Colombia: el desafío de gobernar tras Gustavo Petro/ Petro se despide: críticas, polarización y apoyo ciudadano

De izquierda a derecha, los tres candidatos con mayores posibilidades de llegar a la presidencia de Colombia: Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.Imagen: Fernando Vergara/AP Photo/picture alliance/Sebastian Barros/NurPhoto/picture alliance/Luis Acosta/AFP

Maricel Drazer

23 de mayo de 2026

Quien suceda a Gustavo Petro enfrentará una Colombia marcada por la inseguridad, la polarización y la crisis fiscal.

“Quien gane la presidencia no podrá gobernar sin ceder poder”. Con esa advertencia, Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, describe a Deutsche Welle el escenario que enfrentará el próximo presidente de Colombiaun país polarizado, con deterioro de la seguridad, crisis fiscal y un Congreso fragmentado.

Con la campaña entrando en su tramo final, tres candidatos concentran las mayores probabilidades de llegar al poder: Iván Cepeda, del izquierdista Pacto Histórico y heredero político de Gustavo Petro; Paloma Valencia, senadora uribista y representante de la derecha tradicional; y Abelardo de la Espriella, abogado y empresario de ultraderecha que busca capitalizar el voto de descontento.

Ninguno, sin embargo, parece cerca de ganar en primera vuelta. “Es altamente improbable que un candidato alcance 12 millones de votos”, dice Guzmán a DW. Por eso, el escenario más probable sigue siendo un balotaje, posiblemente entre Cepeda y un candidato de la derecha.

Sin luna de miel

El próximo gobierno tampoco tendrá demasiado tiempo para acomodarse. “El entorno doméstico se asemeja a una policrisis y el gobierno no tendrá luna de miel, sino expectativas de mejoras inmediatas, algo que nadie puede realmente cumplir”, sostiene el director de Colombia Risk Analysis.

A quien llegue a la Casa de Nariño le espera además un escenario complejo: crecimiento económico moderado, profundas desigualdades sociales y un clima político cada vez más tensionado, señala a DW Ricardo García Duarte, politólogo y exrector de la Universidad Distrital de Bogotá.

“En Colombia no siempre coinciden el color ideológico del Gobierno y las mayorías parlamentarias”, explica. Por eso, subraya, será muy necesaria “la capacidad para la construcción de consensos”.

En ese contexto, el enfoque frente a la seguridad y los diálogos de paz también variaría según quién llegue al poder.

Modelos en pugna

“Si gana la derecha, se espera un giro hacia la confrontación militar y el abandono de diálogos. Si gana la izquierda, tendrá un enfoque más pragmático frente a los diálogos de paz”, agregó Guzmán.

Cepeda representa justamente la continuidad —aunque con ajustes— del proyecto político iniciado por Petro. El senador y defensor de derechos humanos ha participado en distintos procesos de negociación con grupos armados y promete profundizar reformas sociales impulsadas por la izquierda.

Pero, según Viviana García Pinzón, investigadora bogotana del Arnold-Bergstraesser-Institutde Friburgo, enfrentaría enormes limitaciones. “El desafío para Cepeda es cómo continuar esa agenda amplia de reformas en un contexto donde las finanzas públicas están deterioradas y crece la inseguridad”, comenta a DW.

Desde la derecha tradicional, Paloma Valencia promete recuperar el legado político del expresidente Álvaro Uribe. La senadora del Centro Democrático propone endurecer la política de seguridad y revertir parte de las reformas impulsadas tanto por Petro como por el acuerdo de paz con las FARC.

Sin embargo, García Pinzón advierte que el uribismo ya no tiene la capacidad de imponer su agenda legislativa como en el pasado. “Muchas de las reformas que quiere implementar requieren una mayoría en el Congreso que hoy no tiene”, sostiene.

Colombia atraviesa una campaña electoral marcada por el desgaste político y las demandas sociales. (Foto de archivo)Imagen: Chepa Beltran/Zuma/IMAGO

El fenómeno más disruptivo de esta campaña es quizá Abelardo de la Espriella. El abogado y empresario, conocido por casos judiciales de gran repercusión mediática y por sus posiciones ultraconservadoras, busca capitalizar el malestar ciudadano con discursos de “mano dura”, nacionalismo y defensa de la familia.

Pero su principal debilidad podría ser justamente la falta de estructura política. “No tiene una base partidaria o de movimiento social que lo respalde”, señala García Pinzón, quien prevé fuertes choques entre un eventual gobierno suyo y el Congreso.

“Va a tener que hacer muchas alianzas con distintos partidos y seguramente enfrentará una oposición férrea”, dice la investigadora. A eso se suma, según advirtió, el riesgo de “una creciente militarización” que “puede llevar a un escalamiento de distintas formas de violencia y conflicto”.

¿Un plan económico de choque?

La economía tampoco ofrece margen de error. “El próximo gobierno no podrá eludir la crisis fiscal”, alerta Guzmán a DW. Según cifras de Colombia Risk Analysis, la deuda fiscal ronda el 65 por ciento del PIB y es “altamente probable” que el nuevo presidente deba lanzar “un plan económico de choque” en sus primeros 100 días, incluida una reforma tributaria.

Más allá de quién gane, los analistas coinciden en que el próximo presidente heredará un país atravesado por tensiones acumuladas: violencia persistente, desconfianza institucional, polarización política y crecientes demandas sociales. Todo ello, además, con un margen de maniobra cada vez más estrecho. El próximo mandatario no recibirá un cheque en blanco, sino un país cansado y con poca paciencia.

(ms)

Petro se despide: críticas, polarización y apoyo ciudadano

Maricel Drazer

22 de mayo de 2026

El presidente colombiano llega al final de su mandato entre críticas por seguridad y gobernabilidad, pero también con apoyo ciudadano y el reconocimiento de haber abierto una alternativa política inédita en el país.

Petro llega al final de su mandato en medio de una sociedad fuertemente polarizada.Imagen: Jorge Londono/LongVisual/ZUMA/picture alliance

A poco más de una semana de las próximas elecciones presidenciales en ColombiaGustavo Petro, del Pacto Histórico, se acerca al final de su mandato con un balance marcado tanto por reformas impulsadas, como por fuertes cuestionamientos en seguridad y gobernabilidad.

Mientras sus críticos consideran que su gestión estuvo marcada por el deterioro de la seguridad y la confrontación política, otros destacan que el primer gobierno de izquierda del país abrió debates inéditos y representó una alternativa frente a décadas de dominio político de alternancia entre liberales y conservadores.

“Creo que el Gobierno de Gustavo Petro tiene claros y oscuros, pero, en el balance, son más las cosas que generan preocupación que las que se pueden aplaudir”, comenta a Deutsche Welle Leopoldo Fergusson, profesor titular de la Universidad de los Andes.

Según el académico, Petro comenzó su mandato con una estrategia relativamente pragmática y logró construir acuerdos con distintos sectores políticos. Sin embargo, considera que el clima político se deterioró con el tiempo. “El país se fue polarizando, poco a poco, fue más difícil sacar iniciativas dentro del Congreso”, destaca.

Aun así, el economista reconoce algunos avances. Entre ellos, menciona la reforma tributaria, con “componentes interesantes y positivos”, la aprobación de la reforma pensional y la decisión de desmontar gradualmente los subsidios a la gasolina, una medida que califica de “valiente”.

Más críticas despierta, en cambio, la política sanitaria. “La salud es uno de los problemas más graves del gobierno Petro”, afirma. También considera que el clima de confrontación entre el Gobierno y sectores empresariales terminó afectando la inversión y la confianza económica en el país.

La paz total

Uno de los puntos más sensibles del balance del Gobierno es la seguridad y la llamada política de “paz total”, una de las principales apuestas de Petro para negociar simultáneamente con grupos armados y organizaciones criminales.

Noviembre de 2024: manifestantes protestan en Bogotá contra las reformas impulsadas por el presidente Gustavo Petro.Imagen: Alejandro Martinez/AFP via Getty Images

Para Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch, consultada por DW, el balance en esta materia es “muy malo, con gravísimos costos humanitarios para la población civil”.

Según datos oficiales del Ministerio de Defensa y de la Defensoría del Pueblo de Colombia citados por Goebertus, entre 2022 y 2025 el secuestro aumentó un 191 por ciento, el reclutamiento de menores un 277 por ciento, el desplazamiento forzado un 15 por ciento, el confinamiento un 51 por ciento y los homicidios un 1,4 por ciento.

Los territorios más afectados fueron, según la experta, aquellos en disputa entre grupos armados y organizaciones criminales, como Cauca, Catatumbo, Guaviare y Caquetá. En otras regiones, añade, se ha producido una consolidación del control territorial de grupos ilegales.

Goebertus, nacida en la capital colombiana, atribuye este deterioro a “la ausencia de una política de seguridad y justicia efectiva”, a los “efectos no deseados” de la política de paz total y a los retrasos en la implementación del acuerdo de paz de 2016. “La combinación de esos factores generó el caldo de cultivo perfecto para que los grupos armados y de crimen organizado afianzaran su control social y territorial”, subraya.

Una visión similar comparte Glaeldys González Calanche, experta en la región andina de International Crisis Group. Según explica a DW, “uno de los principales problemas del gobierno Petro fue la débil coordinación entre la agenda de paz y la estrategia de seguridad”.

“En el último año, el Gobierno intentó corregir el rumbo con más operaciones ofensivas e incluso retomó tácticas controvertidas como los bombardeos. Pero la reacción llegó tarde”, señala a DW.

Y agrega, basándose en cifras de la Fundación Ideas para la Paz: “Para 2025, los grupos armados y criminales ya habían ampliado su presencia territorial y sumaban alrededor de 27.000 integrantes, unos 5.000 más que el año anterior”.

Una mirada distinta para Colombia

Con todo, otros analistas tienen una visión menos crítica del Gobierno del mandatario saliente. Para Enrique Patiño, uno de los principales legados de Petro es haber introducido una alternativa distinta en un país históricamente dominado por los mismos sectores.

Pese al desgaste político, Petro mantiene además niveles importantes de respaldo ciudadano. Según una encuesta de Guarumo y EcoAnalítica publicada en mayo de 2026, la percepción positiva de su Gobierno se ubica en el 45,3 por ciento, a poco más de dos meses del fin de su mandato.

Patiño, originario de Santa Marta, considera que, a pesar de las dificultades y de la fuerte oposición política, el Gobierno sí deja algunos cambios relevantes, especialmente en materia de derechos humanos y en la imagen internacional de Colombia. Durante el mandato de Petro hubo, sin embargo, fuertes desencuentros con Donald Trump y recientes tensiones diplomáticas con países de la región, como Ecuador y Bolivia.

En el plano económico, Patiño también destaca algunos avances, aunque reconoce que muchas de las transformaciones prometidas no llegaron a concretarse. “El país siempre había votado entre dos partidos políticos tradicionales que se turnaban el poder sin propuestas realmente diferenciadoras”, dice a Deutsche Welle. Y agrega: “El actual Gobierno de Colombia ha permitido tener una opción distinta, algo que el país nunca había tenido”.

(ms)

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