
La policía francesa ha arrestado a cuatro personas, dos de ellas de nacionalidad rusa, acusadas de espiar para una potencia extranjera, según informó el miércoles la fiscalía de París a través de un comunicado enviado por correo electrónico. Entre los detenidos figura Anna N., con ciudadanía francesa y rusa, quien estaba bajo estrecha vigilancia de la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) desde enero por sospechas de recopilar información de inteligencia. La fiscalía detalló que instancias bajo investigación apuntan a que Anna N. había contactado a ejecutivos de diferentes empresas en el país para intentar obtener datos relacionados con los intereses económicos franceses.
Los otros implicados han sido identificados como Vincent P y Bernard F, ambos nacidos en Francia, y Vyacheslav P, de nacionalidad rusa. Las autoridades aclararon que no habían confirmado el país para el que los cuatro sospechosos habrían realizado actividades de espionaje. Según la fiscalía, Anna N. fundó SOS Dombás, una asociación establecida en territorio francés que aboga públicamente por estrechar los vínculos entre Europa y Rusia y exige el cese de los envíos de armas a Ucrania. Esta organización es conocida por sus campañas públicas y por exhibir carteles en lugares visibles.
La acusación contra Anna N. incluye cargos por delincuencia organizada, espionaje, obtención de información para una potencia extranjera y complicidad para dañar sitios del patrimonio histórico. Podría enfrentar hasta 45 años de prisión y una multa de 600.000 euros (USD 694.500). Los otros arrestados se enfrentan a sanciones similares por su presunta colaboración en la misma red. La fiscalía detalló que la investigación sigue en curso y que no se ha descartado la implicación de más personas.

Las detenciones en Francia se producen en un contexto internacional de creciente alerta por el espionaje ruso, fenómeno global que ha cobrado importancia tras la invasión de Ucrania en 2022. Diversos informes de inteligencia en Europa han vinculado operaciones del GRU (servicio de inteligencia militar ruso) y del FSB (servicio de seguridad ruso) con intentos de adquirir información estratégica y organizar actos de sabotaje. Alemania, por ejemplo, ha detectado la presencia de grupos que planeaban ataques contra objetivos civiles y militares o perpetrar ciberataques contra sectores estratégicos. El Reino Unido, por su parte, ha desarticulado redes dedicadas a silenciar a periodistas hostiles al Kremlin mediante secuestros y atentados.
El fenómeno también ha impactado en América Latina, donde se han desmantelado redes rusas en Argentina y Brasil orientadas al reclutamiento, la desinformación y la infiltración en estructuras locales y regionales, según fuentes de inteligencia citadas por autoridades nacionales. Mientras tanto, en Rusia, el FSB mantiene una intensa campaña de persecución interna contra ciudadanos sospechosos de colaborar con Ucrania, con numerosos arrestos desde el inicio del conflicto en 2022. Las investigaciones en Francia se insertan así en un patrón internacional de enfrentamientos por inteligencia, influencia y seguridad en el contexto de la guerra en Ucrania.
A fines de cada año, los comercios de Rusia comienzan a ofrecer un producto ya instalado en la vida pública del país: los calendarios protagonizados por Vladimir Putin. Las ediciones más recientes, con un precio cercano a los USD 3,50, reproducen un patrón consolidado desde hace más de dos décadas: una imagen distinta del presidente por mes, acompañada de breves citas tomadas de discursos del último año.
La secuencia fotográfica que se ofrece en Wildberries, una de las principales plataformas de comercio electrónico de Rusia, muestra a Putin como deportista, creyente, aficionado a los animales o guía de vida cotidiana. Ese registro deliberadamente amplio construye una figura pública desconectada de la guerra en Ucrania, que el Kremlin inició en 2022 y que no aparece en ninguna escena. La omisión funciona como continuidad de la narrativa oficial que presenta el conflicto como un asunto distante, ajeno a la rutina del país.

Fiona Hill, investigadora del Brookings Institution y ex responsable de Rusia en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, explicó al New York Times que estos objetos buscan presentar a Putin como un “hombre para temporada estación”, una presencia constante en el día a día. Señaló que la selección de imágenes y frases refuerza la idea de control y estabilidad que el gobierno intenta transmitir.

Aunque las fotografías no incluyen ninguna referencia directa al frente militar, algunas citas reproducen la retórica del Kremlin. En enero, Putin aparece sobre una moto de nieve junto a la frase “Las fronteras de Rusia nunca terminan”. En febrero, durante una práctica de judo, se incluye “Soy una paloma, pero tengo alas de hierro muy poderosas”. En algunas ediciones, las citas intentan justificar la política oficial en torno a Ucrania, como cuando sostiene que el país “se ha vuelto mucho más fuerte” al avanzar hacia lo que define como “soberanía plena”.
Los calendarios se utilizan en escuelas, oficinas públicas y hogares. Maxim Trudolyubov, ex editor ruso que dejó el país tras el inicio de la guerra y hoy dirige el blog The Russia File del Kennan Institute en Washington, indicó al New York Times que este tipo de publicaciones opera como una forma de institucionalizar una imagen de continuidad política. Recordó que Putin lleva casi 26 años en el poder y que la repetición anual de estos materiales contribuye a reforzar esa permanencia.

Las imágenes mantienen una estética uniforme: distintos atuendos y escenarios para cada rol público. En julio, Putin aparece frente a un piano con una cita de una canción bolchevique sobre el valor del trabajo manual. En agosto, vestido de cazador, ofrece una recomendación sobre el rendimiento personal: “Duerme poco, trabaja mucho y no te quejes”. También se incluyen frases de tono coloquial, como “Es contraproducente enterrar la cabeza en la arena porque algo más seguirá sobresaliendo”.

A diferencia de años anteriores, no aparecen fotografías sin camisa ni escenas de riesgo, como las de vuelos en ala delta o inmersiones submarinas. El registro visual es menos espectacular, pero mantiene el objetivo de proyectar normalidad y actividad constante.
Los calendarios comenzaron a circular poco después de la llegada de Putin a la presidencia en 2000, pero alcanzaron notoriedad alrededor de 2011, cuando un grupo de estudiantes de periodismo de la Universidad Estatal de Moscú produjo una versión propia. Ese mismo año surgió una contracampaña de jóvenes críticas del Kremlin, que posaron de negro y con la boca cubierta.

Hill enmarcó estas producciones dentro de una lógica de liderazgo personalista que también se observa en otros mandatarios. Señaló que no es habitual encontrar iniciativas similares en países como Canadá, Alemania o el Reino Unido, donde los jefes de gobierno no suelen participar en estrategias de imagen de este tipo.

En septiembre, al menos un diario ruso lanzó una edición anticipada del calendario para 2026. Con las modificaciones constitucionales que permitirían a Putin permanecer en el cargo hasta 2036, la continuidad de este objeto anual parece asegurada.
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