
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, participa este viernes en Francia de la reunión de cancilleres del Grupo de los Siete (G7), que se celebra en la Abadía de Vaux-de-Cernay, en un contexto de crecientes tensiones entre Washington y sus aliados por la ofensiva militar contra Irán y su impacto en el mercado energético global.
Rubio partió el jueves hacia el encuentro, ubicado a unos cuarenta kilómetros al suroeste de París, en lo que constituye su primer viaje al exterior desde el inicio de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. La cita se desarrolla en un contexto de divisiones dentro del bloque, que según fuentes diplomáticas se ubican en su punto más alto en más de una década.
Antes de embarcar, el secretario de Estado subrayó la relevancia estratégica del Estrecho de Ormuz, afectado por la escalada militar. “Los demás países obtienen mucho más combustible de ahí que nosotros”, señaló. El paso marítimo concentra cerca de un quinto del petróleo crudo y del gas natural licuado que circula a nivel global, y su cierre provocó una de las mayores perturbaciones energéticas de las últimas décadas.
Rubio también se refirió a los contactos indirectos con Teherán. Reconoció avances en las conversaciones a través de países intermediarios, aunque evitó precisar plazos. En paralelo, el enviado especial Steve Witkoff confirmó en la Casa Blanca que Washington mantiene canales con Irán mediante Pakistán.
Desde Teherán, las señales resultan dispares. Medios iraníes informaron que la República Islámica rechazó una propuesta de alto el fuego y presentó una contrapropuesta de cinco puntos. Entre las condiciones figura un eventual control iraní del Estrecho de Ormuz, lo que elevaría aún más la tensión sobre el comercio energético mundial.
Las diferencias entre Estados Unidos y Europa marcaron la antesala del encuentro. El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, calificó el conflicto como una “catástrofe para las economías del mundo” y recordó que Europa no recibió consultas previas al inicio de la ofensiva. En la misma línea, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, afirmó días atrás que “esta no es la guerra de Europa”.
Los otros miembros del G7 expresaron expectativas de una salida diplomática, sin manifestar respaldo público a la acción militar liderada por Washington. La primera jornada del encuentro, a la que Rubio no asistió, ya reflejó estas discrepancias.
En Washington, el presidente Donald Trump endureció su postura durante la reunión de gabinete del jueves. Afirmó que la operación militar avanza más rápido de lo previsto y descartó una dependencia significativa de Estados Unidos respecto del Estrecho de Ormuz, en función de sus niveles de producción energética. También reiteró críticas hacia los aliados de la OTAN por la falta de apoyo a la ofensiva.
En ese mismo encuentro, Rubio defendió la intervención. “El presidente no solo le está haciendo un favor a Estados Unidos. Esto es para el mundo”, declaró ante funcionarios del gabinete.

La agenda del G7 incluye además la guerra en Ucrania, cuyas negociaciones permanecen estancadas. Gobiernos europeos manifestaron preocupación ante un posible acercamiento entre Washington y Moscú que derive en presiones sobre Kiev para aceptar un acuerdo desfavorable antes de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.
Una fuente diplomática italiana indicó que los países europeos insistirán en la necesidad de mantener sanciones contra Rusia y reforzar el apoyo militar a Ucrania. El canciller ucraniano participará en las conversaciones, en busca de respaldo político y estratégico.
El encuentro en Vaux-de-Cernay también cuenta con la presencia de ministros de Brasil, India, Corea del Sur y Arabia Saudita. Estos países desempeñan un rol clave en la estabilidad energética y en los equilibrios diplomáticos internacionales, en un momento de alta volatilidad.
Francia, que ejerce la presidencia rotatoria del G7, utiliza la reunión para preparar la cumbre de líderes prevista para junio en los Alpes. En ese marco, la cita de cancilleres se presenta como un espacio central para medir el alcance de las diferencias dentro del bloque y explorar posibles consensos frente a las crisis en Medio Oriente y Europa del Este.
(Con información de AFP)
Israel encajó este jueves una de las jornadas de ataques más intensa desde el inicio del conflicto con Irán, con diez oleadas de misiles iraníes en menos de doce horas y más de cien proyectiles lanzados por Hezbollah desde el Líbano, en una escalada que dejó un muerto en la ciudad costera norteña de Nahariya y al menos 22 heridos leves en todo el país.
El servicio de emergencias Magen David Adom registró las primeras alarmas poco antes de las siete de la mañana, hora local, y las últimas pasadas las seis de la tarde, en una sucesión de andanadas iraníes dirigidas principalmente a la región de Tel Aviv y el centro del país, con algunas apuntando también a Jerusalén y a la ciudad portuaria de Haifa. Ninguno de esos proyectiles dejó víctimas mortales ni se reportaron caídas directas en suelo israelí, aunque la censura militar impide difundir información sobre posibles impactos en infraestructuras críticas.
La única víctima mortal del día fue consecuencia de un ataque de Hezbollah. Un cohete disparado desde el Líbano impactó sobre tres vehículos aparcados frente a un edificio en Nahariya y mató a Uri Peretz, un hombre de 43 años cuya identidad confirmó la prensa local. Otro hombre de 50 años resultó herido de gravedad. El ataque tuvo lugar alrededor de las cuatro de la tarde, hora local.
Se trata del segundo israelí muerto por proyectiles de Hezbollah desde que el grupo terrorista chií retomó los ataques el 2 de marzo, en respuesta a la ofensiva conjunta estadounidense-israelí contra Irán. Desde entonces, los bombardeos israelíes sobre el Líbano han causado más de 1.100 muertos y aproximadamente un millón de desplazados en el sur del país, según el Ministerio de Salud de Beirut.
El balance total de víctimas en territorio israelí desde el inicio del conflicto el 28 de febrero asciende a 18 muertos entre caídos por misiles iraníes y proyectiles de Hezbollah. A esas cifras se suman cuatro mujeres palestinas fallecidas en Cisjordania al impactar restos de un misil en una peluquería cerca de Hebrón, en un incidente atribuido por las fuerzas israelíes a un proyectil iraní de racimo.

El Ejército israelí calcula que Irán ha disparado más de 400 misiles desde el inicio del conflicto, con una tasa de intercepción que las fuerzas armadas cifran entre el 90 y el 92 por ciento. Pese a ese balance, la ofensiva balística iraní ha logrado causar daños materiales recurrentes en zonas residenciales de ciudades como Arad, Rishon Lezion y Bnei Brak.
El conflicto estalló el 28 de febrero cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea sorpresiva contra Irán mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas en Ginebra. La operación, denominada Furia Épica por el Pentágono, tuvo como consecuencia la muerte del líder supremo iraní, Alí Khamenei, y de varios mandos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Irán respondió con una campaña de misiles y drones que se prolonga ya casi cuatro semanas y que ha golpeado además bases militares estadounidenses y aliadas en Baréin, Kuwait, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos.
En ese contexto, el presidente Donald Trump amplió este jueves diez días su ultimátum a Teherán para que reabra el estrecho de Ormuz, fijando el nuevo plazo para el 6 de abril. Pakistán confirmó actuar como canal de las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán en torno a una propuesta de paz de quince puntos. Con las fuerzas israelíes operando en múltiples frentes simultáneos, el jefe del Estado Mayor, teniente general Eyal Zamir, alertó a ministros del Gobierno sobre la creciente escasez de personal, según confirmó a CNN una fuente israelí.
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