
La Dra. Verónica Alume aconseja elegir métodos de cocción más saludables y moderar dulces. Un enfoque balanceado y consciente durante estas festividades puede contribuir a mejores hábitos alimentarios y salud a largo plazo.
República Dominicana.-Durante la Semana Santa, la alimentación en República Dominicana cambia. Muchas familias reducen el consumo de carnes rojas y optan por pescado, bacalao, legumbres y dulces tradicionales que forman parte de la identidad cultural del país.
La Dra. Verónica Alume, médico nutricionista nos dice que lejos de ser un problema, estos cambios pueden representar una oportunidad para acercarnos a un patrón de alimentación más equilibrado.

El mayor consumo de pescado aporta proteínas de buena calidad y, en algunos casos, grasas saludables como los omega 3. Las legumbres, muy presentes en esta época, son una excelente fuente de fibra, clave para la salud digestiva y metabólica.
Sin embargo, como ocurre en muchas celebraciones, el desafío no está en los alimentos en sí, sino en las cantidades, la frecuencia, el tipo de preparación que utilicemos. Durante estos días es frecuente el aumento de frituras, preparaciones con alto contenido de sal como el bacalao y dulces tradicionales ricos en azúcar, como las habichuelas con dulce. Esto no significa que deban evitarse, sino que es importante encontrar un equilibrio.
Algunas recomendaciones que pueden ayudarte para disfrutar de una Semana Santa saludable de acuerdo a la especialista de la alimentación son: Utilizar más preparaciones al horno, guisadas o a la plancha en lugar de fritas, incluir vegetales en cada comida, aunque el plato principal sea tradicional, aprovechar el consumo de legumbres (habichuelas, garbanzos, lentejas), moderar el consumo de dulces, disfrutándolos sin excesos, hidratarse bien, especialmente en climas cálidos y cuidar el sodio, desaliñado bien el bacalao
Desde la evidencia científica, sabemos que patrones alimentarios ricos en fibra, alimentos frescos, pescado, grasas saludables, se asocian con mejor salud metabólica y menor riesgo de enfermedades crónicas como diabetes tipo II, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer. En ese sentido, muchas tradiciones de Semana Santa pueden alinearse con estos principios, si se preparan de forma equilibrada.

La Semana Santa no tiene que ser un momento de restricciones, sino de conexión: con nuestra fe, con la familia, con nuestras tradiciones y también con nuestro cuerpo.
Disfrutar la comida, compartirla y al mismo tiempo hacer pequeñas elecciones más conscientes puede marcar una diferencia.
Es importante recordar que la salud no se define por lo que comemos en unos pocos días, sino por nuestros hábitos a largo plazo. Porque, al final, no es un plato lo que define nuestra salud, sino el patrón que construimos en el tiempo.
Dra. Verónica Alume

Una mesa bien servida no implica una buena salud necesariamente. Un nuevo estudio, que fue publicado en la revista Nature Medicine, demostró que la mala calidad de la alimentación estuvo relacionada con aproximadamente 4,06 millones de muertes por cardiopatía isquémica -que puede producir infarto– en el mundo durante 2023.
La investigación fue liderada por científicos de Corea del Sur junto con el Instituto de Evaluación y Métricas de la Salud de la Universidad de Washington y la Iniciativa Enfermedad Cardiovascular del Instituto Broad, que depende del MIT y la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos.
Confirmaron que cuando la alimentación de las personas es baja en el consumo de nueces, semillas, granos integrales y frutas, pero abunda el de sodio, el riesgo de cardiopatía isquémica aumenta de manera importante.
El corazón resulta especialmente vulnerable cuando faltan esos alimentos protectores y predominan los productos ultraprocesados en la dieta diaria.
El impacto es tan grande que la enfermedad cardiovascular sigue liderando las causas de muerte a nivel global. El análisis también mostró que el daño afecta a hombres y mujeres de manera similar.
La comida y el corazón: un vínculo que pesa
La cardiopatía isquémica es una enfermedad que ocurre cuando el corazón recibe menos sangre de la que necesita debido a la obstrucción de las arterias coronarias. Este problema puede llevar a un infarto agudo de miocardio o ataque al corazón.
Los investigadores intentaron estudiar la persistencia de la cardiopatía isquémica. Aunque la cantidad de alimentos disponibles creció, la calidad nutricional no avanzó igual de rápido en el mundo.
Señalaron que hubo investigaciones anteriores que se centraron en ingredientes aislados o en países ricos y dejaron afuera a la mayoría de la población mundial.
El equipo buscó entonces ponerle cifras concretas al problema y ofrecer herramientas para que cada país diseñe políticas más efectivas. Para eso analizaron datos de más de 200 países y regiones.
Se estudiaron 13 factores clave de la alimentación y se calculó cuántas muertes y años de vida perdidos están asociados a una dieta pobre.
Así, el estudio pudo identificar con precisión cuáles alimentos protegen más y cuáles elevan el riesgo. Esta visión global permitió entender mejor qué falla y en qué lugares.
Un mapa mundial de comida y riesgo cardíaco
El equipo reunió datos sobre consumo alimentario, ventas y registros de salud de 204 países, al usar una herramienta estadística que permite comparar estudios distintos. De esa manera, lograron una radiografía precisa de la dieta global y su impacto en el corazón.
El análisis detalló el efecto del bajo consumo de frutas, verduras, granos integrales, nueces, semillas, legumbres y pescado y del alto consumo de sodio, carnes procesadas y bebidas azucaradas.
Detectaron que las personas de 75 años y más experimentaron la mayor carga de cardiopatía isquémica atribuible a la dieta. Es decir, los mayores de 70 años son los más afectados, pero el riesgo también existe para todos los adultos.
En 2023, la alimentación inadecuada causó 4,06 millones de muertes por cardiopatía isquémica y casi 97 millones de años de vida perdidos ajustados por discapacidad.
Aunque la tasa bajó, el número total de muertes creció un 41,59% desde 1990, debido al envejecimiento y al aumento de la población.
En los países con menos recursos, la falta de alimentos saludables representó el mayor problema. En los países con más recursos, el exceso de productos poco nutritivos elevó el riesgo.
Cambiar la alimentación, cambiar el destino
Tras el análisis de los resultados, los investigadores recomendaron políticas públicas que aseguren acceso a alimentos nutritivos y educación alimentaria.
Sugirieron que “los riesgos dietéticos, por ser modificables y estar fuertemente ligados a enfermedades no transmisibles, requieren enfoques de políticas integrales”. Mejorar la producción y la distribución de alimentos resulta clave para una nutrición más segura.
Reconocieron que aún faltan datos de algunos países y que es difícil medir con exactitud el consumo real.
Pero la conclusión es clara: cuidar la alimentación diaria puede evitar millones de muertes y años de vida perdidos. Así, el riesgo de enfermedad cardíaca baja y la salud gana espacio en todas las mesas.
En diálogo con Infobae, Ariel Kraselnik, médico cardiólogo, profesor, investigador, director del posgrado de Nutrición Basada en Plantas de la Universidad Nacional de Rosario y miembro del Consejo de Prevención de la Sociedad Argentina de Cardiología, valoró el estudio publicado en Nature Medicine.
“El nuevo estudio confirma lo que ya muestran numerosas investigaciones: una alimentación rica en nueces, frutas, verduras, legumbres y granos enteros reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular y favorece una vida más saludable”, dijo.
Resaltó que los patrones alimentarios donde predominan esos alimentos se asocian con menor mortalidad y menos enfermedades crónicas.
Advirtió que el consumo de bebidas azucaradas y carnes procesadas, como fiambres y embutidos, resulta perjudicial y lo ideal sería evitarlo por completo.
“Es interesante que el estudio propone metas claras, como 350 gramos diarios de frutas y de vegetales, 200 gramos de granos enteros, y 25 a 30 gramos de nueces y semillas”, opinó.
Kraselnik aconsejó que se debería tener en cuenta que las dietas basadas en vegetales, con alta fibra y bajo consumo de grasas saturadas, sodio y carnes procesadas, son las más efectivas para cuidar la salud y prevenir enfermedades.
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