República Dominicana promete ser el último país en irse de zona de desastre en Venezuela

Hasta el momento, los dos sismos y sus más de 600 réplicas ocurridos en La Guaira han cobrado la vida de 1,719 personas y han dejado a 5,034 heridos.
Santo Domingo, RD.
30/06/2026
Equipos de rescate buscan a las víctimas en un edificio derrumbado tras el terremoto ocurrido en Caracas el 24 de junio de 2026Juan BARRETO/AFP
De acuerdo con las estadísticas, “basadas en otras tragedias”, la esperanza de vida para aquellas personas atrapadas en los escombros comienza a disminuir considerablemente después de cinco días de ocurrido un evento, como el del pasado miércoles 24 de junio en Venezuela.
Hasta el momento, los dos sismos y sus más de 600 réplicas ocurridos en La Guaira han cobrado la vida de 1,719 personas y han dejado a 5,034 heridos.
A pesar de que la esperanza de vida empieza a ser menor, los rescatistas, incluyendo los 22 soldados de las Fuerzas Armadas de República Dominicana, continúan rescatando personas y animales con vida.
Este lunes las redes sociales mostraron el rescate de Carlos Miguel Gutiérrez, un niño de 12 años, quien fue sacado de los escombros de una zona del residencial La Estrella.
Antes de sacarlo, se observaba a los rescatistas hablando con él y dándole agua.
Este martes, los medios internacionales y las agencias muestran el rescate, tras 43 horas, de otro hombre.
Este grupo de especialistas no solo se preocupa por los humanos; las redes también están repletas del rescate de animales, incluyendo una perra de nombre Giselle. El animalito, como muestra de agradecimiento, lamió toda la cara de su rescatista.
Las imágenes son devastadoras y esperanzadoras al mismo tiempo. República Dominicana fue el primer país en llegar a Venezuela y la promesa es que será el último en irse, de acuerdo a órdenes del Ministro de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofre.
“Hasta el último momento, nuestro equipo de República Dominicana, así como fue el primero que entró, será el último en salir”, dijo al hablar en el programa “Despierta con CDN”, Erdwin Robert Olivares Luciano, subdirector de Operaciones del Centro de Operaciones de Emergencia (COE).
De acuerdo a Olivares Luciano, los expertos en búsqueda y rescate del país llevan una lección aprendida, un suceso que cobró la vida de 236 personas: el colapso del Jet Set.
Con lo vivido en el país y la adquisición de equipos que, tras la tragedia del Jet Set, “se determinó que se necesitaban”, los técnicos dominicanos realizan la búsqueda y rescate de personas en Venezuela.
De acuerdo a las cifras en daños materiales en Venezuela, la estimación preliminar es de 6,700 millones de dólares.
“Agarré mis ollas y me vine a ayudar”: el cocinero venezolano que viajó a Caracas para ofrecer comidas a las víctimas de los terremotos de La Guaira

Información del artículo
- Autor,Norberto Paredes
- Título del autor,BBC News Mundo
- Informa desde,Enviado especial a La Guaira, Venezuela
- 8 julio 2026
El 25 de junio, Víctor Andrea D’Orsi estaba con sus amigos en su restaurante Al Giorno en Maturín, a unos 500 kilómetros de Caracas, cuando se enteró del nivel de destrucción que había dejado el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el día anterior.
“Había leído algo durante la noche, pero no nos habíamos enterado de la totalidad de la tragedia. Se había ido la luz en muchos lugares. No hubo señal ni redes sociales por horas después del terremoto”, le cuenta a BBC Mundo.
Asegura que las imágenes lo conmovieron de inmediato. Junto a cuatro amigos, decidió actuar.
“Nos preguntamos cómo podíamos ayudar. Y la verdad es que no sabemos nada de pico y pala, sólo sabemos cocinar”, añade.
Explica que su meta era “aportar nuestro granito de arena a quienes estaban en la calle sin comer”.
A la una de la madrugada del viernes reunió ollas y otros enseres de su casa y se apresuró a tomar la carretera hacia Caracas.
Tras un trayecto de día y medio, en el que cuenta que se accidentaron y les pasó “de todo”, llegaron finalmente a La Guaira.
Su primera parada fue el Hospital José María Vargas de La Guaira, donde dice que repartieron alimentos e insumos médicos a los niños.
“Había caos, porque muchas personas querían ayudar y no sabían cómo. Era desesperante. Nadie sabía qué hacer”, recuerda.
Este martes, las autoridades informaron que al menos 3.685 personas habían perdido la vida a causa de los terremotos, casi 17.000 habían resultado heridas, mientras decenas de miles seguían desaparecidas.
La decisión de Víctor es sólo un ejemplo de las numerosas muestras de solidaridad que se han sucedido en Venezuela desde que el terremoto sacudió el país hace dos semanas.

El plan inicial de Víctor era cocinar en La Guaira, pero las condiciones sanitarias y logísticas —y el estado en que quedó la zona— lo obligaron a cambiar de idea.
Quiso instalarse en Caracas, pero no tenía claro dónde. Tampoco tenía un lugar donde alojarse.
Empezó cocinando en plena calle, en un barrio acomodado del este de la capital, con un tanque de gas que le prestó un vecino.
Pero pronto llegaron las quejas. Los residentes de la calle le dijeron que no podía cocinar allí, en medio de la vía pública.
Finalmente, alguien le prestó una casa desalojada que se convertiría en su centro de operaciones.
Poco a poco, más personas se fueron sumando a su iniciativa.

“A esta mujer no la conocía y se ha convertido en una mano de Dios: todos la llamamos ‘tía'”, comenta, señalando a una mujer que prepara verduras en la cocina. Dice que el humor es necesario para sobrellevar las largas jornadas.
Durante el día pelan verduras, despellejan y pican la carne, cocinan, sirven la comida en envases plásticos, limpian y reciben productos que les llegan de otras partes de Caracas.
Al caer la noche, se van a La Guaira a repartir todo.
Regresan de madrugada para levantarse a las 10 de la mañana y comenzar de nuevo. Algunos duermen sobre un colchón en el piso.
Entre 150 y 400 comidas por día
Es viernes y el menú del día es arroz con pollo.
Ocho personas colaboran mientras en el fondo suena música venezolana.
Unos pican verduras, otros preparan aliños. También están quienes lavan los platos. Afuera, en el patio, “el chef Víctor”, como lo llaman, remueve el pollo que hierve en una olla gigante sobre una gran estufa.
“Un amigo me dijo que había un grupo que había llegado desde Maturín y que estaba cocinando para nuestra gente de La Guaira. Los contacté un par de días después de los terremotos y me puse a la orden”, cuenta Crismary López, la “tía” del grupo.
Ella también corrió la voz y algunos de sus compañeros de trabajo se han sumado.
Víctor explica que cada día trabaja con un grupo distinto. Algunos se turnan según su disponibilidad.
Él, sus amigos de Maturín y Crismary, en cambio, están allí todos los días.
Asegura que han repartido miles de comidas, “a veces 200 o 400 por día, aunque los primeros días hacíamos hasta 700”, dependiendo de cuánto rinda.
Las entregan a funcionarios de Protección Civil, muchos de los cuales han estado trabajando sin descanso y con pocas horas de sueño, así como a personas damnificadas y, sobre todo, a niños.
“Hemos llevado sopa, costilla guisada, pasta, arroz… Llevamos comida buena”, dice con orgullo.
A medida que se ha corrido la voz de su labor, personas de otras zonas de Caracas lo contactan y le envían arepas, pan, agua y otros insumos para que él y su grupo los transporten a La Guaira junto con la comida que preparan.
Solidaridad abrumadora

Pie de foto,Víctor también recibe comida e insumos de otros venezolanos que le piden que las lleve a La Guaira.
La solidaridad venezolana en La Guaira desde los terremotos del 24 de junio es abrumadora. Se ven personas que han llegado de distintos estados del país.
Algunas no tienen familiares entre los escombros, ni siquiera un vínculo directo con la zona. La meta es ayudar.
Mientras Víctor y su equipo cocinan en Caracas, muchos en La Guaira se dedican a remover escombros en edificios colapsados cuyos nombres ni siquiera conocen.
Algunos transportan agua e insumos desde la capital hacia las zonas más afectadas. Otros recolectan ropa.
Incluso hay quienes ofrecen lo poco que tienen: preparan avena y la llevan a lo largo del estado costero en motocicletas, o se dedican a repartir café.
También se acercan a la casa desde donde opera Víctor para entregarle arepas, juguetes para niños, pañales e insumos médicos enviados por otros venezolanos.
Lo cargan todo en la camioneta y van hacia La Guaira.
“Al principio no sabíamos a quién darle comida. Llegábamos, veíamos el caos y se la dábamos a las primeras personas que encontrábamos. Ahora la llevamos directamente a centros de acopio”, explica.
Dice que como venezolano y como ser humano le cuesta asimilar el nivel de devastación.

“Me quiebro por dentro, porque la gente recibe la comida con una felicidad enorme. Es gente que lo ha perdido todo. Se me eriza la piel cada vez que entregamos comida”, añade.
“La cantidad de damnificados es tan grande que lo nuestro es solo un granito de arena”, insiste.
“A veces llegamos a un lugar con 200 arepas o comidas y nos dicen que hay dos mil personas. Obviamente no alcanza para todos”.
También asegura que ha hablado con rescatistas de España y México que le han dicho que es la primera vez que ven una catástrofe de esta magnitud.
Según las autoridades, cerca de 200 edificios colapsaron totalmente y alrededor de 800 resultaron afectados.
Terminada ya la jornada y regreso en Caracas, Víctor y su equipo descansan mientras hablan sobre qué van a cocinar al día siguiente.
“Hoy no rindió mucho, solo salieron 150”, lamenta su socio Luis Silva.
“Quizá mañana no deberíamos hacer pollo sino costillas, que son más caras, pero rinden más”.
Al día siguiente vuelven a encender los fogones.
En medio de la devastación, cada plato sigue siendo una gran ayuda para los más de 17.000 damnificados en la región.