
El régimen de Irán advirtió este miércoles que los ataques a su infraestructura energética pueden desatar “consecuencias incontrolables” con repercusiones globales, mientras confirmaba la muerte de su ministro de Inteligencia y amenazaba con golpear instalaciones de gas y petróleo en Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
El presidente Masud Pezeshkian fue el primero en elevar el tono. En un mensaje publicado en X, señaló que ese tipo de “acciones agresivas no supondrán ningún beneficio para el enemigo sionista estadounidense ni para sus aliados” y advirtió que “podrían desencadenar consecuencias incontrolables que acabarían afectando a todo el mundo”. La declaración llegó horas después de que Israel y Estados Unidos atacaran instalaciones de procesamiento de gas en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, en Asaluye, costa meridional de Irán.
El ministro de Exteriores, Abás Araqchí, desarrolló la misma tesis en clave diplomática. Denunció que Israel “no tiene en cuenta las consecuencias de normalizar sus métodos de terror atroces” y responsabilizó a la comunidad internacional por su silencio. Lo que observa, escribió, “no es hipocresía”, sino “algo más frío: un colapso moral calculado donde las reglas existen solo para los adversarios y la impunidad está reservada para los aliados”. El canciller remató con una advertencia: “toda acción conlleva, inevitablemente, una reacción”.
En tanto, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) advirtió que las fuerzas iraníes destruirían la industria petrolera y gasística de sus vecinos del Golfo si su sector energético volviera a ser atacado.
“Les advertimos una vez más que cometieron un grave error al atacar la infraestructura energética de la República Islámica, y ya estamos respondiendo a ello”, decía un comunicado difundido por los medios iraníes.
“Si se repite, los ataques contra su infraestructura energética y la de sus aliados no cesarán hasta su completa destrucción, y nuestra respuesta será mucho más severa que los ataques de esta noche”.
Las amenazas no tardaron en concretarse operativamente. El portavoz del cuartel general Khatam al Anbiya —mando central de las Fuerzas Armadas iraníes— declaró que Teherán considera “legítimo” atacar la infraestructura energética del “país agresor”. El almirante Alireza Tangsiri, jefe de la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), fue más explícito: advirtió que las instalaciones petroleras vinculadas a Estados Unidos en el Golfo Pérsico serán tratadas como objetivos militares. La lista iraní incluyó la refinería de Ras Laffan en Qatar, los complejos petroquímicos de Jubail y Yanbu en Arabia Saudita y el campo de gas Al Hosn en Abu Dabi.
Horas después, Irán ejecutó esa amenaza. Misiles iraníes impactaron la Ciudad Industrial de Ras Laffan, el mayor complejo exportador de gas natural licuado (GNL) del mundo, que habitualmente provee alrededor del 20% del mercado global de ese combustible. QatarEnergy confirmó “daños extensos” en el complejo y el despliegue inmediato de equipos de emergencia para combatir los incendios; no se reportaron víctimas. El Ministerio del Interior de Qatar informó que unidades de Defensa Civil respondían al fuego, mientras la cancillería qatarí condenó el ataque como “una escalada peligrosa, una flagrante violación de su soberanía y una amenaza directa a su seguridad nacional”. No era la primera vez: el 2 de marzo, un ataque de drones iraníes ya había obligado a suspender la producción de GNL en Ras Laffan durante varias semanas y forzó a QatarEnergy a declarar fuerza mayor con sus compradores.
El yacimiento atacado en Irán ese mismo día, South Pars, comparte reservorios con el campo North Field de Qatar y es el mayor depósito de gas natural del mundo. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), contiene unos 1.800 billones de pies cúbicos de gas utilizable y aporta alrededor del 78% de la producción gasífera doméstica de Irán. La noticia del ataque agitó los mercados: el crudo Brent subió más de un 6%, hasta superar los 109 dólares por barril, y el gas europeo repuntó cerca de un 9,3% en los futuros, según Bloomberg.
El mismo miércoles, Pezeshkian confirmó también la muerte del ministro de Inteligencia, Esmail Jatib, en un bombardeo israelí nocturno sobre Teherán. Clérigo chií en el cargo desde agosto de 2021, Jatib era el eje entre el Ministerio de Inteligencia y la CGRI. Su eliminación fue la tercera de un alto funcionario de seguridad en menos de 48 horas: el martes habían caído Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij.
El conflicto lleva 19 días. La Operación Furia Épica arrancó el 28 de febrero con bombardeos conjuntos de EEUU e Israel contra instalaciones militares y nucleares iraníes. Desde entonces, el Brent acumula un alza superior al 40% y el diésel en Estados Unidos superó esta semana los cinco dólares por galón, según la Asociación Americana del Automóvil (AAA). El ataque a South Pars fue el primero sobre infraestructura gasífera aguas arriba, un umbral que hasta ahora ambas potencias habían evitado. Según Axios, la operación buscaba enviar un mensaje a Teherán: si no abre el estrecho de Ormuz al tráfico comercial, el resto de sus instalaciones energéticas corre la misma suerte.
Ataques israelí-estadounidenses impactaron este miércoles instalaciones del campo de gas de South Pars, en el sur de Irán, provocando un incendio en la Zona Económica Especial de Energía de Asaluyeh, informó la televisión estatal iraní.
El subgobernador de la provincia de Bushehr, Ehsan Jahanian, confirmó que proyectiles alcanzaron las instalaciones y que equipos de bomberos fueron despachados al lugar para contener las llamas. No hubo información inmediata sobre víctimas ni sobre el alcance preciso de los daños.
El ataque apunta al corazón de la economía energética iraní. South Pars es la mayor reserva de gas conocida en el mundo y provee alrededor del 70 por ciento del gas natural doméstico de Irán, un recurso crítico tanto para el consumo interno como para la generación eléctrica del país.
Israel y EEUU atacaron el mayor campo de gas del mundo en el sur de Irán
En respuesta, el mando operativo iraní Khatam Al Anbiya advirtió que “golpeará seriamente la fuente de la agresión” y que apuntará a la infraestructura de combustible, energía y gas de los países desde donde fueron lanzados los ataques. La televisión estatal iraní publicó una lista de lo que denominó “blancos legítimos”, entre ellos instalaciones petroleras y gasíferas de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, y afirmó que “serán golpeados en las próximas horas”. Irán acusa a las monarquías del Golfo de permitir a las fuerzas estadounidenses utilizar su territorio y espacio aéreo para los ataques.
El campo, ubicado en el Golfo Pérsico frente a las costas de la provincia de Bushehr, es compartido con Qatar —una de las principales potencias exportadoras de gas natural licuado del mundo—, aunque ambos países desarrollan sus respectivas porciones de forma independiente.
Irán lleva desarrollando su lado del yacimiento desde finales de la década de 1990, con inversiones multimillonarias en plataformas, refinerías y redes de gasoductos que alimentan tanto el mercado local como las exportaciones regionales.
Un ataque sostenido sobre esa infraestructura tendría consecuencias de largo alcance. La interrupción del suministro de gas podría paralizar sectores industriales enteros dentro de Irán, afectar la calefacción de millones de hogares y reducir drásticamente la capacidad del país de generar electricidad, en un momento en que ya enfrenta las presiones económicas de un conflicto bélico en curso.
A nivel global, cualquier daño significativo a la producción del campo agregaría tensión adicional a unos mercados energéticos ya sacudidos por el cierre parcial del Estrecho de Ormuz, a través del cual transita una quinta parte del petróleo y gas natural licuado mundial.
No es la primera vez que el complejo es blanco de ataques militares. Durante la guerra de 12 días de junio del año pasado, Israel ya había golpeado instalaciones iraníes que operaban en South Pars, en lo que en ese momento fue considerado uno de los golpes más audaces contra la infraestructura económica de la República Islámica. El nuevo ataque sugiere que Israel y Estados Unidos han retomado esa estrategia con mayor intensidad, apuntando no solo a objetivos militares y políticos sino también a los pilares económicos que sostienen la capacidad de guerra de Teherán.

Los últimos bombardeos se producen en el marco del conflicto iniciado el 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron una serie de ataques que mataron al líder supremo Ayatolá Alí Khamenei y desencadenaron una guerra que se ha extendido por toda la región.
Desde entonces, las dos potencias han golpeado sistemáticamente instalaciones militares, nucleares y energéticas en territorio iraní, mientras Irán responde con misiles contra Israel y ataques a la navegación en el Golfo Pérsico.
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