July 11, 2026

Análisis NYT: ¿Cuál es el plan de Trump para Irán tras el fracaso del acuerdo provisional?

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Gente reunida alrededor del feretro del Ayatola

A menos de un mes de la firma del acuerdo provisional, una serie de ataques contra tres barcos que atravesaban el estrecho de Ormuz llevaron a Trump a revocar la exención que permitía a Irán vender petróleo.

El presidente Trump, vestido con traje, camina por una columnata.
El presidente Trump en la Casa Blanca el lunes. Estados Unidos ha bombardeado más de 170 objetivos militares iraníes durante dos noches esta semana, tras el colapso del alto al fuego.Credit…Tierney L. Cross para The New York Times

Por David E. Sanger

David E. Sanger ha realizado la cobertura de cinco presidentes estadounidenses en más de cuatro décadas en el Times. Ha escrito sobre los esfuerzos para socavar o eliminar el programa nuclear de Irán por más de 20 años.

11 de julio de 2026

En los días previos a que el presidente Donald Trump firmara su acuerdo preliminar con Irán después de una cena en Versalles —donde oficialmente terminó la Primera Guerra Mundial—, él y sus asesores describieron su estrategia: el estrecho de Ormuz se abriría al tráfico y Estados Unidos permitiría que Irán pudiera vender millardos de dólares en petróleo.

La teoría, según Trump, es que, tras años de sanciones, Irán se volvería rápidamente adicto a un torrente de ingresos y al acceso a los dólares en bancos occidentales. Era un “acuerdo realmente bueno para Irán”, dijo el mandatario en una llamada con un periodista de The New York Times tres días antes de firmar el memorando del 17 de junio.

“De hecho, están orgullosos de ello”, dijo refiriéndose a los negociadores iraníes. “Creo que estaban hartos de que los golpearan una y otra vez”.

Al parecer, no. A menos de un mes de la firma del acuerdo, una serie de ataques contra tres barcos que atravesaban el estrecho —en un canal fuera del control de Irán— hicieron que Trump revocara la exención que permitía a Irán vender petróleo. Estados Unidos ha bombardeado más de 170 objetivos militares iraníes en dos noches. Y no hay negociaciones programadas, al menos por ahora, sobre el acuerdo mucho más amplio, complejo y aparentemente permanente que ambas partes iban a negociar en 60 días.

Si Trump y sus asesores ahora tienen un plan C —tras el fracaso de los bombardeos y del acuerdo preliminar—, no lo han explicado. En cambio, parece que están volviendo a las sanciones petroleras y a los bombardeos que Trump describe como devastadores, pero que hasta ahora solo han conducido a la compleja situación actual.

“Pues el trato es muy sencillo”, dijo el miércoles el vicepresidente JD Vance. “Si disparan a los barcos, les vamos a dar una paliza”, añadió el vicepresidente, quien se opuso al ataque inicial del 28 de febrero, pero a quien desde entonces se le ha encargado defender la guerra y negociar una salida al conflicto.

En otras palabras, se acabaron las zanahorias. Vuelven los garrotes. Pero el gobierno aún tiene que explicar por qué cree que esta combinación de guerra económica y bombardeos dará un resultado diferente esta vez.

“Estamos en una especie de callejón sin salida estratégico”, dijo Richard N. Haass, un diplomático con amplia trayectoria que trabajó en el Departamento de Estado y en el Consejo de Seguridad Nacional bajo varios gobiernos, incluido el de George W. Bush durante los primeros días de la guerra de Irak.

“El dilema es que, cuanto más atacamos, más atacan los iraníes las infraestructuras petroleras y energéticas del Golfo”, dijo. “Y el gobierno todavía no ha encontrado la manera de defender esas instalaciones”.

Haass dijo que, al principio, Trump “esperaba que los bombardeos provocaran un cambio de régimen, luego esperaba que los obligaran a capitular… pero ninguna de las dos cosas funcionó”.

Tampoco parece que funcionara la decisión de dejar que Irán se beneficiara de las ventas de petróleo, lo cual supuso para Trump un giro total: en su primer mandato, y hasta hace más o menos un mes, parecía mucho más interesado en las medidas coercitivas. La autorización de las ventas de petróleo se basaba en la creencia —una idea que impregnó las negociaciones sobre Gaza el año pasado— de que incluso los revolucionarios sueñan con economías modernas y eficientes que colmen a su pueblo de ganancias.

Vista aérea de una multitud que agita banderas de Irán mientras acompaña un camión.
Gente reunida alrededor del camión que transportaba el ataúd del ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo que murió en el ataque estadounidense-israelí contra Irán, durante las procesiones fúnebres del jueves.Credit…Arash Khamooshi/Polaris para The New York Times

Trump también se ve envuelto en las profundas divisiones que hay en Irán. Estas quedaron claramente de manifiesto esta semana, durante los funerales del ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo que murió en las primeras horas del ataque contra Teherán.

A uno de los principales negociadores, el ministro de Asuntos Exteriores Abbas Araghchi, le lanzaron una piedra en uno de los cortejos fúnebres y lo acusaron de apaciguamiento. Los agresores lo insultaron y pidieron su muerte. Al presidente Masoud Pezeshkian no le fue mucho mejor, y su equipo de seguridad tuvo que rescatarlo de una multitud enfurecida.

Pero cuando Trump habla públicamente de Irán, rara vez menciona las divisiones que atraviesan esa sociedad. En cambio, habla como si se tratara de un gobierno jerárquico, liderado por Mojtaba Jameneí, el hijo del líder supremo asesinado y uno de los líderes emergentes a los que, hace solo unas semanas, Trump calificaba de más “razonables” que sus predecesores. (El miércoles, en Ankara, Turquía, durante la cumbre de la OTAN, los llamó “escoria”).

El jueves, nada más volver de la cumbre, Trump y sus asesores dijeron muy poco en público sobre sus próximos pasos. Un funcionario estadounidense, que habló bajo condición de anonimato, dijo que el gobierno de Trump seguía comprometido con encontrar una solución pacífica y esperaba que continuaran lo que han denominado como “conversaciones técnicas”.

Pero incluso esa expresión está llena de contradicciones, porque las diferencias entre Teherán y Washington no son “técnicas”, sino políticas, y los negociadores de menor rango no tendrán la autoridad necesaria para resolverlas.

Un ejemplo tiene que ver con el futuro del programa nuclear. El acuerdo de alto al fuego de junio es impreciso en todos los temas importantes, incluyendo si Irán mantendría el control de sus reservas de combustible nuclear. En virtud de un acuerdo de 2015 que firmó el presidente Barack Obama, pero del que Trump se retiró más tarde, Irán entregó el 97 por ciento de sus reservas existentes en aquel momento. A Trump le molesta mucho cualquier insinuación de que podría conseguir menos de lo que logró Obama.

Pero la primera batalla política podría ser sobre quién controla el estrecho, donde el gobierno está pagando el precio de un párrafo redactado de forma imprecisa en el memorando de entendimiento que Trump firmó en Versalles. Es un ejemplo claro de lo que pasa cuando los responsables iraníes y estadounidenses eluden las diferencias en un documento negociado y luego lo interpretan de forma muy distinta.

El párrafo 5 del acuerdo dice así: “Tras la firma de este memorando de entendimiento, la República Islámica de Irán hará todo lo posible para garantizar el paso seguro de buques comerciales, sin costo alguno, durante solo 60 días, desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán, y viceversa”.

Trump y sus asesores pensaban que esto era la clave para desbloquear el tráfico marítimo y que la responsabilidad recayera sobre los iraníes. Los iraníes lo interpretaron como una oportunidad para controlar el paso clave para el transporte de petróleo, insistiendo en que los barcos navegaran por el canal más cercano a su costa. Al final, Irán ha indicado que planea cobrar por el paso por el estrecho.

Cuando la Marina de Estados Unidos empezó, sin mucho disimulo, a escoltar a los barcos por un canal diferente, cerca de Omán, la reacción de Irán fue disparar contra algunos de ellos. Ahora, según Lloyd’s of London, hay muy poco tráfico por el estrecho. Eso es lo que ha frustrado a Trump y le ha llevado a declarar que el acuerdo “se ha acabado”.

Los asesores de Trump insisten en que no están incumpliendo el acuerdo; el memorando de entendimiento, dicen, se basa en el cumplimiento, y las acciones de Irán no han superado esa prueba.

Todo esto lleva a Trump de vuelta al punto en el que estaba en abril, cuando se dio cuenta de que la fuerza militar no podía resolver el problema —y de que muchos en Irán ven cualquier solución diplomática como nada más que una espera hasta el próximo ataque israelí-estadounidense.


David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.

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