santo, una de las más largas de la tradición católica que se inició en una Basílica de San Pedro totalmente a oscuras y en silencio, con el rito de la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual.

En un gesto cargado de simbolismo, León XIV marcó la vela con las letras griegas alfa y omega, que simbolizan que Dios es el principio y el fin de todas las cosas.
A partir de ese momento se desarrolló una procesión hacia el altar mayor mientras la basílica se fue iluminando poco a poco con las velas de los fieles encendidas con la llama del cirio.
En la primera Semana Santa de su papado, León XIV ha encabezado hasta ahora todos los ritos previstos, tras años de cambios y ausencias motivadas por los problemas de salud de su predecesor, el difunto papa Francisco.
La agenda de la Semana Santa culminará mañana con la misa del Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro y la tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’ (a la ciudad y al mundo), que el pontífice impartirá desde el balcón central de la basílica vaticana.
gs (efe, ap. afp)
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