Más prosperidad, menos poder para las élites: los populistas prometen mucho. ¿Existen situaciones económicas que allanen el camino al poder a los populistas? ¿Y mejora la economía realmente tras las elecciones?

Donald Trump habla durante un evento electoral en los caucus de Iowa.
Donald Trump habla durante un evento electoral en Iowa.Imagen: Chip Somodevilla/AFP/Getty Images

El populismo se extiende por todo el mundo. Más de una cuarta parte de las naciones están gobernadas actualmente por populistas, afirma el economista Christoph Trebesch. Recep Tayyip Erdogan gobierna Turquía desde hace varios años, como Viktor Orbán en Hungría, y, recientemente, Javier Milei ha tomado las riendas en Argentina, mientras Donald Trump amenaza con volver al poder en Estados Unidos. El partido populista de ultraderecha AfD también está obteniendo cada vez más respaldo en Alemania.

Su receta para el éxito: los populistas suelen presentarse como defensores del pueblo en la lucha contra las llamadas élites. Prometen a la gente más prosperidad y el desempoderamiento de esas mismas élites.

Pero, ¿cómo es esto en la realidad? ¿Cumplen realmente los populistas lo que prometen? ¿Y qué influencia tiene la situación económica en que los populistas consigan llegar al poder?

Las crisis financieras como caldo de cultivo para los populistas

Cuando la economía va bien, a los populistas les es más difícil llegar al poder. Esta es una de las conclusiones de un estudio que Trebesch ha realizado junto con sus colegas economistas Moritz Schularick y Manuel Funke. En él, analizan los vínculos entre la economía y el populismo entre 1990 y 2020.

Las crisis financieras suelen ser una especie de chispa inicial del éxito electoral populista, afirma Trebesch, investigador del Instituto de Economía Mundial de Kiel. La narrativa populista de “el pueblo contra la élite” y “el fracaso de la élite” puede transmitirse de forma más creíble a la ciudadanía en esos momentos. La lógica subyacente: algo debe haber ido fundamentalmente mal en el sistema político actual y eso, por tanto, ha alimentado la crisis.

Un seguidor del presidente Trump en Georgia.
Donald Trump ganó las elecciones de 2016 con el lema “Make America great again”. Fue elegido mayormente por votantes de clase media que temían convertirse en “perdedores” en la sociedad.

Según esa misma lógica, los escándalos de corrupción proporcionan a los populistas un buen caldo de cultivo, afirma Trebesch. Silvio Berlusconi en Italia, por ejemplo, pudo beneficiarse de ello. La globalización también ayuda a los populistas. Se puede demostrar, según los analistas, que los populistas tienen más probabilidades de éxito en países especialmente afectados por la competencia china, y en aquellos donde las importaciones procedentes de China han provocado el hundimiento de industrias y la pérdida de puestos de trabajo.

Thieß Petersen, de la Fundación Bertelsmann, señala, además, que en las economías desarrolladas se puede demostrar empíricamente que los populistas llegan con más facilidad al poder cuando la gente sufre pérdidas salariales o pierde su empleo debido a un mayor uso del capital y la tecnología. El temor a tales efectos suele bastar por sí solo para impulsar a candidatos populistas, subraya Petersen.

Sin embargo, el populismo tiene muchas causas, y no puede explicarse únicamente por la evolución económica, añade. Los aspectos económicos pueden incluso no ser las razones más importantes.

Pérdida de prosperidad a largo plazo

Los populistas suelen incumplir sus promesas de traer más prosperidad a la sociedad una vez que han llegado al poder. Según Trebesch, no suele producirse un colapso directo de la economía a corto plazo tras su asunción del mando. A largo plazo, sin embargo, la economía empeora.

En término medio, el Producto Interior Bruto (PIB) cae diez puntos porcentuales 15 años después de que los populistas lleguen al poder, en comparación con economías similares que no están gobernadas por populistas. Así lo demuestra el estudio de Trebesch y sus colegas. “Esto también significa que el poder adquisitivo de la población disminuye”, subraya Trebesch, “y también vemos que la desigualdad no mejora”.

Situación económica bajo Donald Trump

Donald Trump también prometió mucho. Hasta la pandemia del coronavirus, en 2020, la economía no había marchado mucho mejor que bajo su predecesor, Barack Obama, indica el Centro Federal para la Educación Política (bpb), de Alemania. Mientras que la economía estadounidense creció una media del 2,4 por ciento con Obama (de 2014 a 2017), aumentó en un 2,5 por ciento en los tres primeros años de Trump.

Obama logró reducir el déficit presupuestario, de algo menos del 10 por ciento en 2009 al 3,1 por ciento en 2016. Con Trump, el déficit estatal volvió a aumentar -a pesar de los índices positivos de crecimiento- hasta el 4,6 por ciento (2019). Su recorte fiscal de 2017, en particular, le salió caro al Estado y costó entre 1,5 y dos billones de dólares. Un enorme regalo para los que más ganan y las grandes empresas, pero no para el pueblo.

“No hemos visto un colapso económico con Trump. Pero ya hay estudios que demuestran que las cosas habrían ido incluso mejor sin Trump”, destaca Trebesch. “Hemos observado que cuanto más tiempo estén los populistas en el poder, más fuertes serán los efectos socioeconómicos”, dice el investigador. Y advierte que, de acuerdo con sus promesas electorales, los populistas tienden a cerrar las fronteras a las personas y también al comercio y al capital. Les gusta gastar mucho dinero, tienden a tener una política fiscal laxa y acumulan deuda nacional. Esto se nota ahora especialmente en Argentina, según Trebesch.

Pero lo peligroso es que, una vez que están en el poder, “es muy probable que los populistas den forma a la política de un país durante años, y tal vez décadas”, advirtió el economista. “Son supervivientes políticos”.

 

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