
De momento, la mayor parte de las medidas se limita al mercado interno de los combustibles.
La agresión militar de EE.UU. e Israel contra Irán y el posterior cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de la cuarta parte de todo el crudo que se comercializa en el mundo, ha sacudido los mercados energéticos y sus efectos amenazan con extenderse a la esfera económica en su conjunto.
De hecho, los precios del petróleo y los combustibles han experimentado alzas significativas durante las últimas jornadas. Y si bien el presidente estadounidense, Donald Trump, ha insistido en que se trata de una situación temporal que se debe al conflicto bélico en Asia occidental, lo cierto es que la conflagración no tiene un final claro a la vista.
Washington se ha proclamado ganador y ha insistido en que la guerra no se extenderá durante mucho tiempo, mientras que Teherán ha asegurado que no planea sentarse en una mesa de negociaciones con Washington y Tel Aviv. Incluso, el nuevo líder supremo del país persa, Mojtabá Jameneí, advirtió este jueves que podría abrir nuevos frentes de batalla si las hostilidades se prolongan.
América Latina no está exenta de padecer los efectos económicos de este conflicto. Si bien la región alberga importantes yacimientos de oro negro, y países como Brasil o Venezuela producen cantidades significativas de petróleo e incluso lo exportan, la mayor parte de las naciones dependen de importaciones de hidrocarburos para satisfacer su demanda interna.

En este escenario, serían esperables algunas medidas destinadas a paliar el incremento en los precios de los combustibles, un factor que suele encarecer las mercancías debido al alza en los costos asociados a su transporte, así como al funcionamiento de las industrias.
“La interrupción del suministro será menos notoria en América Latina, pero los países no serán inmunes al aumento de los precios globales, incluso aquellos que son productores de petróleo”, advirtieron especialistas de Oxford Economics en el reporte ‘Latin America: Limited spillovers from the Middle East conflict for now’, citado por El Economista.
Equilibrio
A ese respecto, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva anunció este jueves un conjunto de acciones para disminuir el golpe interno de la conflagración en Oriente Medio, sin sacrificar el equilibrio fiscal.
“Esta conferencia de prensa es una reparación por lo que está sucediendo en Brasil y en el mundo, en gran medida causado por la irresponsabilidad de las guerras en todo el mundo. El precio del petróleo está descontrolado, lo que implica un aumento en el costo del combustible, y en EE.UU. ya ha subido 20 %. Estamos empleando ingeniería económica para evitar que las consecuencias de las guerras irresponsables lleguen a la gente. Haremos todo lo posible”, alegó el mandatario ante periodistas desde el Palacio de Planalto, recoge G1.
En concreto, Brasilia se planteó un gravamen de 12 % a las exportaciones de crudo, incentivos en forma de subsidios para los productores e importadores de diésel y supervisiones rigurosas de la implementación de estas medidas sobre el poder adquisitivo de los consumidores, a los que el Gobierno busca proteger.
“La mayor presión proviene del diésel, no de la gasolina. Nos preocupa especialmente el diésel porque afecta con mayor intensidad las cadenas de producción. La cosecha se transporta en camiones diésel y la siembra se realiza con maquinaria que también utiliza diésel”, puntualizó el ministro de Hacienda, Fernando Haddad.

El problema, explicó el ministro de Casa Civil, Rui Costa, es que las reducciones de precios de combustibles decretadas por el Ejecutivo tardan en hacerse efectivas y solo lo hacen parcialmente. En el ínterin, sostuvo, los consumidores pagan más, bajo el alegato del alza de precios vigente en el mercado internacional, aunque la estatal Petrobras no haya seguido la tendencia.
Según lo expuesto por Haddad, el fisco brasileño dejará de percibir unos 20.000 millones de reales (alrededor de 3.830 millones de dólares) tras la eliminación de los impuestos al diésel, y deberá destinar otros 10.000 millones de reales (unos 1.915 millones de dólares) al pago de subsidios para incentivar la producción e importación de ese hidrocarburo en manos privadas.
Empero, la propuesta contempla recaudar cerca de 30.000 millones de reales (5.744 millones de dólares) por concepto de exportaciones petroleras, tras la entrada en vigor del arancel de 12 %, en el caso de que los efectos económicos de la guerra se extienden. Se trata, dijo Haddad, de una iniciativa que procura que los efectos fiscales de las dos medidas se compensen mutuamente, sin alterar el presupuesto aprobado para 2026.
Importadores en la cuerda floja
Aunque solo Brasil ha expuesto un plan integral para capear el temporal, ello responde a su inserción en los mercados globales de energía y no debe comparárselo con otros productores medianos como México o Argentina, que a su vez están en una posición diferente a la que se encuentran las naciones centroamericanas, Chile o países del Caribe insular. Estos últimos son importadores netos de combustible y, por lo tanto, más proclives a padecer los embates económicos de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.
En concordancia con lo esperado, desde la primera semana de marzo, la gasolina experimentó en Chile un alza de 0,022 dólares por litro y la tendencia puede mantenerse si el conflicto continúa. Empero, el país suramericano dispone de un mecanismo de estabilización de precios que ha frenado los incrementos bruscos, pero no evita del todo que la afectación global impacte los mercados locales, apunta Ex Ante.

En Guatemala, el precio de la gasolina subió 10,6 % durante la semana del 1 al 7 de marzo, mientras que los del diésel se incrementaron 11 %. En Honduras, la Asociación Hondureña de Distribuidores de Productos del Petróleo (AHDIPPE) vaticinó que se producirán más alzas en los combustibles por causa del conflicto bélico y advirtió que esas tensiones podrían verse reflejadas en el futuro cercano en los costos de la energía eléctrica y los productos de la canasta básica.
En Panamá, las autoridades anunciaron un aumento ligeramente mayor en el precio de los combustibles al informado el mes de febrero. Afirmaron asimismo que el impacto de la guerra es todavía “limitado”, lo que no descarta nuevos incrementos ni rebrotes inflacionarios. No se han divulgado las medidas que se tomarán en tal escenario.
Entretanto, en Bolivia, que enfrenta escasez de combustibles desde hace varios años, se prevé que la Administración de Rodrigo Paz tome medidas para impedir que las subas globales impacten en los precios de la canasta básica, aunque ello a condición de un alza en el gasto público destinado a cubrir los subsidios, valoró el economista Gonzalo Chávez para el medio local Unitel.
Dudosos beneficios
Al otro lado de la acera están los productores-exportadores. México, que es un productor importante de crudo, paradójicamente importa la mayor parte de la gasolina que precisa, así que si bien inicialmente un alza en los precios podría implicar ingresos mayores para las arcas públicas, también es cierto que necesitará más dinero para adquirir combustibles, abastecer su mercado interno y evitar así un rebote inflacionario.
De momento, la presidenta Claudia Sheinbaum ha apostado a la eficacia de la disminución del IEPS (Impuesto Especial de Producción y Servicios) para impedir una suba de la gasolina. Se trata de un gravamen aplicado a los hidrocarburos que las autoridades han empleado como mecanismo de estabilización durante los últimos años, subiéndolo o bajándolo según los vaivenes del mercado energético global.
En Argentina, la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales optó por una “estrategia de ‘micropricing'”, con la que se pretende ajustar los precios “en tiempo real” a partir de variables como “la demanda, la hora, la ubicación y la competencia”, explicó en X el presidente de la compañía, Horacio Marín. El funcionario añadió que los “picos” –alzas o caídas significativas– en los precios, serán suavizados por medio de un método estadístico conocido como “media móvil” o ‘moving average’, todo lo cual redundará en “mayor previsibilidad” para los consumidores y mayor estabilidad en los precios.
Venezuela, que posee las mayores reservas de crudo del mundo y, de hecho, exporta petróleo, tiene escasa capacidad de incidir en los precios globales de ese hidrocarburo y de aprovechar ingresos inesperados derivados de la guerra, pues su industria petrolera lleva cerca de una década sometida a sanciones estadounidenses. Ese hecho hizo que su producción apenas ronde el millón de barriles por día, una cantidad que resulta insuficiente para compensar una eventual escasez de combustible en la región.
Por otro lado, los recientes alivios de las medidas coercitivas unilaterales anunciados por Washington están orientados al regreso de compañías estadounidenses al mercado venezolano y establecen mecanismos de control de los ingresos derivados de las transas por parte del Tesoro estadounidense. Asimismo, la recién reformada Ley Orgánica de Hidrocarburos abrió el compás para atraer más inversión internacional, pero se trata de una apuesta a largo plazo, que probablemente se desarrollará con independencia de los avatares bélicos en Asia Occidental.
¿Cómo afecta la guerra en Oriente Medio los precios de combustibles en Latinoamérica?
El impacto en la región no es uniforme, puesto que hay países importadores netos de crudo y otros productores-exportadores.

El conflicto bélico iniciado a finales de febrero, tras el ataque de Washington e Israel contra Irán y la respuesta de la nación persa, está teniendo un impacto directo en el precio del petróleo. Este lunes, el barril de crudo mostró una volatilidad histórica, superando la barrera de los 100 dólares e incluso rozando los 120 dólares en las primeras horas de la jornada.
El principal motor del alza es el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, una arteria marítima clave por la que circula una quinta parte del suministro energético mundial.
Para Latinoamérica, el impacto de este aumento del valor del petróleo, especialmente en cómo repercute en los precios de los combustibles, no es uniforme, puesto que la región enfrenta dos realidades, teniendo países importadores netos y los productores-exportadores.
Chile, por ejemplo, que es un importador neto de petróleo, el aumento de su precio se traduce en combustibles más caros. Desde el pasado 5 de marzo, las bencinas se incrementaron cerca de 20 pesos (0,022 dólares) por litro en promedio y podrían producirse nuevas subas, si el crudo se mantiene en alza, recoge el medio Ex-Ante. De momento, el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) ha evitado alzas drásticas de un solo golpe.

De igual forma, los países de Centroamérica, también importadores netos de petróleo, tienen un resultado similar. En Honduras, la Asociación Hondureña de Distribuidores de Productos del Petróleo (AHDIPPE) advirtió más alzas en combustibles justamente por la tensión en Medio Oriente; aunque también señaló posibles subas en la energía eléctrica y los productos de la canasta básica en las próximas semanas.
Entretanto, en Guatemala, en la semana del 1 al 7 de marzo, ya se registró un alza de los combustibles. La gasolina regular, por ejemplo, pasó de 28,57 quetzales (3,72 dólares) por galón a 31,59 (4,11 dólares), un incremento del 10,6 %; mientras, el diésel subió 11 %, recoge Prensa Libre.
En Panamá, la semana pasada las autoridades anunciaron un aumento en el precio de los combustibles, ligeramente mayor al hecho en febrero. “En el cálculo de precios correspondiente a este período, el impacto del reciente conflicto en Medio Oriente aún es limitado, señalaron.
Productores
El caso de México es diferente. Pese a ser un productor importante de petróleo, importa la mayor parte de la gasolina que consume, recoge Bloomberg. Sin embargo, ya la presidenta, Claudia Sheinbaum, ha asegurado que el costo del combustible no aumentará en el país.

“Si aumenta el precio de la gasolina, la producción de gasolina o la importación, hay un mecanismo a través de la disminución del IEPS (Impuesto Especial de Producción y Servicios) para que no aumente la gasolina en nuestro país“, declaró este lunes, en su conferencia de prensa diaria, la mandataria, refiriéndose al gravamen que se aplica a combustibles y que las autoridades han utilizado en años recientes como mecanismo de estabilización, reduciéndolo o subsidiándolo cuando los valores internacionales se disparan; el mecanismo fue instaurado por el exmandatario Andrés Manuel López Obrador (2018-2024).
En el análisis titulado ‘Latin America: Limited spillovers from the Middle East conflict for now’ (América Latina: Por ahora, las repercusiones del conflicto en Oriente Medio son limitadas), expertos de Oxford Economics, citados por El Economista, señalan que Colombia, al igual que México, es probable que subsidie completamente el impacto del aumento en los precios del combustible.
En Brasil, ocurre que, a pesar de ser un exportador neto, su política de precios está más vinculada a los precios internacionales. No obstante, el impacto de la guerra en los precios que paga el consumidor brasileño por combustibles derivados del petróleo, como la gasolina y el diésel, puede tardar en llegar, según señala el presidente del Instituto Brasileño de Petróleo, Gas y Biocombustibles (IBP), Roberto Ardenghy, citado por la Agência Brasil.
“Es un proceso largo, que puede tardar hasta seis meses. No habrá cambios en el nivel de precios a corto plazo, ni siquiera para el consumidor brasileño”, dijo Ardenghy.
En Argentina, el presidente de YPF, Horacio Marín, publicó un mensaje en X este lunes para tratar de tranquilizar a la población: “Entiendo la incertidumbre que genera la volatilidad del precio internacional del petróleo, por eso creo importante reafirmar nuestra posición. YPF no va generar cimbronazos en los precios de los combustibles, somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”.
Explicó que trabajan con una “estrategia de micropricing” —sistema dinámico que ajusta el valor de los combustibles en tiempo real según la demanda, la hora, la ubicación y la competencia—, para ir analizando los precios día a día, semana a semana. “Y mediante el sistema de ‘moving average’ (media móvil) podremos atenuar picos de aumento y bajas dando mayor previsibilidad a los consumidores, teniendo un precio más estable”, detalló.
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