Análisis CNN: ¿Qué precio pagarán los evangélicos blancos por su lealtad a Trump? La hora de rendir cuentas parece estar acercándose

Un predicador sostiene su Biblia mientras partidarios del presidente Donald Trump llevan a cabo una protesta bajo el lema “Detengan el robo” frente al Capitolio estatal de Georgia, el 21 de noviembre de 2020, en Atlanta.Megan Varner/Getty ImagesCNN —
Análisis de John Blake, CNN
31 de octubre de 2026
“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”.
Esa es una de las preguntas más inquietantes planteadas por Jesús en el Nuevo Testamento. ¿Por qué —les pregunta a sus seguidores— habría alguien de perseguir riquezas o poder si eso implica perder su posesión más preciada cuando llegue el momento de rendir cuentas?
A medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato y se vislumbra un Estados Unidos posterior a la era Trump, algunos evangélicos y estudiosos de la religión se plantean una cuestión similar: ¿qué les costará a los evangélicos blancos su lealtad al presidente Trump, ahora que ha llegado su momento de rendir cuentas?
El ascenso de Trump al poder fue la culminación de un movimiento religioso que comenzó a principios de la década de 1970. Desde entonces, los cristianos evangélicos blancos se han convertido en sus partidarios más incondicionales. La gran mayoría de ellos votó en tres ocasiones por un hombre a quien un comentarista evangélico blanco calificó recientemente como “posiblemente el presidente más vulgar y corrupto en la historia de Estados Unidos”.

Lo que obtuvieron a cambio es evidente: un acceso sin precedentes al poder político, la anulación del fallo Roe vs. Wade y el nombramiento de jueces conservadores en la Corte Suprema que están desmantelando la separación entre la Iglesia y el Estado.
Sin embargo, lo que resulta menos claro es qué precio podrían pagar por su lealtad una vez que Trump ya no esté. A medida que el presidente se acerca al final de su mandato, una etapa en la que su influencia política inevitablemente decaerá, esta pregunta cobra mayor urgencia. Los jóvenes estadounidenses ya manifiestan una menor inclinación a asistir a la iglesia debido al apoyo que los líderes cristianos han brindado a Trump.
Podrían surgir pronto otras consecuencias imprevistas. Los movimientos de reforma moral a veces generan un efecto bumerán contra de sus propios impulsores. La Ley Seca (Prohibición) generó una explosión del crimen organizado y una crisis de salud pública. La revolución sexual de la década de 1960 alimentó el surgimiento de la derecha religiosa. Las protestas de Black Lives Matter dieron lugar a la guerra contra lo woke.
Los movimientos de reforma desencadenan contraataques furiosos porque Estados Unidos es una nación profundamente dividida, señala James A. Morone, profesor de la Universidad de Brown y autor de “Hellfire Nation: The Politics of Sin in American History”.
“Si un bando gana, nunca es algo permanente». “Si la historia sirve de guía, es muy probable que veamos una reacción en contra a esto”, comenta Morone a CNN, refiriéndose al movimiento de la “derecha religiosa” que contribuyó a llevar a Trump a la Casa Blanca. “Ya hay indicios de que estamos empezando a verla”.
Morone es uno de los varios evangélicos y académicos que hablaron recientemente con CNN sobre el apoyo de los evangélicos blancos a Trump. Identificaron cuatro desafíos a los que probablemente se enfrentarán los evangélicos en los últimos años de la era Trump y más allá.
Podrían enfrentarse a una pérdida de credibilidad moral
Es una imagen que sintetiza el vínculo inquebrantable entre Trump y muchos evangélicos blancos. El presidente está sentado a su escritorio en el Despacho Oval, con los ojos cerrados y la cabeza inclinada, mientras un círculo de oración formado por líderes evangélicos lo rodea, implorando a Dios que vele por su “guerrero sagrado”.

El presidente Trump se reúne con miembros de la Oficina de Asuntos Religiosos de la Casa Blanca en el Despacho Oval el 5 de marzo de 2026.Molly Riley/Casa Blanca
La fotografía ilustra el poder político que los evangélicos blancos acumularon bajo el mandato de Trump. Durante más de 40 años, pastores evangélicos como Pat Robertson y Jerry Falwell buscaron transformar la cultura y los tribunales para influir en la opinión pública y cambiar el sistema legal. Su objetivo: convencer a los estadounidenses de que “vuelvan a Dios”.
Sin embargo, algunos críticos señalan que la imagen refleja otra cosa: hipocresía. Los evangélicos blancos que apoyan a Trump han sido acusados de dejar de lado su fe para respaldar a un presidente cuya retórica y conducta personal a menudo contradicen las enseñanzas de Jesús.
Cabe aclarar que millones de evangélicos blancos llevan una vida basada en la fe y el servicio, y no apoyan a Trump. Pero aquellos que han permanecido junto a él carecerán de la credibilidad moral necesaria para persuadir a la gente o moldear la opinión pública, afirma John Fea, evangélico y autor del libro “In God We Trust: Was America Founded as a Christian Nation?”.
“Tras la era Trump, los evangélicos se darán cuenta de que ya no tienen una voz profética; no podrán ofrecer una orientación moral a la cultura”, señala Fea, historiador en el Messiah College, en Pensilvania.
“¿Cómo se puede criticar al próximo presidente si surge algún problema ético, después de haber estado tan estrechamente vinculados a Trump durante 12 años?”, añade. “El movimiento evangélico… quedará asociado a la política de Trump. Hará falta una generación o más para desprenderse de ese estigma”.
No obstante, algunos evangélicos blancos rechazan la idea de que su alianza con Trump haya socavado su credibilidad moral.

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El reverendo Lucas Miles, director sénior de Turning Point USA Faith, ha sido uno de los defensores evangélicos más fervientes de Trump.
“Elegimos presidentes, no un salvador”, afirmó en una declaración compartida con CNN. “Todo ser humano es, por naturaleza, un ser caído, pero esa realidad no nos exime de nuestro deber de procurar el bienestar del país en el que Dios nos ha puesto”.
Miles destacó que Trump ha “promovido protecciones para la libertad religiosa, ha nombrado a la mayoría en la Corte Suprema más favorable al movimiento provida en los últimos 50 años, y se ha opuesto a los intentos de imponer la ideología de género en los niños y en las instituciones”. También mencionó un reciente y drástico aumento en las ventas de Biblias, así como una mayor asistencia de jóvenes a las iglesias (un avivamiento que ha sido cuestionado por algunos académicos).
“De cara al futuro, el destino de la comunidad evangélica no depende de una sola figura política”, afirmó.
Podrían verse desplazados por una vertiente distinta del cristianismo
La alianza de los evangélicos blancos con Trump podría perjudicarlos de otra manera: podrían verse desplazados por una vertiente distinta del cristianismo.
Es posible que esto ya esté ocurriendo. Resulta evidente en la candidatura de uno de los demócratas que más ha dado que hablar en las elecciones de mitad de mandato: James Talarico, el texano que aspira a un escaño en el Senado de Estados Unidos.
Talarico suele citar a Jesús para argumentar que la atención sanitaria es un derecho humano y que los ricos y las grandes empresas deberían pagar más impuestos. Pero, además, forma parte de una reacción cristiana que está lista para sacar provecho al etiquetar a los evangélicos blancos como hipócritas.
Los demócratas están viviendo un momento de “encuentro con la fe”. Al menos una docena de pastores, seminaristas y exmiembros del clero se presentan como candidatos demócratas a cargos federales y estatales, entre ellos Rob Sands, quien aspira a la gobernación de Iowa, y el reverendo Adam Hamilton, un pastor metodista que busca un escaño en el Senado por Kansas.
La vertiente del cristianismo a la que recurren Talarico y otros demócratas se denomina “Evangelio Social”, una corriente que ha estado en conflicto con el cristianismo evangélico durante más de un siglo.
El Evangelio Social es un movimiento cristiano que surgió en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Surgió como respuesta a los niveles obscenos de desigualdad durante la llamada “Edad Dorada”. Este movimiento convirtió al cristianismo en una herramienta para la reforma económica y política. Su mensaje era claro: salvar a las personas de la pobreza era tan importante como salvarlas del infierno.
El Evangelio Social influyó en las políticas públicas durante la Gran Depresión e impulsó la notable expansión del Estado de bienestar bajo el New Deal. Asimismo, impregnó los sermones del reverendo Martin Luther King Jr. En años recientes, ha ganado mayor relevancia. Cuando Talarico afirma que “la verdadera lucha en este país no es entre izquierda y derecha, sino entre los de arriba y los de abajo”, está expresando los principios fundamentales del Evangelio Social.
Sin embargo, muchos evangélicos blancos sostienen una postura distinta. En términos generales, se define a los evangélicos como cristianos que, a menudo, han experimentado una conversión personal —el “nacer de nuevo”—, interpretan la Biblia de manera literal o con gran seriedad, y consideran que tienen el deber de difundir su fe entre los demás.
Algunos de ellos se preocupan por la justicia social; de hecho, los cristianos evangélicos blancos lucharon por la abolición de la esclavitud y por los derechos de las mujeres. No obstante, en lo que respecta a combatir la pobreza, muchos han predicado tradicionalmente una visión del cristianismo basada en la idea de que los beneficios “se derraman” desde arriba hacia abajo: argumentan que quienes han sido salvados ayudarán a los pobres y transformarán la sociedad.
Ambas perspectivas cristianas —una fundamentada en el Evangelio Social y la otra centrada en el pecado y la salvación a nivel individual— han competido por la influencia en la esfera pública a lo largo de la historia de Estados Unidos.
El mensaje de justicia económica del Evangelio Social resonó con fuerza entre muchos estadounidenses cuando la Gran Depresión azotó al país en la década de 1930. Para entonces, había desplazado a la vertiente más fundamentalista del evangelicalismo blanco y, más tarde, sirvió como la “suposición implícita en la formulación de políticas estadounidenses” de la década de 1970, escribió Morone en “Hellfire”.

Residentes de la ciudad de Nueva York hacen fila para recibir comida frente a un comedor social en 1935, durante la Gran Depresión.Hulton Deutsch/Corbis/Getty Images
Ese desplazamiento podría volver a ocurrir. La erosión de la credibilidad moral entre algunos líderes evangélicos blancos ha creado un vacío teológico. Políticos demócratas como Talarico están ocupando ese espacio en la esfera pública. Tradicionalmente, los líderes cristianos evangélicos blancos no han ofrecido una crítica sostenida a la concentración de la riqueza y al poder corporativo. Sin embargo, el mensaje del Evangelio Social —basado en la dicotomía entre “los de arriba” y “los de abajo”— resuena entre muchos estadounidenses.
“Nos encontramos en un momento en el que gran parte de la población está muy descontenta con la desigualdad económica, y la respuesta más contundente a esta situación es el movimiento del Evangelio Social”, afirma Morone. “El Evangelio Social ha atravesado un largo periodo de estancamiento, pero ahora se dan las condiciones para su resurgimiento y, de hecho, estamos siendo testigos de ello”.
“Si Talarico gana, todo el mundo hablará de ello”.
Quizás aprendan una lección de la anulación del fallo Roe vs. Wade
Fue una de las mayores victorias de cualquier movimiento de reforma moral en la historia de Estados Unidos. Se escucharon vítores en todo el país, la gente organizó manifestaciones y alabó a Dios durante los servicios religiosos.
“El reinado de las lágrimas ha terminado”, declaró el reverendo Billy Sunday, un popular evangelista, ante una multitud de 10.000 personas en Norfolk, Virginia. “Los barrios marginales pronto no serán más que un recuerdo”. Aquel día de 1920, los estadounidenses celebraban una victoria política que, en otro tiempo, parecía inalcanzable. Enmendaron la Constitución mediante la aprobación de la 18.ª Enmienda que prohibía la fabricación, venta y transporte de alcohol, dando lugar a la “Ley Seca”.
Los cristianos evangélicos fueron algunos de los defensores más activos del movimiento a favor de la abstinencia. Consideraban que su cruzada estaba inspirada por Dios y predecían que conduciría a un renacimiento moral.
Sin embargo, descubrieron algo que suele ocurrir con muchos movimientos de reforma moral: una vez que los reformadores alcanzan su objetivo ya no logran recuperarse; a menudo, pierden intensidad y seguidores.
Al igual que ocurre hoy con algunos evangélicos blancos, los defensores de la Ley Seca también fueron acusados de hipocresía. Se sabía que muchos de los políticos que votaron a favor de la prohibición eran, en realidad, bebedores habituales. Incluso circulaban rumores de que el presidente Warren G. Harding guardaba alcohol ilegal en la Casa Blanca.
El renacimiento moral que prometieron nunca llegó. La Ley Seca terminó colapsando en 1933, durante la Gran Depresión, cuando el gobierno federal necesitó los ingresos fiscales que generaba la venta de alcohol.
No obstante, el movimiento a favor de la abstinencia se desmoronó por razones que iban más allá del dinero o la hipocresía: muchos de sus partidarios perdieron el fervor, mientras que sus oponentes se movilizaron.

Manifestantes contarios al derecho al aborto celebran frente a la Corte Suprema de Estados Unidos tras el fallo del tribunal en el caso Dobbs contra Women’s Health Organization que anuló la histórica sentencia Roe vs Wade el 24 de junio de 2022, en Washington.Michael McCoy/Reuters
La misma dinámica podría afectar a los evangélicos blancos en la era posterior a Trump, comenta Morone a CNN.
“Los moralistas siempre prometen que llegará una nueva era de amor y justicia a este mundo, algo que nunca sucede”, afirma Morone. “Cuando consiguen su objetivo, el resultado nunca es tan bueno como habían prometido. Logran anular el fallo Roe vs. Wade, pero el número de abortos ni siquiera disminuye. Quienes desean abortar siguen haciéndolo”.
Parte de esta reacción ya es evidente. La anulación de Roe vs. Wade en 2022 no resolvió la cuestión del aborto. De hecho, los abortos aumentaron en Estados Unidos durante los dos primeros años posteriores a que la Corte Suprema revocara el fallo y dejara la regulación del aborto en manos de los estados (aunque la cifra disminuyó en 2025). En los últimos años, los grupos en contra del derecho al aborto han perdido la mayoría de las consultas populares a nivel estatal. La mayor parte de los estadounidenses sigue sosteniendo que el aborto debería ser legal en la mayoría de los casos.
“Es como si el perro finalmente hubiera alcanzado el camión: los evangélicos no saben qué hacer”, señala Fea, historiador evangélico. “Tras el paso por la administración Trump, tendrán que aceptar el hecho de que anular Roe vs. Wade no era la solución. Quizás se den cuenta de que, si realmente quieren reducir el número de abortos en Estados Unidos, tal vez deban apoyar a candidatos que promuevan programas sociales de ayuda a los pobres, que son quienes se someten a un número significativo de abortos”.
Podrían pagar el “precio definitivo”
A Robert P. Jones no le sorprende fácilmente nada relacionado con los evangélicos blancos.
Creció en el Sur profundo de Estados Unidos, asistiendo a iglesias frecuentadas por blancos. Participó en grupos juveniles evangélicos, estudios bíblicos y servicios de oración. Se graduó en un seminario evangélico antes de fundar y dirigir el Public Religion Research Institute (PRRI), una organización dedicada al estudio de la religión y la política.
Durante años, ha analizado las posturas de los evangélicos blancos a través de las encuestas del PRRI, que gozan de amplia difusión. Pero Jones señala que le desconcertaron las respuestas a encuestas recientes, que revelaron que la mayoría de los evangélicos blancos estaban a favor de campamentos militarizados para inmigrantes indocumentados y coincidían con la afirmación de Trump de que los inmigrantes están “envenenando la sangre de nuestro país”.

Agentes federales se enfrentan a manifestantes que protestan frente a un centro de procesamiento de inmigrantes el 27 de septiembre de 2025, en Broadview, Illinois.Scott Olson/Getty Images
“Fue sorprendente, especialmente para mí; todavía tengo muchos amigos en ese mundo”, dice Jones, autor de “Backslide: Reclaiming a Faith and a Nation After the Christian Turn Against Democracy”.
Una encuesta del PRRI realizada este mes reveló que los evangélicos blancos son el único grupo religioso importante en Estados Unidos que rechaza la idea de que la empatía “es un valor moral fundamental para una sociedad sana”.
Jones compara a muchos evangélicos blancos que apoyan a Trump con los cristianos en Alemania que justificaron su respaldo al Partido Nazi. En su nuevo libro, Jones escribe que la mayoría de los cristianos alemanes “reconfiguraron sus referentes morales para alinearlos, de manera más cómoda, con la ideología nazi”.
“Hoy estamos presenciando una degradación similar de nuestras facultades morales”, escribe Jones. “Al igual que los alemanes, los seguidores cristianos blancos de Trump se han librado de la incomodidad moral, no exigiendo una política más ética, sino adaptando continuamente sus convicciones teológicas a las exigencias de Trump”.
Jones considera que muchos evangélicos que apoyan a Trump se enfrentan ahora a su propio “momento de la verdad”. Describe esta dinámica como una forma de degradación espiritual, y añade que las facultades morales de los evangélicos blancos están “esencialmente rotas”.

“Ese será el costo definitivo para los evangélicos blancos que siguieron a Trump hasta el final de este camino autoritario”, comenta Jones a CNN. “No serán capaces de decir la verdad, ni siquiera si quisieran hacerlo, después de haber abrazado las mentiras durante tantos años”.
Existen indicios de que algunos evangélicos blancos están empezando a replantearse su postura respecto a Trump. Aunque los evangélicos siguen siendo sus partidarios más firmes, una encuesta del Pew Research Center realizada en enero reveló que su opinión sobre Trump es menos favorable que en años anteriores.
Sin embargo, un líder evangélico afirma que no cree que un gran número de evangélicos blancos se arrepientan de haber apoyado a Trump.
“No se trata de la personalidad, sino de las políticas”, señala el reverendo Samuel Rodríguez, presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Cristiano Hispano, al mencionar la postura provida de Trump y su apoyo a la libertad religiosa de los evangélicos.
La mayoría de los evangélicos saben que la Biblia utiliza a líderes con fallos morales como el rey David para un propósito superior, explica Rodríguez.
Los evangélicos blancos, al igual que sus homólogos latinos, seguirán planteándose la misma pregunta en el futuro a la hora de decidir si apoyan a un líder político, afirma Rodríguez, autor del libro “Goliath Never Wins: 5 Rock-Solid Strategies for Slaying Your Giants”.
“¿A quién apoyamos que respalde nuestro sistema judeocristiano?”, se pregunta. “Para los evangélicos es sencillo. El mundo se divide entre el sistema de valores cristianos y todo lo demás: caos, anarquía, socialismo, marxismo… sea lo que sea. Cualquier política que sirva de base a una cosmovisión judeocristiana es la que van a apoyar. Sin importar de qué presidente o candidato se trate”.
Jones, por su parte, tampoco prevé un arrepentimiento generalizado entre los evangélicos blancos que apoyaron a Trump, aunque por una razón distinta.
“Ese tipo de arrepentimiento suele surgir de una experiencia de quebrantamiento”, comenta. “¿Se habrían arrepentido alguna vez los cristianos blancos de la esclavitud si los confederados hubieran ganado la Guerra Civil? Lo dudo”.
En los meses y años venideros, los líderes evangélicos blancos seguirán pronunciándose sobre los grandes temas de actualidad. Es posible que continúen instando a Estados Unidos a volver a Dios. Incluso podrían citar las Escrituras para exigir la dimisión de un político debido a alguna conducta sexual inapropiada.
No obstante, muchos los acusarán de hipócritas y dejarán de prestarles atención. Sus mayores victorias podrían desvanecerse, ya que el poder político es efímero, mientras que la credibilidad moral es más duradera.
Si se enfrentan a ese examen de conciencia religioso, quienes apostaron todo por Trump tendrán que decidir si realmente valió la pena. Quizás descubran la dura lección que encierran las Escrituras del Nuevo Testamento: “Cada uno cosecha lo que siembra”.
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