Hombre secuestrado en Boca Chica fue hallado calcinado dentro de un vehículo en Juan Dolio/ Del silencio a la denuncia: la otra cara de la violencia contra la mujer en República Dominicana

Las investigaciones apuntan a una disputa por el control de puntos de venta de narcóticos en la zona, involucrando a una estructura criminal conocida como ‘Los Sanjuaneros’

Diario Libre

Santo Domingo – may. 23, 2026

Un hombre que había sido secuestrado en Boca Chica fue hallado calcinado dentro de un vehículo incendiado en Juan Dolio, provincia San Pedro de Macorís, informó este sábado la Policía Nacional.

La víctima fue identificada como Rolando de Jesús Rodríguez, de 33 años, conocido como “El Gordo”, cuyo cadáver fue encontrado dentro de un automóvil Daihatsu Mira, color gris, completamente quemado en una zona boscosa cercana al residencial Guavaberry, en el municipio de Juan Dolio.

De acuerdo con las investigaciones preliminares, Rodríguez fue secuestrado el pasado 21 de mayo en el sector Barrio Alto de Chavón, en Boca Chica, durante un tiroteo ocurrido en esa comunidad.

La Policía indicó que el hallazgo del cuerpo se produjo horas después del secuestro y que el caso continúa bajo investigación para determinar las circunstancias del crimen y dar con los responsables.Te puede interesar

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Entrega voluntaria

Este sábado se entregó de forma voluntaria Wander Erickson Soriano, alias “Campe”, señalado como uno de los presuntos participantes en el rapto y homicidio de Rodríguez.

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Soriano era activamente buscado por las autoridades y será puesto a disposición del Ministerio Público para los fines correspondientes, de acuerdo a la institución del orden.

  • El informe policial, Soriano habría actuado junto a Bernardino del Rosario de los Santos, alias “Nando El Sicario”, quien ya se encuentra bajo custodia.

Búsqueda de otros sospechosos

Asimismo, las autoridades mantienen la búsqueda de varios sospechosos identificados por los apodos de “Marquito La Fuga” y “El Guardia“, además de Roberto Antonio Jiménez Dirocie, alias “El Guapo”, quienes permanecen prófugos.

Las pesquisas apuntan a que el crimen estaría relacionado con disputas por el control de puntos de venta de drogas en la zona. De acuerdo con la Policía, los implicados formarían parte de una estructura de microtráfico conocida como “Los Sanjuaneros“, presuntamente dirigida por los hermanos Jiménez Dirocie.

La institución indicó que las investigaciones continúan para esclarecer las circunstancias del hecho y localizar a los demás involucrados, al tiempo que exhortó a los prófugos a entregarse por la vía que consideren pertinente para responder ante la justicia.

Apresan presunto implicado en muerte de joven hallado calcinado en Nagua

Medios Panorama 

Apresan presunto implicado en muerte de joven hallado calcinado en Nagua

Apresan presunto implicado en muerte de joven hallado calcinado en Nagua

Panorama Nacional._ Agentes de la Policía Nacional apresaron a uno de los presuntos implicados en la muerte de un joven cuyo cuerpo fue hallado calcinado en el sector Soldado Arriba, en Nagua. El detenido fue identificado como Maximinio José Ramos, alias “Rony”, de 23 años, residente en Río Mar.

El arresto fue ejecutado por miembros de la Dirección Central de Investigaciones Criminales (DICRIM) mediante una orden judicial emitida en el marco de las investigaciones. Las autoridades vinculan a Ramos con el homicidio de Romelvin Santos de los Santos, de 21 años, residente en Pueblo Nuevo.

De acuerdo con el informe preliminar, en el hecho también habría participado un hombre identificado solo como “Amadeo”, quien permanece prófugo. La Policía indicó que el crimen estaría relacionado con una supuesta deuda de 50 mil pesos vinculada al consumo de sustancias narcóticas.

El cuerpo de la víctima fue encontrado calcinado el pasado 19 de mayo en una zona apartada de Soldado Arriba. El Instituto Nacional de Ciencias Forenses determinó que la muerte fue causada por múltiples traumas contusos en el tórax, rostro y cráneo.

Del silencio a la denuncia: la otra cara de la violencia contra la mujer en República Dominicana

Las señales de violencia que el país todavía ignora

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Hay mujeres en República Dominicana que no están viviendo una separación. Están intentando escapar.

Escapar de llamadas constantes, de persecuciones, amenazas, vigilancia, insultos, agresiones y de ese miedo permanente que obliga a muchas a cambiar rutinas, cerrar redes sociales, abandonar hogares o mudarse varias veces intentando desaparecer de la vida de alguien que se niega a dejarlas en paz.

Mientras el país continúa estremecido por los feminicidios registrados en las últimas semanas, otro fenómeno comienza a hacerse visible con más fuerza: mujeres que están utilizando las redes sociales y los medios de comunicación para denunciar públicamente el infierno que viven antes de convertirse en una tragedia.

Y eso también dice mucho sobre el momento social que atraviesa el país.

Hace apenas unos días circuló el video de una mujer siendo agredida físicamente por su expareja en medio de una discusión. En otro caso, una joven denunció públicamente que había presentado cuatro querellas contra su expareja y que incluso se había visto obligada a mudarse en cuatro ocasiones para intentar protegerse del constante acoso y las amenazas.

Detrás de cada publicación de este tipo hay algo más profundo que un simple conflicto de pareja. Hay miedoDesesperación. Y, muchas veces, una sensación de que las víctimas necesitan dejar constancia pública de lo que están viviendo antes de que sea demasiado tarde.

Porque el feminicidio no comienza el día del asesinato. Comienza mucho antes.

Comienza cuando una mujer siente temor de caminar sola. Cuando cambia su número de teléfono constantemente. Cuando deja de frecuentar lugares por miedo a encontrarse con su agresor. Cuando normaliza conductas obsesivas que durante años la sociedad confundió con “amor intenso”, “celos” o “apego”.

Y ahí está una de las raíces más peligrosas del problema.

Durante décadas, muchas conductas violentas fueron minimizadas culturalmente. La insistencia enfermiza se romantizó. El control se disfrazó de protección. Los celos excesivos se interpretaron como muestras de amor. Mientras tanto, miles de mujeres aprendieron a convivir con señales de violencia que hoy siguen escalando hasta consecuencias fatales.

Por eso el debate no puede limitarse únicamente a contar feminicidios cada vez que ocurre una tragedia. El país necesita mirar el proceso completo: el acoso previo, las amenazas ignoradas, las denuncias acumuladas y el desgaste psicológico que viven las víctimas antes de llegar al extremo.

Las recientes declaraciones de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, y de la vicepresidenta Raquel Peña, reconociendo fallas en el sistema de protección, reflejan una realidad que durante mucho tiempo muchas mujeres denunciaron en silencio: no basta con poner una querella si la víctima continúa sintiéndose sola y vulnerable.

Y esa es quizás la parte más alarmante.

Hay mujeres con órdenes de alejamiento viviendo aterrorizadas. Mujeres que denuncian varias veces y aun así sienten que deben esconderse. Mujeres que continúan viendo a sus agresores actuar con absoluta libertad mientras ellas reorganizan sus vidas alrededor del miedo.

El sistema necesita actuar antes de la tragedia, no solamente reaccionar después de ella.

Eso implica fortalecer los mecanismos de seguimiento, dar respuestas más rápidas, evaluar los niveles de riesgo con mayor seriedad y garantizar protección efectiva para quienes denuncian. Pero también implica acompañamiento psicológico, educación emocional y una transformación cultural que deje de justificar comportamientos violentos bajo argumentos románticos o machistas.

Sin embargo, dentro de esta realidad dolorosa también hay una señal importante: las mujeres están hablando más.

La indignación colectiva que han provocado los feminicidios recientes parece estar impulsando a muchas víctimas a perderle el miedo al silencio. Hoy más mujeres están utilizando las plataformas digitales, los medios y las denuncias públicas para alertar sobre situaciones de violencia que antes permanecían ocultas dentro de cuatro paredes.

Y aunque las redes sociales no sustituyen el trabajo institucional, sí se han convertido en una herramienta de presión y visibilidad en una sociedad donde muchas víctimas sienten que solo siendo escuchadas públicamente logran generar respuestas.

El reto ahora es que esas voces no tengan que viralizarse para recibir atención.

Porque ninguna mujer debería sentir que necesita grabar un video, publicar una denuncia o advertir públicamente que teme por su vida para que el sistema actúe.

La violencia contra la mujer dejó hace tiempo de ser un asunto privado. Es una crisis social que está dejando heridas profundas en familias enteras y exponiendo las debilidades de un sistema que todavía llega tarde demasiadas veces.

Y quizá la pregunta más incómoda ya no es cuántos feminicidios más deberán ocurrir.

La verdadera pregunta es cuántas denuncias, cuántas alertas y cuántos gritos de auxilio necesita todavía el país para entender que el peligro comienza mucho antes de la muerte.

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