Expertos consultados por DW advierten que el objetivo de Estados Unidos con el ataque contra la lancha en el Mar Caribe no es solo ejercer presión sobre Venezuela, sino sobre varios países de la región.
El martes 2 de septiembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la destrucción de una lancha rápida que supuestamente transportaba droga hacia territorio estadounidense. A bordo habrían ido 11 miembros del Tren de Aragua.
“Literalmente destruimos un barco, un barco que transportaba drogas, mucha droga. Tenemos una gran cantidad de drogas que llegan a nuestro país desde hace mucho tiempo, y estas provienen de Venezuela“, dijo el mandatario.
La acción, realizada con un misil disparado desde un avión no tripulado o un helicóptero, supone un paso más en la nueva estrategia de Washington para combatir el narcotráfico, en la que Caracas juega un rol central como enemigo a confrontar.
“Este ataque es un paso a la acción, en el sentido de que establece un precedente en el uso de fuerza letal contra actores criminales y muestra hasta dónde llega la injerencia de Estados Unidos en el marco de la designación de organizaciones criminales como grupos terroristas extranjeros”, dice a DW Sandra Pellegrini, analista senior para América Latina de Armed Conflict Location and Event Data (ACLED).
“Al mismo tiempo, es una escalada controlada: no es un ataque directo contra fuerzas venezolanas, y es muy posible que se quede como un episodio de demostración de fuerza. De hecho, la reacción del Gobierno venezolano, que ha buscado restarle importancia, puede interpretarse como un intento de evitar mayor fricción”, agrega.

De similar modo piensa Phil Gunson, analista de International Crisis Group. Para él, el incidente es una escalada reducida. “El Gobierno de Maduro ha optado por una respuesta prudente, interpretando el video como un producto de la IA y no un ataque verdadero, con lo cual podemos inferir que prefieren evitar un conflicto”, sostiene el experto.
¿Regreso a viejos tiempos?
Desde que Estados Unidos desplegó fuerzas navales en el Caribe, pocas voces se han alzado contra un movimiento que apunta directamente contra el Gobierno de Venezuela, a cuya cúpula Washington acusa de estar al frente del Cartel de los Soles, un supuesto grupo narcotraficante. Incluso países de la región, como Trinidad y Tobago y Guyana, han visto con buenos ojos la presencia militar estadounidense.
“No resulta muy sorprendente que haya cierto apoyo regional. En el Caribe, varios Gobiernos que enfrentan el impacto del crimen transnacional sobre su propia seguridad nacional probablemente interpreten la presencia de Estados Unidos como un factor de disuasión frente a los flujos ilícitos. En Trinidad y Tobago, la primera ministra, Kamla Persad-Bissessar, apoyó abiertamente el ataque”, menciona Pellegrini.
“Hay Gobiernos, principalmente de derecha, que priorizan sus relaciones con Trump y simplemente hacen eco de lo que dice Washington sobre los carteles. Algunos -como Daniel Noboa en Ecuador- parecen entusiasmados con la idea de que los militares norteamericanos les ayuden a combatir el narcotráfico. Para otros -como Gustavo Petro, Lula da Silva y Claudia Sheinbaum– la gran preocupación es un posible regreso a la época cuando Estados Unidos intervenía alegremente en territorio de sus vecinos sin pedir permiso”, dice Gunson .
“Aunque el despliegue no constituye todavía una amenaza directa a toda la región, sí abre la puerta a cierta injerencia y normalización del uso de prácticas militares contra el crimen organizado, con implicaciones mucho más amplias y de alcance incierto”, abunda Pellegrini.
Estrategia de presión regional
Por todo lo anterior, dice la experta de ACLED, no debería sorprender a nadie que haya pronto muestras de rechazo a estas acciones. “Es el caso de Colombia, que advierte que este tipo de operaciones pueden convertirse en una pendiente resbaladiza hacia intervenciones más amplias. Es una posición que, con distintos matices, seguramente también aparecerá en otros países que podrían verse como potenciales blancos de operaciones similares, como México“, añade.

Gunson piensa parecido. “Esto no es solo acerca de Venezuela y Maduro. Tiene implicaciones para toda la cuenca del Caribe al menos, y para México. Los que quieren actuar militarmente contra los carteles tienen el ojo puesto en México en particular. Pero, en el caso de Venezuela, hay un factor adicional, que es el deseo por parte de algunos (sobre todo el secretario de Estado Marco Rubio) de sacar a Maduro del poder”.
Lo de México no es algo menor. Pellegrini sostiene que lo ocurrido en el Mar Caribe es parte de una estrategia a mayor escala por parte de Estados Unidos para ejercer presión.
“Hemos visto un patrón similar en el caso de México, donde la retórica sobre posibles intervenciones en territorio mexicano y las amenazas arancelarias han servido como instrumentos para forzar una respuesta más contundente contra las organizaciones criminales, lo cual se ha traducido en un aumento de los enfrentamientos entre fuerzas mexicanas y grupos criminales en 2025″, detalla.
Y ciertamente hay un elemento no menor: la creciente presencia china en América Latina causa malestar en Estados Unidos, como se vio a comienzos del mandato de Trump respecto al Canal de Panamá. “Ciertamente eso es una preocupación”, constata Gunson. “El Gobierno de Trump quiere recuperar la hegemonía norteamericana en la región, y está dispuesto a emplear la fuerza para hacerlo, sin llegar al extremo de la invasión”.
(ms)
A continuación reproducimos una información en ese sentido publicada en mayo,2025;
China se posiciona en América Latina
13 de mayo de 2025
Mientras Estados Unidos impone aranceles a sus vecinos del Sur, en Sudamérica crece el deseo de una mayor cooperación con Pekín.

La presencia e inversión china en Latinoamérica ha aumentado y se ha diversificado en el último tiempo. Según medios de comunicación locales, Brasil planea conectarse por vía ferroviaria con el nuevo puerto peruano de Chancay, financiado por China; Colombia está considerando unirse al llamado proyecto chino de la Ruta de la Seda; y Venezuela busca cooperar más estrechamente con compañías petroleras chinas.
Esto indica que los aranceles impuestos por el presidente estadounidense Donald Trump a los países latinoamericanos, están provocando que la región se acerque cada vez más a Pekín.
China persigue objetivos a largo plazo
“Lo que vemos es mucha incertidumbre, cambios constantes y falta de normas claramente definidas”, dice a DW Vladimir Rouwinski, del Centro de Investigación de la Universidad Icesi de Cali, en Colombia. Prácticamente cada semana hay nuevos anuncios y exigencias de Washington, que dificultan que la otra parte se adapte a una situación en constante cambio.
China, por el contrario, parece mantenerse fiel a su estrategia de perseguir e implementar planes y objetivos a largo plazo, observa Rouwinski. “Sin embargo, existe la posibilidad de que China amplíe su presencia rápidamente y utilice a América Latina como pilar a corto plazo”, afirma.
China parece un socio más digno de confianza
Enrique Dussel-Peters, coordinador del Centro de Estudios México-China de la UNAM, en Ciudad de México, tiene una opinión similar: “China ha sido particularmente activa en su estrategia de cooperación Sur-Sur durante varias décadas.
A principios de marzo, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, subrayó la importancia de la cooperación entre China y América Latina, una relación basada en el respeto, la igualdad y el beneficio mutuo. El contraste con las órdenes ejecutivas del presidente de EE. UU. desde que asumió el cargo en enero no podría ser mayor”, señala a DW.
“En el actual enfrentamiento entre EE.UU. y China, Pekín ha demostrado ser un socio más digno de confianza a largo plazo”, resume el experto.

América Latina: ¿un problema o una oportunidad?
Ambas superpotencias revelan diferentes enfoques sobre los países de la región: “El Gobierno de EE. UU. ve a América Latina como un problema. El Gobierno chino, en cambio, ve una región con oportunidades económicas”, afirma por su parte el politólogo brasileño y experto en China Mauricio Santoro.
Este patrón no acaba de empezar con Trump, sino que se viene produciendo al menos desde principios de este siglo. “Sin embargo, la agenda política del actual presidente estadounidense ha exacerbado diversas tensiones con América Latina en áreas como el comercio, la migración y el crimen organizado. La agenda de Washington para la región es fuertemente negativa, centrada en las dificultades y tiene poco que ofrecer en términos de acuerdos beneficiosos y perspectivas de beneficio mutuo”, explica Santoro.
América Latina no puede elegir entre China y EE.UU.
Los chinos son a menudo el primer o segundo socio comercial de los países de la región latinoamericana. El volumen del comercio bilateral con Brasil, por ejemplo, ha pasado de mil millones de dólares en el año 2000 a más de 130.000 millones en la actualidad.
“Los países latinoamericanos no quieren ni pueden elegir entre Estados Unidos y China”, sostiene Santoro, ya que ambos países son muy importantes para sus respectivas economías. Sin embargo, en la actualidad, se observa una disminución de la influencia estadounidense, mientras aumenta la presencia china en la región.
Al mismo tiempo, herramientas tradicionales de influencia de Estados Unidos, como la presión económica, están perdiendo eficacia, especialmente con naciones más grandes como Brasil, México y Argentina, señala Santoro.
Pero China puede poner el foco en América Latina
En este contexto, el periodista de negocios y autor brasileño Gilvan Bueno considera a América Latina como una parte cada vez más importante de la estrategia comercial global del gigante asiático.
“Las exportaciones de China han caído más de un 60 % desde el inicio de la guerra comercial”, observa Bueno. “América Latina se convertirá en el foco de atención de los chinos, que necesitan desarrollar nuevas estrategias y diversificarse geopolíticamente para no depender tanto de la economía estadounidense”, prevé.
Sobre esta base, cabe suponer que África y América Latina ofrezcan a Pekín la oportunidad de absorber su exceso de producción y compensar el descenso de sus exportaciones.
(mn/mrl)
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