September 24, 2026

Análisis: China busca poner fin a la guerra con Irán, pero no como Trump quiere

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Postel de Xi Jinping y el Ayatola Jomeini

Información del artículo

    • Autor,Saeid Jafari
    • Título del autor,Analista político
    • Autor,Grace Tsoi
    • Título del autor,Servicio global de la BBC
  • 24 de septiembre, 2026

Días antes de la trascendental visita a EE.UU. que el presidente chino, Xi Jinping, inició este miércoles, el gobierno Pekín recibió al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, lo que fue un recordatorio de su influencia sobre Teherán.

Se prevé que la guerra con Irán sea uno de los temas principales de la reunión entre Trump y Xi este jueves.

China ha mantenido una postura coherente desde que comenzó la guerra con Irán hace siete meses. Condenó los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, así como las sanciones impuestas por Washington contra Teherán.

Al mismo tiempo, ha pedido reiteradamente el fin de la guerra y, en particular, la reapertura del estrecho de Ormuz.

Gracias a sus enormes reservas de petróleo y a su estrategia de diversificación energética, China afronta bien hasta el momento el impacto de la guerra con Irán.

Pekín puede mantener esta situación durante más tiempo, pero los costes económicos no harán más que aumentar, dice Andrea Ghiselli, experta en China y Medio Oriente de la Universidad de Exeter.

Sin embargo, advierte que China tendrá que equilibrar su interés en que termine la guerra con otras prioridades geopolíticas.

“China no quiere que el conflicto se convierta en un motivo de fricción en las relaciones con Estados Unidos”, asegura. Sin embargo, “no socavará los intereses y demandas fundamentales de Irán”, añade Ghiselli.

“Irán y China están generalmente alineados y consideran que las acciones agresivas de Estados Unidos e Israel son la razón por la que estalló este conflicto y aún continúa”, explica.

Como consumidora de energía, China se ve “perjudicada por la continuación” de la guerra, afirma Hamidreza Azizi, del International Crisis Group.

El petróleo representa aproximadamente una quinta parte del consumo total de energía de China, pero más del 70% de ese petróleo es importado, según un informe de 2025 de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Con aproximadamente 1,4 millones de barriles diarios, el petróleo iraní representó apenas el 12% de las importaciones chinas de crudo el año pasado, una cifra muy por debajo del 42% que aportó el resto del Medio Oriente.

China logró sustituir parte del petróleo procedente de Irán y otros productores del Golfo con suministros de Rusia, Brasil y otros exportadores. Sin embargo, sustituir el gas que compra en la región sería considerablemente más difícil.

Las enormes reservas de petróleo de China ayudan al país a absorber el impacto energético provocado por la guerra. El tamaño de sus reservas sigue siendo un secreto de Estado, pero las estimaciones oscilan entre 1.000 y 1.400 millones de barriles en 2025.

“Si China hubiera comenzado la guerra con alrededor de 1.400 millones de barriles almacenados, esto cubriría 254 días de importaciones procedentes del Medio Oriente al nivel de 2025”, afirma Erica Downs, investigadora de la política energética china en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.

Es probable que las reservas de petróleo de China duren aún más, ya que algunas importaciones siguen llegando desde el Medio Oriente a pesar de la guerra, indica Downs.

Embarcaciones en el estrecho de Ormuz bajo un cielo nublado.
Pie de foto,China quiere que se reabra el estrecho de Ormuz, ya que dependía en gran medida del petróleo del Medio Oriente antes de la guerra.

Sin embargo, el columnista especializado en materias primas Clyde Russell, del servicio asiático de la agencia Reuters, advierte que China ha tenido que recurrir a sus reservas de petróleo en tres de los últimos cuatro meses, incluido agosto.

“Es probable que Pekín prefiera dejar de recurrir a sus reservas cuanto antes, por lo que cuenta con un margen de seguridad considerable”, dice Downs.

Y si los hutíes, respaldados por Irán, intensifican sus ataques contra Arabia Saudita y refuerzan su control sobre el estrecho de Bab El Mandeb, el mercado energético mundial podría volverse aún más volátil.

Los problemas económicos derivados de la guerra con Irán podrían incluso desencadenar una crisis económica mundial, lo que sería una mala noticia para la economía china, orientada a la exportación.

Desde 2019, el crecimiento económico de China se ha ralentizado. La segunda economía más grande del mundo se enfrenta a una crisis inmobiliaria, tensiones comerciales con Occidente y un aumento de la deuda de los gobiernos locales.

Como consecuencia de ello, las exportaciones netas representaron el año pasado 32,7% del crecimiento del PIB de China, el nivel más alto desde 1997, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington.

Dado que el consumo interno se mantiene estancado, las exportaciones son el principal motor del crecimiento económico.

Sanciones, bloqueo naval y negociaciones

Mientras la guerra se estanca, el gobierno de Trump intensifica la presión económica sobre Teherán. Washington asegura que las empresas, los bancos y los países que apoyan la economía iraní podrían enfrentar sanciones secundarias.

Hasta el momento, Estados Unidos ha evitado tomar medidas contra los principales bancos chinos, aunque impuso sanciones a varias empresas y entidades del país asiático.

Esta cautela se produce en un momento de altas tensiones comerciales entre Washington y Pekín.

China no ha accedido públicamente a la petición de Washington de unirse a la campaña financiera contra Irán, argumentando que se opone a las “sanciones unilaterales ilegales” y que su cooperación con Irán se lleva a cabo dentro del marco del derecho internacional.

Tres combatientes hutíes armados montan guardia en un campamento tomado en la ciudad portuaria de Mokha, en una captura de pantalla tomada de un video publicado por el grupo armado el 13 de septiembre.
Pie de foto,Los hutíes, respaldados por Irán, refuerzan su control sobre el estrecho de Bab Al Mandab, otra ruta marítima mundial clave.

Es probable que China no deje de comprar petróleo iraní debido a la presión estadounidense, dice el analista iraní Azizi.

“Los chinos no quieren que se siente un precedente que permita a Estados Unidos, mediante la presión, obligar a las empresas y bancos chinos a implementar sus políticas”.

Sin embargo, el bloqueo naval estadounidense restringe severamente la capacidad de Irán para suministrar petróleo a los compradores chinos.

Irán exportó dos millones de barriles de petróleo al día en marzo, pero esa cifra cayó a entre 220.000 y 255.000 barriles al día en agosto, y ningún cargamento de crudo iraní ha logrado atravesar el estrecho de Ormuz y llegar a China desde que Estados Unidos reanudó su bloqueo naval el 14 de julio, informó Reuters.

Si el bloqueo continúa, el comercio entre Irán y China se limitará cada vez más a las rutas terrestres, que son más caras y menos capaces de gestionar las exportaciones que el transporte marítimo, dice Mohammad Ghaedi, experto en Irán de la Universidad George Washington, en Estados Unidos.

El deseo de China de mitigar los efectos de las sanciones financieras no implica necesariamente que tenga la capacidad o la voluntad de desafiar un bloqueo naval.

Romper este bloqueo podría llevar a Pekín a un nivel de confrontación muy superior con Washington. No hay indicios de que el liderazgo chino esté dispuesto a asumir ese costo.

China dejó claro que prefiere “una solución negociada a la guerra”, dice Ghiselli, quien añadió que probablemente Pekín impedirá que Irán intensifique el conflicto.

“Podría ayudar a que se reanuden las negociaciones. Incluso podría presionar a los iraníes para que hagan algunas concesiones que ayudarían al presidente Trump a proclamar una victoria y usarla como excusa para poner fin a la guerra”.

Pero China presionará para que el acuerdo incluya beneficios concretos para su socio, como el levantamiento de las sanciones, el acceso a los fondos congelados y el fin de los ataques militares, indica Ghiselli.

Imagen de portada de Raees Hussain.

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