
La papeleta incluye a ocho candidatos presidenciales y diputados uninominales (REUTERS/Agustin Marcarian)
La población va a las urnas este domingo, en un clima de incertidumbre y con el desafío de superar la crisis económica. Las encuestas auguran una definición reñida entre los opositores Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga, pero hay un alto nivel de indecisos
Bolivia celebra este domingo unas elecciones cargadas de incertidumbre, con un porcentaje elevado de indecisos según las encuestas y en medio de una profunda crisis económica. Este proceso electoral tiene una serie de particularidades: es la primera vez en dos décadas que la izquierda llega dividida, dos candidatos de oposición son los favoritos para ganar la elección y se ha desplegado una campaña que promueve la anulación del voto.
Según las proyecciones de las encuestas electorales, se espera un resultado reñido entre los opositores Samuel Doria Medina, de alianza Unidad, y el ex presidente Jorge Tuto Quiroga (2001-2002), de Libre. Ambos lideran la preferencia en los sondeos, pero sin el margen necesario para ganar en primera vuelta. En tanto, el candidato de izquierda con mayor proyección, Andrónico Rodríguez, mostró una caída sostenida y pasó de ocupar el tercer lugar al quinto, con un 5% de preferencia electoral.
Sin embargo, las encuestas también muestran un alto nivel de voto residual -compuesto por el voto blanco, el voto nulo y los indecisos-, que supera el 30% de porcentaje y es mayor al de cualquiera de los ocho candidatos, por lo que los analistas advierten una elección incierta y competitiva.
A este escenario se suma una inédita campaña a favor del voto nulo en una elección presidencial, promovida por el ex mandatario Evo Morales (2006-2019), como un acto de rechazo a su inhabilitación a través de un fallo judicial que limita el ejercicio de la Presidencia a dos mandatos. “Esta elección está hecha para que vuelva la derecha y no el pueblo boliviano, una democracia sin el pueblo, sin la Bolivia profunda, sin el movimiento indígena, sin el movimiento popular”, expresó Morales a tiempo de pedir a sus seguidores marcar una gran X en la papeleta electoral.
En las últimas encuestas, el voto nulo alcanzó el 14,6% y aunque no sería contabilizado en el cómputo de la votación, la analista Luciana Jáuregui considera que es una estrategia positiva porque canaliza de forma institucional y democrática la posición política del evismo, que durante meses había amenazado con boicotear las elecciones si no se inscribía al líder cocalero.
Si se confirma la tendencia que muestran de las encuestas, Bolivia iría por primera vez al balotaje presidencial, previsto el 19 de octubre, para dirimir la votación entre dos candidatos de derecha, poniendo fin al periodo de los gobiernos de izquierda que duró casi 20 años.
Para algunos analistas, Bolivia está en el umbral de un nuevo ciclo económico que se adscribirá a principios liberales para restablecer la economía del país. En lo político, consideran que no se podrá desmontar al Estado Plurinacional, entendido como la instauración de un nuevo orden simbólico y de profunda inclusión política de sectores campesinos, indígenas y populares que históricamente estuvieron marginados, y que tuvo un correlato económico con medidas nacionalistas y de distribución de la riqueza.
La analista Ana Velasco explica que dada la situación del país, el próximo gobierno se centrará en resolver la crisis económica y que otros ajustes en el ámbito político o social, pasarán a segundo plano. “Otros cambios requieren presupuesto y no creo que estemos con esa holgura. Los primeros dos o tres años de la nueva gestión se van a concentrar en lo económico, al menos creo que eso sería lo responsable”, explicó en entrevista con Infobae.

Con Velasco coincide el analista Carlos Saavedra, que considera que el próximo gobierno será de “emergencia” y tendrá poco tiempo para resolver las urgencias derivadas de la crisis económica: garantizar combustible y contener la inflación. “No veo las bases para que inicie un nuevo ciclo político, va ser un gobierno de emergencia y transición. ¿Hacia qué? Creo que nadie lo tiene muy claro”, explicó.
Durante el ciclo del Movimiento Al Socialismo (MAS), que gobierna desde el 2006 con excepción de un año, se gobernó con mayorías legislativas. Según los analistas, la única certeza que se perfila en la previa a la elección es el fin de la hegemonía y el retorno a los pactos entre bancadas, en los que será necesario reconocer la diversidad política y construir acuerdos, para darle gobernabilidad a un periodo que requerirá tanto de ajustes como de consensos políticos.
Evo Morales se refirió a su posible detención después de las elecciones en Bolivia y volvió a pedir por el voto nulo
“Nadie va a ganar. Será el voto nulo, que es el voto de Evo”, señaló el ex presidente, en alusión a los comicios de este domingo

El expresidente boliviano Evo Morales, refugiado en el trópico de Chapare, accedió a dialogar con Associated Press (AP), un día antes de las elecciones presidenciales más tensas de Bolivia en más de una década.
Desde su enclave en la selva, rodeado por sus partidarios, Morales describió un entorno de incertidumbre personal y polarización política, reiterando denuncias de persecución judicial y política. Además, dejó claro su desafío al proceso electoral al instar abiertamente el voto nulo.
Al ser entrevistado por AP, Morales reconoció no tener un plan frente a las advertencias públicas de detención formuladas por Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga, los dos favoritos para los comicios de este domingo según los sondeos.
“¿Qué vamos a hacer? Ni yo lo sé”, admitió, evidenciando la presión que enfrenta ante las presiones judiciales y el escenario político adverso. “Estoy en la mira del imperio de la derecha”, señaló.

Para el exmandatario, de 65 años, el temor a una detención no es hipotético. Actualmente, existe una orden judicial en su contra, resultado de acusaciones por trata de personas y de haber embarazado a una menor de 15 años durante su presidencia.
Aunque el líder indígena evitó negar explícitamente la relación cuestionada, sostiene que los cargos tienen motivaciones políticas. Estas acusaciones se producen en un clima de dura confrontación interna dentro del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido con el que Morales gobernó. La lucha por el liderazgo entre Morales y el actual presidente Luis Arce ha dejado muy fracturada a la organización.
La falta de unidad en el MAS, sumada a la crisis económica, ha abierto una posibilidad real de que la derecha alcance el poder por primera vez desde 2006. “Mira, es una elección sin legalidad, sin legitimidad… sin el movimiento indígena, sin el movimiento popular”, dijo el líder cocalero a AP, criticando duramente el proceso electoral, al que considera desprovisto de las fuerzas sociales que le daban soporte.
Frente a su inhabilitación por un fallo de la Corte Constitucional, Morales ha elegido una estrategia explícita: llamar a votar nulo.
Insiste en la entrevista con AP, en que “el voto nulo… no es solo un voto por nuestro movimiento político. Es un voto de protesta, un voto de ira”. Pidió a sus bases rechazar todas las papeletas, considerando esta opción como modo de expresar el descontento popular. “Nadie va a ganar. Será el voto nulo, que es el voto de Evo”, sentenció, refiriéndose a sí mismo en tercera persona.
Morales también sumó críticas personales hacia Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga, a quienes calificó de “eternos perdedores”, recordando que ambos perdieron al menos dos veces frente a él en elecciones anteriores. Al analizar el clima general, destacó el hartazgo y desencanto del electorado y anticipó una cifra inusualmente alta de votos nulos y rechazo a los principales candidatos.
Pese a los procesos judiciales y el entorno adverso, el exlíder cocalero persiste en mantener influencia política y visibilidad mediática.
El exilio, las acusaciones judiciales y la nueva vida de Morales
Tras 14 años en la presidencia y su abrupta salida en 2019, Evo Morales ahora vive aislado en la región de Lauca Ñ, dentro de un recinto vigilado por militantes. Llegar a ese lugar implica recorridos por caminos montañosos y controles, resaltando el contraste con la exposición pública de su liderazgo pasado.
Según The New York Times, Morales trabaja en una oficina sencilla donde sigue organizando actividades y conduce su programa radial, rodeado de fotografías históricas y trofeos de su etapa sindical.
Su exilio interno comenzó tras la crisis poselectoral de 2019. El intento de lograr un cuarto mandato, a pesar de las limitaciones constitucionales, derivó en acusaciones de fraude, jornadas de violencia y una presión social que culminó con su salida del país. Al regresar, Morales ha visto cómo las tensiones persisten, tanto en el ámbito institucional como en el judicial.
El exmandatario enfrenta acusaciones de trata de personas y de haber embarazado a una menor. Aunque no niega la relación o la existencia de un hijo, considera que el proceso tiene fines políticos. Una declaración judicial reciente de la joven implicada, hoy en sus veintitantos, señala que no fue víctima, argumento utilizado por la defensa de Morales, quien afirma: “Si no hay víctima, no hay delito”.

The New York Times detalla que pese al asedio legal, Morales mantiene una rutina intensa, desplazándose en vehículos protegidos y declarando que su prioridad es “sostener el proceso y la región”. Consultado sobre la posibilidad de un nuevo exilio, afirmó: “Estoy luchando aquí. No tengo nada que perder. Solo el imperio y el gobierno derechista de Lucho. No me maten, eso es todo lo que quiero”.
Lejos de aceptar responsabilidades, el exgobernante se aferra a un discurso victimista y polarizador, atribuyendo sus problemas legales y políticos a supuestas conspiraciones externas. Su negativa a reconocer los errores y el desgaste provocado durante su gestión acentúa la fragmentación de quienes alguna vez lo respaldaron, dificultando la reconstrucción de una alternativa seria y renovadora para el país.
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