Santo Domingo.-El poder político tiene en República Dominicana cuatro vertientes muy bien definidas, una quinta todavía en busca de reconocimiento, y una sexta, la bastarda, de las que nos ocupamos hoy a propósito de la instalación de los gobiernos locales.

Acostumbrados a la valoración del Poder desde un punto de vista coercitivo, un vicio derivado de la efectividad de administraciones como la de Ulises Heureaux, Lilís; Ramón Cáceres, Mon; Los Americanos, la intervención de 1916—24; la Gran Dictadura, Trujillo, y el Balaguer de los Doce Años, valoramos pobremente hechos como el de hoy, 24 de abril, con la renovación de los gobiernos locales que tiene lugar en todo el país.

Es la expresión más auténtica de la democracia electoral en el pueblo dominicano, con mandatarios al alcance de un saludo en las aceras, a quienes se les puede discutir una medida considerada inoportuna o la ausencia de otras, todo ello cuando participan en la inauguración de una obra municipal o cuando se desmontan de su vehículo para encaminarse a sus oficinas.

Ningún otro mandatario, de los muchos que tenemos, es accesible como el titular de una alcaldía o de un distrito municipal.

Esta manifestación de la democracia de un pueblo, de este pueblo, por auténtica, adolece de algunas flaquezas, como la ausencia de debates de los asuntos municipales, los cuales se limitan a las salas capitulares cuando la representación está dividida; la pobre valoración de los munícipes es otra debilidad a considerar.

En todo el país
Los cambios de mandos tienen lugar hoy en todo el país, y allí donde no cambia nada porque los municipios optaron por la reelección, se produce la reinstalación de las autoridades.

Estos gobiernos locales se encuentran distribuidos en la actualidad en 158 alcaldías y 235 distritos municipales, lo que implica la juramentación de los alcaldes respectivos, mil 164 regidores, 235 directores y 735 vocales.

Ciento veintidós (122) alcaldías fueron ganadas por el Partido Revolucionario Moderno, 16 por el Partido de la Liberación Dominicana, 7 por el Partido Reformista, 6 por Fuerza del Pueblo, 4 por Justicia Social y una por el Partido Revolucionario Dominicano.

Es, como se puede ver, la expresión más difusa del poder, particularmente cuando se le contrasta con otras formas un poco más concentradas en sus ámbitos, como la justicia o la formación de las leyes, y muy concentrada, como el Poder Ejecutivo, que para el sentido común es la expresión última del Estado por su capacidad coercitiva y por el Presupuesto Nacional, que en ocasiones puede ser usado como cachiporra o como tortol para orientar.

Ante necesidades, carencias o hechos que afectan a los munícipes, estos acostumbran a reclamar y esperar soluciones desde otras instancias públicas, como pueden serlo INAPA y CAASD, cuando se trata de agua; Obras Públicas, ante el deterioro de las vías, o su construcción, y las EDE o el Gobierno central para el alumbrado público.
Para los ayuntamientos, la basura, y en un segundo plano, el suelo para su uso, o los solares.

En cualquier parte del país, desde La Romana hasta Dajabón, de Samaná a Pedernales o desde Punta Cana a Elías Piña, entrega a los ayuntamientos una fracción del Presupuesto Nacional, que en unos casos inutiliza a estos gobiernos en el debido esfuerzo recaudatorio y siempre pone a los habitantes de un lugar a tributar para los de otro punto del país desde el punto de vista municipal.

Los cuatro poderes
Puestos a enumerar los poderes públicos, todos, o casi todos, podemos pasar con una calificación sobresaliente, veamos: Poder Legislativo, compuesto por diputados y senadores escogidos por elección directa cada cuatro años de manera ordinaria; Poder Ejecutivo, encabezado por Presidente y Vicepresidente en su condición de Jefe de Estado y de Gobierno, escogidos cada cuatro años; Poder Judicial, es ejercido por los tribunales, con la Suprema Corte de Justicia a la cabeza, formados por jueces de elección indirecta desde un punto de vista popular.

Los referidos en el párrafo anterior son los poderes clásicos, pero en la entrada de estas notas se hizo referencia a cuatro vertientes de poder y una quinta, la bastarda.

En el cuarto poder del Estado deben ser incluidos los Órganos Extrapoder, venidos a la vida pública con la Constitución de 2010, que los dotó de autonomía administrativa y presupuestaria según la letra.

Son seis órganos independientes entre sí y en relación con los tres clásicos: Junta Central Electoral, Tribunal Constitucional, Tribunal Superior Electoral, Defensor del Pueblo, Junta Monetaria—Banco Central, Cámara de Cuentas.

La quinta vertiente de esta estructura del poder la constituyen los ayuntamientos, que según la Constitución (199), “son personas jurídicas de derecho público, responsables de sus actuaciones, gozan de patrimonio propio, de autonomía presupuestaria, con potestad normativa, administrativa y de uso de suelo, fijadas de manera expresa por la ley y sujetas al poder de fiscalización de Estado y al control social de la ciudadanía…”.

Según la letra, es un poder total. Según los hechos, un apéndice del Poder Ejecutivo sin la solvencia económica que le permita brillar, sin capacidad coercitiva y sujeto a elección directa, que junto a una relación directa permanente con la gente le resta solemnidad.

La vertiente bastarda no es otra que la opinión pública, no siempre respetada, casi siempre manipulada desde las estructuras del poder político.

Cuando se piensa en la opinión pública como un poder se pone la mirada en “la prensa” por su consistencia en el tiempo, pero es apenas una golondrina.

Formalidad

— Inauguración
En la generalidad de los casos la constitución de las salas capitulares ha sido programada para las 7:30 de la mañana o alrededor de esa hora y a continuación, si todo fluye con normalidad, se produce el juramento del alcalde o director distrital.

La basura y las calles son urgencias
Atención. Las alcaldías cargan con un cerón muy pesado, lleno con calles cargadas de basura y en muchos casos en mal estado a pesar de que el país pasa por un proceso electoral, períodos en los que suelen ser atendidas las vías, con asfaltado y la higiene municipal.

Estos son dos de las herencias que desde hoy tendrán en sus manos los alcaldes y directores que toman posesión. Hay otra, menos visible, pero igual de lesiva: las deudas municipales.

Uno de los alcaldes salientes, Manuel Jiménez de Santo Domingo Este, afirmaba recientemente que entrega el ayuntamiento con una deuda disminuida.

Esta declaración orienta hacia una realidad en muchos ayuntamientos del país, que como el Estado, acumulan una deuda entre administraciones.

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