
El Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (Centcom) confirmó este lunes que los bombardeos sobre Irán no se detuvieron pese al anuncio del presidente Donald Trump sobre la existencia de negociaciones en curso para poner fin al conflicto.
“Las fuerzas de EEUU continúan atacando agresivamente objetivos militares iraníes con munición de precisión”, escribió el Centcom en X, acompañando el mensaje con imágenes de los ataques más recientes.
La declaración del mando militar llegó horas después de que Trump publicara en Truth Social que Washington y Teherán habían mantenido conversaciones “muy buenas y productivas” orientadas a una “resolución completa y total” de las hostilidades.
Trump había amenazado con destruir las plantas eléctricas e infraestructura energética iraní si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz en 48 horas, plazo que vencía este lunes. En lugar de ejecutar esa amenaza, anunció que postergaba cualquier ataque a ese tipo de instalaciones durante cinco días, supeditado al avance de las negociaciones
Los mercados reaccionaron de inmediato: Wall Street subió y el petróleo cayó con fuerza ante la perspectiva de una desescalada.
La distinción que trazó el Centcom fue, sin embargo, determinante: la suspensión anunciada por Trump no alcanza a los objetivos militares, que siguieron siendo atacados.
Irán rechazó de plano la versión de Washington. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei, negó que hubiera habido conversaciones directas con EEUU. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, fue más contundente y calificó los dichos del mandatario de “noticias falsas” destinadas a manipular los mercados energéticos.
Según informó la agencia oficial iraní IRNA, Teherán reconoció haber recibido mensajes de países amigos sobre una solicitud de negociaciones, pero subrayó que su posición sobre el estrecho de Ormuz no había variado.
La guerra cumple este lunes su vigésimo cuarto día. Comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel bajo las denominadas Operación Rugido del León y Operación Furia Épica. Desde entonces, Irán ha respondido con misiles y drones contra Israel, bases militares estadounidenses en la región y varios países del Golfo Pérsico, al tiempo que obstaculiza el tránsito por el estrecho de Ormuz, paso por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial.
Mientras Trump hablaba de acuerdos, la Fuerza Aérea israelí ejecutó lo que el Ejército israelí describió como “una amplia ola de ataques” contra infraestructura del régimen en Teherán. Entre los objetivos alcanzados figuraron sedes de organizaciones de seguridad iraníes, instalaciones de fabricación de armas y el cuartel general del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
La situación energética global agrava la presión. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, advirtió que la economía mundial enfrenta una amenaza “mayor, mayor” por las disrupciones en el flujo de crudo, y que al menos 40 instalaciones energéticas en nueve países han sufrido daños severos. El precio de la gasolina en Estados Unidos registró su vigésimo tercer día consecutivo de aumento, hasta los 3,96 dólares por galón, el nivel más alto desde agosto de 2022, según la Asociación Americana del Automóvil (AAA).
El ultimátum de Trump —reabrir el estrecho de Ormuz en 48 horas o ver destruida su infraestructura eléctrica— vencía precisamente este lunes. En lugar de ejecutarlo, el presidente eligió postergar la amenaza cinco días invocando las negociaciones.
La respuesta iraní fue igualmente abarcadora: la Guardia Revolucionaria advirtió que atacaría las plantas eléctricas que abastecen a las bases militares estadounidenses en la región, así como las infraestructuras económicas, industriales y energéticas en las que Washington tiene participación. El presidente del Parlamento, Ghalibaf, fue más explícito y señaló que las plantas de desalinización —de las que depende el agua potable de países como Baréin, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos— serían también blancos legítimos. La agencia semioficial Fars publicó una lista de instalaciones en riesgo que incluía la planta nuclear de los Emiratos. La diplomacia y los bombardeos corren, por ahora, en paralelo.
El régimen de Irán lanzó una nueva ofensiva contra Israel con el uso de bombas de racimo y misiles balísticos que impactaron en distintas zonas del país, provocando daños materiales y activando sistemas de alerta en varias ciudades. Las autoridades israelíes confirmaron que los ataques alcanzaron áreas residenciales en el norte, donde se registraron destrozos, aunque sin víctimas graves.
De acuerdo con el Ejército israelí, una parte de los misiles fue interceptada, pero fragmentos de los proyectiles impactaron en edificaciones en la ciudad de Nesher, generando daños. Equipos de emergencia se desplegaron en el lugar para evaluar la situación.
“Fuerzas de búsqueda y rescate están operando en la escena”, indicaron desde el Comando del Frente Interno, que además pidió a la población evitar acercarse a las zonas afectadas.
En paralelo, otras áreas del país también se vieron afectadas por la ofensiva. Sirenas antiaéreas sonaron en ciudades como Ashkelon y Beit Shemesh tras la detección de misiles balísticos. Aunque no se reportaron víctimas directas, los servicios de emergencia confirmaron que una persona resultó con heridas leves tras pisar restos de un proyectil.
Uno de los impactos se produjo en una zona residencial cercana a Haifa, donde una vivienda fue alcanzada por fragmentos de munición. Las autoridades locales iniciaron inspecciones para determinar el alcance de los daños y verificar que no haya riesgos adicionales por restos sin detonar.
La Guardia Revolucionaria iraní confirmó el lanzamiento de una nueva serie de ataques, en lo que describió como una operación de gran escala contra objetivos en Israel. Según el comunicado, se trató de una nueva fase de bombardeos que incluyó el uso de misiles con múltiples ojivas y drones.
Entre los blancos mencionados se encuentran áreas estratégicas como el norte de Tel Aviv, la ciudad de Eilat y la zona de Dimona, donde se ubican instalaciones sensibles. Este tipo de ofensivas se ha repetido de manera constante desde el inicio del conflicto a fines de febrero.
El Ejército israelí informó que trabaja activamente para interceptar los proyectiles y minimizar el impacto de los ataques. “Estamos operando para interceptar las amenazas entrantes”, señalaron fuentes militares al referirse a los sistemas de defensa desplegados.
Mientras tanto, el grupo terrorista Hezbollah, aliado de Irán, también llevó a cabo ataques desde el sur del Líbano contra posiciones israelíes, ampliando el alcance de los enfrentamientos en la región. En respuesta, Israel lanzó bombardeos sobre infraestructura vinculada a ese grupo en territorio libanés.
La escalada se desarrolla en paralelo a ataques dirigidos contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, según confirmaron fuentes iraníes. Algunos países de la región reportaron la interceptación de drones que se dirigían hacia su espacio aéreo.
Desde el inicio del conflicto, los intercambios de ataques se han vuelto frecuentes, con operaciones casi diarias que incluyen misiles, drones y artillería. A pesar de la intensidad de los bombardeos, los sistemas de defensa han logrado reducir el número de víctimas, aunque los daños materiales continúan acumulándose.
La utilización de bombas de racimo en esta nueva ofensiva añade un elemento de mayor peligrosidad al conflicto, debido al amplio radio de impacto de este tipo de armamento y al riesgo que representan los restos explosivos que pueden quedar activos tras los ataques.
(Con información de EFE)
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