
Mientras simpatizantes de izquierda celebran la resolución en las calles y bares de Brasilia, un núcleo de seguidores insiste en su inocencia y mantiene la esperanza de que el exmandatario vuelva a ser candidato presidencial en 2026 (Europa Press)
El Supremo Tribunal de Brasil condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por el intento de golpe de Estado ocurrido en 2022
Sentados frente a una pantalla gigante en un bar de Brasilia, gritan de alegría y aplauden: los asistentes izquierdistas no celebran un gol de la Seleçao de Brasil, sino la condena el jueves del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.
En cambio, frente a la casa del exmandatario, donde este cumple prisión domiciliaria en la capital brasileña, la calle luce por ahora semi desierta. Unos partidarios colocan una pancarta “Vuelve Bolsonaro, toquen la bocina”, preparando una vigilia para más tarde en señal de apoyo.
El expresidente brasileño, de 70 años, fue condenado este jueves por haber tratado de dar un golpe de Estado contra Lula luego de las elecciones de 2022. La corte suprema debe ahora fijar la pena de cárcel. La condena es “injusta”, asegura a la AFP Rodrigo Rodrigues, un taxista en la ciudad.
“No se le puede atribuir la culpa” de la trama golpista, agrega este hombre, que aún tiene esperanza de que Bolsonaro sea candidato en las presidenciales en 2026. La derecha brasileña volcó su indignación en redes sociales como X, donde rápidamente se multiplicaron los lemas:
“Quieren matar a Bolsonaro” y “Suprema persecución”, en alusión a la corte suprema.- “Se ha hecho justicia” -En el bar Pardim, punto de encuentro de la izquierda, el ambiente es otro.“¡Bolsonaro a la cárcel!”, gritaron varios clientes en el momento de la votación decisiva de la jueza del Tribunal Supremo, Carmen Lucía.
“Me eché a llorar, es un momento muy importante, que llevábamos esperando mucho tiempo”, dijo a la AFP Sofía Araujo, una estudiante de 20 años en una mesa a pocos metros de la pantalla, instalada en la terraza del bar.“Hoy podemos celebrar, porque se ha hecho justicia”, añade esta joven negra, de cabello ondulado y decolorado.
El 30 de octubre de 2022, ya había ido a celebrar al Pardim la victoria del presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones. Jarbas Campos Pardim, propietario del bar desde hace 15 años, había preparado todo para el desenlace del histórico juicio. Compró 80 cajas de cerveza y encendió la barbacoa nada más comenzar la sesión en el Tribunal Supremo.
“Hoy es el día de la condena, así que es un día de celebración”, exclama eufórico.“Es importante unirnos para demostrar que estamos juntos en la defensa de la democracia”, resume este hombre de 47 años, que trabajó como camarero durante muchos años antes de comprar su propio bar.
João Marcelo Lopes Soares, de 25 años, llegó temprano para no perderse ni un solo momento de la transmisión en directo de los canales de noticias.
“Este 11 de septiembre de 2025 es un día histórico, un punto de inflexión en la lucha contra el fascismo”, dice con entusiasmo este joven, vestido con la camiseta rojinegra del Flamengo, el club de fútbol más popular de Brasil.
Sonríe, si bien es consciente de la presión de Estados Unidos, porque el presidente Donald Trump ha denunciado una “caza de brujas” contra su aliado de extrema derecha para justificar la imposición de aranceles de 50% a ciertos productos brasileños.“A pesar de la fuerte presión internacional, especialmente de Trump, creo que hay justicia en Brasil; somos un país serio”, festeja.
(AFP)
Análisis
La condena de Bolsonaro redefine el futuro de la ultraderecha en Brasil
El juicio por intento de golpe de Estado marca el final de la era Bolsonaro, dejando a las fuerzas conservadoras ante el desafío de reconstruir su identidad política y social tras el desmoronamiento del “mito”
Durante años, Jair Bolsonaro fue venerado como el “mito” de la extrema derecha brasileña. Idolatrado por sus seguidores, se le consideraba el presidente que impulsó los intereses de los sectores más conservadores de Brasil. Actualmente, ese mito se desvanece tras haber sido declarado culpable por golpe de Estado.
Bolsonaro, capitán del Ejército y nostálgico de la dictadura, permitió la entrada de los militares al palacio de Planalto durante su gobierno (2019-2022). Sin embargo, los generales evitaron implicarse en la tentativa de Bolsonaro de retener el poder tras perder las elecciones de 2022.
Ahora, con 70 años, Bolsonaro enfrenta la posibilidad de pasar el resto de sus días en prisión o bajo arresto domiciliario. Este viernes conocerá la duración de la condena, detalló el medio.
Apoyo de los sectores conservadores
Pese a la condena, sus seguidores más radicales continúan considerándolo un líder. Decenas de miles de simpatizantes le mostraron apoyo el pasado fin de semana en manifestaciones en diversas capitales del país.
Bolsonaro forjó su liderazgo con un discurso contundente contra el comunismo, representado, según su visión, por el tres veces presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Su base social incluye a los evangélicos, el influyente sector agropecuario y la industria de las armas y la seguridad, agrupados en el Congreso Nacional en las llamadas ‘bancadas de la Bala, el Buey y la Biblia’.
Para estos sectores, Bolsonaro promovió la liberalización de la venta de armas, eliminó restricciones medioambientales para la expansión agropecuaria y la tala en la Amazonía y obstaculizó políticas de igualdad de género y protección a la diversidad sexual.
En el ámbito internacional, encontró respaldo en la extrema derecha emergente en Europa y América y procuró fortalecer vínculos con el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien convenció para sancionar económicamente a Brasil por el proceso judicial.
Asimismo, siguiendo las ideas del movimiento evangélico, apoyó de forma decidida la causa de Israel. La bandera con la estrella de David suele estar presente en las manifestaciones en las que sus seguidores reclaman amnistía para Bolsonaro.
Culto a la personalidad y estilo provocador

La popularidad del expresidente también se explica por el cultivo de su imagen personal. Durante años, entregó a aliados, dentro y fuera de Brasil, medallas del ‘club Bolsonaro’, con su retrato acompañado de leyendas ofensivas.
Su lenguaje vulgar, estilo directo y rechazo a la corrección política definieron la imagen con la que buscó atraer a votantes de clases bajas y zonas rurales. Sin embargo, esta rudeza tuvo consecuencias. Durante la pandemia, mostró desprecio por las víctimas del virus, imitó a pacientes con dificultad respiratoria y calificó a los brasileños de “país de maricas”.
La pérdida de apoyo por su gestión durante la pandemia y la falta de empatía resultaron clave en su derrota electoral en 2022, hecho que motivó la conspiración por la que fue declarado culpable.
El pasado fin de semana, su tercera esposa, Michelle Bolsonaro, solicitó empatía para él, llorando en público por la “humillación” sufrida bajo arresto domiciliario, vigilado por la policía y con tobillera electrónica.
Este dispositivo, ajustado a su pierna, remite a su apodo de “mito”, término que no surgió por su liderazgo, sino como abreviatura de “palmito”, sobrenombre que le dieron sus compañeros de la academia militar para burlarse de sus piernas delgadas.
Aunque muchos de sus seguidores lo desconozcan, este origen revela un aspecto menos heroico del apodo que lo acompaña.
(Con información de EFE)
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