Las personas alojadas en las orillas del Río Isabela esperan recibir la menor cantidad de daños posibles por Melissa.Raúl Asencio
Sus residentes saben que cuando las lluvias aumentan su intensidad durante varios días, los efectos que pueden dejar son catastróficos.
El Ensanche Capotillo es un sector del Distrito Nacional identificado como una zona vulnerable por su cercanía con el río Isabela. Sus residentes saben que cuando las lluvias aumentan su intensidad durante varios días, los efectos que pueden dejar son catastróficos.
Tal es el caso de Fiordaliza Bautista, quien observa angustiada las ruinas de su hogar destruido por el paso de la tormenta tropical Melissa, mientras suspira con cansancio. A prisas, logró sacar algunos enseres principales de poco peso, pero otros más, como la cama, la nevera y el televisor, se mantienen atrapados en el lugar.
La escena, que se repite varias veces en su memoria, fue una sorpresa. Mientras yacía sentada en la vivienda en compañía de su pareja, un trueno ensordeció sus oídos al tiempo que una rama de un árbol se derrumbó sobre su hogar.

La rama destruyó gran parte del techo desalojándola por completo.Raúl Asencio
Aturdida, salió de la mano de su esposo para buscar refugio entre sus vecinos mientras veía cómo se desplomaba su lugar seguro. Afirmó que, aun cuando lleva tiempo alojada a orillas con el río Isabela, es la primera vez que las lluvias copiosas causan ese daño en su hogar.
“Todo está desbaratado, tumbó la casa entera, todo se me mojó”, resopló tras decir esto.
A lo lejos, se pueden observar los destrozos de la rama que golpean con furia la vivienda, destruyendo su techo, haciéndola insostenible para vivir.
Contó que la situación la tomó de sorpresa, pues lo poco que consigue solo cubre los gastos de su pareja, quien sufre de broncofonía, afectación en los pulmones, y recientemente fue operado de esta condición. Informó que no sabe qué hacer, por lo que espera que todo se solucione.
Lucía Bautista tampoco lo pasa mejor que Fiordaliza. A ella los achaques de la edad no le suministran las fuerzas necesarias para hacerle frente a Melissa. Con un techo de zinc y paredes de block, las filtraciones no paran en estos días, llenando su casa de cubetas y paños para mantenerla lo más seca posible.
Sin sostén económico y visiblemente afectada, Lucía solo espera el paso de las lluvias en su morada mientras reza con afán en quedar con el menor de los daños posibles. Aunque tiene hijas mayores, entre estas Fiordaliza, sabe que sus situaciones no son mejores que la de ella y muchas veces sobrevive por la bondad comunitaria.
Refugio
Para otros como Enerolisa, Reina y Jesús María, la opción no puede ser quedarse en sus hogares, ubicados en la ribera del río. Todos son conscientes de las inundaciones que llegan a alcanzar con las crecidas del afluente.
Resignados y sin opciones, se trasladan al albergue del Centro Educativo El Túnel, esperando lo peor de la tormenta, pero con la esperanza de que sus pertenencias permanecerán protegidas.
“Uno se desespera porque cuando hay muchas lluvias es que sube el río, entonces uno tiene que romperse la cabeza para darle la comida a los muchachos y sucesivamente”, manifestó Reina mientras se entretenía en la tarea de abrir la cáscara de guandules.

Los alojados en la ribera sacan sus pertenencias más esenciales para pasar los días durante el paso de Melissa.Raúl Asencio
A pesar de que desde varios años su situación de traslado ha sido siempre la misma, reconoce que no es del todo de su agrado debido al abandono momentáneo de sus muebles de hogar.
Para Enerolisa, sin embargo, esta es su primera situación de albergue y el poco tiempo que le queda para dar a luz le complica su estadía.
En la espera de su quinto retoño, tanto ella como su pareja y demás hijos permanecen apostados en el lugar, cobijados todos en un mismo colchón.
Por su parte, Jesús María pasa sus días de refugio realizando trabajos informales para seguir sosteniéndose. Al igual que los demás, admitió lo mal que lo pasa en situaciones como estas al observar desde lejos su casa, implorando con fuerzas sufrir la menor cantidad de daños posibles.
Cada tormenta, una mudanza: cómo viven las personas de Capotillo con las intensas lluvias
Los días de lluvia representan frustración para las personas que viven cerca del río Isabela

Personas refugiadasRaúl Asencio
Carmen de Los Santos y Andreina saben que cada vez que se anuncia alerta roja en Santo Domingo deben trasladarse con rapidez al albergue del Centro Educativo El Túnel para evitar las inundaciones y posibles colapsos estructurales que puedan ocurrir en su vivienda.
Al vivir en una zona vulnerable cerca del río Isabela, en Capotillo, ambas están expuestas, como muchos de sus vecinos, a la subida del cauce del río por las intensas lluvias. El agua suele entrar en grandes cantidades a su hogar, provocando daños en sus ajuares y hasta riesgo de ahogamiento para ella y sus hijos menores de edad.
Aunque de Los Santos está agradecido de tener un lugar seguro donde resguardarse, reconoce la frustración que siente por salir con prisas de su hogar y compartir con otros refugiados espacios comunes en el albergue.
“Estamos más o menos bien, pero no es fácil”, reconoce con resignación mientras contaba que solo carga con su colchón, algunas prendas y otras cosas que considera esenciales para pasar los días de lluvia.
Con tristeza recordó que dos años atrás lluvias parecidas le hicieron perder todos sus electrodomésticos y enseres, obligándola a vivir de la caridad de sus vecinos, quienes le prestaron algunas prendas de vestir y le brindaron asilo.
Ahora con Melissa, de Los Santos permanecerá en el refugio el tiempo necesario, pese a que no es del todo de su comodidad, en especial el uso del baño, que es compartido entre todos, sin mencionar la frecuente escasez de agua que enfrentan.

Ciudadanos toman medidas para la crecida del ríoRaúl Asencio
Sentimientos similares expresó Andreina al describir el incómodo traslado que ocupan ella y su hija cada que el río amenaza con crecer y entrar a su casa. Señaló que solo cuenta con un colchón y algunas prendas para refugiarse, pero admitió mantenerse preocupado por los enseres que abandonó, pues es común llegar a tener el agua hasta las caderas en el lugar donde vive.
“Uno tiene que salir con lo poco que tienen a mojarlos como quiera porque uno no va a mojarlos en el agua del río quizás, pero como quiera, en la lluvia”, expresó.
Cansada, afirmó que el año pasado tuvo que desalojar su hogar tres veces en el año por las constantes crecidas del río, pero sus piezas hogareñas sufrieron graves consecuencias.
“Yo me siento incómoda porque es un bobo (problema); uno tiene que estar troteando, cogiendo lucha, todo lo de uno rega’o”, reprochó.
Otros más, como Cándida Paulino, no se desplazan al albergue, pero deciden socorrerse de sus familiares cercanos mientras la tormenta pasa esperando sufrir el menor de los daños en sus espacios.
Albergue El Túnel
El lugar de resguardo está conformado principalmente por dos aulas que fueron adecuadas para recibir a las personas, varias camas que compartirán entre sí, algunas neveras pequeñas para refrigerar los alimentos suministrados por el ayuntamiento municipal y las demás pertenencias de los otros albergados.
Con un conteo hasta escrito esta nota de 30 personas albergadas, el oficial de albergue del Distrito Nacional, Rafael Rosario, explicó que la población se encuentra concientizada ante estas situaciones de riesgo y desde tempranas horas fueron evacuadas para refugiarlas.
Al momento de devolverlos a sus hogares, la Defensa Civil junto con los bomberos asean los hogares y revisan las estructuras para asegurar que todo esté bajo control.
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