
3 de marzo de 2026: columna de humo tras un ataque aéreo estadounidense-israelí cerca de la Torre Azadi (Libertad), en el centro de Teherán.Imagen: Hamid Vakili/Parspix/ABACAPRESS/IMAGO
En la contienda contra Estados Unidos e Israel, Irán depende en gran medida de sí mismo. El régimen de Teherán confía principalmente en sus propios sistemas de misiles y drones, y no está dispuesto a capitular.
A diferencia de Estados Unidos, Irán se ha preparado para una guerra larga, dijo Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, en el tercer día del enfrentamiento que tiene a Irán por un lado y a Israel y Estados Unidos por el otro. Larijani repite así lo que otros (aún) funcionarios de la República Islámica vienen anunciando desde el primer ataque: “Nos defenderemos, cueste lo que cueste”.
Desde el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel llevan a cabo una ofensiva militar coordinada y masiva contra Irán. Los ataques se dirigen específicamente contra líderes políticos, así como contra instalaciones militares y gubernamentales.
Irán responde con ataques de misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en los países vecinos del Golfo Pérsico. Según el almirante Brad Cooper, jefe del Mando Regional de Estados Unidos para Oriente Medio (Centcom), hasta el miércoles 4 de marzo Irán había lanzado más de 500 misiles balísticos y más de 2.000 drones.
“No sabemos exactamente cuántos misiles balísticos y drones posee realmente Irán”, comenta a DW un experto en armamento que prefiere permanecer en el anonimato. Al mismo tiempo, reafirma una tesis que se debate entre especialistas militares desde el comienzo de la guerra: si Irán no hubiera atacado a Israel con cientos de misiles en octubre de 2024, en represalia por el asesinato del líder de Hamás, Ismail Haniyeh, en Teherán, no habría abierto la caja de Pandora para sí mismo.
Con aquel ataque, Irán reveló la debilidad de su programa de misiles de largo alcance, porque estos no pudieron alcanzar sus objetivos con precisión. De esta manera, su arsenal perdió potencial disuasorio y además se esfumó el umbral psicológico que supone una confrontación directa.

Logística y producción de misiles y drones
Al comienzo de la guerra, el ejército israelí estimaba que Irán disponía de unos 2.500 misiles balísticos. Aparte de los ya lanzados por Irán, es probable que el arsenal se haya reducido debido a que, desde entonces, muchos otros han sido destruidos o sepultados en sus túneles de almacenamiento durante los bombardeos de Israel y EE. UU.
Las imágenes satelitales que circulan muestran ataques a bases de misiles en las ciudades de Kermanshah, Karaj, Khorramabad y Tabriz Norte. Pueden verse entradas a túneles de arsenales subterráneos completamente derrumbadas. Lo que se desconoce es cuántos misiles fueron extraidos de estos almacenes antes del conflicto y cuántos lanzamisiles quedan aún disponibles.
Por otro lado, se cree que Irán puede reaccionar con flexibilidad en cuanto al ritmo de producción de drones. Las instalaciones utilizadas para su fabricación no son grandes ni fácilmente visibles. Según documentos rusos filtrados, Teherán puede producir alrededor de 5.000 drones al mes. Los aparatos pueden lanzarse desde una sencilla estructura que se construye en pocas horas. La fabricación de uno de estos drones, llamados Shahed, le cuesta a Irán varios miles de dólares, mientras que un misil interceptor Patriot cuesta hasta unos tres millones de dólares por unidad.
Según un análisis del New York Times que se basa en imágenes satelitales y videos verificados, Irán ha dañado en los últimos días, con sus misiles de corto alcance y drones, estructuras que forman parte de los sistemas de comunicación y radar de al menos siete bases militares estadounidenses en Oriente Medio o en sus proximidades. Los ataques a estas ubicaciones indican que Irán quería interferir en la capacidad de comunicación y coordinación del ejército estadounidense.

Consecuencias para la población y la región
“Irán intentará prolongar la guerra y ganar tiempo”, comenta a DW Fawaz Gerges, profesor de Relaciones Internacionales en la London School of Economics.
“Los líderes iraníes han tenido tiempo de planificar y coordinar sus acciones. Creo que se están preparando para una guerra larga”. El objetivo principal del régimen iraní es, en esencia, la resiliencia, es decir, la capacidad de resistir los impactos y seguir plantándoles cara.
El costo de la guerra lo soporta la población iraní, que está indefensa ante los ataques. Aunque Estados Unidos e Israel afirman que están llevando a cabo ataques selectivos, es casi imposible evitar daños colaterales importantes en ciudades densamente pobladas.
Según datos iraníes, ya el primer día fue alcanzada una escuela primaria en la ciudad de Minab, en el sur del país. Los medios de comunicación estatales iraníes mostraron el martes imágenes de entierros masivos de 168 niños de entre siete y doce años, así como de sus profesores. Israel ha negado haber atacado la escuela, situada a unos 40 kilómetros del golfo de Omán, mientras que Estados Unidos anunció que investigaría el incidente.
(mn/ms)
Incertidumbre sobre el futuro de Irán: riesgos y escenarios
El futuro de Irán es completamente incierto y depende, en gran medida, del desarrollo de la guerra. ¿Qué opciones políticas vislumbran los expertos para el país?

Después del asesinato del líder supremo iraní, Alí Jamenei, el régimen iraní sigue plenamente operativo, por reina total incertidumbre sobre si Estados Unidos e Israel lograrán sus objetivos bélicos. ¿Qué escenarios se vislumbran para Irán tras el conflicto?
Luego de asesinar a Jamenei, Estados Unidos estaría satisfecho si pudiese elegir al líder sucesor iraní. Donald Trump declaró al New York Times que tenía “tres muy buenas opciones” en mente. En Venezuela, Estados Unidos cambió la cúpula sin alterar la estructura del sistema. A principios de enero de 2026, fuerzas especiales secuestraron al líder venezolano, Nicolás Maduro, y llegaron a un acuerdo político con su exvicepresidenta, Delcy Rodríguez. “Lo que hicimos en Venezuela es el escenario perfecto”, dijo Trump, refiriéndose a Irán.
El experto en Irán Cornelius Adebahr, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, comentó en la emisora pública ARD que Irán podría utilizar la búsqueda de un sucesor para construir un nuevo régimen de liderazgo basado en la Guardia Revolucionaria como motor y entablar nuevas relaciones con EE. UU. “Este es un escenario como en Venezuela. Simplemente se cambia a la cúpula y, al final, hay muchos menos cambios de los que se esperaban inicialmente”.
En la misma entrevista con el New York Times, Trump también reiteró la posibilidad de que el pueblo iraní se manifieste para exigir un cambio sistémico más profundo.
Pregunta clave: ¿qué será de la cúpula iraní?
Que el régimen de Irán caiga también es una posibilidad concebible, según Peyman Asadzade, del Centro Belfer de la Escuela Kennedy de Harvard (EE. UU.). El experto habla de “continuidad recalibrada”.
Esto ocurriría si la llamada Asamblea de Expertos nombrara a un pragmático como sucesor de Jamenei. “Las prioridades internas residirían en la reconstrucción económica, la estabilización y las reformas políticas, mientras que la política exterior se orientaría hacia la desescalada”.
“Un rumbo pragmático para un liderazgo de posguerra en Teherán tendría como objetivo reducir las tensiones con EE. UU. y, de esta manera, facilitar la ayuda económica a millones de iraníes”, explica a DW Burcu Ozcelik, experta en Oriente Medio del centro de estudios británico sobre seguridad RUSI. “Esto podría, a su vez, allanar el camino para una fase de recuperación más estable y muy necesaria”, comenta Ozcelik a DW.
Como tercera posibilidad, Asadzade también describe la opción de que el sistema actual se aglutine en torno a un partido de línea dura más conservador e incluso refuerce su ideología actual.
Julian Borger, corresponsal del periódico británico The Guardian, describe este temor: “Tras repetidos ataques, los miembros supervivientes de la cúpula podrían concluir que una bomba nuclear es la única garantía de supervivencia. Podrían reprimir a la oposición con una brutalidad cada vez mayor, y el régimen podría parecerse cada vez más a Corea del Norte: aislado, paranoico y con armas nucleares”.
¿Cuánta democracia es posible?
Reza Pahlavi, hijo del sha derrocado durante la Revolución Islámica de 1979, ha afirmado repetidamente que no busca el retorno de la monarquía, sino la democratización de Irán. Pahlavi no está exento de controversia, pero, aun así, las miradas se posaron en él durante las protestas contra el régimen, en enero de 2026.
Pahlavi ha elaborado planes serios sobre cómo gestionar una transición, escriben Mark Dubowitz y Ben Cohen, de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), con sede en Estados Unidos, pero “Irán no es un monolito, sino un mosaico, formado por azerbaiyanos, kurdos, árabes, baluchis y otros grupos étnicos”.

¿Podría aumentar la violencia en Irán después de la guerra?
Burcu Ozcelik cree que un escenario posible es que la Guardia Revolucionaria se enfrente a una creciente resistencia interna a su sistema clientelar elitista. “Esto podría manifestarse en fracturas institucionales más profundas. Una posibilidad es una creciente división entre la Guardia Revolucionaria y el Ejército convencional”.
Al menos en teoría, es concebible un escenario en el que el Ejército y la Guardia Revolucionaria puedan acabar en bandos políticos opuestos. En ese caso, ni siquiera se podría descartar una guerra civil como la que se ha librado en Sudán durante casi tres años. Además, la mencionada diversidad étnica de Irán también podría volverse peligrosa para la seguridad nacional si diversos grupos separatistas intentan explotar el vacío de poder en su propio beneficio.
(rmr/ms)
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