
El presidente Donald Trump ha revivido y ampliado la Doctrina Monroe, de 1823.Imagen: Andrew Caballero-Reynolds/AFP/Getty Images
Con el argumento de combatir la migración ilegal y el crimen organizado transnacional, el Gobierno de Trump busca restaurar el dominio de EE.UU. en América Latina. ¿Qué les espera a los países de la región?
En su nueva estrategia de seguridad nacional y política exterior, Washington ha plasmado en blanco y negro su postura de cara a América Latina.
Si bien muchas de las medidas que el presidente Donald Trump tomó en los primeros diez meses de su Gobierno anticipaban el tono del documento, la mención explícita de las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos en América agita el tablero latinoamericano.
Aparte de revivir la Doctrina Monroe, de 1823, con la que Washington justificó su aspiración a convertirse en la principal potencia del hemisferio occidental, el Gobierno de Donald Trump expresa su rechazo a cualquier tipo de injerencia por parte de “competidores no hemisféricos”, refiriéndose especialmente a China, Rusia e Irán.
El regreso al “patio trasero”
“La estrategia de seguridad de Trump se proyecta sobre un ciclo de más de dos décadas en el que la atención de Washington hacia América Latina fue intermitente. El 11 de septiembre de 2001 marcó el quiebre: la agenda estadounidense se concentró casi por completo en Medio Oriente y la región quedó relegada”, dice Guillermo García, consejero coordinador del Grupo de Comunicación y Política Exterior del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).
“Guste o no, Trump es el primer presidente estadounidense que retoma una mirada estratégica hacia el sur del Río Bravo con un enfoque explícito y sostenido”, apunta García, en declaraciones a DW.
Militarización e intervención
También Michael Shifter, experto en política latinoamericana y profesor adjunto en la escuela de estudios internacionales de la Universidad de Georgetown, reconoce que “América Latina está más en el radar de Trump que nunca”.
Sin embargo, hace hincapié en que la estrategia de seguridad del presidente norteamericano -que algunos medios han llegado a bautizar como “Doctrina Donroe”- “consiste en gran medida en una mezcla impredecible de instinto, resentimiento y ego”.
“No está definida por intereses nacionales o estratégicos, a diferencia de administraciones anteriores, incluyendo el primer Gobierno de Trump”, sostiene Shifter, expresidente del centro de pensamiento estadounidense Diálogo Interamericano.
En entrevista con DW, el académico resume las consecuencias más palpables de la estrategia de seguridad para la región: una creciente “militarización y la intervención en procesos nacionales electorales o judiciales, como ha sido evidente en los casos de Brasil, Argentina y Honduras”.
Amenazas transfronterizas
Otros temas centrales del documento, publicado el 5 de diciembre de 2025, son la migración, el crimen organizado y la influencia de poderes extra hemisféricos.
“La era de la migración masiva debe terminar. La seguridad fronteriza es el elemento principal de la seguridad nacional. Debemos proteger a nuestro país de la invasión, no solo de la migración descontrolada, sino también de amenazas transfronterizas como el terrorismo, las drogas, el espionaje y la trata de personas”, reza el texto de la estrategia de seguridad.
“Sistema de castigos y premios”
Para Michael Shifter, es importante señalar que, “por primera vez en muchos años, el concepto de la democracia no aparece en la agenda de Washington para América Latina, lo que significa, en la práctica, ‘luz verde’ para líderes más autoritarios”.
“Trump busca expandir el número de socios en la región”, prosigue, “pero no a través de valores e intereses comunes, sino por medio de presión y un sistema de castigos y premios”.
A juicio de Maureen Meyer, vicepresidenta para programas de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés), la “Doctrina Donroe” demuestra que “al Gobierno de Trump no le interesa promover la democracia ni los derechos humanos o trabajar con otros países para enfrentar temas globales, como la pobreza o el cambio climático”.
En entrevista con DW, la experta en derechos humanos asegura que “solo actuará basado en lo que afecte y beneficie a los intereses estadounidenses”.
Asimismo, Meyer teme que Washington retire su apoyo a muchas organizaciones de derechos humanos, periodistas independientes y otros actores que trabajan para fortalecer el Estado de derecho en América Latina.

Una respuesta diversa
Debido a la fuerte fragmentación de la región, la respuesta de sus países promete ser diversa y “dependerá de una serie de factores, como la naturaleza de los líderes, su orientación política, los intereses y capacidades de distintos países, su dependencia de EE. UU. y los vínculos económicos y políticos con otros socios globales”, observa Michael Shifter.
Así, por ejemplo, el exportavoz de la Cancillería argentina Guillermo García cree que algunos gobiernos de la región observan con atención la diplomacia entre Trump y el presidente argentino, Javier Milei, para ver “si ese acercamiento se traduce en crecimiento, inversión y mayor previsibilidad; de esos resultados dependerá en buena medida la reconfiguración de los alineamientos en el hemisferio”.
Brasil, por su parte, “continuará impulsando los BRICS -que hoy incluyen, además de China y Rusia, a Irán- como instrumento para ampliar su margen de maniobra”, prosigue el experto del CARI.
Países como México, en cambio, no parecieran tener muchas opciones que asumir una postura pragmática con Trump, debido a sus profundos lazos con EE. UU.
Puesto que la nueva estrategia de seguridad de Washington define como gobiernos aliados a aquellos que cooperan para “controlar la migración, detener el tráfico de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar”, entran en esa categoría Argentina, El Salvador, la República Dominicana, Paraguay, Perú, Ecuador e incluso Guatemala, señala Maureen Meyer, de WOLA.
Los Gobiernos autoritarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela son considerados enemigos. Según la entrevistada, dependiendo de los resultados finales de las elecciones en Honduras, también el nuevo Gobierno de ese país podría ser considerado enemigo, en caso de que no sea declarado vencedor Nasry Asfura, el candidato preferido de Donald Trump.
(ms)
De Monroe a Trump: la presión de EE.UU. sobre América Latina
2 de diciembre de 2025
La llegada del portaaviones Gerald Ford al Caribe revive la “América para los estadounidenses” de la “Doctrina Monroe” dos siglos después.

Cuando a mediados de noviembre de 2025 el portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford llegó al Caribe, portaba consigo dos siglos de historia de presión de EE.UU. sobre América Latina.
Desde la llamada “Doctrina Monroe” de 1823 hasta la operación “Lanza del Sur” de 2025, la postura intervencionista estadounidense ha cambiado de rostro. Antes, la llamada “diplomacia de las cañoneras” buscaba dejar claro que una guerra podía desatarse al más mínimo gesto de resistencia.
Hoy en día, el despliegue del portaaviones, con sus miles de soldados a bordo, se desarrolla en una zona gris, en la que el poder naval tradicional se integra en un conjunto más amplio de herramientas, comenta a DW el historiador Stefan Rinke, del Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín. Es una forma de presión más indirecta y respaldada por un marco legal.
“Estados Unidos enmarca cada vez más sus despliegues como una estrategia para combatir las drogas, el crimen organizado, el terrorismo y proteger las rutas marítimas, combinando estas operaciones con sanciones, presión financiera, aislamiento diplomático y campañas de información que deslegitiman a regímenes adversarios, como el de Venezuela“, afirma Rinke.

La llegada del USS Gerald R. Ford se interpreta como un gesto político en medio de una escalada de tensión sin precedentes con Venezuela.
“Envía un mensaje a Caracas y al resto de la región: que Estados Unidos, una vez más, está dispuesto a utilizar todo el poder de su fuerza militar para garantizar que su voluntad prevalezca en todo el continente”, dice a DW Elizabeth Dickinson, analista sénior del centro independiente de investigación International Crisis Group, con sede en Colombia.
La “Doctrina Monroe”, replanteada
Este enfoque evoca los diversos instrumentos del poder estadounidense empleados en la región a lo largo del tiempo. Al avanzar sobre el Golfo de México, el mar Caribe y el Canal de Panamá, Donald Trump renueva la idea de “América para los estadounidenses”, el famoso resumen de la “Doctrina Monroe”, que guió la política exterior del presidente James Monroe (1817-1825).
En el siglo XIX, el objetivo era liberar al continente de Europa. Ahora, según el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, el peligro declarado es China. En una entrevista en abril, Hegseth afirmó que Washington recuperará su “patio trasero”, aludiendo a Latinoamérica, de la influencia de Pekín.
De las “guerras bananeras” a la política de “buena vecindad”
La política exterior de Monroe consideraba el Caribe desde una perspectiva estratégica. En 1898, tras la guerra hispano-estadounidense, España se vio obligada a renunciar a sus reivindicaciones sobre Cuba y a ceder la soberanía sobre Puerto Rico.
La victoria otorgó prestigio a Washington y, según el Departamento de Estado del país del norte, “consolidó la posición de Estados Unidos como potencia en el Pacífico”. A partir de ahí, se desató una ola de ocupaciones e intervenciones militares para controlar los Gobiernos y las rutas marítimas del Caribe, que se extendió hasta 1934 y afectó a países como Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana y Honduras.
Durante el período conocido como “guerras bananeras”, los estadounidenses comenzaron a controlar aduanas, bancos nacionales y gobiernos enteros con el pretexto de garantizar el pago de la deuda externa y proteger empresas estadounidenses, como la United Fruit Company.
Estas acciones estaban fuertemente arraigadas en el llamado “Corolario Roosevelt”, una revisión de la “Doctrina Monroe”, lanzada en 1904 por el presidente republicano Theodore Roosevelt para justificar las intervenciones. “Todo lo que este país desea es ver a sus países vecinos estables, ordenados y prósperos”, declaró Roosevelt, pero el “desestabilizamiento general de la sociedad civilizada” podría obligar a Estados Unidos, “aunque a regañadientes”, a ejercer un “poder policial internacional”, declaró el presidente en un discurso histórico ante el Congreso.
Roosevelt invocó con frecuencia el principio de “hablar suave y llevar un garrote grande” para llegar lejos. En 1903, cuando ya dirigía la Casa Blanca, aplicó esta lógica al promover la separación de Panamá de Colombia.
Guerra Fría y operaciones encubiertas
En 1933, otro presidente estadounidense, Franklin Roosevelt (1933-1945), impulsó la política de “buena vecindad”, que ponía fin formalmente a la diplomacia de las cañoneras y renunciaba a la ocupación directa. Las operaciones en la región adquirieron la categoría de apoyo logístico y patrullaje.
Según el historiador Stefan Rinke, durante la Guerra Fría los recursos navales se redirigieron para contener el comunismo, ofreciendo apoyo y cobertura para golpes de Estado, bloqueos y acciones de contrainsurgencia. El punto álgido se produjo en 1962, durante la Crisis de los Misiles de Cuba, cuando Estados Unidos desplegó una cuarentena de buques alrededor de Cuba como demostración de fuerza ante la amenaza nuclear rusa en la región.

La CIA también llevó a cabo operaciones encubiertas en Latinoamérica, respaldando golpes de Estado en Guatemala y Chile.
En 2008, la reactivación de la Cuarta Flota estadounidense para patrullar los mares de América Latina fue mal recibida por líderes de diversos espectros políticos en Brasil y el Mercosur.
“Los Gobiernos latinoamericanos percibieron un renovado activismo naval estadounidense en el Atlántico Sur y el Caribe, precisamente cuando los recursos marinos y los Gobiernos de centroizquierda cobraban importancia”, señala Rinke.
En respuesta a las críticas, cinco años después, el secretario de Estado de Barack Obama, John Kerry, declaró ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) que “la era de la ‘Doctrina Monroe’ ha terminado”.
Pero este enfoque no duró mucho, ya que la nueva administración Trump renovó la “América para los estadounidenses” de Monroe, en lo que el New York Post denominó la “Doctrina Donroe”.
Nueva lógica de seguridad en América Latina
Para Elizabeth Dickinson, de International Crisis Group, la magnitud de la operación “Lanza del Sur” ha conmocionado a toda la región. “Nos encontramos en un momento de máxima presión. Se trata de un tipo de despliegue y una presencia militar estadounidense visible que la región no ha visto en décadas, desde que escapó de muchas de las dictaduras militares de las décadas de 1970 y 1980”, subraya.
Esta nueva lógica difiere de una guerra marítima híbrida, pero su resultado es similar. Las prácticas más recientes hacen que amenazas no tradicionales o no militarizadas, como las drogas, la pesca ilegal y la migración, se consideren un problema militar.
“Al mismo tiempo, los Gobiernos que se perciben como objetivos (Venezuela, Cuba, Nicaragua) interpretan los movimientos navales estadounidenses como amenazas existenciales, lo que refuerza las tendencias autoritarias, acerca a socios extrahemisféricos como Rusia, Irán y China, e intensifica las divisiones ideológicas dentro del complejo regional”.
(ms/cp)
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