
Para construir el salón de banquetes anhelado por Donald Trump fue necesario demoler toda una parte de la Casa Blanca, anteriormente destinada a las primeras damas.Imagen: Andrew Leyden/ZUMA/IMAGO
Carla Bleiker
Donald Trump mandó construir un salón de baile en la Casa Blanca con capacidad para casi 1.000 invitados en pleno cierre de gobierno. Críticos advierten sobre posible corrupción en su financiación.
Las imágenes de excavadoras demoliendo partes de la Casa Blanca se hicieron virales a principios de esta semana. El actual inquilino, el presidente estadounidense Donald Trump, está construyendo un nuevo salón de baile en el ala este de la residencia oficial en Washington D.C., que recibirá a cientos de personas, por ejemplo, para banquetes de Estado. La renovación es un proyecto predilecto del presidente estadounidense, que menciona repetidamente y con orgullo a la prensa. Sin embargo, la obra también ha suscitado críticas, por ejemplo, en relación con la financiación.
Trump y la ilusión de un “hermoso salón de baile”.
Donald Trump enfatiza que el Gobierno estadounidense necesita más espacio para grandes recepciones en la Casa Blanca desde hace 150 años. “El presidente Donald J. Trump ha prometido resolver este problema para las futuras administraciones y el pueblo estadounidense”, se lee en un comunicado de prensa de la Casa Blanca de julio de 2025.
Con una superficie de aproximadamente 8.360 metros cuadrados, el salón de baile que se construye actualmente es ligeramente más grande que un campo de fútbol. Y, según Trump, costará “aproximadamente 300 millones de dólares” (258 millones de euros). “Me complace anunciar que se ha iniciado la construcción del nuevo, magnífico y hermoso Salón de Banquetes en los terrenos de la Casa Blanca”, escribió Trump en una publicación en su red social Truth.

Inicialmente, se dijo que el nuevo salón tendría capacidad para 650 invitados. En una cena para donantes adinerados la semana pasada, Trump anunció que tendría capacidad para 999 personas. Grandes recepciones de Estado y otras celebraciones con gran número de invitados se han celebrado a menudo en carpas instaladas en el césped al sur de la Casa Blanca. Según Trump, el proyecto de construcción pretende remediar esta situación insostenible.
Salón de baile por un lado, despidos por el otro
El presidente enfatiza que no se está utilizando ni un centavo del dinero de los contribuyentes para la renovación. Esto hace posible que las obras se lleven a cabo durante el cierre que ha paralizado al gobierno estadounidense durante unas tres semanas y ha detenido la mayor parte del gasto público.
Sin embargo, críticos consideran que las obras en este momento son problemáticas: “¿Es justo que el gobierno emprenda proyectos de construcción costosos, principalmente estéticos, mientras los estadounidenses comunes enfrentan graves dificultades económicas? ¿Y durante un cierre en el que decenas de miles de empleados públicos no reciben su salario?”, pregunta Davina Hurt, directora del Programa de Ética Gubernamental del Centro Markkula de Ética Aplicada de la Universidad de Santa Clara, en California.
Hurt declara a DW que la opulencia del proyecto le parece completamente inapropiada, especialmente durante un cierre en el que muchos tienen que apretarse el cinturón: “Este no es el momento, y quizás nunca lo sea, para construir un gran y lujoso salón de baile”.
¿Quién financia la renovación de la Casa Blanca?
Trump enfatiza que él mismo financiará el nuevo salón de baile, con el apoyo de personas y corporaciones adineradas. Una lista de donantes publicada por la Casa Blanca el jueves incluye al contratista de defensa Lockheed Martin y a los gigantes de internet Microsoft, YouTube, Amazon y Google. Los críticos temen que este tipo de financiación pueda conducir a la corrupción.

“Las empresas que donan dinero lo hacen claramente para ganarse la buena voluntad del gobierno y popularizar su marca entre los funcionarios”, afirma Richard Painter, profesor de derecho en la Universidad de Minnesota y abogado especializado en ética de la administración Bush de 2005 a 2007.
¿Donaciones para obtener conexiones lucrativas?
La preocupación es que las empresas (o incluso particulares) que donan ahora al proyecto predilecto de Trump podrían esperar algo a cambio del presidente en el futuro. Painter considera que este sistema de quid pro quo es un gran peligro. En su opinión, incluso constituye soborno.
“Estas empresas quieren algo del gobierno a cambio y pagan, primero, por acceder al presidente y a otros altos funcionarios, y segundo, para conseguir lo que quieren”, declaró Painter. “Lockheed Martin, por ejemplo, quiere grandes contratos con el Departamento de Defensa, por lo que nuestro presupuesto de defensa de un billón de dólares será aún mayor”.
Cancha de baloncesto y otras renovaciones
Las renovaciones de Trump no representan, por supuesto, la primera vez que un presidente estadounidense remodela la residencia oficial desde que comenzó la construcción de la Casa Blanca en Washington en 1792.
Las adaptaciones abarcan desde una cancha de tenis, que Barack Obama había reconvertido para albergar canchas de baloncesto, hasta la demolición completa del edificio que utilizó Harry Truman, quien se mudó a la Casa Blanca en 1945. En aquel entonces, el edificio se encontraba en mal estado tras años de abandono. Las renovaciones abarcaron prácticamente toda la Casa Blanca.
El interior del edificio incluía, entre otras cosas, un nuevo comedor para visitas de Estado, una bolera y un nuevo balcón. Estas construcciones duraron de 1948 a 1952. Está previsto que el salón de baile de Trump esté terminado antes del final de su mandato, en enero de 2029.
(el/ct)
Trump borra 123 años de historia al demoler el Ala Este de la Casa Blanca
La demolición incluyó también el Jardín Jacqueline Kennedy y la Columnata Este, donde se encontraba el teatro del presidente.

El Ala Este de la Casa Blanca, espacio histórico que por más de un siglo albergó la oficina de la primera dama, fue demolido este jueves por orden del presidente Donald Trump, quien calificó el edificio como “muy pequeño” y aseguró que “estorbaba” la construcción de un nuevo salón de baile valorado en 300 millones de dólares.
El Ala Este, levantada en 1902 durante el mandato de Theodore Roosevelt y reconstruido en los años 40 por Franklin D. Roosevelt, servía como entrada principal para millones de visitantes y como sede de los calígrafos (artistas que se dedican a escribir a mano con belleza y precisión) y el equipo de protocolo presidencial.
Imágenes satelitales analizadas por The New York Times muestran que la demolición incluyó también el Jardín Jacqueline Kennedy y la Columnata Este, donde se encontraba el teatro del presidente.
Indignación y lamento por la pérdida histórica
La medida ha provocado fuertes críticas de conservacionistas, exempleados de la Casa Blanca y figuras demócratas.
“Es doloroso ver cómo desaparece una parte viva de la historia”, dijo Laura Schwartz, exdirectora de eventos durante la administración Clinton.
Stephanie Grisham, exjefa de gabinete de Melania Trump, lamentó que “ese tipo de historia se esté demoliendo frente a nuestros ojos”.
Jeremy Bernard, secretario social bajo Barack Obama, recordó que el Ala Este ofrecía la primera impresión de la Casa Blanca a los visitantes: “Todos se sentían bienvenidos después del rigor de la seguridad”.
Apoyos y justificaciones
Algunos exfuncionarios defendieron la decisión. Gahl Hodges Burt, secretaria social en la era Reagan, consideró la demolición “una necesidad atrasada” y destacó que el nuevo salón resolverá problemas logísticos de espacio para cenas de Estado, que actualmente requieren costosas carpas temporales en el jardín sur.
“El nuevo salón es una solución más digna y práctica”, afirmó Burt, quien también integra la Asociación Histórica de la Casa Blanca.
Un edificio cargado de historia
Durante 123 años, el Ala Este fue escenario de momentos emblemáticos, desde el incidente en 2009 cuando una pareja no invitada logró ingresar a una cena de Estado durante la administración Obama, hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando el vicepresidente Dick Cheney fue evacuado al búnker subterráneo ubicado bajo el ala.
El espacio, más tranquilo y menos político que el famoso Ala Oeste, fue el corazón del trabajo de las primeras damas estadounidenses y sus equipos. Jill Biden, Michelle Obama y Hillary Clinton mantuvieron allí sus oficinas.
Clinton reaccionó en la red X con un mensaje que se volvió viral: “No es su casa. Es tu casa. Y la está destruyendo”.
Hasta esta semana, el Ala Este albergaba la oficina de visitantes, los calígrafos oficiales, el equipo legislativo y las dependencias de la Oficina Militar. Con su demolición, desaparece un símbolo de la vida cívica y social de la Casa Blanca que resistió más de un siglo de historia estadounidense.
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