
- Autor,Jeremy Bowen
- Título del autor,Editor internacional de la BBC
Solamente han transcurrido tres días de la nueva guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Ya es una guerra regional, tras la decisión de Irán de atacar a los Estados árabes aliados de Estados Unidos, así como a sus vecinos del Golfo. Reino Unido ha retirado su negativa a permitir que Estados Unidos use sus bases.
La guerra sigue en escalada y las noticias inundan mi teléfono. Acabo de leer un comunicado de prensa del Comando Central de Estados Unidos que informa que tres cazas F-15E Strike Eagles estadounidenses han sido derribados por las defensas aéreas kuwaitíes en “un aparente incidente de fuego amigo”.
Para cuando termine de escribir este artículo, se habrán disparado más misiles y es más que probable que personas que ahora están vivas hayan muerto.
Es demasiado pronto para tener una idea de cuándo o cómo terminará la guerra. Una vez que las guerras comienzan, son difíciles de controlar. Pero aquí hay algunas de las maneras en que los países implicados desearían que terminara.
Cómo define la victoria Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como siempre, ha irradiado confianza en el poder estadounidense desde que anunció el inicio de la guerra en un mensaje de video grabado en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida.
Otros presidentes podrían haber optado por un discurso solemne desde detrás del escritorio del Despacho Oval. Trump vestía una camisa de cuello abierto y una gorra de béisbol blanca calada hasta los ojos. Repasó un extenso pliego de cargos, argumentando que Irán había sido una amenaza inminente para Estados Unidos desde la Revolución Islámica de 1979.

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Trump siempre puede cambiar de opinión, pero en ese discurso ofrece una definición de su concepción de la victoria. Es como una lista de verificación:
“Destruiremos sus misiles y arrasaremos su industria misilística. Quedará totalmente destruida, una vez más. Aniquilaremos su armada. Nos aseguraremos de que los agentes terroristas de la región ya no puedan desestabilizarla ni el mundo, ni atacar a nuestras fuerzas, ni usar sus artefactos explosivos improvisados ni bombas en las carreteras, como a veces se les llama, que hieren y matan gravemente a miles y miles de personas, incluidos muchos estadounidenses”.
Trump afirmó que Irán estaba desarrollando misiles que podrían alcanzar Estados Unidos, una afirmación que no está respaldada por evaluaciones de inteligencia estadounidenses. También afirmó que Irán estaba cerca de desarrollar un arma nuclear, contradiciendo su propia declaración del verano pasado de que Estados Unidos había “destruido” las instalaciones nucleares iraníes.

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Trump cree que Estados Unidos, junto con Israel, puede debilitar el régimen de Teherán. Si no capitula, lo ve tan destrozado que el pueblo iraní tendrá su mejor oportunidad en generaciones de salir a las calles y tomar el poder:
“Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Esta será probablemente su única oportunidad en generaciones. Durante muchos años, han pedido la ayuda de Estados Unidos, pero nunca la han recibido. Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche. Ahora tienen un presidente que les está dando lo que quieren. Así que veamos cómo responden”, dijo al anunciar el inicio de los ataques.
Transferir la responsabilidad del cambio de régimen al pueblo iraní, incluso cuando lo anima directamente a actuar, le da una posible salida más adelante si el régimen sobrevive. Pero también puede verse como una responsabilidad moral de Estados Unidos llevarlo a cabo, aunque es incierto cuánto influiría eso en un presidente que cree que siempre se puede llegar a un acuerdo.
No hay precedentes en los que se haya logrado cambiar un régimen o se haya ganado una guerra contra un adversario bien armado simplemente usando el poder aéreo. En 2003, Estados Unidos y sus aliados, incluido Reino Unido, enviaron importantes fuerzas terrestres a Irak para derrocar a Sadam Husein.
En 2011, el coronel libio Muamar el Gadafi fue derrocado por fuerzas rebeldes armadas por la OTAN y los países del Golfo, y protegidas por sus fuerzas aéreas. Trump espera que el pueblo iraní pueda lograrlo por sí solo.

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El plan de Trump es una apuesta arriesgada. Es muy improbable que los bombardeos por sí solos provoquen un cambio de régimen.
¿Podría haber un golpe interno prooccidental? No es imposible, pero sí muy improbable, visto desde el tercer día de la guerra.
Es más probable que quienes ahora dirigen el régimen se atrincheren, disparen más misiles, impulsados por la ideología y la convicción de que pueden soportar más sufrimiento que Estados Unidos, Israel o los países del Golfo Pérsico. La mayor parte del sufrimiento recaerá sobre el sufrido pueblo iraní. Pero ellos no tienen voz ni voto en el asunto.
El cálculo de Netanyahu
Al igual que Donald Trump, Benjamin Netanyahu también ha hecho declaraciones animando a los iraníes a tomar las riendas. Pero si no pueden vencer a las despiadadas fuerzas de seguridad del régimen, la prioridad de Netanyahu es destruir la capacidad militar de Irán y su capacidad para reconstruir milicias en la región que podrían amenazar a Israel.
Durante décadas, Benjamin Netanyahu ha considerado a Irán como el enemigo más peligroso de Israel. Cree que los gobernantes de la República Islámica quieren construir un arma nuclear para destruir el Estado judío.

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El domingo, el segundo día de la guerra, Netanyahu se subió a un tejado en Tel Aviv, quizás el del edificio del Ministerio de Defensa en el corazón de la ciudad, y declaró cómo veía el final de la guerra.
Afirmó que Israel y Estados Unidos juntos podrían “lograr lo que he esperado lograr durante 40 años: aplastar por completo el régimen terrorista”.
Aseguró que era una promesa que se aseguraría de hacer realidad.
Las guerras siempre tienen una dimensión política interna. Al igual que Trump, Netanyahu se enfrenta a elecciones a finales de este año. A diferencia de Trump, su propio puesto está en juego. Muchos israelíes culpan a Netanyahu de los errores de seguridad que dieron a Hamás la oportunidad de atacar el 7 de octubre de 2023. Él dará un paso gigante hacia el perdón electoral si puede afirmar que ha llevado a Israel a una victoria decisiva sobre Irán. Incluso podría ser imbatible.
La victoria a través de la supervivencia
Las muertes del líder supremo y sus principales asesores militares fue un duro golpe para el régimen. Pero no significa necesariamente que vaya a colapsar.
El ayatolá Jomeini y los demás fundadores de la república diseñaron sus instituciones, hace casi 50 años, para que sobrevivieran a guerras y asesinatos. No es un proyecto unipersonal. Los Estados sirio y libio, bajo Asad y Gadafi, se construyeron en torno a familias gobernantes. Cuando estas familias fueron derrocadas -Gadafi fue asesinado y Bashar al Asad huyó-, los regímenes colapsaron.
El régimen iraní es un sistema estatal, basado en una compleja y densa red de instituciones políticas y religiosas con responsabilidades superpuestas. Está diseñado para sobrevivir a guerras y asesinatos.
Eso no significa que lo hará. El sistema de la República Islámica se enfrenta a su prueba más dura. Pero se ha preparado para este momento.

Fuente de la imagen,Reuters
La definición de victoria para el régimen es la supervivencia. Para lograrla, se rodea de un formidable nivel de protección.
Cuenta con un poderoso e implacable aparato de seguridad, represión y coerción. En enero, sus hombres salieron a las calles, siguiendo órdenes de matar a miles de manifestantes. Hasta el momento -y como he dicho repetidamente, apenas lleva tres días de guerra mientras escribo esto- no hay indicios de que las fuerzas armadas del régimen se estén desvaneciendo, como ocurrió con las de Asad en Siria tras su huida a Moscú en diciembre de 2024.
Además de las fuerzas armadas convencionales y una policía bien armada, existe el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), con el mandato explícito de proteger al régimen tanto en el país como en el extranjero. Su función es ser la fuerza impulsora del velayat-e faqih, la tutela del jurista. Esa es la doctrina clave de la Revolución Islámica en Irán, que justifica el gobierno de los líderes religiosos chiitas.
Se cree que el CGRI cuenta con 190.000 efectivos en servicio activo y hasta 600.000 reservistas. Dejando a un lado la doctrina religiosa, también gestiona gran parte de la economía. Sus líderes tienen razones financieras e ideológicas para mantenerse leales.
El CGRI cuenta con el respaldo del Basij, una fuerza paramilitar voluntaria. Sus aproximadamente 450.000 miembros tienen fama de leales al régimen y de violentos.
Los vi en acción en Teherán como la primera línea de defensa del régimen durante las protestas que siguieron a las controvertidas elecciones de 2009, amenazando y golpeando a los manifestantes en las calles con porras y bastones de goma. Detrás de ellos había policías fuertemente armados y hombres del CGRI. El Basij también contaba con escuadrones móviles en motocicletas que recorrían la ciudad a toda velocidad para combatir los brotes de disidencia.
Donald Trump ha amenazado al CGRI y al Basij con una muerte segura -dijo que “no será agradable”- a menos que depongan las armas. Es poco probable que sus amenazas cambien la opinión de muchos entre los hombres armados del régimen.

La República Islámica y el chiismo están imbuidos de la idea del martirio. No en vano el domingo, horas después de las declaraciones oficiales que afirmaban que el líder supremo se encontraba sano y salvo, el locutor de noticias de la televisión estatal anunció entre sollozos la muerte de Jamenei afirmando que había bebido “la dulce bebida pura del martirio”.
Algunos analistas serios en Irán sospechan que el ayatolá se reunió en su complejo de Teherán con sus asesores principales cuando gran parte del mundo creía que un ataque era inminente porque buscaba el martirio.
El régimen también cuenta con un núcleo de civiles leales. Miles de personas salieron a las calles de Teherán tras el asesinato del líder supremo, en el primero de los 40 días de luto. Se congregaron en plazas públicas encendiendo velas y las linternas de sus teléfonos móviles, a pesar de las columnas de humo que se elevaban por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes.
Malos precedentes
Los estadounidenses creen que esta vez, su poder absoluto, junto con el de Israel, puede imponer un cambio de régimen a un enemigo sin provocar un desastre.
Los precedentes no son buenos. El derrocamiento de Sadam Hussein en Irak en 2003 condujo a una catástrofe: largos años de guerra que incubaron movimientos extremistas yihadistas que aún existen.
Libia, un país con suficiente petróleo para brindar a su pequeña población un nivel de vida occidental, está destrozada y empobrecida y, 15 años después de que Gadafi fuera derrocado y asesinado, es un Estado fallido. Los países occidentales que celebraron su caída y la propiciaron, esencialmente se desentendieron de su responsabilidad tras la desintegración del país.
Irán es un país enorme, casi tres veces más grande que Irak, con una población multiétnica de más de 90 millones de personas. Si el régimen iraní cae, el escenario de pesadilla es que la confusión, el caos y el derramamiento de sangre que podrían seguir podrían rivalizar con las guerras civiles que mataron a cientos de miles de personas en Siria e Irak.
La acción militar de Estados Unidos e Israel está destruyendo la capacidad militar iraní. Esto cambia la situación en Medio Oriente, incluso si el régimen sobrevive.
Muchos, probablemente la mayoría de los iraníes, se alegrarían si cayera. Pero sería un desafío inmenso reemplazar un régimen derrocado por la fuerza con una alternativa pacífica y coherente.
La apuesta de Trump es que será posible, que esta guerra convertirá Medio Oriente en un lugar mejor y más seguro. Las probabilidades indican que lograr que eso suceda será todo un desafío.
El régimen de Irán sigue intacto: los próximos días mostrarán si puede resistir

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- Autor,Amir Azimi
- Título del autor,BBC News
La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, durante los ataques conjuntos de Israel y EE.UU. de este fin de semana han llevado a la República Islámica de Irán a su momento de mayor inestabilidad desde 1979.
La operación, denominada Furia Épica, tuvo a militares de alto rango y líderes políticos como objetivo, en lo que Washington describió como un esfuerzo decisivo por destruir la estructura del liderazgo de Irán.
En la noche del sábado, los reportes de la muerte de Jamenei en los ataques circulaban con fuerza, un acontecimiento que habría sido imposible de predecir apenas pocos días antes.
Hay videos que muestran celebraciones en varias de las principales ciudades de Irán. También circularon videos de personas que viven en el extranjero celebrando la caída de Jamenei.
Para muchos, la eliminación del líder supremo representa una ruptura histórica: una apertura que decenas de años de resistencia civil no han podido lograr.
Tanto el presidente de EE.UU., Donald Trump, como el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, usaron un lenguaje directo en sus declaraciones públicas acerca de los ataques.
El presidente Trump urgió a los iraníes a aprovechar la oportunidad de “tomar el poder”. Netanyahu, por su parte, hizo un llamado señalando que el cambio de régimen era tanto deseable como posible.
Mientras que la fase militar de la operación Furia Épica aparece muy bien coordinada y bajo el control de EE.UU., que el mensaje efectivamente haya llegado al pueblo iraní resulta menos predecible.

Este domingo, la televisión estatal de Irán confirmó la muerte de Jamenei, antes de informar sobre la formación de un consejo temporal de tres hombres que se harán cargo de la autoridad ejecutiva del país.
Expertos y guardianes
Bajo la Constitución de Irán, la elección de un nuevo Líder Supremo recae en la Asamblea de los Expertos, un cuerpo de 88 miembros elegido por voto popular por un periodo de ocho años.
Sin embargo, el proceso electoral incluye una limitación importante.
Todos los candidatos a la Asamblea deben ser revisados y aprobados por un organismo conocido como el Consejo de Guardianes.
Esta entidad de 12 miembros está en sí misma profundamente entrelazada con la estructura de liderazgo: seis de sus integrantes son nombrados directamente por el líder supremo y los otros seis son nominados por el Poder Judicial y aprobados por el Parlamento.
En efecto, Jamenei tenía mucha influencia sobre la institución encargada de elegir a su sucesor.
Y el régimen se ha movido rápido para proyectar continuidad y estabilidad.
Al invocar los mecanismos constitucionales y activar el gobierno temporal, las autoridades esperan mandar una señal de que el sistema permanece intacto pese a haber perdido a su máximo líder.

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Esto ha llevado, por supuesto, a la búsqueda de un posible sucesor.
Es poco común en Irán que los potenciales candidatos sean identificados de forma pública antes de su nombramiento, debido a que el proceso se realiza a puerta cerrada.
Dentro de la Asamblea de Expertos, sin embargo, se sabe que hay un pequeño comité que se encarga de revisar nombres y presentar una lista de escogidos ante el pleno del organismo para que comiencen las votaciones.
Las sesiones de votación son llevadas a cabo a nivel interno y el detalle del voto no se da a conocer, lo que limita el escrutinio público.
En los últimos años, ha surgido la especulación de que el hijo mayor de Jamenei, Mojtaba, podría convertirse en su sucesor. Pero con la muerte de los comandantes más cercanos al líder supremo en la Guardia Revolucionaria, en los ataques de este sábado, el balance interno de poder pudo haber cambiado.
El precedente de junio de 1989, cuando Jamenei se convirtió en Líder Supremo desafiando todas las previsiones, puede ser visto como evidencia de que el resultado final puede ir contra todos los pronósticos.
El proceso de selección podría avanzar rápidamente y concluir en cuestión de días.
Las bajas militares
Sin embargo, en el ámbito militar, es innegable que la República Islámica ha sufrido un duro golpe.
Los informes indican que varios altos mandos murieron en los ataques iniciales. Los oficiales sobrevivientes siguen amenazados mientras continúan las operaciones aéreas.
La sensación de vulnerabilidad es palpable: centros de mando dañados, líderes decapitados y la toma de decisiones comprimida en un estado de crisis.
Aun así, Irán ha demostrado capacidad de contraataque.
En los dos primeros días de los ataques, las fuerzas iraníes avanzaron contra bases estadounidenses en varios países árabes, así como contra objetivos en Israel.
Por primera vez, misiles impactaron instalaciones no militares en Dubái y un aeropuerto civil en Kuwait, lo que amplió drásticamente la cobertura geográfica del conflicto.
La escalada indica que, a pesar de la pérdida de liderazgo, Irán conserva capacidades operativas y tiene la voluntad de utilizarlas.
La perspectiva de una mayor escalada regional se cierne ahora sobre la crisis.
Desde el punto de vista de los líderes iraníes, si el conflicto se extiende y sus grupos militantes aliados en Oriente Medio se unen a la lucha, Teherán podría obtener cierta influencia para presionar por un alto el fuego o, al menos, evitar una rendición total en los términos que dictan Estados Unidos e Israel.

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Desde otra perspectiva, la presión militar sostenida, combinada con la reanudación de las protestas a gran escala, podría llevar a la República Islámica a un colapso sistémico.
Si elementos de las fuerzas de seguridad se fragmentan o rechazan órdenes, cualquier proceso formal de transición constitucional podría volverse rápidamente irrelevante, superado por los acontecimientos sobre el terreno.
Los próximos días revelarán si la Guardia Revolucionaria y otros elementos del aparato coercitivo del país pueden mantener la cohesión en ausencia del veterano líder supremo.
Por ahora, todos los escenarios siguen abiertos.
La República Islámica parece estar en una situación más débil que antes de los ataques: privada de su figura de autoridad central, desprovista de comandantes clave y expuesta a una presión militar continua.
Sin embargo, conserva sus estructuras institucionales, sus fuerzas armadas y una capacidad de represalia que complica cualquier camino directo hacia un cambio de régimen.
La muerte de Alí Jamenei ha sumido a Irán en una fase volátil e incierta.
Lo que suceda a continuación dependerá de si Teherán puede mantener el control interno bajo los continuos ataques aéreos, si las protestas cobran impulso, y hasta qué punto se extienden los combates en la región.
Es probable que el curso de los acontecimientos se aclare en los próximos días, a medida que todas las partes pongan a prueba sus límites militares y su determinación política.
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